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FEDERACIÓN NACIONAL DE SINDICATOS DE TRABAJADORES DEL AREA DE LA CONSTRUCCIÓN, MADERA, ÁRIDOS, SERVICIOS Y OTROS
"HÉCTOR CUEVAS SALVADOR"
¡FETRACOMA-CHILE!
FUNDADA EL 6 DE DICIEMBRE DE 1997 R.S.U. 13-O1-2255- ALMIRANTE LATORRE 602.
FONO- FAX 6727220. E-MAIL: fetracoma@hotmail.com-
Afiliados a la FEDERACION INTERNACIONAL DE TRABAJADORES DE LA CONSTRUCCION Y LA MADERA
LLAMAMIENTO A LOS PUEBLOS DE EUROPA
Santiago de Chile, Diciembre del año 2.002
Los equipos negociadores de Chile y la Unión Europea (UE) han alcanzado, en Mayo de este año, un consenso en torno al texto definitivo de un Acuerdo Comercial que negocian desde 1990.
La UE, de esta manera, está accediendo a efectuar negocios con un país que aún no cumple con los requisitos que la Comisión de Relaciones Económicas Exteriores del Parlamento Europeo y la Comisión de Desarrollo y Cooperación, también del Parlamento Europeo, en 1997, considerara imprescindibles para que Chile fuera un socio viable y tolerable para alcanzar un acuerdo comercial, como lo señala la Resolución A4-0023 / 97 del Parlamento Europeo de Enero de 1997.
La UE hace caso omiso de las disposiciones contenidas en los Códigos de Conducta que ella misma impusiera a las empresas europeas en sus inversiones en países del Tercer Mundo, como nuestro país, y pareciera ignorar las graves violaciones a tales Códigos que cometen sus empresas en Chile.
La UE quiere firmar un Acuerdo Comercial con un país gobernado por autoridades carentes de voluntad política para cumplir con los requisitos señalados por el Parlamento Europeo en 1997 y tolerantes a los abusos que las empresas extranjeras (entre ellas, las europeas) cometen contra los trabajadores chilenos y el medioambiente.
La UE y el Gobierno chileno se han concertado para firmar un Acuerdo Comercial, además, con la total ausencia de la participación ciudadana en ambas partes, usando la desinformación como vehículo para ocultar las reales bases de sustentación que tiene este Pacto Comercial: los abusos cometidos por las empresas de una de las "partes" ante la tolerancia de las autoridades de la otra "parte".
Las organizaciones chilenas que suscriben este llamamiento, pertenecientes a los ámbitos sindical, político y social en general, quieren antes que nada informar a los Pueblos de Europa cómo es que se enriquecen sus transnacionales gracias a los abusos que nuestros Gobiernos democráticos permiten, y solicitan a esos mismos Pueblos, a sus organizaciones sindicales, políticas, culturales y estudiantiles, a los grupos que se oponen a la globalización de los abusos formalizados en estos y otros instrumentos comerciales, que impidan que sus Parlamentos locales ratifiquen el Acuerdo ya consensuado por los tecnócratas chilenos y europeos, inmunes al sufrimiento de los pueblos.
Las organizaciones chilenas firmantes de este llamamiento invitamos a los Pueblos de Europa y a sus organizaciones a ejercer las acciones de denuncia, boicot y resistencia que estimen convenientes a fin de bloquear este Acuerdo Comercial en su proceso de ratificación en cada uno de los Parlamentos de las naciones que integran la Unión Europea, para que ninguno de estos pueblos se vea involucrado en el historial de abusos que debidamente hemos registrado y documentado desde el fin de la Dictadura de Pinochet.
Ponemos a disposición de las organizaciones e individuos de Europa, que son intolerantes ante la miseria, las violaciones a los derechos humanos y laborales y la destrucción de la Naturaleza, el documento "Los Zarpazos del Jaguar" para que observen como se generan las fabulosas ganancias que en Chile obtienen las transnacionales y firmas europeas y qué es lo que nos hace un país "apetecible" para ser socio comercial de la UE. Nuestro deseo, también, es que dicho documento sea una herramienta de trabajo para levantar la resistencia a la herramienta de explotación que es, en definitiva, el Acuerdo Comercial Chile - UE.
Adjuntamos a este llamamiento la Introducción del documento "Los Zarpazos del Jaguar" a manera de preámbulo para que los Pueblos e Europa conozcan la realidad del "Jaguar" latinoamericano que nuestros gobernantes ocultan a toda la Humanidad.
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LA LIBERTAD RECUPERADA: UN SUEÑO MULTICOLOR Y ALADO
“Sólo quien ama, vuela. Pero ¿quién ama tanto
Que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo”.
(Miguel Hernández)
El rescate echó abajo el reinado de la mediocridad y resignación (Brigada Chacón)
Hagamos un poco de memoria. Aquel lunes 30 de enero de 1996, Chile se preparaba para festejar un Año Nuevo que, al tenor de la situación social, política y económica de la mayoría de los chilenos, no parecía tan nuevo. Sólo cabía esperar otro año bajo la impronta del neoliberalismo -que, como dice Kamarikun, viola todos los derechos humanos-, otro año de impunidad para los violadores de los derechos humanos, negociada por aquellos que Martí definió tan certeramente: “los que no ostentan en la frente honrada ese cinto de luz que el yugo funde”. Finalizaba, entonces, el segundo año del segundo gobierno de la Concertación, presidido por el democratacristiano Eduardo Frei, que fue totalmente incapaz de “reencantar la política” para los chilenos.
A las 15:35 hrs. de aquel día, caluroso y sin viento, llegó a la Cárcel de Alta Seguridad un helicóptero Bell 206 LPl, de la empresa Lassa, que había sido arrendado y requisado pocas horas antes por la unidad encubierta del FPMR, con el nombre de Mauricio Arenas Bejas. El estruendo del vuelo rasante del helicóptero se mezcló con el seco tabletear de dos ametralladoras M-16, sembrando el pánico y el desconcierto entre los gendarmes encargados de la custodia de los presos políticos. Mientras corrían a cubrirse sin presentar resistencia, el helicóptero se detuvo exactamente sobre el patio señalado con un cubo de color amarillo y lanzó un canastillo de cuero revestido con un blindaje liviano, al que saltaron Pablo Muñoz y Ricardo Palma. Patricio Ortiz y Mauricio Hernández alcanzaron apenas a aferrarse a las cuerdas y brazos de sus compañeros, mientras el aparato se dirigía hacia el parque Brasil, en la zona sur de la capital. La operación había durado sólo un par de minutos, sin que se registraran muertos ni heridos. Al aterrizar en el parque, rescatados y rescatadores emergieron, ilesos y sonrientes, de entre la polvareda, ante la mirada atónita de los paseantes. Luego corrieron hacia los vehículos que los esperaban y se perdieron en la loca geografía de Santiago.
Concluía así el “vuelo de justicia”, una de las operaciones político-militares más audaces de la historia no sólo de Chile, sino del continente. Y comenzaba para los cuatro fugados un “andar hermoso por construir aquella utopía de un mundo más justo... una nueva etapa de caminar errante para continuar derrotando afrentas” (Carta a los Colectivos rodriguistas).
Una decisión política es también acto de amor a la justicia y la libertad
El rescate fue un ejercicio profundo de libertad existencial, un acto fundamental que inclinó la balanza del lado de la vida y la libertad. Enfrentados a la disyuntiva de fugarse, con el riesgo de perder la vida o continuar preso en el purgatorio enrejado de la CAS, no vacilaron en optar por la libertad. El bautismo aéreo de sus cuerpos suspendidos en el aire estival de Santiago cerró el ciclo de la prisión política. Una prisión marcada por la tensión permanente entre impulsar la organización interna que permite sobrevivir en condiciones límite, y mantenerse vinculado con los movimientos sociales “del otro lado del muro”.
El recurso al derecho a la fuga fue, sin duda, una decisión política del FPMR, que preparó larga y cuidadosamente el rescate de cuatro de sus militantes encarcelados, entre ellos Mauricio Hernández, miembro de su Dirección Política. Fue también un acto de amor fraterno, que movilizó personas y recursos para la tarea de armar el delicado entramado de la acción. En la planificación hubo de considerarse sin duda, grandes reservas de solidaridad, conspiración, compartimentación, logística, afectos, confianzas e intuiciones. El paso de la idea al acto se realizó al calor de la discusión política interna del FPMR que, con el nombre de “Encuentro por la Reorganización del Rodriguismo”, reivindicaba trayectoria y opción revolucionarias, y la firme disposición a continuar la lucha junto a los sectores sociales populares, que son los principales protagonistas de todos los procesos de cambio social y político.
Más allá del objetivo político del rescate, éste daba cuenta del permanente compromiso ético y humano del FPMR con sus militantes. Los fugados hicieron extensivo este compromiso a “aquellos que no tenían nada feliz para fin de año (ni para el que comenzaba): los marginados, barras bravas, minorías étnicas, homosexuales, vagabundos... Para todos ellos sólo este gesto de amor de hermanos...”. Y también y principalmente, a los presos políticos, “compañeros de lucha, sueños y esperanzas...”, con quienes comparten “una complicidad en torno a ideas, visiones y utopías, marcadas por el sello indeleble de la genuina rebeldía...” (Carta abierta), toda vez que reconocían que “materializar este anhelo libertario sólo ha sido posible gracias a la férrea convicción de nuestra organización de la justeza de que sus hijos vivan y luchen en libertad, ... por los estrechos lazos valóricos que nos unen e identifican y que ha sido motor vital en nuestro recorrido como Frente...”. Y entregan un “reconocimiento al ímpetu, creatividad, valor y entrega desinteresada de los hermanos artífices y gestores de la operación “Vuelo de justicia”, así como también a nuestros valeroso hermanos y hermanas que públicamente han asumido el rodriguismo en esta hermosa y nueva etapa a escribir en nuestra historia en el seno de nuestro querido pueblo” (Carta abierta a los Colectivos rodriguistas, abril 1997).
En la memoria de los que no se fueron quedó la emoción del momento hecha palabra: “Y ahí estaba lo increíble, maravilloso, casi irreal; eran los compañeros rodriguistas ascendiendo a la libertad. Los gendarmes corrieron despavoridos, aterrados; luego, nuevamente las miradas, pero los rostros se hacían pequeños para contener las enormes sonrisas. Los gritos de júbilo llenaban todos los espacios, los abrazos se repetían en todos lados, las correrías se multiplicaban en los pasillos para contarse unos a otros lo visto, para confirmar en la alegría desbordante de todos que no era un sueño, que sí, los Manolos se fueron, que sí, no hubo siquiera un gendarme herido. Al interior de la Cárcel de Alta Seguridad la felicidad nunca había alcanzado tal plenitud, era una auténtica catarsis colectiva de alegría”. (Libelo Nº 2, Boletín de la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago, junio 1997).
Pero después de la alegría, o junto con ella, “había que prepararse para lo que venía: el desquite inútil pero brutal contra nosotros” (José Luis Medina, en Canto desde la Piedra). Las represalias no se hicieron esperar: aislamiento en las celdas las 24 horas del día, durante 45 días, dos meses de completo aislamiento sin derecho a patio, reforzamiento de la segregación interna con la separación de amigos y compañeros, allanamientos con robo de pertenencias, prohibición de radios, libros, prensa y aparatos de televisión, suspensión indefinida de las visitas y cese de todo contacto con el exterior. Durante dos meses, los presos políticos enfrentaron uno de los regímenes internos más duros que se haya aplicado en una cárcel chilena, y respondieron de la única manera que estaba a su alcance: iniciaron una huelga de hambre que se prolongó en ciertos casos hasta el 19 de febrero de 1967, acompañada de la movilización de familiares y amigos. Pero sus rostros y corazones translucían alegría y orgullo por el rescate que se llevó un poco de cada uno hacia la libertad.
Jaque mate a los mitos de la pacificación
En entrevista a la Revista Resumen Latinoamericano (noviembre-diciembre de 1999), Patricio Ortiz señaló que “la fuga tuvo un enorme impacto en la sociedad chilena, al demostrar que los sectores marginados, estén donde estén y sean quienes sean, todos los que están al margen de los mecanismos tentadores o quedan fuera por el peso de la exclusión que produce el sistema, pueden rebelarse. Y, a pesar de las condiciones desiguales, incluso, se puede vencer." La fuga permitió que un amplio espectro de la opinión pública descubriera la existencia de la CAS, una cárcel dentro de otra cárcel, que había sido construida con el propósito de invisibilizar a los presos políticos.
Los sectores populares celebraron la fuga con enorme alegría y entusiasmo, una fuga que se inscribía en la tradición legendaria de Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
El gobierno de Frei, por su parte, se resintió seriamente con este golpe, que echaba por tierra la versión oficial del desmantelamiento de las organizaciones revolucionarias de carácter político-militar. Incluso, en los propios medios oficialistas, hubo comentarios francamente elogiosos para el rescate, pero también numerosas reacciones de histeria antiterrorista, fomentadas principalmente por los medios de comunicación.
Más allá del impacto que provocó la acción, es innegable que los dos más importantes mitos difundidos desde el poder sucumbieron a la prueba de la realidad: Cárcel de Alta Seguridad inexpugnable y servicios de inteligencia eficientes. La fuga puso en jaque la política de “pacificación” iniciada en el primer gobierno de la Concertación en los primeros meses de la década de 1990. Esta verdadera cacería de revolucionarios concentró los esfuerzos represivos tendientes a detectar, detener y desarticular a los militantes pertenecientes a organizaciones revolucionarias político-militares. Pilares fundamentales de esta política fueron la creación de la “Oficina” y la construcción de la CAS.
Por Decreto Supremo Nº 363 de 1991, el gobierno creó el Consejo de Seguridad Pública - más conocido como la “Oficina”-, dependiente del Ministerio del Interior. En su época de apogeo represivo, el gobierno nombró a su cabeza a connotados políticos de la Concertación, los que posteriormente pasaron a ocupar importantes funciones en ministerios, legaciones diplomáticas y parlamento -los menos hábiles se encuentran hoy encarcelados ¡acusados de “terrorismo”! Para el desempeño de sus tareas, la “Oficina” dispuso de un presupuesto reservado, de normas jurídicas especiales, de agentes que realizaron labores de infiltración (en particular, ex izquierdistas que se acogieron a la ley de “delación compensada”), y mantuvo directo contacto con la policía de investigaciones y carabineros. El objetivo de la “Oficina” era neutralizar y/o aniquilar la “delincuencia subversiva o terrorista”. El dramático balance de la política de “pacificación” de la Concertación - guerra encubierta camuflada en “seguridad ciudadana” y lucha “antiterrorista”-, es de 96 muertes en procedimientos policiales y 140 casos de denuncias de torturas (Informe del Codepu, 1990-1994).
La Cárcel de Alta Seguridad, inaugurada en febrero de 1994 con el traslado del primer grupo de PP, incorporaba los criterios más sofisticados de este tipo de establecimientos, tal como existen en Europa y los Estados Unidos. La CAS es “un espacio pensado para la destrucción psíquica y física del individuo. Allí, muchos de los prisioneros han sido tentados para que negocien su capacidad de combate y su rebeldía. No se puede menospreciar el impacto que esto puede generar en el ser humano cuando vive cotidianamente y de manera indefinida la carta de la destrucción como proyecto permanente... A partir del ‘94, entonces, se aplica una política de atomización y aislamiento... No se pueden evaluar dogmáticamente las respuestas ante la incertidumbre de vivir por siempre recluidos en una prisión inhumana”. (Entrevista a P. Ortiz en Resumen Latinoamericano)
Obviamente, el escape de los cuatro militantes rodriguistas dejó en ridículo no sólo a la tenebrosa “Oficina” sino también a la pretendidamente inexpugnable Cárcel de Alta Seguridad. “Su símbolo ejemplarizador, su obra monumental, había sido burlado escandalosamente por quienes, a decir del gobierno, había derrotado” (J. Luis Medina). En vano el poder descargó su furor represivo contra los prisioneros políticos, sus familiares y amigos. Frei se sacó la careta democrática, y en enero de 1997 presentó un proyecto de ley que creaba el Servicio Nacional de Inteligencia, con participación de las fuerzas armadas. Este Proyecto ha seguido discutiéndose y perfeccionándose en el gobierno de Ricardo Lagos.
El sueño de la libertad como proyecto colectivo
En carta escrita dos años después de la fuga, Ricardo Palma resumía así su experiencia de la libertad: “Es cierto, no hemos cambiado muchas cosas con las cuales un día soñamos cambiar o refundar como un mago rehace sus hechizos o recrea la vida en una jarra de vino... Más bien rotamos sobre una época y sus vicios ontológicos... Reproducimos aquello que con el asco de nuestro estómago decíamos combatir. A fin de cuentas, como decía aquel viejo titánico de prosa cubierta de relucientes telarañas, “somos demasiado humanos“... el vuelo del 30 de diciembre, la materia y sus helionautas, fueron un efecto de no ver la realidad, una maña de observar con un “lento y razonado desarreglo de los sentidos“ para permanecer siempre en la ilusión. De otra forma sería insoportable. Por lo pronto, aún, todos nos seguimos bajando del canasto y corriendo hacia un lugar donde pasar la noche, lejos, cierto, lo más lejos posible de la jaula”.
Vaya para los osados helionautas, estén donde estén, un recuerdo agradecido por los sueños cumplidos de los niños, que siempre creyeron que sólo se podía salir de la jaula colgado de un volantín. Mientras tanto, la saga de la libertad sigue abierta, a la espera de que maduren nuevas y ambiciosas utopías colectivas, que nos permitirán transitar, sin miedo, desde la ilusión a la realidad multicolor de la libertad, única manera de vivir la libertad en su dimensión verdaderamente humana.
Santiago de Chile, 30 de diciembre de 2002
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