La caída en combate del presidente de Chile Salvador Allende el 11 de Septiembre de 1973 y el asesinato de miles de chilenos y desaparecidos acabó con los últimos vestigios de la supuesta y cacareada democracia burguesa y demostró que los dueños del capital nacional en concubinato con el internacional, las transnacionales y la intromisión de los Estados Unidos no permiten que el pueblo encuentre alguna salida popular y cuando es posible, hacen uso de la violencia, el asesinato, la tortura, las desapariciones, las cárceles, el destierro y por último la intervención militar, al estilo de Guatemala, Nicaragua o Panamá.
Debieron pasar 30 largos años para que la figura de Salvador Allende tuviese el reconocimiento por parte de la clase política chilena o mejor dicho de un sector de ella, esa que hoy por componendas y migajas entregadas por el fascismo (la desgastada concertación de partidos por la democracia), se viste de ropaje reivindicando y tibiamente asumiendo un homenaje a este gran patriota -no sólo chileno- sino uno de los más brillantes dirigentes políticos que haya dado esta América.
El pueblo chileno jamás ha dejado de homenajear a su líder. Recordemos que en los momentos de mayor represión siempre apareció la figura de Allende. Las paredes de Chile fueron testigos de esos homenajes, primeramente silenciosos y luego en la medida que la lucha se tornaba más abierta y violenta, la figura de Salvador Allende acompañaba a los combatientes del MIR, del Partido Comunista y del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), en todas las actividades políticas y de acción armada en contra del terrorismo de estado que tenía como a su mejor garante al terrorista y fascista Augusto Pinochet.
Recordando el mensaje de su última alocución al pueblo de Chile desde La Moneda en llamas el 11 de septiembre, partieron los combatientes del FPMR a cumplir la acción de ajusticiamiento al tirano fascista. Fue el ejemplo personal del presidente Allende quien ha marcado el camino de miles y miles de jóvenes chilenos de los años 70 que renunciaron a todo interés personal y se incorporaron a la lucha en contra de la tiranía. Fueron esos jóvenes los que regaron el camino de sudor y sangre; siempre pensando en el compañero presidente. Otros más se suman, no sólo a la lucha en Chile sino también a las misiones internacionalistas en tierras nicaragüenses, salvadoreñas, colombianas, peruanas y en la República Sajaraudi.
El pensamiento y enseñanza de Allende acompañó a ese contingente de chilenos que combatió en Nicaragua contra la tiranía somocista. La loma 50 recibió la primera andanada de proyectiles de artillería al cuarto día de la llegada de los internacionalistas. En esos artilleros e infantes estaba presente el pensamiento y la enseñanza del presidente.
¿Y qué decir de las mujeres chilenas, en su mayoría médicas, salidas del primer grupo de becados, que fueron beneficiados por los acuerdos firmados entre el presidente Fidel Castro y el presidente Allende en la visita del primero a Chile? ¿Con qué valentía y entereza desarrollaron su actividad asistencial en los puestos médicos y trincheras en Peñas Blancas? Cuando debieron hacer uso de sus fusiles ante la arremetida de las fuerzas somocistas. Cuando algunas de ellas actuaron como artilleras en los momentos críticos. En todo su accionar también está presente el ejemplo de Salvador Allende.
¿Cómo no recordar al batallón Gaspar García Laviana formado por combatientes del Frente Sur que hicieron suyo el himno de la Unidad Popular y a los chilenos que asesoraron su formación para el primer desfile militar por las calles de Managua? Ahí estuvo Salvador Allende. O nuestro querido Huevo dentro del primer tanque reparado por él y Marilao Pichun. En ellos también estaban implícitas las ideas y enseñanzas del Héroe de La Moneda. En todo esos años de preparación militar y de solidaridad internacionalista concreta se acrecentó la educación del maestro de generaciones.
Mientras esto sucedía con la joven generación de los años setenta en el exterior, otro tanto estaba sucediendo en el interior del país. Los que no tuvieron la oportunidad de prepararse militar y profesionalmente debieron resistir y combatir al fascismo; creando sus propias escuelas y nutriéndose de la enseñanza de miles de combatientes anónimos. Se tomaron las calles, las universidades y avanzaron en la unidad de los barrios y poblaciones. Mientras la tortura y los asesinatos se multiplicaban asímismo se multiplicaba la lucha y ahí estaba nuevamente el ejemplo del heroico presidente marcando la ruta seguir.
Así fue naciendo una nueva generación de jóvenes que no vivieron y conocieron a Salvador Allende, pero que se educaron en su ejemplo y se incorporaron a las diferentes formas de lucha. La agudización de la misma, el incremento de los asesinatos, desapariciones, los encarcelamientos y tortura no fueron impedimentos para conocer la valentía del presidente y de sus compañeros caídos en combate y así van naciendo los primeros destacamentos de auto defensa. Otro tanto sucedía en el ámbito estudiantil: una nueva horneada de jóvenes revolucionarios ganaban los centros de alumnos y federaciones estudiantiles universitarias. Muchos de ellos traspasaban las líneas fronterizas de sus organizaciones políticas y asumieron posiciones destacadas en la lucha: la juventud demócrata cristiana junto a la juventud socialista y comunista lograban acuerdos concretos para afrontar el terrorismo de estado y al fascismo. En esos jóvenes estuvo presente el guía intachable, el Presidente Salvador Allende.
De esta forma se ha ido gestando el recuerdo de nuestro presidente. La lucha, siempre la lucha, ha sido el factor de unidad.
Hoy a treinta años de su caída en combate sigue inconclusa su tarea. No hay nada más revolucionario que el programa de gobierno que fue violentamente acabado. La vigencia de las cuarenta medidas sigue pendiente. Nuevas generaciones de hombres tienen el deber de hacerlas cumplir, mientras que las organizaciones sociales y las nuevas organizaciones políticas que surjan les corresponde acabar con la hoja de ruta del pinochetismo y el neoliberalismo. La nacionalización de las riquezas básicas es tarea de todos. Hacer que los traidores, asesinos, torturadores reciban el castigo que se merecen es tarea de todos. Restaurar la constitución política de 1925 que incluye todas las modificaciones hasta el 23 de enero del 1971, y derogar la fascista impuesta, es cumplir con el mandato y legado que nos hiciera el presidente pocos minutos antes de la caída en combate: “Superarán otros hombres este momento gris y amargo”; superarlo es tarea de todos los patriotas. No podemos quedarnos sólo en recordar cada año estos sucesos, recordar es vivir, vivir es crecer, es crear y construir.
Nada será fácil. Tenemos un pasado común que nos enorgullece, con el prestigio de habernos enfrentado al fascismo y no haber claudicado. Nos sentimos orgullosos y satisfechos de todo lo que hemos realizado y no nos arrepentimos de nada sólo de no haberlo hecho mejor. Hoy existe una nueva generación de jóvenes que no conocieron o no vivieron esos pasajes de la historia chilena, pero los participantes existen, muchos de ellos alejados de la politiquería sucia y claudicante de los que se dicen de izquierda, salvo pequeñas excepciones.
Cumplir y sacar a la luz pública el pensamiento guía de Salvador Allende es tarea de todos los que lo conocieron y de los nuevos. Es hora de fortalecer las organizaciones sociales, reorganizar las que jugaron su papel durante la lucha contra la dictadura, incorporar a los nuevos actores sociales. No podemos esperar por otros treinta años mas. La tarea fundamental hoy es construir organización para reconquistar el poder y cumplir la misión inconclusa.
La unidad se forja en el combate diario, no se debe hacer al estilo de los que dejaron abandonado al presidente. No es necesario repetir los mismos errores del pasado. Hoy mismo, personeros del gobierno de la U.P. con las mismas camisetas políticas son los cumplidores de la hoja de ruta pinochetista, de las órdenes del FMI, los firmantes del ALCA y del plan económico de Pinochet. Otros, senadores y presidente del senado, golpistas ayer, terroristas económicos y golpeadores de puertas de generales y agentes de la CIA. Con esos no es posible crear la nueva unidad, la unidad debe crecer al calor de la lucha reivindicativa y política, sus dirigentes saldrán de abajo y no por designación o cuoteo político. Sólo de esta forma no estaremos traicionando el pensamiento y el legado del presidente Allende quien fue muy claro cuando dijo “Otros hombres superarán este momento gris y amargo”. Ha llegado la hora de cumplir su mandato.