La transición de la dictadura a los gobiernos civiles en Chile que mantuvo en pie los pilares de dominación institucional y régimen económico subordinado a los grandes grupos financieros, estableció en el país dos sectores sociales bien delimitados: los que comparten y manejan la toma de decisiones y los privilegios de un modelo hecho en beneficio de unos pocos; y la gran masa popular que ha debido soportar este continuismo injustamente, siendo relegada a las migajas legislativas que estén dispuestos a conceder los gobiernos que se suceden de tanto en tanto, soportando en sus hombros el peso de la producción y los servicios sin recibir del empresariado más que míseros sueldos y nuevas formas de explotación, y reprimidos al momento de movilizarse por sus demandas y reivindicaciones.
Van cuatro gobiernos consecutivos preocupados de mantener el status quo que les permite cargar la balanza distributiva en contra del pueblo, sin que este muchas veces haya podido o tenido la oportunidad de reaccionar, pues se cierne en su presente una costosa maquinaria que con un discurso “ciudadano” y una práctica tecnocratica, ha conseguido sostener la dependencia de la gran masa votante con el Estado y las “bondades” de una política macroeconómica que según dicen, no chorrea pero gotea…
Sin embargo, le guste o no a los poderosos, la tendencia de rechazo al modelo viene perfilándose por carriles distinto a su “democracia”. En el último tiempo reaparecieron las acciones de masas como actor central, pequeñas y grandes movilizaciones sectoriales y hasta manifestaciones nacionales que han puesto en cuestión temas políticos de fondo (Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, subcontrato, derecho de los pueblos originarios, etc.). Contenidos que han concitado más atención que el debate de reformas al Sistema Binominal, ese caballito de batalla que hace mucho está disponible cuando se trata de buscar soluciones a las disputas entre los partidos institucionales por cargos y cuotas de poder.
Justamente alentados por esta recomposición social, que es irreversible por el carácter del sistema, viene perfilándose el campo popular en los temas ideológicos y de proyectos, donde los debates sobre táctica, estrategias, realidad nacional e internacional y la interpretación de la historia han sido gravitantes. En los hechos, el mes de septiembre se ha transformado hace bastante en un espacio donde se abren con gran nitidez las distintas posiciones frente a nuestro complejo proceso de lucha de clases a nivel histórico, que para los efectos de cualquier organización consecuente y a modo de balance, es importante ejercitar con cabeza y experiencia propia si se persiguen resultados serios.
En la propia izquierda durante estos años cohabitan dos grandes tendencias ante los hitos de estas fechas: los que ponen énfasis exclusivo en el Golpe y en el “para que nunca más”, cuyos actos testimoniales con forma litúrgica a los cementerios se hubiesen mantenido en el silencio de estos últimos, si no es por la lucha callejera contra la represión policial y las protestas territoriales del 11 en la noche; y los que ponemos el acento en rescatar el significado de la lucha de resistencia a la dictadura, esa parte de la historia tan estigmatizada y temida por el oficialismo, de represalias y crueles asesinatos archivados en la impunidad de las instituciones hoy “legitimadas”, y de valiosa entrega del pueblo en las calles y en operaciones de alto nivel sin los cual el régimen militar y la derecha civil no hubiesen abandonado sus intenciones de perpetuarse…lugar donde se ubica por qué no, la emboscada a Pinochet el 7 septiembre de 1986, de la cual este mes se cumple el 20 aniversario…
El régimen militar negoció una salida gracias al pueblo y no a un grupo de dirigentes y partidos oportunistas que usufructuaron de sus esperanzas en beneficio propio. Gracias a los cientos de luchadores y luchadoras que levantaron barricadas, repletaron las cárceles y estuvieron dispuestos a entregar su vida por la causa del pueblo, contexto sin el cual no hubiese existido la misma Operación Patria Nueva (nombre inicial con que fue bautizado el Atentado). Que en ningún caso fue una acción “descontextualizada”, “voluntarista” y “provocada por los organismos de inteligencia para justificar la represión a la oposición” como han promovido los ideólogos del oficialismo (en los hechos había represión y muerte diariamente). Porque ésta, a pesar de no haber cumplido su objetivo (la operación técnicamente fue óptima), representó el sentir mayoritario del pueblo, su deseo de acabar con el dictador, e ahí su valor histórico, independiente de quien la haya ejecutado y la suerte que hasta hoy corra el cobarde protegido y el modelito que nos dejó de herencia…
Hay que repasar esa historia. Hay que verla en su contexto. Seguro que al igual que nosotros, llegarán a la convicción que aún tenemos patria, porque la patria es el pueblo organizado y luchando, y en este país queda mucho por hacer todavía por la libertad y la justicia...