¡¡Sólo la lucha nos hará libres!!

¡¡Hasta Vencer O Morir!!
Helicóptero de rescate

PROTAGONISTAS

CONSTRUCCION POLITICA EN LOS TRABAJADORES

El diseño de las bases económicas, políticas, sociales e ideológicas, del actual modelo económico, que hizo su estreno con la dictadura militar, cumple ya tres décadas. La transición a la democracia forjó grandes ilusiones en vastos sectores de la población. Antes de asumir Aylwin (primer gobierno de la Concertación), prometió que se terminaría la cesantía, los bajos salarios, los despidos, que habría reformas laborales, que se revisarían las empresas privatizadas, etc. Hoy, a casi 12 años de la Concertación en el poder, las condiciones económico-sociales de los trabajadores van de mal en peor: existe una alta tasa de cesantía, salarios que no cubren las necesidades básicas, desprotección legal y social, etc.

Panorámica de la crisis
En la década del 90 los tecnócratas discrepaban acerca de si éramos o no los “tigres asiáticos” de Latinoamérica para referirse a las espectaculares cifras macroeconómicas que exhibía nuestro país al mundo entero como ejemplo de estabilidad económica y crecimiento. Vale decir, del llamado “milagro económico”. Al respecto, la Embajada de EEUU declaraba: “jamás en este país el paquete global de variables económicas presentó un cuadro más favorable. Esta expansión descansa sobre cimientos sólidos” (El Mercurio, 25-10-92).

En verdad, el “milagro económico” chileno, que se diseñó entre los años 1985-1989, se redujo a recuperar la banca rota de los grupos económicos producto de la crisis de los años 1982-1983; años en que la producción anual bajó un 32% y la tasa de desocupación ascendió al 38%. Los principales bancos del país e industrias ligadas a ellos, quebraron, siendo favorecidos por el Banco Central a través de la llamada “deuda subordinada”. Es decir, un verdadero “salvataje” del Estado de US $ 3.500.000 a las entidades en bancarrota.

Por otra parte, la llamada «globalización» de la economía, impuso a Chile una exacerbación de la competencia para lograr el ingreso a los mercados internacionales, lo que obligó al empresariado nacional a hacer fuertes inversiones en tecnología para alcanzar óptimos niveles de competitividad, que tuvieron un gran impacto en los trabajadores. Aquí se hace presente la denominada “flexibilidad laboral”, destinada a la dominación absoluta por parte de los grupos económicos nacionales y extranjeros, producto de la entrada en vigencia en 1981 del nuevo Código Laboral.

Desarrollo y modernización
Con la imposición del proyecto neoliberal, los trabajadores comprobaron en carne propia el deterioro que significó la pérdida de sus condiciones de vida junto a su grupo familiar. Esto en cuanto a lo económico. En cuanto a lo social, se les negó participación en organizaciones comunitarias en problemáticas de desarrollo comunal, aparte de su limitado papel en los sindicatos como consecuencia del férreo control del Estado y su estructura represiva. En lo político, la negación de los derechos esenciales con la privatización de la salud y la educación . Y, en lo ideológico, se sintió que las utopías se esfumaron, que el Capitalismo era todopoderoso, que no había otro modelo de sociedad para vivir mejor... ni a qué aspirar.

Se ha venido escuchando también en estos últimos años oportunistamente en el discurso de la Concertación, lo bien que lo hizo el régimen militar, acompañado de una estrategia que habla de que “nuestro país debe insertarse en los mercados internacionales para expandir nuestra economía para lo cual debemos ser competitivos e incentivar la inversión extranjera. De ahí que tenemos que esforzarnos en ser eficientes para poder insertarnos en estos grandes mercados. Sólo así podremos crecer”. También que “es necesario seguir manteniendo los equilibrios macro-económicos para poder lograr la estabilidad económica y social que tanto ha constado construir”. En consecuencia, “en la medida en que aumentemos la producción, el país crecerá y en la medida en que crezca habrá crecimiento con equidad para todos”. Así versa la maniobra. Lo cual ha significado dejar vía libre a las grandes transnacionales para que se instalen en nuestro país, se lleven inmensas utilidades, no paguen impuestos, cancelen bajos salarios y sometan a los trabajadores a intensos ritmos de producción y extenuantes jornadas de 10, 12 y 14 horas diarias.

¿De qué se trata todo esto?
El mentado “crecimiento con equidad”, no ha significado otra cosa que los trabajadores se vean obligados a vender su fuerza de trabajo en desventaja absoluta, con el objeto de aumentar la tasa de ganancia que recaudan los empresarios nacionales y extranjeros. Entonces, una vez que se llegue a su nivel más alto dice el gobierno, el Estado distribuirá con “justicia y equidad” los excedentes de dicho “crecimiento”, reeditando con ello la despreciada política del “chorreo” aplicada por la dictadura.

Estas concepciones neoliberales, se sustentan en argumentos previos que decían que “para salir del subdesarrollo y proyectarse al nivel de los países desarrollados había que modernizar el país”. Así partía la famosa Modernización del Estado (léase preparación de condiciones para las privatizaciones), que se ceñía a un supuesto interesado de que éste era ineficiente y burocrático, desconociéndose el rol que jugó este Estado (burgués y todo) en el desarrollo económico, político y social del país durante décadas, y donde se sentaron las bases para realizar cambios jurídicos, de infraestructura, producción nacional, etc. Recordemos que Chile fue uno de los precursores en el mundo en impulsar materias legislativas sobre previsión y jubilación.

El sindicalismo en la disyuntiva
Conocida es la crisis por la que atraviesa el movimiento sindical. Dar una opinión seria y hacer un aporte a la reflexión no es tarea fácil, sobre todo cuando se intenta ser propositivo.

Dicha crisis, claramente se ve reflejada en lo que hoy pasa con la CUT. A partir de 1990, sus diferentes direcciones han venido asumiendo un papel mediador y hasta colaborador con los gobiernos de turno y el empresariado, intentando armonizar los intereses de los trabajadores con estos últimos. Ello ha derivado en que ante los conflictos, en el marco de esta economía donde el sujeto favorecido a todas luces sigue siendo el empresariado, sus conducciones se hayan definido más en función de la atenuación y negociación de dichos conflictos, que de salvaguardar a los trabajadores como era de esperarse; de lo contrario no se podría explicar, que después de más de 12 años de gobiernos de la Concertación este sector esté cada vez más desprotegido social y legalmente.

Innumerables demandas han sido frenadas, desviadas o condenadas al fracaso en mesas de negociaciones. Para qué detallar cómo se han resuelto las reformas laborales, salarios mínimos y otras necesidades. Poco o casi nada se ha hecho por la unificación de los conflictos y la creación de una gran fuerza del descontento con las políticas existentes. Lo máximo que se ha realizado han sido tibias protestas, marchas testimoniales y algunas otras acciones menores que denotan claramente el temor de su dirección pro gobierno, de llamar y preparar una verdadera protesta o paro nacional, habiendo condiciones objetivas para ello.

Este debilitamiento del movimiento sindical se expresa incluso, en cifras proporcionadas por la propia Dirección del Trabajo, donde se muestra una tendencia a la baja de la tasa de sindicalización a partir de 1992. Año en que existían 724.000 afiliados (15,3%), mientras que en 1999 llegó a menos de 580.000 (10,8%). La disminución de trabajadores que participan en la negociación colectiva en los sindicatos descendió también de 256.000 en 1993, a 162.000 en 1999. Es decir, los sindicatos son cada vez más pequeños. A pesar que han habido importantes movilizaciones sectoriales, aunque limitadas y aisladas todavía, y dirigidas hacia objetivos economicistas.

Veamos por sectores
El sector privado es el que más han sufrido los rigores del modelo, en especial el de la construcción y servicios. Mientras que en el cada vez más pequeño sector público, la composición de trabajadores ligados al aparato del Estado y por lógica muchas veces dependientes de los partidos históricos, existe una gran presión (cargos y ascensos en especial). Las empresas estatales siempre han sido feudos para la cancelación de favores políticos. En este sentido, se percibe cotidianamente la influencia ideológica del Estado cuando los trabajadores intentan organizarse, sobre todo cuando los cargos dirigenciales de los sindicatos en su gran mayoría pertenecen o apoyan la línea del gobierno de turno. Por ello, cuando un conflicto los pone en la disyuntiva entre defender los intereses de los trabajadores o los del Estado, optan finalmente por acatar órdenes partidarias o lisa y llanamente hacer prevalecer sus pugnas e intereses particulares.

Desde el punto de vista de clase, el trabajador a pesar de tener un bajo salario, no se considera explotado. Por el contrario, una gran mayoría se siente de clase media y lo expresan con toda naturalidad. De ahí, que escasamente durante estos años a nivel laboral, se ha luchado contra las privatizaciones, dilema que se ha resuelto únicamente en cómo irse en mejores condiciones (puentes de jubilación, bonos).

Desde este Estado históricamente se han aprovechado de la falta de madurez del pueblo. Recordemos que el programa de la Concertación entre sus ejes pro-gramáticos planteó que se terminaría con las privatizaciones y que las empresas ya privatizadas por la dictadura serían investigadas. Y no sólo eso, para seguir implementándolas en “democracia”, el conglomerado ha empleado los mismos métodos represivos, de violencia sicológica y engaños. Ello en un clima de corrupción, turbios negociados, tráfico de influencias, indemnizaciones exorbitantes, sueldos ocultos, etc. Hechos ante los cuales, ha habido una reacción muy por debajo de la gravedad de esta situación, pues aún existe mucho temor en las bases. Sin duda la inestabilidad laboral se ha traducido en una inestabilidad permanente ante el futuro y la voluntad de lucha.

Intentos alternativos
Como se ve, bajo estas condiciones, construir política al interior de los trabajadores en general, ya sea desde las estructuras de aglutinamientos tradicionales o desde las instancias sindicales alternativas, es una ardua y empedrada tarea a enfrentar. Requiere mucha perseverancia y creatividad, así como convicciones firmes y una orientación realista, aunque no menos audaz.

A pesar de la profunda crisis que vive el sindicalismo chileno, por ejemplo, se han intentando un sin número de fórmulas de reconstrucción paralelos a la tradicional CUT, que en esta oportunidad creímos importante dar a conocer a pesar de lo limitado de sus alcances y resultados finales. Sobre todo porque muchas veces se desconoce dichas experiencias o sus motivaciones. Algunas no han dado resultados desde el principio, otras se fueron desvaneciendo a poco andar, pero algunas sí han perdurado e incluso elaborado parte de su experiencia. Es fundamental que se conozca éstas, se vean sus pro y contra, y se incorporen en su justa medida, como una enseñanza más dentro de la búsqueda de una línea de construcción que ayude realmente a situar a los trabajadores como fuerza gravitante en el acontecer nacional desde una alternativa revolucionaria.

Las ideas sobre los cuales se han levantando las iniciativas que a continuación damos a conocer, son a groso modo:

  1. Porque surge una visión que plantea que la CUT no servía y que había que construir una nueva Central Sindical.

  2. Y otra, que había que levantar una instancia de carácter clasista, autónoma e independiente de los partidos y del Estado con el objetivo de recuperar la CUT para los trabajadores.

En el año 1991 nace el Movimiento por la Autonomía Sindical (MAS), en el cual participan destacados dirigentes del ámbito sindical, social y político. Donde a poco andar se verían enfrentadas dos posturas: una planteaba construir una nueva instancia sindical, y la otra, que primero había que levantar partido. Triunfa la segunda, nace el Partido de los Trabajadores.

En el año 1995 un sector de ideología humanista-cristiana (ligada a la DC) y agrupados en torno a la Central Latinoamérica de Trabajadores (CLAT) vinculada a la CIOLS, proclaman también una postura crítica a la CUT y crean la Central Autónoma de Trabajadores (CAT).

En el año 1998, se crea el Movimiento Sindical por los Cambios. Su objetivo es “articularse en un referente que recogiera los postulados de los trabajadores, que trabaje, que consulte y que discuta con la base sindical”. Participan en su generación los Sindicatos N°1 y N°2 de Jonhson’s, Universidad de la República, Textil el Águila, la COTIAH y dirigentes sindicales de General Electric.

En 1997 nace La Multisindical, que agrupa a un importante conglomerado de trabajadores, dirigentes sindicales y sociales. En 1998, realizan una conferencia a la que asisten unos 80 delegados sindicales de diferentes sectores de la producción. Su objetivo: analizar la crítica situación del mundo sindical. En 1999, junto a otras organizaciones convocan a una Asamblea Nacional Popular, donde asisten alrededor de 50 personas, que trabajan los temas: sindical, poblacional, estudiantil, ecológico y etnias. Concluyendo que “la crisis global afecta al mundo entero y a los trabajadores en todo el continente". Se plantea crítica a la CUT y elabora una declaración de principios que valora “la solidaridad, la democracia sindical, la independencia política, el antiburocratismo, la honestidad sindical, la revocabilidad de los cargos directivos y el internacionalismo”.

Por último, en 1999, surge el Colectivo de trabajadores (CCTT). Esta instancia la conforman dirigentes sociales y políticos de diferentes sectores, impregnados de una base político-ideológica en una perspectiva de clase y reivindicando el socialismo. Su construcción se proyecta al “activo, a los luchadores, militantes de base y dirigentes que hoy se empeñan en construir alternativas independientes de clase en el mundo del trabajo”. Llama a buscar cercanías, forjar alianzas, respetar la autonomía, abrir debate y crear condiciones para reconstruir un movimiento de los trabajadores: “La acumulación de fuerza social y de fuerza programática son dos ejes en que es posible avanzar". Apuntando también “ a los derechos generales de los trabajadores. El derecho a la salud, educación, y vivienda...”. “Estos derechos, como parte de los derechos Humanos, económicos, sociales y culturales, son la codificación más tardía de las demandas históricas del movimiento obrero (Correo de los trabajadores, Año 3, 15 de abril-mayo de 2002.)

Problemas de la construcción
Cualquier proyecto que se plantee una construcción de carácter político-sindical que rinda frutos dentro de una acumulación de fuerzas revolucionaria, deberá necesariamente partir activando una reflexión profunda y permanente sobre los contenidos fundamentales de esta problemática. En especial las cuestiones de tipo histórico que han afectado al movimiento de trabajadores en todos los ámbitos; los métodos de trabajo y de organización; los planes lucha en el nuevo contexto social y político; y el carácter y contenido que debieran tener a partir de las nuevas experiencias, los sindicatos, federaciones y confederaciones, además de otros instrumentos desarrollados en el último tiempo al calor de la crisis del movimiento de los trabajadores (grupos de educación, cultura, etc.).

En segundo lugar, se necesita una caracterización de cada uno de los sectores productivos. Ver cuales son los más dinámicos, cuáles están más dispuestos a la lucha. Hay que plantearse desde el principio no caer en el plano cómodo del economicismo y del gremialismo, superando incluso el típico atrincheramiento en un estamento específico y conformarse con dicha “representatividad”. La lucha política en el seno de los trabajadores debe abordarse con una gran amplitud de criterios, seriedad y creatividad, apuntando siempre a un activismo que tienda a recuperar los espacios perdidos de concientización, educación y organización en el mediano y largo plazo. Accionar sobre el cual hay que ir enfrentando el miedo existente en la masa laboral, a la par con lograr que se asuma políticamente desde sus propias experiencias y realidades. Seguramente a partir de un proceso de construcción escalonado como este, más el empuje de los sectores más avanzados de la clase, se irán creando las condiciones para elaborar una plataforma de lucha de carácter nacional, que integre las reivindicaciones más sentidas de los distintos sectores productivos, tanto públicos como privados. Plataforma que debiera contener entre otros puntos los aumentos salariales, la mejora en las condiciones de trabajo, el derecho a negociar colectivamente, el respeto a los horarios, ...en fin.

Algunas ideas más...
Desde lo político-social hay que darse a la tarea por recuperar la conciencia de clase del trabajador, que se discipline y organice, cree lazos de solidaridad, espacios de participación desde el arte y la cultura, hasta la creación de instrumentos más aguerridos.

Dar vida a los espacios de los trabajadores para estimular de verdad su articulación; no como sucede hoy en que la ideología dominante ha hecho de los sindicatos y otros lugares de concentración de trabajadores, algo lúgubre y sin mística.

Los trabajadores tienen que relacionarse entre sí y con sus pares para compartir experiencias, para que puedan ver más allá de su sindicato u otro espacios de organización, adquiriendo una dimensión más universal de los problemas. El trabajador tiene que tener opinión política sobre lo que afecta o favorece su desarrollo, sobre la realidad nacional y el tipo de país al que aspira.

Los métodos a utilizar en esta construcción tienen que ser dinámicos, interactivos, desechando el conservadurismo. No importa que se cometan errores, porque al fin y al cabo hay que construir todo de nuevo. Se trata de superar la crisis de organización, dando rienda suelta a la creatividad, iniciativa, inteligencia y audacia.

Hacerse parte de la reconstrucción del movimiento de los trabajadores es fundamental para todo el campo popular, en especial el revolucionario que no ha tenido incidencia alguna en el rumbo ni en las políticas que operan en contra de este estratégico sujeto social. Por ello, desde el rodriguismo, desde el nuevo proyecto político que estamos elaborando, esperamos aportar nuestro granito de arena en esta dirección. Y aunque todavía no contamos ni con la experiencia ni la capacidad respecto a las criticas condiciones por las que atraviesan los trabajadores (donde vemos igualmente a los trabajadores esporádicos, pequeños artesanos, cesantes, etc.), apostamos a crear dichas condiciones y contribuir de verdad al fortalecimiento del movimiento de trabajadores, así como converger con otras organizaciones para conformar una única y gran fuerza contra el capital y sus representantes.

¡Sólo la lucha nos hará  libres!