Vivimos un escenario en que la viabilidad de un proyecto popular está dada por la capacidad de construir la hegemonía de los sectores populares en la sociedad. Esto en primer lugar debe significar el rescate de una noción desechada por el capitalismo neoliberal: el Estado Nación. Esto porque no es posible la articulación de políticas que apunten a la resolución de los problemas sociales mediante el protagonismo popular sin la configuración de estos sectores en un nuevo poder que utilice el aparato estatal en pro del beneficio general de la sociedad y de la proyección de la hegemonía popular.
Esto significa que la construcción de un proyecto político que rescate el Estado Nación, que reconstituya la identidad nacional confrontada a la Globalización, es una tarea que el campo popular en alianza con todos los sectores sociales derruidos por el neoliberalismo deben impulsar. Ya no con el sentido Imperialista que las burguesías nacionales le imprimieron en el pasado, sino que en nuestro contexto latinoamericano apunten a la convergencia y complementariedad política, económica y social de nuestros pueblos en un solo bloque político y social de naciones.
En este sentido, el proceso de reconformación de nuestros Estados Naciones debe ser comprendido como parte de la reapropiación de un ideario político que yace en nuestra propia historia: el Bolivarianismo. Esto porque no hay posibilidad de un desarrollo económico y social de nuestros pueblos sin apuntar a la unidad de nuestros pueblos frente al proyecto imperial anglo- americano. Nos encontramos en un disyuntiva histórica en que por un lado el fracaso del neoliberalismo, ha vuelto a poner en la escena latinoamericana a las masas excluidas y por otro, la carencia de alternativas políticas reales desde la izquierda que sean capaces de dotarlas de una conducción política que apunte a la construcción de la hegemonía popular.
Pero además en un sentido más global, nos encontramos en un momento en que el proyecto imperial pretende imponer a sangre y fuego sus intereses, pues la guerra contra el terrorismo y el narcotráfico no son más que camuflajes para pretensiones económicas estratégicas para el propio desarrollo del imperio: el control del petróleo.
Cabe señalar, que tras un ciclo de implementacióm de políticas neoliberales en el continente entre los 80 y los 90, gran parte de nuestras sociedades se encuentran en crisis de magnitudes sociales lamentables. La transnacionalización de nuestras economías y particularmente de nuestras riquezas estratégicas no ha conllevado más progreso para las mayorías de nuestro continente, ni para un cambio de status de nuestras naciones en el nuevo orden internacional. Esta situación ha derivado en la reorganización y lucha de diversos sectores sociales por el mejoramiento de sus condiciones de vida sin alcanzar la visión de un proyecto político concreto todavía.
Pese a esto, hay luces encendidas y las podemos ver en las enseñanzas que dejan el proceso revolucionario del pueblo Cubano buscando profundizar la democracia popular y experimentando nuevas iniciativas económicas acordes al nuevo contexto sin transar con la orientación nacional y popular de la sociedad.
A su vez, el proceso Bolivariano Venezolano ha ganado a un sector importante de las tradicionalmente conservadoras Fuerzas Armadas para sí y avanza en el proceso de organización de las masas populares para enfrentar al golpismo y hacer avanzar el proceso revolucionario. Lo que ocurre en Brasil y Ecuador está por verse, pues más allá del gobierno, hay un pueblo organizado que está detrás y que no se dejará estafar así como así, si Lula y Lucio Gutiérrez terminan siendo los nuevos gendarmes del proyecto imperial - del cual supuestamente profitaban - no las verán tan fácil. Así y todo podemos decir que una corriente nacional, popular y bolivariana empieza a recorrer el continente, y es nada más y nada menos que la expresión de los tiempos que corren, la contraparte del proyecto imperial norteamericano.
Sin embargo, si el neoliberalismo toca fondo en casi todo el continente, en Chile - pese a la crisis - la hegemonía del imperio no está en cuestión. Lejos de ello las expresiones políticas dominantes expresan básicamente el mismo proyecto, lo que otorga una mayor sustentación a la dominación burguesa. En este sentido, Chile hoy es una isla pero ¿ podrá mantenerse al margen de la profundización de las contradicciones políticas y sociales del continente ? Me parece que no, Chile es un país que interesa al capital transnacional como plataforma de inversiones hacia otros países y por el cobre nada más. Chile no tiene sentido en sí mismo, en tanto el resto del continente no ofrece condiciones favorable a la inversión, menos inversión nos llegará. De ahí la apuesta concertacionista de llegar a acuerdos de libre comercio, con diversos bloques económicos subordinados al imperio norteamericano.
Hoy tras la descomposición del bloque gobernante se desarrollan nuevas condiciones para la emergencia de un nuevo proyecto político nacional-popular, más las condiciones para la irrupción en la lucha política abierta se configurarán en el marco del posible gobierno de la Derecha conservadora que se avecina.
Ahora, la implementación de dicho proyecto político debe tener una amplia base social de apoyo y por tanto, expresar una amplia alianza de clases sociales, por lo cual significa recomponer la acción del Estado en algunas áreas económicas en función de responder a los intereses de dicha alianza de clases y particularmente del campo popular. Significa la reapropiación de riquezas como el cobre para dar mejor salud y educación a los chilenos, para apoyar a las PIMES, etc. En fín, se trata de reposicionar al Estado en la conducción política y económica de la sociedad, de recuperación de la soberanía nacional en la que cobra sentido - real y no solo formal - la participación popular en la conducción de la sociedad.
En este sentido, la alianza de clases necesaria para dar vida a este proyecto político Nacional, Popular y Bolivariano comprende a las siguientes sectores sociales: franjas trabajadores del Estado, trabajadores rurales temporales, trabajadores de servicios y medianas empresas, pequeña burguesía productora e intelectual y campesinado Mapuche. Estos sectores comprenden tanto el conjunto de sectores sociales perjudicados por el neoliberalismo como - y por lo mismo - los que potencialmente pueden hacer emerger en la palestra política a dicho proyecto. Para tal efecto se debe crear un instrumento político de masas que aglutine y desarrolle trabajo de base en dichos sectores y que vaya articulándolos paulatinamente tanto sectorial como mancomunadamente en un solo Bloque nacional - popular. Sin embargo, la implementación de dicho proyecto contará con una fuerte resistencia de los sectores ligados al capital transnacional - gran burguesía financiera, pequeña burguesía intelectual ligada a la empresa privada, etc- quienes apoyados en el agresivo carácter del imperio no trepidarán en hacer uso de las FF.AA. para defender sus intereses, que son los del Imperio. Es por esto, que este proyecto no puede obviar el desarrollo de una política militar desde su gestación. Dicha política debe contemplar básicamente dos líneas: una, que es de elaboración de una política que integre a un sector de las FF.AA. a las tareas del proceso, comprometiéndolas con el proyecto de soberanía nacional y popular. Otra, que es de construcción de fuerza militar propia para la defensa del proceso en la clandestinidad. Sin embargo, la construcción de esta fuerza militar propia no puede tener por objeto la toma del poder sino la defensa de un nuevo marco institucional que exprese los intereses nacionales y la hegemonía popular y que en conjunto, con los sectores patrióticos de las FFAA derroten cualquier intento golpista y de desestabilización económica y social.