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Sólo la lucha nos hará libres

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo intenta buscar respuestas a las interrogantes más comunes que desde el extranjero nos hacen acerca de Cuba. Las preguntas sobre este país generalmente están cargadas de prejuicios, de amores y de odios, casi nunca de indiferencia. El cuestionamiento más frecuente está relacionado con la resistencia de Cuba. En muchas ocasiones una sola palabra devela la posición del extranjero. ¿Cómo resiste Cuba? o ¿Cuándo cae Cuba?. En la mayoría de los casos las respuestas son generalizantes y parciales. Los argumentos referidos al “apoyo popular” que aparecen con frecuencia en los discursos de la dirección del país, despiertan más interrogantes en los simpatizantes de Cuba queriendo indagar el “cómo” o el “por qué” de tal apoyo en las condiciones tan complejas que ha vivido el país. Los críticos o francamente enemigos de la Revolución simplemente lo ponen en duda. En cada oportunidad que abordé este tema en diferentes círculos de cubanos comunes, las respuestas tenían cien aristas, desde las más profundas de carácter político e histórico, hasta el simple recurso del “coraje” de los cubanos resumiendo en ello valores como la valentía, la dignidad, la independencia. Otros le asignan a Fidel prácticamente toda esta capacidad de resistencia. También aparecieron algunas respuestas referidas “al control” que se tiene sobre la población.

Existe una realidad objetiva: han pasado más de 6 años desde que desapareció el Campo Socialista con sus pactos militares y económicos y Cuba, contra todos los pronósticos de sus amigos y enemigos, resiste. El que lo siga haciendo y bajo qué condiciones, está por verse. No se pretende abordar este tema, no obstante, en la medida que se encuentran respuestas a la interrogante sobre el cómo lo ha hecho hasta hoy, se pueden intentar pronósticos futuristas.

No existe imparcialidad en este trabajo. La posición ante la Revolución Cubana está basada en innegables hechos objetivos. En este país los niños no se mueren como moscas, porque eso parecieran ser los 800 mil niños que en América Latina se mueren anualmente de enfermedades curables. En este país la gente se muere por las mismas causas que lo hace en países inmensamente ricos. Por más que indago aún no encuentro una madre con un retrato buscando a su hijo desaparecido y cuando he conocido a algún ex-preso, no salgo del asombro -al evocar a los torturadores de toda América- cuando reclaman por “intensos interrogatorios” y “presiones sicológicas” que finalmente “quiebran su voluntad”. Esta parcialidad hacia Cuba nace de la profunda satisfacción de saber que hay un pequeño pueblo capaz de enfrentarse al imperio más poderoso de la humanidad. El apoyo a la revolución, en última instancia, nace de la “posibilidad”, de la “esperanza” de que pueda lograrse un sistema más justo, más libre, equitativo y sostenido, en oposición a las decenas de fórmulas que el capitalismo ha intentado y prometido en casi 200 años en nuestra América, con los conocidos y dramáticos resultados para las mayorías. Esta parcialidad nace de las vivencias de muchos años en un barrio común de La Habana y en la libertad de visitar los rincones más apartados del país. Esta parcialidad no quiere decir apología. Funestas fueron las ciegas apologías del pasado. No se puede sembrar alabanzas y no reconocer errores, cuando el propio proceso revolucionario los comete y los reconoce, cuando hallamos gente común perjudicada toda su vida por tratamientos injustos o como consecuencia de visiones extremistas, o cuando nos encontramos con demasiadas personas comunes que no tienen otra motivación en la vida que el consumismo más individualista y una apatía total hacia valores que han sido piedra angular de esta Revolución. No se puede alabar cuando -independientemente de las trascendentales transformaciones que ha tenido el país en todo orden y a las inmensas complejidades que ha tenido que enfrentar- éste aún no ha podido cambiar la deformada estructura económica heredada al triunfo de la Revolución como país suministrador de un reducido grupo de productos primarios básicos e importador de numerosas manufacturas, combustible y materias primas elementales. Y, como veremos más adelante, esto no quiere decir que no se lo haya propuesto.

El trabajo se aborda intentando ordenar la enorme cantidad de información pública que en alguna medida explica la resistencia de Cuba. La relatividad del título no es antojadiza, nace de la imposibilidad de abarcar con profundidad la totalidad de tan complejo tema. La primera parte está basada en diversos documentos que ayudan a descubrir algunos de estos fundamentos de la resistencia. En los acápites finales, sobre todo en el referido a la democracia, hay un poco más de experiencias y vivencias en diversos círculos de cubanos comunes recogidas a lo largo de estos casi seis años de “período especial”; criterios que nacen de conocer casi todo el país y principalmente de las calles y campos cercanos a la capital recorridos con la tranquilidad y la paciencia que da una bicicleta.

¡Sólo la lucha nos hará libres!

 

 

APROXIMACIONES A LOS FUNDAMENTOS DE LA RESISTENCIA DE CUBA

Investigación Histórico política acerca de la resistencia de Cuba ante los EEUU. Realizado por Estudiantes de Historia de la Universidad de la Habana. 1997.

GENERALIDADES

Antes de 1959, Cuba era una de las tantas islas del Caribe. Destacaba quizás por ser la más grande de este archipiélago de azúcar, casinos, mulatas y playas tropicales. Después del primero de enero de ese año, Cuba es mucho más que una bandera y un escaño en las Naciones Unidas. Posterior al triunfo revolucionario, se han suscitado las más contradictorias conductas ante los profundos cambios que Cuba realizó y por sus innegables influencias hacia América Latina y países subdesarrollados de África y Asia. Un numeroso grupo de movimientos revolucionarios latinoamericanos nació al amparo de su ejemplo. En los años 59 y 60 se cumple, en esencia, “el Programa del Moncada” lanzado por Fidel Castro en su histórico alegato “La Historia me Absolverá” en 1953. En ese breve lapso de dos años quedaron profundamente afectados los sectores nacionales más acaudalados y los grandes capitales norteamericanos. Con la misma celeridad se produjeron las reacciones del gobierno de los EE.UU. hacia Cuba y hacia América Latina. La única invasión que ha sido derrotada en este lado del mundo, organizada por los gobiernos norteamericanos, ocurrió en las costas cubanas en abril de 1961. En los mismos días de esa fallida invasión, Cuba se declara Socialista. Es el Presidente Eisenhower quien inicia las primeras medidas restrictivas comerciales hacia Cuba, política que se fue “perfeccionando” en estos 38 años de revolución hasta transformarse en lo que hoy los cubanos llaman “una verdadera guerra económica”.

Independientemente de cualquier consideración ideológica, no se puede pensar en Cuba sin tomar en cuenta los efectos y alcances de la política de los EE.UU. hacia este país. Como un corolario ineludible de la conducta norteamericana, Cuba comenzó a organizar su sistema político, económico y militar estrechamente vinculado al desaparecido “campo socialista”, principalmente a la ex URSS. Así, La Isla llegó a ser uno de los principales escenarios de la “Guerra Fría” durante la llamada “crisis de los misiles nucleares” en octubre de 1962. Allí, el universo estuvo al borde del cataclismo atómico. La política interna de EE.UU. también sufre de esta influencia cubana. Todos los candidatos a presidente de esa enorme nación, le prometen a los cubanos residentes terminar con el “castrismo”, mientras el gobierno cubano —como inmune ante las más violentas presiones— continúa en todos los foros internacionales proclamando lo que su independencia dicte.

Este pequeño país ha sido una verdadera pesadilla para los gobernantes norteamericanos que miraron esperanzados el desenlace fatal del proyecto cubano en los años 89-90, cuando de la noche a la mañana desaparecieron las bases de sustentación de su estrategia de desarrollo económico. El gobierno norteamericano, pretendiendo acelerar el resultado, “perfeccionó el embargo”, primero con la “Ley Torricelli” (1992) y recientemente con la ley “Helms- Burton”(1996) que tiene un claro contenido de carácter extraterritorial, coercitivo contra cualquier entidad y empresarios del mundo que negocien con Cuba. Para las aspiraciones norteamericanas era —y aún lo es— un problema de tiempo.

Al finalizar 1996, Cuba parece haber ganado esta partida, mientras EE.UU. observa estupefacto la lenta y difícil recuperación de la economía cubana. ¿Cuál es la razón de este desigual conflicto que ha jalonado la historia de esta revolución? ¿Han sido “el comunismo y la ausencia de libertad” las razones principales de este eterno encono de los gobernantes norteamericanos contra Cuba? ¿Cuba es una amenaza para la seguridad de los EE.UU.? ¿Por qué tan desmesurado poder no ha podido imponer su voluntad?. Podríamos interrogarnos en sentido inverso: ¿Donde radica el poder de Cuba para mantenerse y hacer su propia voluntad?

Han pasado más de seis años desde la destrucción del llamado socialismo real en el este de Europa y con asombro el mundo observa que Cuba aun no abandona su rumbo socialista. La situación vivida en el país a partir de 1989 no eran pronósticos ideologizados ni “deformaciones de una realidad” hechos por la poderosa Fundación Cubano-Americana de Miami. Connotados cientistas y serios politólogos de todo el mundo vaticinaron el ocaso del sistema cubano en un corto período. No ha existido superficialidad en el análisis, no hay carencia ni encubrimiento de datos. Considerando únicamente la información oficial que empezó a conocerse a partir del año 90, se podía estimar de forma pragmática y responsable que al proyecto socialista no le quedaba mucho tiempo de vida. Al finalizar un corto período de no más de un año (90-91), Cuba se despertó sumida en una conmoción sin precedentes en su historia contemporánea. Una profunda y dramática destrucción económica, con repercusiones en todos los ámbitos de la sociedad, sin que entre sus causas estuviera una guerra abierta y devastadora. De una plumada se borró el 85% de su comercio exterior y comenzaron a desaparecer todo tipo de recursos y medios indispensables para la vida y el funcionamiento normal del país(1). Frente a la Asamblea Nacional del Poder Popular en Diciembre del 91 (Parlamento Cubano) Fidel Castro calificaba la situación como “el período más difícil de la historia de Cuba (...), no de la historia de la revolución ¡de la historia de Cuba!”, y vaticinaba: “el año más crítico será 1992”(2. ) Y así ocurriría, aunque para la vida cotidiana de los cubanos, el período “critico” se extendió con idéntico rigor hasta todo el año 93 y 94. Con absoluta razón en ese discurso, Fidel aseguraba que “jamás ningún país se había visto sometido a prueba similar”. En los momentos más dramáticos de la crisis, la situación parecía tan insostenible que se pronosticaban todo tipo de salidas. Desde copias hacia una “Perestroika” a la cubana, hasta los encendidos llamados a la “insubordinación” a las Fuerzas Armadas que hacían las radios de Miami. Durante todos esos años, el pueblo cubano sufrió la crisis hasta en los más mínimos detalles. Para una inmensa mayoría, emprender las cosas más comunes de la vida diaria se transformaron en verdaderas proezas. Ante ese panorama, es ineludible preguntarse: ¿Por qué sus gobernantes no sucumbieron ante tamaño desastre y siguieron el ejemplo de sus antiguos aliados? ¿Por qué este pueblo tan lleno de historias heroicas, no se sublevó ante ese tremendo sacrificio? Fuera de Cuba, múltiples han sido las respuestas. Desde la simple: “por la represión comunista”; hasta la esotérica: “por la magia de Fidel”.

1-Para detalles de cantidades y una larga lista de recursos que dejaron de llegar al país, ver el pormenorizado informe de Fidel Castro en la Inauguración del IV Congreso del PCC el 10 de octubre de 1991 Diario Granma
2-Intervención de Fidel Castro ante la Asamblea Nacional del Poder Popular. 22 de diciembre de 1991. Diario Juventud Rebelde.

1-UNA PERLA A SOLO 90 MILLAS
Un poco más de 160 Km. de mar Caribe separan las costas de ambos países. Del lado continental, EE.UU. con más de 9 millones de Km² de superficie, una población de casi 246 millones de habitantes estadounidenses (censo del 90), con 1 millón 200 mil cubanos residentes(1) y un PIB percápita de 24.680 dólares. El más alto del mundo(2). En la otra costa, la isla de Cuba, con un poco más de 110 mil Km² de superficie, casi 11 millones de habitantes (residentes) y un PIB percápita de 3 mil dólares según cifras del Banco Mundial, año 93. Según el Ministerio de Economía y Planificación de Cuba, en el año 93 el PIB percápita era de 1.168 dólares. Estos datos poco aportan al intento de responder las preguntas hechas en la introducción, si no hurgamos en aspectos medulares de una historia profundamente determinada por la ubicación y características que tiene la mayor de las Antillas, la “llave del Golfo de México”, situada “al alcance de la mano” de tan abrumador poder.

1-Cuba Socialista N2. Revista del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Algunas Facetas de la Emigración Cubana. Artículo. Pag. 26 1996).
2-Referencia del PNDU 1996 de la ONU.

Tres mil norteamericanos participaron en la expedición inglesa contra la Habana en 1762. Once meses duró la dominación británica hasta ser recuperada La Isla por la corona española. Desde entonces, la suerte de Cuba se fue modelando en directa relación al resultado de las contradicciones que durante más de un siglo, y con diferentes grados de participación, sostuvieron estos tres grandes imperios. Desde la propia fundación de la “Unión”, el comercio con Cuba adquiere un papel principal. EE.UU. crecía como proveedor, Cuba extendía su cañaveral, y con el cañaveral, la esclavitud. Cuba se desdobla. Si políticamente era colonia de España, económicamente lo era de los norteamericanos. Después de que EE.UU. casi duplicó su territorio con la anexión de Luisiana y La Florida en las primeras décadas del 1800, Cuba pasó a ser uno de los principales objetivos de expansión. Sin duda el precursor de la política de los EE.UU. hacia Cuba es Thommas Jefferson (1801-1809). Cuba podría seguir siendo de España, eso no molestaba a Jefferson, pero jamás puesta bajo dominio Francés o Británico. “La agregación de Cuba a nuestra Confederación es exactamente lo que se necesita para redondear nuestro poder nacional y llevarlo al más alto grado de interés” escribía Jefferson. Para España mientras no pueda ser para los EE.UU., nunca para los cubanos. De todas formas el comercio principal de esta “posesión” era de los EE.UU. No podría cuestionársele a Jefferson el no considerar a los habitantes de Cuba como futuros poseedores de la isla. En aquel entonces Cuba estaba lejos aún de tener sentido de nación, pero estas ideas medulares jalonarían la política exterior de los EE.UU. durante todo el siglo pasado, aún cuando los cubanos en los últimos 30 años de ese mismo siglo desarrollaron sus luchas por la independencia. El sexto Congreso de Historia de Cuba, en 1947, declaró a Jefferson “precursor de la anexión de nuestra Isla a los EE.UU.” y “ Paladín constante de la incorporación de Cuba a la Unión”(1)

1-Manuel Medina Castro. EE.UU. y América Latina Siglo XIX. Editorial Ciencias Sociales Pag 530 y en adelante . La Habana. 1974.

Tal vez los fundamentos más explícitos de la razón que ha determinado la política exterior de los EE.UU. hacia Cuba los encontremos en las siguientes declaraciones del Secretario de Estado del Presidente Monroe, “Estas islas, por su posición local son apéndices naturales del continente norteamericano, y una de ellas, la isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser, por una multitud de razones, de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra unión(...) la dominante posición que ocupa en el Golfo de México y en el Mar de las Antillas, el carácter de su población, el lugar que ocupa en la mitad del camino entre nuestra costa meridional y la isla de Santo Domingo, su vasto y abrigado puerto de La Habana que hace frente a una larga línea de nuestras costas privadas de la misma ventaja, la naturaleza de sus producciones y la de sus necesidades propias, que sirven de base a un comercio inmensamente provechoso para ambas partes, todo se combina para darle tal importancia en la suma de nuestros intereses nacionales, que no hay ningún otro territorio extranjero que pueda comparársele y que nuestras relaciones con ella sean casi idénticas a las que ligan unos con otros los diferentes estados de nuestra Unión(...) ...Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarán probablemente los acontecimientos en los próximos cincuenta años , casi es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad”. Este era el pensamiento de John Quincy Adams, sucesor en la presidencia de EE.UU. de Monroe, reflejado en nota enviada a su ministro en Madrid el 28 de abril de 1823. Ocho meses más tarde, el 2 de diciembre de ese mismo año, el presidente James Monroe, en su séptimo mensaje al Congreso, expone su doctrina de política internacional; contenido que ha pasado a la historia como la “Doctrina Monroe”. El espíritu aparente de esta doctrina fue el salvaguardar la independencia del continente latinoamericano recién liberado de las aspiraciones Europeas. En esencia, la doctrina es el fruto de las contradicciones anglo-norteamericanas por el control de América Latina, y particularmente de Cuba (1).

1-Emilio Roig. “Cuba no le debe su independencia a los EE.UU”. Texto basado en múltiples bibliografías incluyendo artículos y documentos de archivos nacionales de EE.UU. Ediciones La Tertulia. La Habana 1960.

Una vez terminadas las guerras en el sur de nuestra región, Bolívar, contando con el apoyo de México, se propone volver los ejércitos hacia la liberación de Cuba y Puerto Rico(1827). Las presiones y la intervención de EE.UU. en el asunto, frustró los planes de Bolívar de liberar estos países. Pletórica está la historia de Cuba —posterior a estos intentos Bolivarianos—de irrebatibles antecedentes que desnudan la voracidad del naciente imperio. De éstos, quizás los que más golpean la dignidad de los cubanos a la luz del pensamiento moderno, fueron las pretensiones de “compra”. No terminaban aún de apagarse los estruendos de la olvidada y pavorosa guerra de conquista norteamericana, donde México pierde el 51% de su territorio original, cuando el presidente James Polk, el 30 de mayo de 1848, somete a su gabinete el plan de la compra de Cuba. No fue el único. Numerosos intentos hicieron todos los presidentes norteamericanos para “comprar la posesión”, hasta que la intervención y ocupación de La Isla en 1898 hizo innecesario “el negocio” (1).

1-José A Benitez. Martí y EE.UU. Editora Política. La Habana 1983.

Cien millones de dólares fue el precio inicial. Algunas decenas de millones más los intentos posteriores. Hasta hoy los historiadores buscan los fundamentos de dichas tasaciones. Se sabía en parte el precio de las tierras, también el del cuarto de millón de esclavos, lo que es imposible estimar es cómo fue que tasaron al resto de habitantes que rondaban los tres cuarto de millón en cifras redondas entre hombres, mujeres, niños y ancianos(1). Nunca los españoles quisieron “vender” su “más preciada joya”. “Si alguna vez la tozudez española prestó un servicio a la causa de Cuba, fue su negativa sistemática a acceder a tal operación de compraventa”, afirmó Fidel Castro en su pormenorizado “Análisis Histórico de la Revolución” como parte del Informe Central del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba(2).

1-Manuel Medina Castro. Obra citada.
2-Informe del Comite Central del PCC al Primer Congreso. Editorial Ciencias Sociales. La Habana 1978

El 10 de octubre de 1868, se inicia la guerra por la independencia de Cuba. Treinta años duró la guerra, con un intervalo de casi 20, donde ésta no se manifestó a través de un enfrentamiento abierto y constante en el campo de batalla. Las motivaciones económicas, la función de la burguesía terrateniente, el grado de organización político-militar, el papel y concepciones de sus líderes, entre otras causas, hacen diferente la primera etapa de la guerra (1868-1878) con relación a la segunda,(1895-1898)(1). Independientemente de estos factores, en esos treinta años surgió y se consolidó la noción de patria, de independencia, de dignidad y un profundo sentido de sacrificio y de tenacidad. Épica es la lucha de los Mambises y de sus principales conductores, donde la figura principal es uno de los personajes más brillantes que ha tenido nuestra América: José Martí. Solos lucharon los cubanos contra un ejército que llegó a contar con 200 mil hombres en la etapa final de la guerra reiniciada en 1895 y terminada con la intervención norteamericana en 1898. En esos años, América Latina gobernada por oligarquías sumidas en disputas internas, eficientes en defenestrar a sus libertadores y temerosas del naciente imperio del norte, nada hicieron durante esos largos 30 años. Los pueblos americanos hicieron lo posible. Historia aparte es esta guerra de sacrificios admirables. De ella, los cubanos sacaron lecciones determinantes para sus luchas futuras apenas 50 años más tarde(2). La Guerra la ganaron los cubanos, la intervención norteamericana (abril del 98) solo vino a impedir que “los revoltosos y extremistas” se adueñaran del país. El motivo aparente..., la explosión del buque norteamericano Maine (febrero del 98) fondeado en la rada habanera. Demasiados documentos de la época confirman la derrota de las fuerzas coloniales a manos de los Mambises. “Después de haber enviado 200 mil hombres y de haberse derramado tanta sangre, no somos dueños en la Isla de más terreno que el que pisan nuestros soldados”(3). Teodoro Roosevelt desembarcó unos cuantos “rangers” en Santiago de Cuba para combatir contra un ejército agotado y prácticamente vencido (4).

1- Carlos Rafael Rodríguez Letra con Filo, Tomo III Capitulo 1 Pensamiento y Acción en la Historia de Cuba. Ediciones La Unión La Habana 1987
2-Fidel Castro Discurso del 10 de Octubre de 1968 al conmemorarse los 100 años del inicio de las luchas por a Independencia. Documentos para la Historia. Ministerio de Educación La Habana 1987
3-Emilio Roig citando al presidente del Partido Liberal Español el 19 de mayo de 1897.
4-Fidel y el discurso del 10 de Octubre de 1968

Nunca EE.UU. reconoció la condición beligerante del Ejército Libertador, nunca reconoció al Gobierno Revolucionario en Armas de los cubanos. La guerra norteamericano-española apenas si duró tres meses. España es derrotada, se suscribe un tratado de paz en París en diciembre del 98. No participan los cubanos. No permiten que el Ejército Libertador ni sus generales celebren el triunfo en la recién liberada ciudad de Santiago de Cuba. Al poco tiempo fue licenciado. España derrotada “cede” Puerto Rico, Cuba y Filipinas. 300.000 kilómetros cuadrados y 10 millones de habitantes.

La intervención de EE.UU. en esa guerra determinaría en gran medida el futuro de Cuba en los próximos cincuenta años. La primera ocupación y administración por parte de los EE.UU. (1898-1902) crearon las condiciones políticas y económicas para la penetración y expansión del capital norteamericano. Para garantizar tales propósitos impusieron enmiendas constitucionales, tratados comerciales y de arrendamientos. Así queda tutelada la independencia cubana: “Que el Gobierno de Cuba consiente que los EE.UU. pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los EE.UU. por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba” (...) “ Que para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los EE.UU. las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el presidente de los EE.UU.”(1). El tratado de París lo hicieron los norteamericanos, el gobierno “adecuado” lo determinan los EEUU. La segunda intervención duró 2 años y tres meses (1906-1909). Hasta el día de hoy permanece la Base Naval de Guantánamo en el oriente del país. Con rigor, los cubanos denominan toda aquella etapa (1902-1959) como “seudo república o “neocolonia”

1-Enmienda Platt, Artículos III y VII. Documentos para la Historia de Cuba. Hortensia Pichardo Tomo II. La Habana 1971

Así surge la historia del dominio de los EE.UU. sobre Cuba, y junto a ello, todas las tragedias más o menos comunes a los países del área que articularon sus sistemas políticos y económicos determinados por los intereses de la gran potencia. (...)El país se convirtió en un suministrador de azúcar a bajos precios, una reserva para el abastecimiento en casos de guerra y un mercado más para los excedentes financieros y la producción agrícola e industrial de EE.UU. (...)La corrupción más increíble se estableció como práctica habitual en la administración pública. Las facciones políticas al servicio de los intereses extranjeros se repartían a su turno las prebendas y cargos públicos. (...)La miseria, el analfabetismo y las enfermedades proliferaban a lo largo del país(1). Como parte de un mismo fenómeno el capitalismo dependiente y azucarero fue prohijando una clase trabajadora que desde el nacimiento de la seudorepublica se organiza y combate por sus derechos.

1-Discurso de Fidel en el Primer Congreso del PCC. Obra citada.

El origen de la formación de un sentido de “clase trabajadora” proviene desde las mismas luchas de independencia, pero no es hasta los años treinta que adquiere influencia y juega un papel decisivo en las luchas políticas y sociales de la época. En esos años, gracias a esta participación popular, es derrotada la dictadura de Machado en agosto de 1933. (...)En los combates heroicos de nuestro pueblo contra la tiranía machadista, en la década del treinta, nuestra clase obrera, dirigida por los comunistas, jugó ya un papel relevante”(1). El Partido Comunista había sido fundado en 1925 y entre sus fundadores se contaba con miembros del Partido Revolucionario Cubano, organizado y conducido por José Martí cuando las luchas por la independencia.

1-Informe al Primer Congreso del PCC. Obra citada.

Diversas visiones se tienen de estos acontecimientos del 30, pero sin lugar a dudas, fue el momento de mayor confrontación —con un carácter de clases— al interior de la sociedad cubana. Es el nexo más relevante entre la guerra por la independencia de España y las luchas de la década del 50 que encabezó Fidel Castro. El resultado de ese proceso lo resume Carlos Rafael Rodríguez cuando afirma que: “La revolución de 1930-1933, si no logró sus objetivos , introdujo, sin embargo, cambios apreciables en la vida cubana. Fue abolida la Enmienda Platt, se estableció la jornada de ocho horas, el cubano adquirió el derecho preferente al trabajo, se produjeron importantes ocupaciones de tierras por los campesinos, que no pudieron ser desalojados de ellas, la lucha contra la discriminación racial pasó al centro de las preocupaciones nacionales y las demandas por una democratización de las funciones políticas asumieron pleno relieve”(1). Para el politólogo norteamericano James Petras “La Revolución del 33 contenía en su interior al primer movimiento socialista masivo de la clase trabajadora cubana”. (...)“Si el año 33 —afirma Petras— define el período inicial de la lucha por una revolución socialista, deberá tenerse presente que su trayectoria no siguió una línea recta sino que se refractó a través de diversas experiencias no revolucionarias de la clase trabajadora que sin embargo generaron una crisis del régimen. El capitalismo se afianzó a nivel de Estado, pero la presencia de los trabajadores se codificó e institucionalizó hasta el punto de afectar gravemente la capacidad del capitalismo para reproducirse con algún dinamismo(2). Para Fidel Castro después de caracterizar al efímero gobierno revolucionario del 33 como de “corte nacionalista” y “con una influencia destacada de un ala antiimperialista, afirma: “El país vivió un verdadero período revolucionario; pero de nuevo el imperialismo, sin necesidad de una intervención militar directa, con la complicidad de las clases reaccionarias y la traición desvergonzada de Fulgensio Batista(3) frustra el proceso revolucionario y lo aplasta a sangre y fuego”(4).

1-Carlos Rafael Rodríguez . Letra con Filo. Tomo 2 Pag 324. Obra citada.
2--James Petras Clase Estado y Poder en el Tercer Mundo. Capitulo XI La Clase Trabajadora y La Revolución Cubana.
3- Sargento de la Guardia Nacional que encabezó el ala militar del levantamiento del 33 y que posteriormente traicionaría los objetivos revolucionarios de aquel movimiento. Años más tarde, ya como civil y aprovechando sus nexos con parte del ejercito y con los EE.UU., da el golpe militar del 10 de Marzo de 1952. Siete años ejerció el mando de la nación como dictador hasta que salió huyendo en los días previos al triunfo de la revolución de Enero de 1959.
4- Informe al Primer Congreso del PCC

A estos acontecimientos del 33 le sucede un período de inestabilidad que culmina en 1940 con la aprobación de una nueva Constitución. El proceso político siguió a partir de entonces cierto curso institucional. “La democracia representativa y el parlamentarismo burgués eran incapaces en absoluto de resolver los graves problemas del país y por el contrario los agudizaban” (1). Este período fue abruptamente cortado por el golpe de estado de Batista, el 10 de Marzo de 1952. El estado general de la sociedad cubana, como resultado de 50 años de desarrollo capitalista dependiente y monoproductor, fue caracterizado con precisión en el conocido alegato que realizó Fidel Castro el 16 de octubre de 1953, en el juicio realizado a los participantes del fallido asalto al Cuartel Moncada del 26 de julio del mismo año. El documento conocido como “La Historia me absolverá” se transformaría en el programa de la lucha de liberación nacional y antiimperialista. Fue “escrito con el cuidado suficiente”(2) posteriormente re elaborado por Fidel ya en prisión y editado clandestinamente en 1954.

1- Informe al Primer Congreso del PCC
2- Mario Mencias. El Grito del Moncada. Editora Política La Habana 1986.Pag 476 tomo II.

En el carácter y contenido de este programa, encontramos parte de las respuestas a las preguntas introductorias. Allí está nítido quiénes y cuántos se beneficiarían en términos objetivos, si el programa de la Revolución se cumpliera. Al caracterizar al pueblo cubano, Fidel señala: “a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo”; ...“a los quinientos mil obreros del campo que habitan bohíos miserables y trabajan cuatro meses al año” ; ...“a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, están desfalcados” ... “a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya” ...“a los treinta mil maestros y profesores tan abnegados... y que tan mal se les trata y se les paga” “...a los veinte mil pequeños comerciantes, a los diez mil profesionales jóvenes... que salen de sus aulas con sus títulos para encontrarse en un callejón sin salida”. A ese pueblo Fidel le plantea en ese programa que nada le van a dar, por el contrario lo interpela al manifestar: “Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sea tuya la libertad y la felicidad”(1).

1- Fidel Castro en el alegato “La Historia me absolverá”

En Marzo del 52 es el golpe militar de Batista. Transcurre un poco más de un año y se produce el frustrado asalto al cuartel Moncada quedando el Movimiento Revolucionario desarticulado y la mayor parte de los sobrevivientes en prisión. Mientras tanto, otros partidos de izquierda y revolucionarios, trabajadores, sectores intelectuales y clase media, continuaban luchando bajo otras formas contra la dictadura. El 2 de diciembre de 1956, después de establecerse y preparar la expedición en México, el Movimiento Revolucionario desembarca en las costas del oriente del país. Descubierto el desembarco y prácticamente aniquilado el grupo, éste se reorganiza a partir de un reducido número de hombres y comienza la lucha guerrillera. Tres años más tarde, el primero de Enero de 1959, es derrotada la dictadura con el aporte decisivo de la clase obrera en una huelga general.

Habían pasado exactamente cinco años, cinco meses y cinco días del asalto al Moncada. Y ya “para octubre de 1960, el programa del Moncada se había cumplido en lo esencial y la Revolución Cubana, en medio de una épica lucha antiimperialista, pasaba a la etapa socialista” (1)

1- Informe del Primer Congreso del PCC. Pag 44)

En apenas casi dos años posterior al triunfo revolucionario, Cuba tenía unas nuevas Fuerzas Armadas, creadas las Milicias Populares y disuelto el ejército de la dictadura. Fue un hecho determinante para el futuro de la Revolución, el que las armas fueran a manos populares. La administración pública fue saneada de todos los cómplices de la tiranía. Reintegraron a todos los despedidos. Cesaron los desalojos campesinos. Nacionalizaron todas las empresas norteamericanas. Hicieron una profunda Reforma Agraria. Eliminaron todo tipo de discriminación racial en el uso de todo lugar público. Disminuyeron tarifas en los más importantes rubros de consumo de la población. Comenzaron la más radical transformación de los pilares básicos de esta revolución : la salud y la educación. Más de 100 mil jóvenes participaron en la primera campaña de alfabetización. El juego, el trafico de drogas y el contrabando fueron suprimidos radicalmente. Poco a poco desapareció la mendicidad. Nacionalizaron la banca y la mayoría de las grandes empresas. Hicieron leyes de reforma urbana transformando en propietarios a todos los arrendatarios. Habían derrotado en menos de 72 horas la invasión organizada por los EE.UU. en Playa Girón y ya resistían el bloqueo total declarado por el gobierno norteamericano(1).

1- Aspectos resumidos del Informe al Primer Congreso.

Había sido derrotada las clase más acaudalada del país y a cada medida de agresión desde el norte, la revolución radicalizaba sus respuestas. Habían creado la organización popular decisiva para la seguridad del proceso en sus primeros años, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), organizados en cada cuadra y barrio a todo lo largo y ancho del país. Lo conformaban —y aun lo integran—, la gente más común del pueblo. A ningún “cederista” jamás le han pagado por cuidar la revolución, por el contrario ser “cederista” y más aún ser parte de “su dirección” en la cuadra, solo implica más compromiso y más trabajo. Era imposible que organización de tales características fuera concebida de otra manera. Nunca gobierno alguno en la historia de América Latina había tenido tan enérgica actitud, tanto coraje y se había enfrentado tan directamente a los EE.UU. Nunca se había empleado un lenguaje tan claro y duro como lo han hecho los dirigentes de esta revolución. Y esto, a una mayoría del pueblo cubano, hasta el día de hoy, le provoca un profundo sentimiento de orgullo, difícil de entender para quienes no han sido parte de esta historia. En apenas dos años las transformaciones fueron de tal profundidad, fue tal la coincidencia de la orientación de los cambios con las pretensiones de las inmensas mayorías, que todo aquello que se hizo en los momentos más complejos de esta revolución, fue con la participación de esas inmensas mayorías movilizadas. Millonarias eran las concentraciones populares que coronaban cada ley revolucionaria, cada respuesta a todo tipo de agresiones, tanto políticas como militares.

Algunas Respuestas Preliminares.
La Revolución Cubana sorprendió al mundo, a las clases desalojadas del poder y a los propios EE.UU. que subestimaron a los líderes de este proceso y a su pueblo. Cuando intentaron retrotraer el cambio, era demasiado tarde. “En la guerra de liberación, creyeron que se trataba de un simple problema de orden interno y que el ejército de Batista, con la ayuda de los asesores yanquis, aplastaría a los combatientes. Entonces ni siquiera sospechaban su potencialidad revolucionaria. Cuando fueron a maniobrar para sustituir a Batista e impedir el triunfo revolucionario, imaginándose que disponían de tiempo, la fulminante ofensiva del Ejército Rebelde a fines de 1958 los sorprendió. El primero de Enero de 1959 no había ya ejercito mercenario en Cuba. Ofensiva diplomática, presiones políticas, brutal agresión económica que vinieron después, también fracasaron. Subversión, bandas armadas contra revolucionarias, ataque a Playa Girón: aplastamiento de la invasión sin tiempo a la OEA para intervenir, liquidación de las bandas armadas. Por último, intenciones evidentes de invadir a Cuba: Crisis de Octubre y compromiso (de parte de los EE.UU. ante la URSS) de no realizar un ataque militar directo contra nuestra patria”(1). Así explica Fidel ante el Primer Congreso del PCC, el cómo fue posible que Cuba, a solo 90 millas, haya hecho una revolución sin que EE.UU. desatara una guerra devastadora: “Cada uno de los pasos fundamentales que dio o quiso dar el imperialismo llegaban demasiado tarde y en todos los casos estuvieron preñados de subestimación al pueblo de Cuba, su capacidad de resistencia y su espíritu de combate” (2).

1y2-Fidel Castro en el Primer Congreso.

Las demostradas intenciones de los EE.UU. hacia Cuba, no nacieron con la revolución, nacieron con el origen expansionista e imperialista de los EE.UU. El bloqueo y las agresiones comenzaron a los pocos días de la revolución, casi un año y medio antes de que ésta se declarara socialista. Cientos han sido las invasiones abiertas o encubiertas de los EE.UU. en su historia, y salvo contadas excepciones, han sido contra países con regímenes socialistas. Hoy EE.UU. mantiene estrechas relaciones diplomáticas y comerciales con países como Vietnam o China. “¿Dónde está el enemigo? ¿Dónde la URSS? ¿Dónde el Bloque Socialista? Si la guerra fría terminó hace ya casi cinco años ¿cómo explicar que se continúe en franca actitud de guerra hacia nuestro país?”, preguntaba Carlos Lage(1) ante el plenario de la Asamblea General de la ONU. “Hasta el propio Pentágono reconoce que Cuba no es ninguna amenaza para la seguridad nacional”. “El partido único no puede ser la causa del bloqueo, porque no es Cuba la única nación donde hay un solo partido. Mas aún, hay gobiernos en el mundo, donde el poder lo ejerce una monarquía, sin partido o sin constitución y no son bloqueados, ni deben serlo, y por el contrario son íntimos aliados de los EE.UU.” ...“Acusar a Cuba de violar los derechos humanos es una infamia sin precedentes, que denunciamos aquí con la frente en alto”, señala Lage en la ONU y a continuación respalda la afirmación con la inobjetable y conocida situación de la seguridad social cubana que no tiene igual en ningún país subdesarrollado.

1-Discurso de Carlos Lage Dávila Secretario del Consejo de Ministros de Cuba en el 51 período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 12 de Noviembre de 1996. New York.

Si los derechos humanos fueran la causa de la conducta norteamericana, durante décadas debieron haber empleado todas las flotas del mundo para bloquear casi todo nuestro continente, gobernado por dictaduras responsables de las más brutales violaciones contra la vida. Si de derechos humanos se trata, toda centroamérica debiera estar invadida, donde de 15 millones de habitantes, casi el 60 % vive en la pobreza. Solo los 150 mil asesinados, los 50 mil desaparecidos de Guatemala(1) debieran ser sobradas razones que justificaran una invasión o bloqueo norteamericano. Digan lo que digan, en Cuba jamás a desaparecido nadie, jamás ha habido un asesinato político.

1-Noam Chomsky “Miedo a la Democracia” Pag 262 . Grijalbo, Barcelona 1993.

Las razones de la conducta norteamericana, nada tienen que ver con el diseño político interno de los cubanos, nada tienen que ver con el comunismo, ni tuvieron que ver con sus vínculos con la desaparecida URSS. Si la política agresiva de los EE.UU. se mantiene, es porque el término de la llamada “guerra fría”, en lo sustancial no cambió las verdaderas razones que la motivan. El antes o después de la guerra fría solo cambió el escenario que facilitan las ambiciones de los EE.UU. “Existe también una razón más profunda por la cual la política de los EE.UU. para el Tercer Mundo podría seguir la misma trayectoria que antes. Dentro de un estrecho margen, las políticas expresan necesidades institucionales. Las políticas norteamericanas has sido coherentes durante un largo período porque las instituciones dominantes son estables, sujetas a muy pocos desafíos internos y —en el pasado— relativamente inmunes a las presiones externas a causa de la riqueza y el poder únicos de los EE.UU.” “Los cambios del sistema global son, ciertamente, decisivos, pero tienen tan solo un impacto limitado en las bases fundamentales de las políticas norteamericanas para el tercer mundo, a pesar de que realmente modifican las condiciones bajo las cuales deben ejecutarse dichas políticas” ...“En particular hay que inventar nuevos pretextos” (1) En fin, EE.UU., el mega capital y las transnacionales y su intrínseca necesidad de reproducción y expansión —los llamados eufemísticamente “intereses vitales”— no pueden tolerar un ejemplo alternativo de desarrollo en sus mismas narices.

1-Noam Chomsky “Miedo a la Democracia” Pag 262 . Grijalbo, Barcelona 1993.

¿Y porqué hoy no la invaden si desapareció el contrapeso internacional?. Raúl Castro lo explica así: “Jamás debemos descartar la posibilidad de una agresión militar directa , para lo cual ellos tienen actualizados sus planes de contingencia”. “Pero bueno una cosa piensan los políticos que desatan guerras, a veces increíblemente con fines electoreros y otra cosa piensan los militares que tienen que librarlas y que están conscientes de dos cosas: primero, que Cuba no constituye ninguna amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.; segundo, que el precio a pagar en vidas norteamericanas sería muy elevado. Con ambos juicios yo coincido” ...“si nuestro poderío defensivo y nuestra decisión de resistencia y victoria resultaran un disuasivo efectivo para evitar la agresión, ¡magnífico! ¡No queremos la guerra, sino construir en paz un futuro de bienestar para nuestro pueblo” .. “para nosotros evitar la guerra equivale a ganarla” (1)

1-Entrevista a Raúl Castro. Diario Granma 3 de diciembre 1996.

En cierta medida, la enorme capacidad defensiva que tiene la revolución está dada porque la población en su inmensa mayoría es parte de ella, está organizada, está armada y conocen y se preparan para una eventual conflagración. Las Fuerzas Armadas de Cuba, no es retórica decirlo, la forman gente salida del pueblo, de allí salieron al triunfo de la revolución, de allí se nutrieron durante todos estos años. Era evidente, los sectores ricos y privilegiados ya no estaban en el país. En estos elementos también está la resistencia de la Revolución.

Una de las particularidades relevantes de la historia de Cuba radica en que todas sus principales luchas están comprimidas en un breve espacio de tiempo histórico. A cada etapa de cambios y de acontecimientos trascendentes, le sucede otra en la cual participan hombres que, organizados o no, las unen y que han tenido la virtud de trasmitir valores, experiencias y contenidos de las etapas precedentes. En pocas generaciones se ha forjado la memoria histórica de la sociedad reconocida como cubana. Y lógicamente, este corto vínculo generacional se ha dado en cada campo de las fuerzas que luchan. Al triunfar la revolución en 1959, aun quedaban vivos mambises que pelearon en las guerras de independencia, como también quedaban vivos anexionistas de aquellos tiempos.

Anexionista —declarado sin pudor— fue el primer presidente de este país en 1902. Al triunfar la revolución, aún quedaban negros que habían padecido la esclavitud. Fundadores del Partido Revolucionario Cubano de Martí, posteriormente contribuyeron en la fundación de los primeros movimientos y partidos socialistas. Militantes de estos partidos y movimientos revolucionarios de la década del 30, son aún integrantes del Partido Comunista de Cuba. Por otra parte la historia de las luchas de los trabajadores cubanos en contra del capital tubo tal magnitud, profundidad, extensión y resultado en los primeros cincuenta años de este siglo, que llevó al Banco Mundial a declarar en 1951 que el problema fundamental para los capitalistas extranjeros y nacionales en Cuba era “el problema laboral”, señalado como uno de los “obstáculos principales para el progreso económico”(1).

1- Petras. Obra citada. Pag 229

El carácter e historia de la formación del capitalismo dependiente en Cuba determinó la existencia de una clase acaudalada económica e ideológicamente subordinada a los EE.UU. Durante todos los conflictos que han ocurrido a lo largo de la historia, estos sectores han vuelto sus ojos hacia el norte. Allá fueron a parar confiados posterior al 59. A pesar de la derrota de Girón en el 61, hasta hoy los sectores más radicalizados conspiran desde los EE.UU. en contra de la revolución. Las últimas leyes norteamericanas que profundizaron el bloqueo son parte de su obra. Aunque esta migración ha dejado de ser monolítica, nunca sus sectores más reaccionarios han desistido de sus propósitos, nunca han aceptado la única derrota de una clase poderosa y rica que se ha producido en este continente. El drama insoluble de sus aspiraciones contra revolucionarias radica en que cualquier solución que proponen es con los gobiernos de los EE.UU., nunca ajenos a ellos, ni mucho menos en contra de ellos.

Para desgracia de los propósitos contrarrevolucionarios, la gran mayoría de la población cubana era antiimperialista desde antes de la revolución. Fueron los propios gobiernos de los EE.UU. a lo largo de más de cien años responsables de tal sentimiento. Otro tanto hicieron los norteamericanos visitantes y residentes en el país. El estado deplorable que vivía Cuba previo a la revolución, tal cual todas estas repúblicas míseras del área, eran y aún son, consecuencia en gran medida de su articulación a las políticas estadounidenses. Con mucha mayor razón, durante todos estos años de revolución, el pueblo se forjó en un profundo antiimperialismo, como consecuencia de las reiteradas y permanentes agresiones de toda índole que salen desde el norte. Por otra parte este pueblo se ha educado sistemáticamente, con precisión y de forma documentada, en un profundo rechazo a los gobiernos norteamericanos. Basta con revisar cualquier libro de texto de las escuelas cubanas. Así este pueblo tiene una conciencia histórica antiimperialista y profundamente patriótica. De esta manera, la mayoría de los cubanos cierran fila con la Revolución cuando el país es agredido, independiente a su nivel de apoyo político al proceso revolucionario. A la oposición de Miami le ha sido imposible separar patria de revolución. Para una mayoría de cubanos, patria y revolución son la misma cosa.

No obstante la dualidad histórica se mantiene. De aproximadamente 1.400.000 cubanos que viven en el exterior, 1.200.000 residen en los EE.UU.(1). Allí radican la inmensa mayoría de los sectores políticos y económicos afectados por la revolución, y aunque en los últimos tiempos esta migración es mayoritariamente económica, y que en su interior se cuenta con diversos grupos que se han aproximado a la revolución y la apoyan, el centro de la actividad contra revolucionaria proviene de Miami. EE.UU. a lo largo de todos los años de la revolución ha impulsado un tratamiento preferencial a la migración cubana, de profundo contenido anticomunista, que contempla un amplio apoyo económico y jurídico, en función de beneficiar a todos aquellos que abandonaban el país (2).

1y2-Cuba Socialista N2. Revista del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Algunas Facetas de la Emigración Cubana. Artículo. Pag 26 1996).

Fronteras cerradas, golpes y hasta muerte para las decenas de miles de mexicanos, haitianos, caribeños y centroamericanos en general que permanentemente intentan ingresar al país de las “oportunidades”, brazos abiertos y estatus especial para todos los cubanos emigrantes. Este tratamiento solo culminó en parte con los acuerdos migratorios suscritos entre ambos gobiernos posterior a la llamada “crisis de los balseros” del verano de 1994 cuando la Revolución dejó de “cuidar las fronteras norteamericanas desde sus costas”. Miles fueron los cubanos que se lanzaron a las aguas del estrecho de la Florida estimulados por la política estadounidense y por el estado crítico que vivía la economía cubana. Ese conflicto vivido en Cuba en uno de los años más duros se trasladó al norte. EE.UU. se vio obligado a suscribir dichos acuerdos que redundaron en un cambio de política y dejaron de tratar como “refugiados políticos” a los cubanos que salían por razones económicas.

Una parte considerable de los emigrantes cubanos —aunque parezca absurdo—, hacen una comparación competitiva entre ambos países. Muchos de los residentes cubanos que viven en EE.UU. visitan la isla y hacen permanente ostentación de su nivel de consumo ante el limitado consumo de los cubanos. Nunca parten de la comparación con países semejantes en el Caribe o Centroamérica, nunca con el capitalismo que realmente les debiera tocar a los cubanos. Los emigrantes, sobretodo algunos sectores de profesionales jóvenes que hoy están saliendo del país por vías legales, estimulados por el prestigio que estos profesionales tienen en el extranjero, lo hacen bajo la premisa de la libertad personal y el individualismo más estrecho. Quieren solucionar “ahora” todos sus problemas materiales y no están dispuestos al sacrificio y a las limitaciones consustanciales a un complejo proyecto global de sociedad como la cubana, menos ahora que observan algunas de las consecuencias de las medidas aplicadas, donde cualquier iletrado que se dedique al comercio como “cuenta-propista”, puede en pocos días ganar el salario mensual de cualquier profesional. Por otro lado, un parte considerable de los profesionales y científicos de este país están lentamente elevando su nivel de vida a partir de pequeños estímulos materiales, pero son risibles esos estímulos comparados con las cifras millonarias que podrían obtener en el extranjero cualquiera de los científicos que Cuba tiene en sus áreas de punta en el desarrollo cientifico-técnico. Cuando algún extranjero los visita en sus casas, les cuesta comprender las razones que los mantienen en sus puestos de trabajo, independiente a que muchos son ácidos críticos de las grandes y pequeñas deficiencias que tiene el sistema. Las razones más puras de su conducta están en la área “rara” del subjetivismo de valores morales, tan venida a menos en estos tiempos donde reina la ambición material y personal como motor principal de los proyectos Neoliberales.

En alguna medida, son los gobiernos norteamericanos los que más han hecho para permitir que esta revolución sobreviva. Han estado presentes detrás de la mayor parte de los dramas de Cuba. Y una parte mayoritaria del pueblo cubano tiene nítida conciencia de tal fenómeno. Por otra parte la inmensa mayoría de los cubanos han sido protagonistas y partícipes de todos los cambios y de todas las luchas. En los primeros años solucionaron de forma inmediata, clara y contundente sus necesidades más perentorias, aunque para mantener tales conquistas y aumentar el nivel de las mismas, el camino posterior ha estado plagado de sacrificios. La percepción del triunfo ante todo aquello que provenía de las clases poderosas, toda esa frustración o humillación sufrida por décadas ante los EE.UU., fue liberada hasta lo indecible llegando a transformarse en valores y sentimientos impenetrables para esos analistas y politólogos extranjeros. Y una proporción considerable de esos cubanos protagonistas de los primeros años de revolución, son también los protagonistas de hoy. Así las cosas, en gran medida esta revolución se ha sostenido como resultado de su profundo carácter popular, socialista y antiimperialista. Esta capacidad de resistir de Cuba, es también fruto de la consecuencia invariable que han tenido con estos principios. Otro tanto se lo debe a su juventud histórica como proceso social. En fin, aunque no todas las razones de la resistencia cubana están en su historia, allí encontramos componentes decisivos del poder que tiene La Revolución.

2- NO TODO ES HISTORIA

Algunos alcances económicos.

Cuando se escriba la historia de la Revolución Cubana, seguramente se distinguirán dos claras etapas, el antes y después de 1990. Se podría establecer un aparente contrasentido. Por un lado, Cuba devino en la crisis más violenta de su historia por haber organizado su sistema político económico vinculado estrechamente con el Campo Socialista. Y por otro lado, Cuba pudo mantener hasta ahora su proyecto socialista, gracias a las condiciones de desarrollo general que el país había logrado producto de ese vínculo con el desaparecido Campo Socialista. La profundidad y magnitud del golpe recibido en 1990 y las dramáticas consecuencias en los años siguientes, son demostrativos del grado de articulación que tenía la economía cubana con los países ex socialistas y principalmente con la desaparecida URSS. Cuba pudo llegar a ser una “potencia médica” una “potencia en educación” y tener un determinado grado de desarrollo agro-industrial debido —en gran medida— a su vinculación con ese desaparecido Campo Socialista. Los dirigentes cubanos no llaman “política de subdsidios” al tipo de intercambio que se tenía con el CAME(Consejo de Ayuda Mutua Económica) y principalmente con la ex URSS. Era una justa política de relaciones económicas entre un país subdesarrollado y un país desarrollado. Era como debieran ser esas relaciones entre el mundo rico y el pobre, y no las injustas políticas de intercambio desigual que priman hoy en el mundo.

En el período 61-65, el país creció en un 1,9 %. Del 66 al 70 creció en un 3,9 %. Del 71 al 75 creció en un 10 %. Del 75 al 80 creció en un 4 %. Del 80 al 85 creció en un 7,3 %. (1). El quinquenio 85-90 fue interrumpido en los momentos que el país realizaba los más grandes esfuerzos en planes de desarrollo agricola-ganadero, en servicios, en la construcción, en la industria y fundamentalmente en el área de la biotecnología y farmacéutica. El país ya poseía los conocidos y sólidos logros en la educación y la salud. En la década de los 80, llamada “década perdida” por la CEPAL para América Latina, Cuba mantuvo un crecimiento sostenido. El país ya poseía una infraestructura industrial y energética independientemente de que estuviera basada en tecnologías atrasadas y de gran consumo que venía de los países socialistas. (2)

1- Tomado de los Informes Centrales a los Congresos del P.C.C. en 1975, 1980, 1985. Editora Política. En 1990 no hubo Informe Central publicado) (Los % son en Producto Social Global)
2-Aspectos de la Entrevista de Tomas Borge a Fidel Castro. “Un Grano de Maíz” La Habana 1992.

A partir de 1990 se produjo una acelerada desintegración económica. De 8.100 millones de dólares de capacidad total de importación que tenía el país en 1989, se llegó a 2200 millones en 1992. Disminuyó en un 73% los recursos de importación. El 81% de las exportaciones iban hacia el campo socialista, el 85% de las importaciones venían de él. Todos los programas de desarrollo y prácticamente de todas las ramas de la economía, estaban articuladas hacia la organización económica multinacional que agrupaba a los países del campo socialista.

Se perdieron más de las tres cuartas partes del mercado de suministros de materias primas para las producciones nacionales y de productos para el consumo. El año 92 se realizó un 7% del comercio en ambas direcciones con los ex países socialistas. Y este 7% fue solo azúcar exportada a Rusia por petróleo. Se terminaron prácticamente todos los programas de colaboración e inversión en los más diversos sectores. Se rompe así un vínculo mucho más profundo que el vínculo comercial. (1) Entre el año 1990 y el año 1993 el Producto Interno Bruto decreció en un 34,8%. (2)

1y2 -Carlos Lage Entrevista en Granma 6 de Nov. 1992 y Entrevista en Granma 25-6-1996

“Un largo lustro de grandes necesidades” se titula uno de los capítulos del Informe del Buró Político al V Pleno del Comite Central del PCC, celebrado en Marzo de 1996, referido a la situación del pueblo cubano en estos años de crisis. Las penurias están reflejadas en el informe cuando señala: “las carencias en la alimentación, los apagones, los problemas de transporte, la ausencia casi total de distribución de ropa y calzado, el agravamiento en la situación de la vivienda (fenómeno que arrastrábamos desde antes, para cuya solución en grande hicimos fuertes inversiones que el inicio del período especial interrumpió abruptamente), la reducción del servicio de reparación de equipos electrodomésticos y otros enseres del hogar, situación que ya era deficitaria desde antes, la escasez de productos tan necesarios como el jabón y otros artículos de higiene personal, las estrecheces materiales que afectan a nuestros extensos servicios de educación y de salud (incluyendo los medicamentos), todo ello ha significado para nuestro abnegado pueblo, un largo lustro de grandes necesidades y un violento decrecimiento del nivel de vida que habíamos logrado alcanzar en la década del 80.” Este dramático cuadro —señala en otra de sus partes el mismo documento— se agudizó en extremo ante “el paro o la disminución del trabajo para cientos de miles de personas ubicadas en centros estatales, sino también el aumento del desempleo juvenil, con la suma creciente cada año de decenas de miles de arribantes a la edad laboral, desmovilizados de los institutos armados y egresados sin ubicación” (1).

1-Raúl Castro en la lectura al Informe del Buró Político al V Pleno del Comité Central del PCC. Diario Granma 27 de Marzo de 1996.

Todo este cuadro funesto traía un componente anterior, que en alguna medida hizo más compleja la situación. La Revolución Cubana desde su propios inicios ha venido buscando un sistema de dirección y organización de su economía que garantice eficiencia y productividad. El Primer Congreso de 1975 significó un notorio cambio en el carácter de dicho sistema de dirección económica. Hasta entonces existía una mezcla de sistemas entre las fórmulas aplicadas por el Che Guevara y el sistema de Cálculo Económico que ya funcionaban en el campo socialista. Ambos sistemas basados en la propiedad social de los medios de producción y con una planificación centralizada, pero diferentes en cuanto a mecanismos, empleo de categorías económicas y estructuras. Se estableció a partir de ese congreso (1975), un sistema único de dirección económica mucho más articulado a los ex países socialista.

Para fines de 1984 y principalmente en 1985, casi diez años más tarde, el nuevo Sistema de Dirección y Planificación de la Economía había acumulado serias contradicciones, a pesar de haber crecido el país de manera sostenida.

Cada período posee sus particularidades. Pero en alguna medida apreciamos una constante en cada uno de los análisis que se hacen en cada período, en cada congreso. Nunca los cubanos se mostraron satisfechos, siempre analizaron los errores cometidos y la constante común en cada etapa fue la ineficiencia económica, la incapacidad de encontrar un sistema con un funcionamiento óptimo. Todo esto a pesar de los innegables avances globales de toda la economía, que redundaba en una permanente superación del nivel de vida de los cubanos. A partir del tercer congreso de 1985 y principalmente desde 1986, la revolución había comenzado todo un proceso denominado de “Rectificación de Errores”. Las críticas al interior del proceso tal vez solo alcanzaron el nivel de las hechas posterior a la fallida zafra de los diez millones, el año 1970. Y estas críticas no solo abarcaban la ineficiencia, la improductividad, el acomodamiento, la indolencia en el trabajo, los robos a la economía, la desviación de recursos de la economía social en interés privado, etc., sino también todo un grupo de deformaciones político-ideológicas que llevaban a los trabajadores a forjarse en los valores del individualismo y en el consumismo. Prevalecía una marcada tendencia al incremento del gasto para el consumo, con una insuficiente inversión productiva dirigida a la sustitución de importaciones(1). El Informe Central del Tercer Congreso es profundamente crítico, ante la imposibilidad de cambiar el carácter monoproductor de su economía. Los lineamientos surgidos de este congreso, sitúan a la exportación de bienes y servicios y a la sustitución de importaciones como el primer y principal objetivo para el quinquenio 85-90. (2)

1-Aspectos sacados de Fidel Castro. “Por el Camino Correcto” Editora Política. 1987
2-Lineamientos Económicos y Sociales para el quinquenio 1986-1990 Editora Política 1986

Este proceso de “rectificación de errores y de tendencias negativas” quedó inconcluso al devenir la crisis en 1989. “En ese proceso estábamos cuando ocurre la catástrofe” —afirma Fidel Castro en la entrevista a Tomas Borge— refiriéndose al término abrupto de todo el amplio proceso de cambios que la revolución venía impulsando. En el plano de las transformaciones económicas, se señala al poco tiempo, a las condiciones generadas por el bloqueo y al carácter del intercambio con los países del CAME, profundizado desde 1976, como los principales factores que determinaron la prevalencia del esquema exportador cubano a lo largo de toda la historia de la Revolución(1). Las inversiones en el sector turístico, biotecnológico y farmacéutico que venían desarrollándose gracias a esta voluntad de cambios, previo al “período especial”, no lograron en ese escaso tiempo variar de manera evidente el esquema tradicional de exportación. De acuerdo a esto —en nuestra opinión— los errores y las deformaciones estructurales acumuladas y no resueltas del todo, jugaron —y aún juegan— un determinado papel en este “lustro lleno de penurias”.

1-Revista Cuba Socialista Nro 3

Hoy, una reinserción competitiva de Cuba en los mercados internacionales a corto plazo, en medio de la crisis y con el bloqueo recrudecido, necesariamente debe partir (otra vez) de las ventajas comparativas tradicionales, asentadas en la disponibilidad de recursos naturales y en la base y cultura productiva existentes. Premisa fundamental para una reinserción exitosa es la recuperación de los niveles de exportación de los productos tradicionales con un crecimiento sostenido de ellos. En un plazo mediato se podrán incorporar reglones de un mayor valor agregado, que supongan una diversificación de las exportaciones a partir de las manufacturas(1).

1-Cuba Socialista Nro. 3

Tal vez uno de los temas más polémicos que aparecen en todas las etapas de búsqueda de la revolución, sea el papel e interrelación de los estímulos materiales y morales en el socialismo y su incidencia en los trabajadores para dedicarse al esfuerzo del trabajo cotidiano. Otra de las grandes lecciones que nos enseña este proceso, es que la sola propiedad social de los medios de producción y la planificación centralizada, no garantizan de forma automática el buen desempeño de un sistema productivo. Por otra parte, este proceso nos muestra la imprescindible interrelación de la economía mundial y como influye decisivamente al momento de trazar un esquema económico. Ahora los cubanos —sin tener modelos— construyen un socialismo que está por escribirse. Allí quizás está la tremenda “responsabilidad histórica” a la cual se refiere Fidel en diversos discursos.

Así las cosas, posterior al 90, el país era una “fruta madura” para sufrir las mismas transformaciones de los ex países socialistas. Arreció el “bloqueo” con las dos conocidas leyes norteamericanas y se desató una verdadera guerra encubierta por destruir la revolución. Uno de los frentes más dinámicos es toda la actividad “pacífica” que está contemplada en la conducta norteamericana conocida como carril II (El carril uno es el enfrentamiento directo). Con tales lineamientos los EE.UU. se han dedicado a financiar a través de “Organizaciones no Gubernamentales” a todo aquello que denominan la “sociedad civil”. Socavar por dentro la revolución, por vías “paiificas”. Buscar en todo tipo de organismos, centros de estudios, organizaciones no gubernamentales cubanas, grupos disidentes de los “derechos humanos”, iglesias de diverso tipo, y hasta en personalidades y científicos, una base de sustentación para ir promoviendo lentamente los cambios que los EE.UU. entienden como “únicos” para lograr la “verdadera democracia”.

Al derrumbarse el Campo Socialista, los cubanos también fueron ideológicamente impactados por tan magno acontecimiento. Algunos intelectuales fueron —y aún lo están— adscritos a diversas teorías que apuntan, consciente o inconscientemente, al desmantelamiento de la sociedad socialista(1). Otros simplemente consideran inviable el proceso revolucionario. Dentro de estos están los diversos grupos organizados y vinculados al exilio de Miami (2) que en realidad no tienen prácticamente incidencia en el país.

1-Raúl Castro. Informe del Buro Político del PCC. Citado.
2-Aparecieron reconocidos por Carlos Lage en el discurso ante las Naciones Unidas. Citado.

Uno de los aspectos con que más han golpeado y se comenta en la población, es la “compra o deserción” principalmente de científicos y personalidades conocidas en el deporte y el arte. Entre más famoso es el “personaje”, mayor es su precio, y mayor es el desencanto y dolor para los cubanos revolucionarios. Algunas deserciones ni siquiera tienen un matiz ideológico para “el comprador”, “tasan” a determinados científicos simplemente por el caudal de información que poseen, transformándose la “operación” en el tradicional “robo o fuga de cerebros” que han sufrido siempre los países del Tercer Mundo de manos del mundo desarrollado. Sin que se conozcan estadísticas ni se entregue información oficial de cuantos desertan de la revolución, son conocidas las cifras millonarias que ofrecen a este tipo de personas. Ante las inmensas necesidades en que viven los cubanos, no es sorprendente que algunos científicos y otras personalidades caigan ante esas “tentadoras cifras”. Lo sorprendente es que una mayoría de científicos se quedan en su patria... y cuando salen al exterior, regresan. Y no se puede afirmar “que no los dejan salir”, de otra manera no se explica la actual —aunque compleja y burocrática para lograrla— migración legal.

Enfrentar el “Período Especial”
En alguna medida, la capacidad de resistir de la revolución también está determinada por esa historia de confrontación constante que le obligó a planificar y prepararse para las eventualidades más complejas.
También influye la previsión de los acontecimientos que ocurrieron —destrucción del Campo Socialista, incluída la URSS— y la actitud a seguir en tal caso. Desde los tiempos de Reagan se habían creado los programas y planes para enfrentar un bloqueo total, donde no pudiera entrar nada al país. A partir de aquellos planes elaborados para un período especial en tiempos de guerra, se desarrollaron los planes para el “periodo especial” en tiempos de paz. Aunque era impensable que se previera la destrucción del Campo Socialista 10 o 15 años atrás(1), tal es así que la propia constitución cubana tenía incorporada la existencia de este campo en sus fundamentos, es en Julio de 1989 que por primera vez Fidel plantea esa posibilidad, ante la cual la revolución no tenía otra alternativa que seguir luchando y resistir. “Ni la peor hipótesis nos asusta” señaló Fidel en esa oportunidad (2).

1-En eso de prevenir la posibilidad de la desaparición del bloque socialista, en realidad, hasta los propios norteamericanos fueron sorprendidos inmersos en los preparativos de la conocida “guerra de las galaxias”. Críticos hubo siempre, la propia revolución tuvo en el Che Guevara uno de los grandes visionarios. En los primeros años posterior a la revolución advirtió que allí (en los países socialistas) se estaba construyendo el capitalismo.
2-Discurso del 26 de Julio de 1989. Diario Juventud Rebelde. 28-7-89

Planteadas las cosas en el orden de “resistir, resistir, para salvar la patria la revolución y el socialismo” como señalaba la consigna en el momento más crítico, se comenzaron a tomar a finales del año 1991 en una primera etapa y después de Agosto de 1993 en una segunda etapa, un conjunto de medidas principalmente en el plano económico, que irían a darle un vuelco a la situación y que tendrían significativos costos en el orden político, económico y social.

Se trataba —dice C. Lage en noviembre del 92— “de la necesidad de no oolo encontrar nuevos mercados, sino de reorientar estratégicamente el desarrollo de la economía del país hacia unas circunstancias totalmente nuevas”. Los trabajadores realizaron asambleas que se dieron en todo el país, donde analizaron y discutieron todas las medidas del proceso de transformaciones. Las reformas en sus enunciados más generales aparecen en las Resoluciones Económicas tomadas en el IV Congreso del PCC, realizado en 1991. En esencia apuntaban a la sobrevivencia de la revolución, basados en precisos planes como el Plan Alimentario, la Agroindustria, la Industria Farmacéutica, Biotecnológica y el Turismo. Planes que para su ulterior impulso precisan de divisas libremente convertibles, crónica carencia de la economía cubana. Todo un proyecto de austeridad, con una centralización de los escasos recursos pero con una flexibilización en la gestión económica de las diversas empresas. Se paralizaron grandes y ambiciosos proyectos de inversión, donde la reparación y construcción de viviendas fue uno de los más afectados. Capital, tecnología y mercado eran —y aún son— los tres grandes pilares económicos necesarios para salir de la crisis. Así comienza una notable apertura a la inversión extranjera en determinadas ramas de la economía, principalmente en el turismo, en la industria minera, básica, sideromecánica, del petróleo y en algunas producciones agrícolas. La revolución hace concesiones impensables años atrás y debe enajenar propiedades sociales en beneficio de empresas extranjeras. No obstante, aún con estas medidas, la propiedad social seguiría siendo la predominante en el país. En esas resoluciones se habla del “trabajo por cuenta propia” que tendría una verdadera explosión posterior a 1993. Se trazan las primeras pautas para el saneamiento de la economía interna, con la reducción del circulante y la disminución paulatina del enorme déficit que tenía el presupuesto de la nación, cuestiones indispensables para cualquier solución a la crisis. Todo trabajador que quedaba sin su fuente de empleo, recibía al menos el 60 % del salario. Los subsidios a las empresas irrentables eran cuantiosos y ante la carencia de ofertas de todo tipo se acumuló una enorme cantidad de dinero circulante. El dólar en el mercado negro llegó a cotizarse a 150 pesos, sabiendo que en los peores momentos previos a la crisis, el dólar se llegó a cotizar en 7 pesos. El elemento rector del cambio fue —y aún lo es—, el mantener las conquistas básicas que con el socialismo habían conseguido. Por consiguiente todo el sistema educacional, de salud y asistencia social siguieron funcionando con idénticas características a pesar de la carencia de recursos.

El período 90-93 significó vivir con lo mínimo indispensable para que el país no se paralizara. Se aplicó un verdadero plan de ajuste, que —a diferencia de los draconianos y conocidos “planes de ajuste” impulsados en diversos países latinoamericanos— tiene un profundo contenido social real y no discursivo, dado por el firme propósito de mantener esas conquistas básicas del socialismo. Por otra parte las normas y mecanismos en la disciplina financiera, laboral y en el control de los bienes, se tornaron más exigentes y rigurosas intentando impedir el robo, el despilfarro, la negligencia, la corrupción y el mercado negro. No obstante la llamada economía sumergida o “mercado informal” creció, llegando a movilizar cuantiosos recursos. Los delitos contra la propiedad social, sin que hubiésemos encontrado estadísticas que lo avalen, aumentaron sensiblemente. La corrupción y el soborno —fenómenos casi desconocidos en el país— aparecieron principalmente en sectores ligados al comercio con el mundo capitalista. En el transporte, cientos de miles de bicicletas ayudarían a palear el drama. Un riguroso racionamiento de los productos alimenticios básicos distribuidos igualitariamente para todos los cubanos, fue —y en alguna medida aun lo es—uno de los recursos más importantes para enfrentar las dificultades y carencias de este especial período. Aunque el nivel de vida de los cubanos descendió drásticamente y muchos no quisieron ocupar trabajos de menor calificación, principalmente en labores agrícolas, nadie quedó en el absoluto desamparo. En resumen, un sacrificio sin precedentes, con el único propósito de salvar el proyecto revolucionario. El sacrificio no todos lo asumieron y, como era lógico esperar, aparecieron sectores que rápidamente cambiaron el discurso al sentirse personalmente tocados por el drama. Una mayoría, principalmente aquellos protagonista de los primeros años que conoció sacrificios de magnitudes considerables, resistió. (1)

1-Algunos aspectos tomados de las Resoluciones Económicas del IV Congreso del PCC. 17 de octubre de 1991 Granma, y otros de la entrevista de Fidel Castro a la Revista Siempre de México editado por la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana 1991.

“Uno de los mayores méritos de la dirección política del país y, en particular, de nuestro Comandante en Jefe, fue, sin duda, percibir en qué momento no sólo eran necesarios los cambios, sino cuándo y cómo era posible introducirlos. En el verano de 1993, las condiciones para introducir nuevas transformaciones estaban presentes”, señala en los primeros meses de 1996 el Ministro de Economía y Planificación José Luis Rodríguez(1). A fines de ese año comenzaron a implantarse algunas de las medidas que más discusión causaron —y aún causan— de todo este proceso de transformaciones: Se despenalizó la tenencia de dólares en manos de la población. Se cooperativizaron las antiguas granjas estatales creándose las Unidades Básicas de Producción Cooperativa y el Trabajo por Cuenta Propia sufre una expansión considerable. Se crearon los mercados agropecuarios para campesinos privados y el mercado de productos industriales de empresas estatales. Se reestructuró la administración central y se racionalizaron las plantillas “artificialmente infladas”. Se eliminaron determinadas gratuidades como las entradas a los espectáculos deportivos y culturales y los almuerzos escolares. Se descentralizaron actividades como el comercio exterior, se comenzaron a aplicar nuevas formas de administración empresarial en el área estatal. Comenzó a funcionar un nuevo sistema de estímulos materiales a los trabajadores, basados en el criterio de la rentabilidad. Se abrió todo una red de tiendas y servicios en moneda libremente convertible. El turismo internacional sufrió una expansión considerable llegando a transformarse en motor y factor dinamizador de la economía. En concordancia con tales transformaciones, en 1992 es reformada la Constitución que ya prevé otras formas de propiedad y en 1995 se dicta la Ley de Inversión Extranjera que sustituye al “decreto ley 50” de 1982. Recientemente se terminó de organizar todo un sistema impositivo que sólo en 1997 se aplicará en plenitud. Todo este conjunto de transformaciones , se fueron aplicando paso a paso, observando cada reacción, cada mecanismo y sus efectos. Esta formula de cambios graduales y evaluando cada detalle y sus resultados, dándole tiempo a cada medida, no es casual, no es ineficiencia, está concebido de esa manera, así lo ha planteado Carlos Lage en diversas entrevistas.

1- José Luis Rodríguez Revista. Cuba Socialista Nª1 1996 del Comité Central del PCC.

Todo un proceso de cambios en medio de un “orden social y político” previendo determinados efectos “indeseables” que innegablemente provocarían contradicciones y tensiones sociales. Hay clara conciencia de parte de la dirección del país, de un determinado grupo de “efectos” negativos imposibles de evitar. El argumento central: se introducen los cambios para salvar la revolución, la independencia y las conquistas básicas del socialismo. Hasta el momento la realidad demuestra que estos objetivos se han conseguido plenamente, no obstante, la introducción de variables ajenas al modelo de desarrollo político, económico y social que venía dándose en Cuba, encierra complejidades y probables consecuencias y contradicciones a un más largo plazo; fenómenos difíciles de prever, que se acumulan y gestan en medio de las actuales deformaciones y tendencias negativas que se muestran con tanta evidencia. Al menos hoy podemos apuntar al complejo terreno de las motivaciones subjetivas, a un conjunto de valores que aparecen en algunos segmentos de la sociedad como tendencia hacia la descomposición social.

Es Fidel, desde su posición de líder de la Revolución, quien más ha insistido en las motivaciones morales del hombre. “Uno conoce mucha gente que no cree en el hombre, que cree que es un animalito, que se guía solo por instinto, por ambiciones personales. La sociedad capitalista es la que más creyó en el hombre en este sentido; vio al hombre siempre como un animal económico, guiado sólo por egoísmo. Pero yo sé que el hombre es capaz de grandes esfuerzos, de gran altruismo, de gran solidaridad, y lo sé no porque lo leí en un libro, sino porque lo viví en la lucha y vi mucha gente generosa, espléndida, que por ideas sacrificaban su vida, corrían todos los riesgos; lo vi en la guerra, en muchos compañeros, los esfuerzos enormes que hacían, los sacrificios, y allí no había salario siquiera, no había nada, no había más que la idea, y logramos derrotar a un ejército que era no sé cuántas veces mayor que nosotros. Por eso yo más bien siempre me he inclinado a creer más en los factores morales, en la conciencia del hombre. porque he visto lo que el hombre es capaz de hacer, y he tenido muchas lecciones de eso a lo largo de nuestra historia.” (1).

1-Un encuentro con Fidel. Entrevista del periodista italiano Gianni Miná. Editado por la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. Diciembre de 1987.

No obstante a la prédica revolucionaria, constantemente encontramos cubanos comunes —que carentes de un pensamiento político medianamente organizado— rechazan radicalmente lo colectivo; su vida la ordenan únicamente en función del bienestar y la retribución material personal. Desprecian, desconocen, o son incrédulos del componente moral, ideológico, que guía a parte importante de los trabajadores cubanos. Son la expresión antagónica del hombre que ha hecho posible y sostenible esta revolución. Es imposible que empleando la sola observación personal, determinar la magnitud que tienen estas tendencias a la descomposición social. Sí podemos afirmar, que de ser mayoritaria, hubiera sido imposible ésta capacidad de resistencia de la revolución. Estos fenómenos de valores antagónicos que encontramos en la sociedad cubana, están muy lejos de tener una expresión maniquea. Es un basto abanico, que al compartir y convivir con cubanos de diversos sectores, se nos muestra rico en tonos y matices, donde aún creemos que predomina el color que otorga la espiritualidad. Otro factor en favor de la resistencia. Pero también es aquí donde encontramos los mayores peligros a los que está expuesta la Cuba revolucionaria.

En el plano de las definiciones y ante los posibles temores del rumbo hacia donde conduciría este proceso de cambios, Fidel precisó el 26 de julio de 1995: “Pero esto no implica —los cambios—, como al parecer creen algunos, una vuelta al capitalismo, y mucho menos una carrera loca y desenfrenada en esa dirección. Los desastres increíbles ocurridos en los países de la antigua URSS, a pesar de sus enormes recursos energéticos, de materias primas, y de financiamiento externo, frente a los éxitos impresionantes de China o Vietnam, indican con claridad lo que puede y no puede hacerse si se quiere salvar la Revolución y el socialismo”(1). Por último, si pretendemos evaluar este proceso de cambios, nunca hay que perder de vista que se desarrolla en medio de complejas condiciones internacionales. El bloqueo comercial y financiero de los EE.UU. se recrudece. Las transformaciones se impulsan sin un solo préstamo o crédito de las instituciones financieras internacionales, sin créditos blandos de ningún gobierno. El financiamiento se obtiene a través de prestamos de corto plazo con altos costos, con altos intereses. Parte importante del nuevo valor creado se destina al pago de esos compromisos(2).

1-Fidel Castro Diario Juventud Rebelde 30-7-1995-)
2-Carlos Lage Granma 26-6-1996)

Resultados positivos y negativos. Una balanza
En 1994 el país creció en un discreto 0,7% de su Producto Interno Bruto. Lo singular fue que en ese año se detuvo la involución económica que había sido de un 34, 8% del PIB entre los años 1990-1993. En 1995, el crecimiento fue del orden de un 2,5% y en 1996 fue de un notorio 7,8%. Como se puede apreciar, aún se está lejos de alcanzar los niveles de 1989. Si se considera que el estimado de crecimiento del PIB para 1997 será entre un 4 y un 5%, pasarán todavía algunos años para que la economía cubana recupere los niveles del año de inicio de la gran crisis. Como premisas fundamentales para esta recuperación se señalan el proceso gradual de equilibrio financiero que el país ha venido alcanzando desde 1994, gracias a una constante disminución del déficit del presupuesto nacional.. Se ha reducido considerablemente el dinero circulante. Se ha revalorizado la moneda nacional adquiriendo un relativo mayor poder adquisitivo. De 150 pesos por dólar que se llegó a cotizar en 1993 en el mercado negro, cayó alrededor de los 20 pesos en 1996. Hay que considerar que los precios de la canasta básica distribuida racionadamente a todos los cubanos se han mantenido invariables. Los precios en el llamado mercado informal se han reducido en un 22% y en un 30 % en el mercado de productos agropecuarios. Se viene produciendo un notorio aumento de la productividad del trabajo en sectores claves de la economía, gracias a la política de estímulos materiales aplicada. Las asociaciones económicas con capital extranjero han aumentado notoriamente a pesar de la actividad y leyes persecutorias norteamericanas. Continúa el perfeccionamiento de la administración de las empresas con el llamado proceso de “redimensionamiento empresarial”, buscando la indispensable rentabilidad y eficiencia económica. Este proceso, donde quedan trabajadores fuera de sus puestos, se hace con la participación de todos y asegurando el derecho al trabajo a los llamados “disponibles”, aunque en una gran cantidad de casos deben ir a trabajos de menor nivel que para lo que están preparados, cuestión que sólo se irá solucionando en la misma medida del crecimiento del país con la apertura de nuevas fuentes de empleo.

Se ha perfeccionado la gestión de conducción y control de la actividad económica, creando o readecuando diversas estructuras y organismos, cuestión que ha permitido un trabajo más cohesionado y eficiente de todo el gobierno. El salario promedio ha crecido discretamente. Los ingresos en dólares a la población aumentaron, creciendo el nivel de ventas de mercancías y servicios en ese tipo de moneda. De acuerdo a diferentes provincias, la tenencia de dólares en manos de la población oscila entre un 30 y un 60%. Los servicios de salud, educación y asistencia social mostraron discretas mejorías. A pesar de las restricciones, los índices de la salud de los cubanos, de por si sorprendentes, tuvieron un mejor comportamiento al terminar el año 96. Con Período Especial y todo, el índice de mortalidad infantil descendió en 1996 a 8 por cada mil nacidos vivos. No se cerró ni una escuela, ni un hospital, por el contrario se ha seguido incrementando la red de policlínicos integrales y la del médico de la familia. El turismo alcanzó un crecimiento sustancial, en el último año creció en un 50%. Aumentaron las producciones azucareras, mineras, productos del agro, en la pesca y en el refinamiento y extracción de petróleo cubano. Aunque crecieron las exportaciones, las importaciones crecieron a un mayor ritmo, elevándose paulatinamente el déficit comercial del país. En general el país se recupera en medio de un orden político y social, en medio de brutales presiones internacionales que dificultan, enlentecen y encarecen todo el proceso, sometido hoy además, al conocido intercambio desigual con el mundo desarrollado. Lo más importante, el país crece con sus propios esfuerzos(1).

1-Aspectos tomados de José Luis Rodríguez en su Informe sobre los resultados económicos de 1966 ante el parlamento cubano . Granma 26 de diciembre de 1996. El documento está lleno de cifras que reflejan el crecimiento con detalle, de las cuales hemos tomado las más representativas y solo hemos enunciado otras.

Estos crecimientos generales de la economía no tienen una expresión mayor en el consumo. Las condiciones de vida de la población siguen siendo duras y difíciles y siguen estando dominadas por una gran cantidad de escaseces y de limitaciones materiales que afectan la vida diaria de la población; es insuficiente el nivel de alimentación, continúan faltando los medicamentos, los servicios son críticos. Pero hay signos positivos en la vida diaria —que por la dureza de los años precedentes son un alivio para la vida de los cubanos—, como la disminución del régimen de apagones, de 14 o 16 horas diarias en el 93 y 94, se ha llegado a 8 horas semanales y que no siempre se cumplen(1). Los mecanismos de estímulos económicos, la mayor cantidad de población con tenencia de dólares, la disminución de los precios de los productos del agro y los industriales, la considerable cantidad de trabajadores por cuenta propia (más de 200 mil en marzo del 96), la recuperación gradual de los servicios gastronómicos, los indiscutibles logros en la cultura y el deporte y principalmente la tranquilidad con que se está dando este proceso, —es indiscutible— que ha tenido un positivo efecto en la población, sobre todo en aquellos sectores directamente beneficiados por las transformaciones. Esta lenta pero objetiva recuperación económica, la firme voluntad de la dirección del país de mantener contra todas las adversidades las conquistas básicas del socialismo y la absoluta confianza en que pueden salir del drama apelando a las mayorías son —en nuestra opinión— factores que también han influido en la resistencia de Cuba.

1-Carlos Lage Conferencia de prensa 25 de julio 1996)

“Hemos tenido que hacer concesiones” (1) “medidas que no se adaptan a nuestra mentalidad pero eran irrenunciables”(2), “incuestionables elementos del capitalismo introducidos en nuestro país”(3). Son planteamientos de Fidel hechos en diversas oportunidades referidos al polémico contenido, forma y consecuencias de las reformas. La población cubana se educó y acostumbró a un igualitarismo excesivo en todo los años previos a la crisis. Hoy, ese igualitarismo es criticado porque no se correspondía con el grado de desarrollo económico del país, “pecamos de idealismo” se afirma. Las diferencias de ingresos en la actualidad, según señala Carlos Lage (4), son mínimas comparadas con las diferencias en América Latina. Pero para la percepción de muchos cubanos, educados en un profundo sentimiento de equidad, las diferencias son notorias, producen —por decir lo menos— malestar e inconformidad, independiente de la comprensión y de lo informados que están sobre estas transformaciones y sus consecuencias(5). Se concentra la riqueza en pocos y aparece un sector reducido de nuevos ricos. Hay personas que pueden llegar a ganar 500 pesos en un día y más(6) ( siendo que el salario promedio es de 203 pesos mensuales (7) ) Se ha producido una desigualdad de ingresos y ésta no corresponde en la mayoría de los casos con la capacidad del trabajador ni con los conocimientos adquiridos. Los sectores de salud y educación, que rondan los 700 mil u 800 mil trabajadores, pilares del proceso, son los menos favorecidos en los cambios. “Un modesto aumento salarial significarían cientos de millones de pesos en circulación cada año” (8). Un chofer de alquiler puede ganar en un día lo que gana cualquier profesional en un mes. Recientemente, al finalizar el año 1966, el sector de turismo, (60 mil trabajadores), en una actitud loable entregó un millón de dólares al sistema de salud cubano como parte de la recaudación de sus propinas. Sin tener ningún dato oficial, solo producto de la especulación y de las consultas a trabajadores dispersos de ese sector, podríamos estimar que como promedio, esos trabajadores aportaron el 50% de sus propinas. Aceptando este razonamiento, 60 mil trabajadores en 1996 obtuvieron un millón de dólares fuera de su salario. Pudiendo ser mucho menor la cifra, cualquier cantidad comparada con los ingresos del sectores de salud y educación, son demostrativas de las actuales incongruencias por las que atraviesa la economía cubana.

1,2,3-Fidel Castro en Granma 25-11-93., Trabajadores 6-5-96, Juventud Rebelde 30-7-95. (Diarios cubanos)
4- Carlos Lage Granma 25-7-96.
5-Nótese que los datos de las consecuencias negativas son de discursos oficiales.
6-Fidel Castro. Trabajadores 6-5-86.
7-José Luis Rodríguez . Granma 26-12-96
8-Fidel Castro .Trabajadores 6-5-1996

La despenalización de divisas y las políticas de relaciones con la comunidad cubana radicada en el exterior fueron, entre otras medidas, las más cuestionadas. Una encuesta realizada al interior del Partido Comunista evidenció que un 13,5% de la militancia tenía incomprensión o desacuerdo con tales medidas, según planteó Raúl Castro en el Informe del Buró Político al V pleno del Comité Central. Los fundamentos de tales medidas los reitera Carlos Lage, en el mismo informe, cuando señala que : “la causa esencial de esta situación la determinó la falta de divisas convertibles”.

Era evidente que sin recursos la economía no se recuperaría. Sin que hayamos encontrado datos sobre los montos que aportan las llamadas “remesas” desde el exterior, se estiman en cifras que superan las centenas de millones de dólares. El país recupera por medio de todo su sistema de tiendas y servicios, las divisas que invariablemente van a parar a los propios cubanos a través de esas conquistas básicas que tanto defienden.

Hasta ahora todo ese sistema de tiendas y servicios que recauda los dólares en manos de la población, es propiedad de la economía social. No hay asociaciones mixtas en ese campo. Ni un propietario privado se enriquece en ese rubro. Si bien hay comprensión con estas ideas, no es menos comprensible que quienes menos se han favorecido en términos “personales” con estas medidas, son los que cumplieron rigurosamente en el pasado con las exigencias que en el terreno político les planteaba la revolución. Cortaron lazos con los familiares en el exterior, rechazaron violentamente al que emigraba. Muchos no se arrepienten de dicha conducta y se sienten orgullosos de su actuación al quedarse en y con su patria. Otros lo lamentan y les duele ver a quienes repudiaron, que regresan temporalmente y exhiben con soberbia un nivel de consumo exagerado. No encontramos más datos que el 13, 5 % señalado, lo demás surge de las limitadas y hasta equivocas entrevistas personales.

Si bien es cierto que un grupo de deformaciones existía previo al “período especial”, la introducción del turismo en gran escala, el cuenta propismo, el comercio con el mundo capitalista, han traído consigo, unido a sus positivos resultados, un notorio incremento de esas deformaciones que arrastraba la revolución. No hay discurso, reunión, visita, control que aparezca publicado en la prensa en que no se refieran a la corrupción, el robo de recursos de todo tipo, el desvío de los mismos hacia intereses privados. En los barrios populares se observa una sistemática actividad del mercado negro. La disciplina, la organización y el control hacen más difícil este negocio, cuestión que se dificulta por las pequeñas cantidades de productos que moviliza cada individuo. Tal pareciera un mercado tipo “hormigas”. Sólo en la medida en que el país se recupere y aumente de forma sostenida la producción, el mercado informal se retirará. Así ha ocurrido con algunos productos. No hay antecedentes de que en Cuba existan grandes y poderosas mafias detrás de este mercado, aunque no es extraño que en ocasiones aparezcan en la prensa grupos desarticulados que organizadamente se dedicaban al robo en gran escala de productos deficitarios y de gran demanda. La corrupción la encontramos asociada principalmente a cargos de mandos medios, que disponen de recursos o capacidad de decisión en inversiones. La encontramos en “plazas” claves de la economía desde un simple almacenero, en bodegas, en el combustible, hasta en distribuidores de cualquier producto deficitario. Por su sólida formación histórica e ideológica, por la imposibilidad de acumular riquezas, las direcciones superiores del Estado Cubano se han mantenido incorruptibles, intachables. Ningún dirigente de este país de esos niveles se ha enriquecido con el proceso de cambios. Ningún dirigente político se ha beneficiado o se ha enriquecido al conocer previamente la orientación de los cambios económicos, a diferencia de las direcciones de la mayoría de los países latinoamericanos que en cada “ajuste” amasan inmensas fortunas, ellos, su clientela o sus familiares. Risibles son los intentos de desacreditar a la dirección de esta revolución con argumentos tales como “a tal dirigente le conocen tantos carros o tantas casas”. Invariablemente preguntamos por las cuentas en el extranjero, por las propiedades, por las fincas, las inversiones, los negocios de propiedad personal, etc. En las contadas ocasiones en que algún dirigente de ese nivel ha caído en prácticas corruptas, las sanciones han sido drásticas y de cara a toda la población.

La prostitución y toda la calaña que ésta genera, es tal vez lo que más golpea al visitante. Muchas veces los propios revolucionarios sobredimensionan sus efectos, al comparar esta realidad con el orgullo de prácticamente haberla eliminado previo al período especial. Al turista que conoce mundo no le sorprende este fenómeno al cotejarlo con otras capitales turísticas saturadas de drogas, prostitución infantil y violencia delictual. A los latinoamericano de pocos recursos, que vienen prácticamente a hacer un tipo de turismo “político”, los impresiona y se les hace insoportable el acoso a que son sometidos en los lugares turísticos. Lamentablemente el turista, en la generalidad de los casos, nunca se asocia a las mayorías trabajadoras del país, mucho menos a esos hombres y mujeres que lejos de los centros turísticos, en los campos y pueblos de Cuba sostienen su Revolución. Un extremismo de aversión y desconfianza hacia el extranjero que nació en los años de las constantes conspiraciones contra Cuba, ha llegado hasta hoy, provocando que muchos revolucionarios aún eviten relacionarse con el extranjero. Los delincuentes cubanos, ladrones de poca monta, son aprendices comparados con las mafias y el nivel de inseguridad y violencia que existen en otras capitales del turismo. Considerando estas realidades, Cuba sigue ofreciendo una vida segura y apacible que beneficia a la resistencia.

El proceso de cambios ha significado para la dirección del país, para la mayoría de la administración del estado y del Partido Comunista a todos los niveles, más trabajo, más dedicación y sacrificio, y eso el pueblo lo conoce y aprecia. Esta conducta intachable de los que conforman las direcciones políticas y administrativas del país a todos los niveles, unido a la voluntad política de combatir las deformaciones, también tienen que ver e influyen en la capacidad de resistir de la Revolución.

La Democracia Puede que este tema sea el más polémico para los extranjeros dados a comparar, o para aquéllos que parten de posturas principistas, sin tener en cuenta las particulares circunstancias en que se ha desarrollado y construido el sistema democrático cubano. No es el objetivo revisar a la luz de las múltiples teorías, las fórmulas de gobierno que se ha dado el país. El sistema político cubano se ha ido construyendo a partir de conceptos y definiciones que nacen de una combinación constante y dialéctica de principios político ideológicos del marxismo y la singular tradición y realidad histórico concreta de Cuba. Está determinado además, por una oposición y rechazo absoluto al sistema de la “democracia representativa” que existía en Cuba y que hoy predomina en la mayor parte del mundo. Es imposible juzgar a la democracia construida en Cuba sin atender a su historia, sin entender que se ha erigido sobre la única derrota de una clase rica en occidente y en las propias costas del Imperio más poderoso que ha tenido la humanidad. No se puede apreciar el sistema cubano, sin reconocer que los EE.UU. jamás han renunciado a sus pretensiones de derrotarla y dominarla, para imponer el sistema que ellos determinan como el más “apropiado” para nuestros pueblos. Cuba ha ido configurando su régimen político constantemente asediada y agredida. Sólo en ese contexto se pueden valorar las virtudes y defectos del sistema de gobierno cubano, definido por el presidente de su parlamento como “socialista, revolucionario, autóctono”(1)

1-Ricardo Alarcón Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Revista Cuba Socialista N1 de 1996

Sólo en 1976, después de más de 16 años del triunfo, se establecieron las instituciones democrático-revolucionarias, cuando los cubanos ya habían llevado a cabo las transformaciones sociales que iban a ser sus fundamentos insustituibles. Desde ese entonces quedaron establecidos los Poderes Populares, que en esencia persiguen el protagonismo popular dentro de los marcos que significan defender, desarrollar esas transformaciones sociales(1). Cualquier observador imparcial y serio de la historia política de Cuba, apreciará que esas inmensas transformaciones y magnas tareas económicas, sociales o militares de los primeros años, fueron realizadas e impulsadas necesariamente con las mayorías. Era imposible pagar o intimidar a millones para que las realizaran. Muchos detractores de la revolución no conciben una entrega igual y buscan en la intimidación o en el dinero, las principales palancas movilizadoras. Es sabido que detrás de todas las revoluciones existen intereses de carácter económico, pero también es conocido que hasta en las revoluciones liberales o burguesas las motivaciones de justicia, libertad, igualdad y amor por una causa que consideraban digna movilizaron a millones; y pasados esos procesos, no fueron quince años los que demoró el capitalismo como sistema en organizarse e institucionalizarse. Cientos de años de experimentación y búsqueda tienen las llamadas “democracias representativas” que por obra de su objetiva existencia se erigen como modelo de democracia a imponer en el mundo, independiente de la particular historia, cultura y riqueza económica de cada país. Cuesta comprender que aquí se hizo una revolución de un carácter totalmente opuesto a las revoluciones burguesas, o a las asonadas o disputas por el poder entre facciones de una misma clase. No se trataba de sustituir un gobernante por otro adoptando similares formas de gobierno ; se trataba de una revolución antiimperialista, popular y socialista.

1-Ricardo Alarcon. Ibídem.

El sistema democrático cubano se erige sobre la derrota y exclusión política de los sectores ricos y sus partidos que dominaban el país. Esa es la exclusión determinante como clase, aunque no fueron pocas las personas con recursos económicos que abrazaron los ideales de la revolución. Es evidente que en Cuba no participan ni tienen “libertad” las opciones contrarrevolucionarias. En esencia, no es ni más ni menos que la práctica de las “democracias representativas” que buscan por todos los medios la seguridad y reproducción de su sistema, pero con una trascendental diferencia: en Cuba se organiza el sistema por y para las mayorías, porque eso eran los desposeídos del país. En millones de oportunidades se ha repetido que democracia es el gobierno del pueblo, es la participación de las mayorías en los asuntos públicos.

Esta definición, (establecida también como fundamento de las “democracias representativas”), nada tiene que ver con una práctica de gobiernos de élites que llaman cada cierto número de años a la población para que elija entre opciones preestablecidas dentro de un mismo sistema, para después enviar a los “gobernados” a sus casas por otro largo período ignorantes de las acciones que sus gobernantes emprenderán. Y es burdo creer en la “opción consciente” que estaría en los programas partidarios presentados a los electores. En general no existen diferencias con relación al sistema en su conjunto. “No hay nada más parecido a un republicano que un demócrata” señala la conocida afirmación que refleja esta realidad. Por otra parte es un hábito constante el incumplimiento de dichos programas o las iniciativas nuevas ajenas a los intereses de los mismos electores. De todas estas prácticas intenta alejarse el sistema democrático cubano. Es una búsqueda constante de participación dentro de un sistema gestado y logrado con inmensos sacrificios por esas grandes mayorías. Es un sistema político en medio de una corriente contraria en el mundo, en un país agredido y pobre. Las opciones, la diversidad, están dentro de la revolución, cuestión que afirman y sostienen sin ambages los dirigentes del país. La diversidad de forma de las democracias representativas, sólidas, sin amenazas, permiten la disidencia en medio de un sistema global predominante y secularizado. Con todo el peso del control ideológico, obnubilan a muchos con la “alternancia en el poder”, que no traspasa la esfera de las disputas internas dentro de la misma élite. Después de la dramática experiencia chilena y a la luz de la ausencia de un equilibrio mundial, es ridícula la argumentación de que con “asumir las reglas del juego democrático” se pueden impulsar los cambios. Los “posibles cambios” nacen sesgados desde su misma conceptualización: Todo lo que amenace las reglas de ese sistema político económico imperante, es antidemocrático.

Hasta hoy, la libertad de opción, de opinión y organización que pueda transformarse en opción real, en posibilidad de cambio, independiente del sentido mismo del cambio, independiente del carácter de la opción; son derechos de libertad irrenunciables. Se lucha y se muere por estas libertades. No obstante, estas libertades no existen en medio del ejercicio del poder en un sistema dado. En Cuba no existen esas libertades que amenacen su proyecto de sistema. Fuera de Cuba, en el capitalismo internacionalizado, las aspiraciones de cambios se enfrentan al poder articulado dentro de cada país y a las casi omnipotentes fuerzas del poder político y económico que dominan el mundo. “Un principio básico del orden mundial, expresado con claridad en el registro interno de planificación de los EE.UU. —afirma Chomsky— es que las áreas de servicio no deben sucumbir a lo que se llama “nacionalismo radical”. Su filiación política es intrascendente; pueden ser de izquierdas, de derechas o de otra ideología diferente, pero son sencillamente inaceptables. En los documentos internos de planificación de los EE.UU., como norma general, se ha considerado que la mayor amenaza para los intereses estadounidenses son los regímenes nacionalistas radicales sensibles a presiones populares en favor de una mejora inmediata de los niveles de vida de las masas” (1)

1-Noam Chomsky. Política y Cultura a fines del siglo XX. Pag 35)

Sólo en la forma, contenido y en el quién y para quién se ejerce ese poder, encontramos profundas diferencias. ¿En cuál de los dos sistemas hay más violencia para poder existir? Sin que pretendamos afirmar que la intervención en los asuntos públicos de la población cubana es la óptima, ¿Dónde existe mayor participación? ¿Qué han logrado las mayorías en los países del área, con las recetas impuestas por los EE.UU.?. ¿Donde hay tan brutal desigualdad de ingresos, de nivel de vida, de posibilidades? Ser parte de las direcciones políticas o administrativas en Cuba implica sacrificio y entrega personal, y aquellos que explotan sus responsabilidades en beneficio propio, lo hacen en contra de la conducta moral y la legalidad que norman la vida del país. Los llamados nuevos ricos nacidos en medio de la crisis, están lejos de ser dirigentes del Partido Comunistas o ser integrantes de algún cargo administrativo del Estado. Simplemente porque allí nadie se hace rico.

En Cuba, después de 16 años de transformaciones, quedó organizado institucionalmente un sistema de gobierno democrático popular, donde sus limitaciones están en directa relación con el grado de agresión y amenaza que sufre el propio orden político, económico y social que la revolución construyó. Un sistema de gobierno desconocido o voluntariamente ignorado en el exterior, que para muchos críticos no es tal, porque éste no permite el pluripartidismo, ni las llamadas elecciones libres, ni la libertad de prensa u opinión, los llamados “derechos políticos o civiles” ; centro de la cíitica al sistema cubano.

“En los EE.UU. cualquiera acusa o grita contra los gobernantes y no pasa nada..., en Cuba nadie puede hacerlo”. Me alegaba un cubano común. Y es exactamente así. En EE.UU. “no pasa nada”. Nadie correrá para ayudar a “ese que grita,” a un partido, o cualquier medio de difusión disidente. De ninguna parte acudirán los millones de dólares y la asesoría para que esa oposición se transforme en opción, en una amenaza real. No en los EE.UU., en cualquier país latinoamericano los medios opositores al sistema sobreviven a duras penas, sin avisos económicos, con precarias tiradas. El resto lo asegura el “control doctrinario” que ejercen los medios masivos de comunicación. De ésta manera, los límites de la libertad en estas democracias se muestran más difusos y tolerantes. Mientras no haya peligro, muchos liberales y socialistas de nueva generación luchan y defienden conscientemente esos espacios donde pueda regocijarse la disidencia. Espacios nunca desestimables gracias a los cuales los sectores explotados van logrando mejorar sus condiciones de vida. Las “democracias representativas” no requieren de las grandes “mayorías conscientes” para lograr sus propósitos, les basta con las palancas del consumismo y el interés personal para integrar eficientemente a los hombres a la vida económica. Así también la “tolerancia” hacia la apatía y el descompromiso político benefician la estabilidad del sistema. A la revolución, para lograr sus objetivos, le es imprescindible la participación de su pueblo. No es una “obsesión ideológica totalitaria” el querer ganarse a las mayorías. Sin ellas jamás Cuba hubiera logrado resistir tanta adversidad y construir lo construido.

Ábrase una pequeña puerta a cualquier oposición interna contra la revolución, désele legalidad a un partido político o medio de difusión contrario a la revolución y el caudal del poder de gobiernos, instituciones y fundaciones inundarán a Cuba. Y después de conseguido el cambio, como en Nicaragua, la inundará la más absoluta miseria. Se dejarán caer voraces hacia todas las propiedades, industrias y bienes que la revolución ha logrado desarrollar. Eso han hecho con los ex países socialistas. Esa es la esencia del llamado Plan para una “Transición a la Democracia” recientemente dictado en los EE.UU. para imponerlo en Cuba. Es como para plantearse una “pregunta de ficción”. ¿Por qué en el desaparecido campo socialista no reestablecieron el pluripartidismo, “la libertad de prensa”, “las elecciones libres” y mantuvieron intacta la propiedad social?. Los cubanos conocen perfectamente lo que está ocurriendo en los ex países socialistas, y no es ajeno ese conocimiento a su resistencia. La libertad en Cuba tiene un marco, y es la estabilidad y seguridad de la revolución quien impone los límites. Y esa seguridad está en directa relación con el grado de amenaza constante de parte de los EEUU.

Dentro de este contexto se desarrolla el perfeccionamiento del sistema democrático en Cuba. Fidel es uno de los principales promotores de esta optimización: “Estoy convencido que no nos debilita el que lavemos los trapos al aire libre. Los trapos sucios que los lavemos; estoy convencido que lo que nos asfixia, nos infecta, nos ahoga, es no lavar nunca trapos sucios por el temor de que el enemigo se entere allá en Miami, o allá, los imperialistas, y utilicen esto para atacarnos. Estoy convencido, pero convencido como de pocas cosas, que airear todos estos problemas libremente dentro de una crítica socialista, revolucionaria, que no está inspirada en todas las porquerías del capitalismo, nos da una fuerza tremenda. Estoy convencido”. “...Estoy convencido que hay que utilizar la prensa de otra forma, y hay que hacer que la prensa participe en esta batalla contra todas las tendencias negativas, que la prensa participe definitivamente en la batalla por el perfeccionamiento de nuestro sistema, de nuestra revolución, que la prensa trabaje, participe de una manera más eficiente ...“Y no es que no participe”, sino que “lo haga de manera mucho más eficiente en el proceso de la construcción del socialismo”(1). Y es en este marco de mejoramiento del sistema donde observamos limitaciones a través de casi todo el “período especial”. Pocos trabajos profundos han aparecido en los medios de difusión referidos a las consecuencias negativas que han introducido los cambios. Pudiendo perfectamente desconocer otros, es la prostitución y la vagancia infantil, las deformaciones que con mayor rigor y reiteración han enfrentado los medios de prensa. En la TV no conocemos programas o reportajes especiales que toquen con profundidad esas “consecuencias negativas de los cambios”. Por el contrario, los revolucionarios han tenido que combatir de manera permanente las ácidas críticas que generan —sobre todo en los momentos más duros del período especial— la reiteración de noticias de un país en absoluta normalidad, de cumplimientos de planes económicos de las más diversas ramas, en la mayoría de las ocasiones fuera de un contexto general explicativo de que tales cumplimientos están muy lejos de satisfacer las necesidades globales de la población y que gran parte de esas producciones con sobrada razón van hacia los sectores más sensibles del país como círculos infantiles, escuelas, hospitales, hogares de ancianos, etc.. “El síndrome del misterio” le denominó Fidel al temor a informar sobre algo, ante el supuesto que “pueda servir al enemigo”. (2)

1-Fidel Castro. Por el Camino Correcto. Obra citada. Pag 37y 39)
2-Fidel Castro. Entrevista con Gianni Miná Pag 196)

Síndrome que se deja sentir periódicamente cuando en la población comienzan a correr las llamadas “bolas”, comentarios del más diverso contenido, sucesos que pudiendo ser reales ocurridos en el país, muchas veces es la tergiversada e interesada interpretación de las radios de Miami.. Complejo “síndrome” que también pesa a la hora de la crítica interna, donde el límite o la interpretación de lo que ayuda o no a la revolución queda en manos de la subjetividad en medio de los millones de problemas que se enfrentan a diario. Es imposible y absurdo normar tan creadora y multifacetica actividad en los disímiles niveles, estructuras, organizaciones y funciones de toda la sociedad. En este complejo e inexplorado camino de la revolución se expresa y da la crítica; camino donde los intereses personales, ambiciones, extremismos, esquematismos y deformaciones humanas, no pocas veces han conspirado contra el sano desempeño de la crítica.

En Cuba no existe pluripartidismo, no es negado por razones de principio, lo rechazan por las razones tan reiteradas a lo largo de este trabajo. Así lo plantea Fidel: “No te voy a decir que nuestra democracia sea perfecta. No podemos tampoco nosotros darnos el lujo de estar cometiendo errores de idealismo dentro de la situación en que estamos viviendo de mayores amenazas que nunca, de mayores riesgos que nunca, de mayores dificultades que nunca. Y no vamos ahora a estar jugando con la independencia del país y la seguridad del país, ni vamos ahora a estar jugando con la Revolución, idealizando circunstancias e idealizando formas de dirección y de organización políticas que son imposibles en las circunstancias que nosotros estamos viviendo; pero a pesar de eso estamos haciendo un gran esfuerzo por perfeccionar nuestro sistema político y perfeccionar nuestra democracia. No nos oponemos a que haya opiniones discrepantes de las nuestras . Es que en Cuba lo que está determinando es la gran lucha entre la nación, entre el pueblo de Cuba y el imperialismo. Aquí no hay terceras posiciones, aquí la gente está con la Revolución o está contra la Revolución, realmente aquí no hay neutros. Y te digo que no le daremos ninguna posibilidad y ninguna facilidad a las ideas reaccionarias, a las ideas contrarrevolucionarias y a las ideas del imperialismo de propagarse en el seno de nuestro pueblo, sencillamente porque no vamos a trabajar en favor del imperialismo, ni vamos a crear condiciones propicias para las agresiones del imperialismo. ¡Que cese el bloqueo económico contra nuestro país , que cesen las amenazas de los EE.UU., que cesen las agresiones, que cesen las campañas en contra de Cuba, que cese la guerra contra Cuba y nosotros, en condiciones diferentes, podríamos, incluso buscar fórmulas diferentes de existencia política en nuestro país! ...Si todo eso cambia, si todo eso cesa, entonces podremos plantearnos en el terreno teórico, e incluso en el terreno práctico, otra forma de dirección política de nuestro país. ...El Estado en todas partes, a lo largo de la historia, fue la expresión de la fuerza. Hoy el estado cubano es la expresión de la fuerza del pueblo, y el pueblo es esa fuerza. ...Ya que hablamos de democracia, entonces nosotros hacemos un desafío. En nuestro país, el pueblo no solo tiene derecho a votar, sino el pueblo tiene derecho a estar armado. ¿Qué pasaría en la propia Europa si arman a os trabajadores, si arman a los estudiantes, si arman a todos esos sectores que constantemente son reprimidos cuando exigen algo? ¿Que pasaría, incluso, en cualquier sociedad ésta de explotadores y explotados, si el pueblo estuviera armado? (1).

1-Fidel Castro. Entrevista con Tomas Borge.Pags 125 y en adelante.)

De acuerdo con las cifras de las últimas elecciones de Julio de 1995, más del 85% de la población en edad electoral apoya la revolución, así lo señala Raul Castro en el Informe al V Pleno del PCC de 1996. Para los detractores del proceso, de nada valen las cifras; tal pareciera que son inventadas o en el mejor de los casos la gente acude obligada. Desconocen a observadores extranjeros y aunque incluso pudiendo presenciar las votaciones, siempre buscan algún “diabólico mecanismo de “coacción”. Cuesta comprender cómo la gente puede acudir masivamente a las elecciones. Son niños escolares los encargados de organizar las colas y de cuidar las urnas. Es el Comité de Defensa de la Revolución (CDR) que en algunos barrios organiza a los niños para visitar las casas recordando la cita electoral. ¿Y quién es el CDR?, ¿Quién paga a toda esa gente...?, ¿Cuántos son en todas las cuadras, a todo lo largo de este estrecho país? Si solo contáramos a los componentes de sus órganos de dirección, las cifras son millonarias. Realmente “existe control” de las mayorías por la preservación y seguridad de su revolución. Y entendemos por mayorías a esa enorme, heterogénea y multifacética masa de hombres y mujeres que su afinidad última es mantener y mejorar este sistema, mantener a toda costa su independencia de los EE.UU.

En ese 15% restante de las últimas elecciones, en esos votos nulos, blancos y abstención, están contenidas las más disímiles posiciones contrarias a la revolución. También están los que castigan o rechazan a la Revolución ante las penurias económicas que padecen a diario. Hasta podríamos aceptar que “algún” por ciento del electorado se sienta “presionado” en la soledad de la urna electoral cuidada por niños. ¿Qué cantidad pudiera ser la nacida de esta presunción? Aunque fuéramos extremadamente generosos ante este supuesto, invariablemente sigue siendo la mayoría quién expresa su apoyo a la revolución en las urnas. En nuestra opinión, generoso, noble y consciente de su realidad es este pueblo al mantener este apoyo a pesar de las dramáticas condiciones que ha tenido que padecer en estos últimos años. Estas cualidades también han sido parte de su resistencia.

Es objetivo que Cuba ha logrado condiciones de vida más dignas para su población comparada con otros países de similares características. A pesar de las diferencias que han provocado las medidas económicas introducidas; independiente de que es un pequeño país pobre en recursos, a pesar de vivir 37 años agredido y cercado, en Cuba existe mayor igualdad. A las democracias predominantes les ha sido imposible superar la contradicción entre libertad e igualdad. Las enormes desigualdades entre los hombres generan profundas diferencias en sus libertades. Son muy pocos los que tienen demasiado y demasiados los que tiene muy poco.

Es innegable que Cuba dejó de ser la misma, “las condiciones son otras” explican sus dirigentes. El mundo ha cambiado y atrás quedaron los años de las glorias de Cuba en la ayuda internacional. Cuba debe primero sobrevivir y consolidarse.

Cuba con sus libertades, está mucho más cerca de alcanzar un escalón superior en esta ancestral aspiración humana por la democracia. Los cubanos han logrado lo impensable: Se puede vivir sin los EE.UU. Veamos a Cuba como un “abre sendero” en medio de la tempestad.

¡Sólo la lucha nos hará libres!