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CULTURA
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Patricia Verdugo. Bucarest 187 Editorial Sudamericana Chilena. 3ra. Edición, junio 2000. 297 págs.
Con la visita de la periodista-escritora a Canadá, este septiembre 2003, resulta muy oportuna la relectura de esta obra, publicada por primera vez, en 1999. Pero si la visita de Patricia Verdugo no bastara, podemos agregar que la huelga de hambre íniciada en la última semana de agosto, en Santiago, por un grupo de jóvenes, hijos de desaparecidos de la dictadura de Pinochet, es razón más que suficiente para esta re-lectura y revisión. Más adelante explico por qué.
Bucarest 187 no hace sino confirmar el talento y la tenacidad de la autora en el terreno de la investigación periodística, cualidades que ya hemos apreciado en sus escritos anteriores y que, sin desmerecer las obras de otras escritoras (Alejandra Matus, Ruby Weitzel, Mónica González), la ubican entre los primeros lugares de autores chilenos de literatura testimonio.
El esqueleto central de este libro es la propia tragedia de la autora y de su familia. Su padre fue sacado de su hogar una tarde de julio de 1976, por efectivos de las fuerzas armadas con la excusa de un interrogatorio, y jamás regresó. Unos días después, su cuerpo aparecería flotando en la corriente del Mapocho, detenido por un bendito obstáculo que le impidió seguir su curso hacia el mar, donde junto con el cuerpo de la víctima, habría desaparecido todo indicio de su muerte. De este modo, fue posible iniciar una investigación que cruzó por los peligrosos y obscuros túneles de la maquinaria de la muerte dirigida por la dictadura de dicecisiete años, de Pinochet.
La narración se inicia con las pesadillas, los fantasmas y los auto-reproches con que se han quedado los deudos de Sergio Verdugo, la víctima, después de meses de su muerte. La voz narradora incursiona en una suerte de reflexiones que bordean lo sobrenatural, y que darían para pensar que la misma víctima no quiso ser olvidada sin que se hiciera lo imposible por acercarse a la verdad de su calvario, no por él particularmente , sino por lo mucho que quedaría al descubierto, para conducir a un hilo de verdad sobre lo ocurrido en Chile, en los obscuros años de dictadura.
En la búsqueda de la verdad, con relación específica a la causa de Sergio Verdugo, la autora se interna en vericuetos tenebrosos, a veces dando pasos de gigante, a veces retrocediendo, estrellándose contra murallas de silencio, de complicidad o de olvido, desfalleciendo de impotencia ante testigos que no quieren recordar, y hasta de sádicos que gotean la información distorsionada, lo que hace más dolorosa y titánica la tarea o, cuando menos, retarda el ritmo de la investigación y pone una nota de desaliento en el ánimo de la voz narradora.
A diferencia de obras anteriores (Operación Siglo XX , Interferencia secreta , Los zarpazos del Puma) donde la narración objetiva de los hechos le dio al texto un tinte de documento histórico, en Bucarest 187, la información diseminada en las páginas del libro está empapada de emotividad. Una emotividad que salta del libro y penetra por la piel del lector que se ve envuelto en el relato, caminando por los mismos pasillos, haciendo antesala en los mismos lugares, y sobre todo, conversando con los personajes del texto, como si fuera a la zaga de la voz narradora. Lejos de restar valor de testimonio a la narración, esa emotividad la hace aparecer más cálida, más tierna y por sobre todo, muy humana.
Bucarest 187 no es tampoco, en modo alguno, una narración lineal. Verdugo despliega aquí una técnica de ''flash back'' que no se observa en sus escritos anteriores. Utiliza esta técnica para entretejer con la investigación del crimen, la historia de su familia y los recuerdos que acuden a su memoria. La percepción que la autora tiene de cada uno de los miembros de su familia en el rol que a cada uno le toca desempeñar, está descrita con sobriedad, sin estridencias, sin melodramatismo; los miembros de la familia se perfilan mediante la descripción de sus acciones, en muy contadas ocasiones se advierte un juicio valorativo de la voz narradora. El lector los aprecia en su desnudez y en su falta de valor, en algunos casos, sin que lo guíe la voz narradora.
Los personajes involucrados en los hechos, son presentados mediante sus propias declaraciones o su comportamiento. En lo narrado hay una justa medida: nada sobra, nada falta. Y el lenguaje está bien cuidado. Todo ello sirve para condenar sin apelación, la magnitud de este crimen que no tiene sentido (ninguno de los crímenes lo tuvo, pero éste, menos que ninguno puesto que la víctima no registraba militancia política de izquierdas), porque Sergio Verdugo es la víctima que resulta prueba indesmetible por excelencia, de los errores irreparables de una dictadura desquiciada que bordeaba límites demenciales.
Diez años le tomó a la autora seguir el hilo de su investigación, y el resultado es que dio con la punta de un iceberg cuyo tamaño es inconmensurable y cuyos entretelones resultan espeluznantes, porque ni la imaginación más audaz, podría vislumbrar la bestialidad a que estuvo sometido el país en los años de la dictadura.
En la tenacidad de la autora para realizar su pesquisa investigatoria, se aprecia su formación profesional de periodista, factor éste que le permitió llegar a establecer, por su cuenta, quiénes son los hechores del crimen contra su padre. Aún cuando en el caso Sergio Verdugo, la justicia fue igualmente ciega y sorda como ha ocurrido con los miles de otras víctimas, éste es un ejemplo de crimen que los implicados en las violaciones a los DDHH, no pueden negar que se cometió. La diferencia con el resto de las víctimas, es que no todos tenían hijos periodistas, profesionalmente preparados para investigar hasta el fondo, como es el caso Verdugo.
Por ello, al comienzo de este comentario dije que la lectura de este libro resulta oportuna al coincidir con la huelga de hambre de los hijos de desaparecidos. Porque a medida que la vista del lector recorre las líneas y avanza por las páginas del texto, nos parece que la pluma de su autora es movida por las manos de todos los hijos cuyos padres fueron víctimas de los desmanes de los uniformados y terminaron asesinadas y desaparecidas por la dictadura.
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Noventa minutos con la periodista chilena Patricia Verdugo c. novella(*)
Patricia Verdugo ha tenido la gentileza de recibirnos para una conversación informal.
En medio de una tarde otoñal de mayo, calurosa, clara y tranquila hacemos el camino hacia los faldeos cordilleranos en La Reina, sector Este de Santiago, .... Hasta esa área de la ciudad aún no ha llegado el smog que cubre la parte céntrica de la ciudad. Hay una plazuela, unas cuatro cuadras antes de llegar a casa de Patricia: una plazuela tranquila y soñolienta, de esas que traen reminiscencias de un pueblo sureño. Unos minutos después avanzamos por un sendero verde lleno de árboles por cuyas ramas se cuela la luz del sol, ya dentro del complejo habitacional donde vive la escritora. Sitio ideal para el trabajo de una escritora: allí todo respira paz y silencio, alterado sólo por los ladridos poco amistosos de la perrita que nos da la bienvenida a su manera.
La conversación fluye espóntanea y natural, porque esta periodista valiente que ha convertido su pluma en un arma poderosísima contra la impunidad para los responsables de los crímenes de la dictadura pinochetista, es una persona sencilla, sin afectaciones ni actitudes veleidosas:... decido no tomar notas. Naturalmente hablamos de su viaje por Canadá, a realizarse este septiembre próximo. Su agenda está llena de compromisos con otros, pero principalmente de compromisos con su propio quehacer de escritora. Nos cuenta que está afanada en los últimos retoques de su próximo libro: Allende: cómo la Casa Blanca provocó su muerte, que será lanzado en Italia, precisamente en este trigésimo aniversario de septiembre 1973. (Siento una primera sensación de culpa por haber venido a interrumpir su tarea de escribir). Luego de terminar y lanzar este libro, continuará con el siguiente que ya está en pañales. Venzo, a duras penas, al deseo de saber más de estos dos libros suyos.... ya habrá tiempo para leerlos.
Desde la aparición de sus primeros testimonios (Los zarpazos del Puma, Interferencia secreta, Operación Siglo XX), la periodista ha debido enfrentar el miedo (¿o la cobardía?, ¿o la falta de objetividad?) de los órganos de prensa que se muestran renuentes a contratarla como periodista de planta. Nadie quiere asumir la responsabilidad de tener entre sus funcionarios a una periodista que, sin tapujos, va hasta el fondo de una investigación sobre un tema que busca decir la verdad sobre los años obscuros del pinochetismo. Su trabajo actual es como Free Lance.
El tiempo dedicado a la escritura, Patricia Verdugo lo comparte con el que dedica a las charlas que ofrece cuando se lo solicita el centro de estudiantes de algún colegio capitalino. Y se lo solicitan frecuentemente. Nos dice que allí --en la inquietud de los jóvenes por escucharla y por leer sus escritos-- radica su confianza en las nuevas generaciones: esas generaciones a las que la Historia oficial les ha contado el cuento a su manera y a las cuales ella, les habla sin reservas, desmitificando de este modo, la versión falaz del sistema. Internamente celebro de que exista esa generación con una dosis de inquietud por saber más de los últimos 30 años de vida chilena. Lo celebro porque lo poquísimo que he visto en televisión en esos días en Santiago, me han dejado las esperanzas en el suelo. Lo comentamos y Patricia nos asegura que hay un contingente de jóvenes que no se someten al lavado de cerebro de los reality shows de la televisión. Nos cuenta una anécdota que le ocurrió hace poco: un amigo suyo, de trayectoria reaccionaria y partidario de la dictadura en su momento, la llamó para decirle que su hijo adolescente le había mostrado el disco compacto de Interferencia secreta, preguntándole: ¿esto es un chiste, papá, o es verdad? ¿cuál fue tu papel en esto?, ¡tú me contaste algo muy distinto!. El amigo le comentó que había sido un momento terrible para él frente a su hijo.
En ese contingente juvenil, según Patricia, está la semilla de ese otro mundo que es posible. Ojalá, ¡así sea!
A medida que transcurre la conversación (mi sensación de culpa por mantenerla alejada de su ordenador donde escribe, se acrecienta en mi interior), va apareciendo la periodista interiorizada con todo lo que acontece en el ámbito político nacional, tanto del momento actual, como de tiempos pasados. Conoce al dedillo la corrupción que brota a todo nivel. Cuando le contamos de la solidaridad del exilio en términos monetarios a lo largo de todos estos años, nos sorprende comentando que esa solidaridad a veces fue cuestionable, porque se dio más de un caso en que el portador de dinero hacia tal o cual labor u organización solidaria en Chile, se declaró víctima de robo de la suma encargada...y luego, algún dirigente sindical o político, de la noche a la mañana, apareció con un bienestar económico incompatible con sus ingresos reales. ¡Sin comentarios!
En la corrupción actual del sistema criollo, no profundizamos, pero de las breves reflexiones de la escritora-periodista se desprende que sabe más de lo que podría publicarse. Cuando tocamos el tema de los derechos humanos y de la impunidad para los crímenes aberrantes de la dictadura pinochetista, vuelve a surgir la escritora. Apuntamos a las confesiones y declaraciones de los militares cuestionados hasta el momento, buscando alguna pista que nos permita vislumbrar si un día se verá la luz de la verdad, y Patricia nos cuenta que la mayoría de testigos que concurren a declarar, “no fueron torturadores, ni participaron en la muerte de ninguna víctima: cada uno era escribiente. Estaban presentes en los actos de tortura, pero ellos sólo tomaban notas. Los que torturaban eran otros, siempre.... los acusados nó”. Entonces, una deduce que con este tipo de testigos, que, nada más, eran “funcionarios administrativos”, el momento de la verdad y de la justicia están muy lejos de llegar, lo que aplazará por un tiempo indefinido la tan anhelada reconciliación nacional que algunos sueñan y otros creen que alcanzarán por simple decreto o compensación.
Volvemos al tema (a pesar de que me siento cada minuto más culpable de robarle su tiempo de escritura) que nos ha llevado hasta su hogar: su gira por Canadá este próximo septiembre en que se cumplen treinta años del golpe infame. En realidad, Canadá no le sienta bien a Patricia Verdugo. En Toronto vive o vivió la pareja chilena involucrada en el asesinato del padre de la periodista, Sergio Verdugo Herrera, en julio de 1976: Naredo Arduengo-San Martin. Nos reiteró lo que ya conocemos a traves de las páginas de Bucarest 187,... que cuando ella estuvo en Toronto en 1995, tramitando la extradición de los responsables, su organismo le jugó muy mala pasada, causándole una fiebre altísima y un malestar que le duró los días que permaneció en esa ciudad.
Nunca pudo comprender --ni nosotros tampoco-- cual fue la razón de que, estos cómplices de la dictadura en el crimen de su padre, no pudieran ser extraditados a Chile a mediados de los años noventa, una vez que pinochet dejó el gobierno.
Para quienes han leído Bucarest 187, recordarán que en la búsqueda de los asesinos de su padre, Patricia Verdugo llegó a descubrir el pacto acordado en 1986 en Toronto, entre el MIR, con un dirigente de apellido Torres a la cabeza, y los agentes chilenos Naredo y San Martin sobre “información a cambio de protección”.... Entiéndase bien, el MIR 1986 en Toronto, protegió a un par de torturadores de la dictadura, a cambio de una supuesta información.
Si ese pacto existió, el resto de los chilenos exiliados en otras ciudades de Canadá, nunca lo supimos.... Ello conlleva un doble delito: es un hecho deleznable el que un grupo político MIR, acuerde pactos que la mayoría de chilenos no subscribe, y que se guarde una información recibida y pactada a espaldas de esa mayoría.... Porque de esa información que ellos habrían recibido (falta saber si es verdad que recibieron algo que valiera la pena), nadie en el resto de este país, se enteró. Una información, además proveniente de dos ex-agentes de DICAR (dirección de inteligencia de carabineros), dos agentes que habían participado activamente en el secuestro y, la tortura y muerte de chilenos, en el período más álgido del terrorismo de estado impuesto por pinochet y secuaces... y además. ¿información sobre qué? y más que nada ¿qué destino le dio el MIR a una información conseguida a cambio de una protección que tal grupo político en territorio extranjero no está en condiciones ni en posición de ofrecer?... Más inaceptable viene a ser el que el MIR se arrogue la representación de todos los chilenos exiliados, para llegar a componendas con los asesinos de miles de compatriotas y de la democracia chilena.
Por aquella estadía en Toronto, llena de frustraciones y de malestares psicosomáticos, en esta oportunidad de commemoración del trigésimo aniversario del golpe, y cuando tal vez sería más necesaria que nunca su presencia allí, la periodista chilena no incluiría a Toronto en su gira de septiembre. ¡Más que comprensible!...
Afuera el sol otoñal ha empezado a cambiar del amarillo fuerte al naranja-rosa suave, preludiando un ocaso tranquilo; la perrita que nos ladró a nuestra llegada, duerme su mejor sueño en las piernas de mi acompañante; el café de la hospitalidad se agotó hace rato en la cafetera, y escuchando por fin a mi sentimiento de culpa, iniciamos la despedida, guardándonos el resto de la conversación para cuando nos regale su visita a Canadá, en este septiembre de treinta años de historia y de lucha por la verdad y la justicia.
c. novella es Ph.D. en literaturas hispánicas, por la U. of Alberta (Canada)
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