Organización Revolucionaria, Proyecto Político y Salto Cualitativo en la Construcción Popular
El desarrollo de la construcción social no es lineal, como los defensores del basismo pretenden hacernos creer. Construir sólo desde lo local y procurar que desde ahí derive exclusivamente la alternativa popular, es tener una visión unilateral del desarrollo político, pues bajo esa óptica se presenta sólo un polo de la contradicción, no existe dialéctica, es una posición evolucionista, y en ultima instancia conservadora aunque se vista de molotov y capucha. Este sector entiende la construcción como una simple ampliación cuantitativa de lo social, que como una mancha de aceite avanza de lo territorial a lo nacional conducido bajo una ley interna que no necesita de la intervención del partido revolucionario con acciones de carácter nacional, que potencien su subjetividad anti capitalista. Los cambios son dialécticos, a través de saltos cualitativos, estos saltos en el campo de la naturaleza se dan por una acumulación cuantitativa natural, en cambio en la sociedad y específicamente en la política en lo que se refiere a la implementación de un proyecto político cabe preguntar: ¿Cómo son posibles estos saltos?, o mejor dicho: ¿Cómo es posible provocar estos saltos en un proceso de construcción popular?
Cuando estamos desarrollando un proyecto político de carácter nacional, estamos en un campo de lucha que Gramsci denominaba la Hegemonía. La aplicación de un Proyecto Revolucionario implica la construcción de una fuerza material y dirigente, lo cual se traduce en la interacción de dos aspectos: la acción "por arriba" y la acción "por abajo", es decir, por un lado la intervención de la dirección revolucionaria y por otro la construcción de base. En esta unidad de dos elementos, lo fundamental es la construcción de base, la construcción territorial, pero esta edificación por la base no madura si no es parte de un plan estratégico y nacional, que tenga una dirección y conducción.
El Che Guevara decía que las condiciones no sólo se heredan, sino que también son posibles de crear. La organización revolucionaria bajo un plan estratégico tiene el deber de realizar acciones que cualifiquen la construcción de base y que adquiera una dimensión nacional, que de un salto cualitativo. El crecimiento del movimiento popular no se da como pregonan ciertos sectores que hacen territorialidad, sólo por adición, por una ampliación mecánica, pura y aséptica sin la participación de ningún agente externo. Es la organización revolucionaria con acciones de repercusión nacional la que ayuda a crear una nueva subjetividad, que fortalece la decisión y esperanza de sectores del pueblo, que asumen que la transformación social es posible y abren una complicidad con las fuerzas políticas revolucionarias.
En este sentido un proyecto político es fundamental, gran parte de los actores de la izquierda avanzada chilena carecen de este proyecto, es más, pretenden construir con la ausencia de una bitácora estratégica, por lo que su actividad siempre comienza y termina en la agitación local o sectorial y no se proyecta a escala nacional, experiencias que nacen y mueren de manera fulminante. De estas prácticas están llenas las universidades y ciertos espacios poblacionales y sindicales. Y lo que es más absurdo, algunos fomentan que no es necesario un proyecto político y que sólo bastan ciertos lineamientos genéricos para enfrentar el sistema.
Una organización revolucionaria está exigida a abrir vías de construcción en los temas que son el centro de gravedad o eslabón débil del sistema, este proceso de organización del pueblo tiene como hilo conductor un plan estratégico, no la espontaneidad. El paso de lo social a lo político no es una secuencia evidente y obvia en las masas, requiere que al fragor de la lucha su mirada sea dirigida a las verdaderas causas de sus males y penurias. El papel de partido revolucionario en este aprendizaje es fundamental, una vez levantada la organización social en una temática que permita la confrontación con el sistema (de esta manera no sirve cualquier temática), es necesario abrir el conflicto con las instancias estatales, patronales, etc. No necesitamos madurar eternamente al organismo social para que esté en condiciones de luchar; no se debe caer en el error que es necesario prepararse en "frío" primero para luego enfrentar el sistema, sino por el contrario, es la propia confrontación y lucha la que prepara y forma a las masas políticamente.
La guerra de guerrillas no es asociable únicamente a las armas, en realidad es un método que se ejecuta con diversos medios e instrumentos coherente con una concepción político militar que debe saber aplicarse bajo distintas condiciones. Las acciones políticas revolucionarias son justamente una especie de golpe de mano que permite jalar a los sectores sociales hacia un escalón más y superior de la lucha.