VEINTE AÑOS DEL
FRENTE PATRIÓTICO
MANUEL RODRÍGUEZ.
José Uribe, Redactor de la pagina Web FPMR.
El FPMR no nació un 14 de diciembre de 1983, esa es
apenas una fecha de referencia que señala el comienzo
y reconocimiento público de la existencia de la
organización. El origen del FPMR se pierde entre las
complejas contradicciones que se van generando al
interior del Partido Comunista de Chile (PCCh)
posterior al golpe militar de Septiembre de 1973 donde
muere Salvador Allende legando una lección
imperecedera para todos los chilenos.
En el primer "Pleno de 1977" (reunión ampliada de sus
máximos dirigentes) que realizó el PCCh posterior al
golpe militar se reconoce sin ambigüedades la
ausencia histórica de una política en el terreno
militar que hubiera posibilitado -al menos- otra
respuesta ante la avasalladora violencia de las
Fuerzas Armadas de Chile. "Vacío histórico" le
llamaron a tan inconcebible carencia. Un análisis
sesgado acerca del fracaso del proyecto de la Unidad
Popular, la ausencia -hasta hoy- de un reconocimiento
explicito acerca de las responsabilidades políticas
ante tan plena y categórica derrota, el cómo "llenar"
ese vacío histórico fueron causa -entre otras
razones- de un complejo y lento proceso que se vive al
interior del PCCh hasta arribar en 1980 a la Política
de Rebelión Popular que en una de sus definiciones
contenía la decisión de asumir "todas las formas de
lucha, incluso la violencia aguda" como "amplias" o
"imprecisas" bases que servirían para llenar tal
"vacío".
Cinco años antes de aquellas definiciones, desde abril
de 1975 un numeroso contingente de jóvenes comunistas
se preparaban en las escuelas militares cubanas, años
mas tarde esta preparación se extendería a otros
países del desaparecido campo socialista. Habían
transcurrido apenas dos años del golpe militar y el
PCCh solo podía dedicarse a resistir la feroz cacería
de la dictadura que provocaría la caída de sus
principales dirigentes. Es así que tan temprana
decisión de preparar a tan numeroso contingente de
profesionales en el terreno militar, -sin tener
ninguna política definida al respecto-, iba a recaer
en contados cuadros de dirección que en ese momento se
encontraban en el exterior.
Los bisoños militares comunistas chilenos percibían a
diario el auge de casi todos los movimientos
revolucionarios guerrilleros de Centro América donde
sandinistas, salvadoreños y guatemaltecos vivían
diversas etapas de crecimiento y consolidación de sus
proyectos revolucionarios. La Revolución Cubana se
institucionalizaba, crecía y se consolidaba prestando
un franco respaldo a la lucha de estas organizaciones
además de practicar una permanente política de
solidaridad militante en las luchas por la
independencia y la liberación nacional de numerosos
países de África y Asia. La ex URSS aún boyante en
perspectivas y planes para un comunismo temprano
brindaba -junto a casi todos los países del ex "Campo
Socialista"- un sólido respaldo a los exiliados
chilenos y particularmente a la reorganización de los
comunistas.
Mientras tanto en Chile desde 1978 la dirección del
PCCh se reconstruye en clandestinidad e inicia a un
lento proceso de reorganización general. En 1979
comienza una incipiente proceso de formación de
pequeños grupos para-militares que formarían parte de
las propias estructuras del partido y que recibirían
el calificativo de "Frente Cero". En ese mismo año el
contingente de militares profesionales en el exterior
por iniciativa cubana participa en la lucha contra la
dictadura nicaragüense hasta la derrota del dictador
Anastasio Somosa. (Entrevista de Gianny Miná a Fidel,
1988). Inmediatamente terminada la guerra el grupo
colabora en la organización e instrucción del naciente
y ya desaparecido Ejercito Popular Sandinista y más
adelante nuevos grupos se incorporarían a la guerra
irregular que desata la "contrarrevolución". Un número
de ellos participaría en la lucha junto al FMLN en El
Salvador. Mientras tanto en Chile en 1980 se producía
el primer "apagón" de consideración debido a un corte
de la energía eléctrica por sabotaje a las redes
conductoras junto a un crecimiento constante de
sabotajes menores ejecutados por pequeños grupos
combativos formados principalmente por militantes de
las Juventudes Comunistas.
Es en medio de ese cuadro general que se va gestando
con lentitud la Política Militar del PCCh donde un
"sector" y nunca organizado grupo de militantes y
dirigentes impulsan y crean tales diseños en medio de
contradicciones y francas oposiciones a tales
derroteros. La resultante fue una política consensuada
de formar una "Comisión Militar" quién conduciría un
Fuerza Militar Propia, -nunca reconocida
públicamente-, que tendría la misión de "apoyar con
acciones mas especializadas la lucha de las masas".
También se le subordinaría una estructura militar un
tanto mas pública y popular como fue el poco conocido
"Trabajo Militar de Masas" inserto en las propias
orgánicas del PCCh. La Fuerza Militar Propia tendría
su propia estructura, funcionaría de forma
independiente y se subordinaría a la Dirección de
Partido Comunista a través de su "Comisión Militar".
El dejar en manos de un grupo de "especialistas" tan
decidor asunto daba cuerpo a las contradicciones que
repercutirían cuatro años mas tarde con la separación
del FPMR de su partido de origen.
En Julio de 1983 entra a Chile Raúl Pellegrín, el
"futuro" Comandante José Miguel traía la misión
planteada por la "Comisión Militar" de organizar la
Fuerza Militar Propia. Un reducido número de cuadros
profesionales secunda a Pellegrín junto a una
"infra-estructura" inicial más los principales jefes y
cuadros que se habían destacado en las tareas de
sabotaje. En Santiago comenzaron con apenas 6 pequeñas
unidades de combate divididos en dos zonas, dos o tres
grupos en Valparaíso e igual cantidad en Concepción.
Contaban además con un reducido número de armas
cortas, sub-ametralladoras, granadas caseras y
explosivos, fruto de un logística centralizada que ya
existía en el propio partido. Es evidente por el
origen de esta estructura que la totalidad de las
jefaturas y la inmensa mayoría de los combatientes del
FPMR eran jóvenes comunistas. Solo pasado el tiempo,
años después, se irían incorporando de forma
independiente jóvenes del mas diverso origen político.
El FPMR vive un breve período de relativo éxito hasta
el año 1987. El carácter novedoso y audaz del accionar
era inédito en la lucha de clases en Chile. Eran
momentos de identidad con el estado de ánimo de las
masas, las acciones combativas estaban en perfecta
sintonía con la situación política chilena. El enemigo
principal estaba demás nítido y todas o casi todas las
acciones combativas respondían a lo que la mayoría
identificaba como su máximo problema o su enemigo
principal: la dictadura. 1983-1987 fueron los años de
las grandes y más connotadas y espectaculares acciones
combativas del FPMR.
Es el año 1987 donde se termina de organizar la salida
negociada a la existencia de la dictadura. Con rapidez
extraordinaria el país cambia. Se veía con nitidez
que de continuar los acontecimientos como los dejó la
última gran protesta del 2 y 3 de julio de 1986 la
solución a la dictadura habría sido otra. Dos
operaciones fracasadas, el espectacular y sorprendente
intento de ajusticiamiento contra el dictador junto a
la nunca reconocida internación de armas por el norte
del país unidas al creciente movimiento de masas le
indicaron a las élites chilenas y a EEUU que la
situación se tornaba peligrosamente incontrolable y el
sistema podría estar en peligro.
A mediados de 1987 para la dirección del PCCh el FPMR
se divide, algo así como una organización
independiente que tiene sus problemas internos. En
honor a los hechos es una estructura de ese partido
que casi en su totalidad asume una vida independiente.
Allí comienza a llamársele "Autónomo". La Dirección
del PCCh con un nuevo grupo reducido de militares
profesionales de las otras estructuras intenta formar
otra Dirección Nacional del FPMR hasta que pasado un
tiempo le cambiarían de nombre. La esencia de la
división está en las contradictorias posturas frente a
la coyuntura que a fines de 1986 se dibujaba en el
país. La Dirección Nacional del FPMR propiciaba
profundizar la idea de Sublevación Nacional por el
camino de la insurrección, el PCCh replegar las
fuerzas ante un evidente reflujo en la lucha. El FPMR
en ultima instancia podía postergar su accionar
combativo pero se resistía a la virtual destrucción de
todo el andamiaje militar que hasta entonces se había
construido. El desmantelamiento total de estructuras
por el PCCh no anunciaban un "repliegue táctico" más
bien indicaban un decidido retorno a las formas
tradicionales de hacer política. Las conductas que se
asumieron en esa división hasta hoy laceran la memoria
de los protagonistas.
En esos momentos el FPMR, sin política ni proyecto
propio, decide sin éxito profundizar la política
heredada de Sublevación Nacional del PCCh. Al poco
tiempo pretendió impulsar una nueva política llamada
de Guerra Patriótica Nacional, sin contar con una
organización política para ello, era apenas un aparato
armado tratando por medio de acciones combativas
revertir un retroceso general de la lucha combativa
popular en momentos que se impone el plebiscito. En
Octubre de 1988 el triunfo del No y el torrente de
alegría popular ante tal hecho fueron el marco del
fracaso político de un conjunto de operaciones
simultáneas desarrolladas por el FPMR a lo largo del
país donde muere el líder histórico de la
organización. En los años venideros 1990-1992, otras
operaciones combativas no menos espectaculares y
lejanas al estado de animo popular no incidirían en el
curso de la política nacional pero si provocarían una
crisis general de la organización que la puso ante una
virtual desaparición física. Coincidiría su crisis con
la crisis del mundo comunista y revolucionario en general.
Un camino que no debe repetirse.
La crisis del FPMR -al menos de forma conciente- no comenzó en octubre de 1988 cuando muere su principal jefe y la organización quedaba absolutamente descolocada en un país que festejaba el triunfo en el plebiscito en contra del dictador. El Frente no estaba preparado para desarrollar cinco acciones simultaneas de carácter rural y mucho menos para sostener un "frente guerrillero" de manera permanente. Se trató de combatientes urbanos que incursionaron en el terreno rural para después continuar la lucha clandestina en la ciudad. El voluntarismo fue el rasgo principal de ese conjunto de acciones. Posterior a estos hechos comienza la involución de la organización pero es recién a fines de 1992 que se reconoce la crisis política y orgánica del FPMR. Desde ese entonces la Dirección Nacional intentó con increíble perseverancia salir de la crisis, pero las acciones combativas de 1991-92 como fue el secuestro del hijo del dueño de la cadena de prensa El Mercurio y el ajusticiamiento de un connotado político pinochetista nunca serían evaluadas en su relación con la casi desaparición de la organización ni en las repercusiones políticas que esas acciones tuvieron para la vida misma de un aparato clandestino desarraigado de las masas. Desde entonces todas las variantes política adoptadas provocarían un efecto absolutamente contrario. La crisis se agudizó y como resultado de casi diez años de involución quedaron descarnadas y rigurosas autocríticas y una diáspora de la inmensa mayoría de los fundadores de la organización. Prácticamente la totalidad de los miembros de la Dirección Nacional hasta el reciente año 2000, responsables de estos hechos, abandonaron al FPMR bajo las más diversas argumentaciones.
Desde entonces una joven Dirección Nacional del FPMR intenta construir, diseñar un nuevo proyecto político, una nueva forma de organización democrática. El nuevo proyecto que pronto será debatido en el primer congreso de los Rodriguistas no debe reiterar los mismos esquemas del fracaso. La violencia, sus formas de expresión y acumulación en la sociedad serán temas de principal orden. Es imprescindible que no se confunda la intrínseca violencia consustancial al sistema de dominación y la necesidad de contar con ella, con las disímiles formulas de expresión práctica que ésta pueda tener en cada etapa de los conflictos sociales. El reconocimiento a la derrota política en el pasado reciente donde la lectura del estado de ánimo de la sociedad se realizaba a partir de los deseos y sueños de pequeños grupos revolucionarios debieran ser superados. El nuevo FPMR no debería reiterar el esquema de organización urbana clandestina con grupos operativos como su fuerza principal y una "extensión político-pública" de masas que indefectiblemente adquirirá un carácter secundario y sin arraigo popular, pretendiendo con aisladas acciones combativas -independiente a cualquier realidad- jugar un papel catalizador de las mayoría populares.
El mundo y el país son distintos al de los años 80. Los pueblos en América Latina han ido buscando y encontrando nuevos y sorprendentes derroteros para luchar contra los efectos de los modelos dominantes. Ante esto los movimientos revolucionarios y populares han tenido que buscar nuevas formulas de acumulación política y de organización para participar dejando atrás los esquemas vanguardistas. La conducción y organización son imprescindibles en la lucha de los pueblos, su éxito y eficiencia nacen de ser parte de ellos. Quienes persisten en la imposición de esquemas preconcebidos desaparecen o se pierden en medio de las iniciativas y combates de los pueblos organizados.