Dedicamos este número a los doce hermanos que en junio de 1987 dieron su vida en el combate contra la dictadura militar durante la "Operación Albania" o "Matanza de Corpus Christi", como la llamó el pueblo. Aquellos jóvenes Rodriguistas son demostración imperecedera de las enormes capacidades del pueblo en la lucha por una sociedad democrática y con justicia social. Dentro de ese marco, la detención de Pinochet en Londres y el proceso de desafuero al calor del proceso a la "Caravana de la Muerte", entregan una perspectiva histórica que legitima hoy más que nunca el combate frontal que miles de chilenos opusimos a una tiranía que el mundo entero condena el día de hoy.
Por lo mismo pensamos que la reivindicación y rescate histórico de nuestros hermanos no sería completo ni coherente si no hacemos lo mismo con la política que impulsaban. En efecto, nuestros compañeros no son víctimas, sino combatientes que entregaron su vida concientemente, no sólo por una bandera y una organización, sino principalmente por un pensamiento, un proyecto cuyos fundamentos esenciales siguen vigentes, ya que luego de 10 años de gobiernos civiles el sistema dictatorial permanece, a través de la constitución del 80, de la impunidad de las violaciones a los derechos humanos, de las injusticias que imperan en el plano económico-social, que generan una sociedad subyugada por el mercado y el poder militar.
La impunidad, la política de consensos y la opción esencialmente neoliberal de la Concertación, ha fortalecido el protagonismo de la derecha y a unas FF.AA. que no abandonan su matriz facista, que siguen defendiendo al dictador con demostraciones de poder y prepotencia que pretenden presionar y orientar las decisiones de los poderes políticos y judiciales respecto de los procesos de los crímenes de la dictadura.
Luego de la detención del tirano en Londres, el Estado Chileno necesita demostrar al mundo que en Chile es posible juzgar a Pinochet, eso es lo que estaba en juego con el proceso de desafuero, no la justicia real, no el castigo efectivo al genocida, sino llegar al mismo punto que se llegó en Londres luego de un año, reconocer que es posible el juzgamiento de Pinochet pero sin llegar a hacerlo aduciendo motivos médicos. Lo anterior, mas el hallazgo de los cuerpos de los detenidos desaparecidos, y el castigo moderado en unos cuantos casos denominados "simbólicos", copan el concepto de justicia de la Concertación, el cual es administrado y dosificado de manera que todos los actores políticos y militares que dirigen nuestro país vean satisfechos sus intereses y se genere una "estable convivencia" insititucional. Por cierto que en este proceso los militares buscan imponer sus condiciones, preservar la "dignidad" del dictador y consagrar a través de la mesa de diálogo una verdad oficial para la historia en que todos los chilenos sean igualmente responsables de la destrucción de la democracia.
Al pueblo se le quiere reducir a la condición de espectador pasivo de todas estas maniobras, así como en todos los demás ámbitos del devenir social y político donde se aplican similares mecanismos. Si queremos abrir paso a una verdadera justicia social y política, no podemos seguir esperando soluciones desde arriba, sin el protagonismo popular, por eso los sectores sociales deben comenzar a recorrer un camino con su propia identidad, su propio proyecto y sus propios mecanismos.
Con esos objetivos en la mente y el corazón, los Rodriguistas saludamos al pueblo en lucha, tanto del ayer como del hoy, contra un "tirano inmemorial" que muy bien sabe enmascararse pero sigue prosperando a costa de las mayorías. Nuestro homenaje a los 12 hermanos y hermanas de Corpus Christi, que eran como nosotros, parte de este pueblo; obreros, estudiantes y profesionales, que nos señalan los valores de la dignidad, el coraje, la humildad y la consecuencia, en el marco de un proyecto democrático y popular.