La emboscada al Tirano realizada por unidades de combate del FPMR en 1986, es una acción armada que se inscribe como uno de los momentos mas significativos no sólo de la resistencia antidictatorial, sino de la historia de la lucha popular de estas últimas generaciones.
Qué significó para el Frente esta operación?: el derecho a la rebelión contra una tiranía consagrado por la humanidad desde tiempos inmemoriales, un acto de coraje y dignidad ante el predominio de la miseria, la represión y la violencia estatal. La única respuesta legítima del pueblo organizado que considera que el costo de la pasividad y la inacción es muy superior al de la respuesta conciente. Lo único que se puede lamentar es no haber podido ajusticiarlo como se lo merecía.
El Frente no ha renegado jamás de sus acciones, y está dispuesto a operar militarmente cuando lo considere necesario, pues no cree en el “nunca más” que hipoteca el derecho del pueblo a la lucha y la organización en todos los planos de la revolución social.
Para los poderosos y los renegados es muy fácil y cómodo plantear que “ojala nunca más vuelvan a ocurrir estos hechos”. ¿A qué se refieren? ¿Nunca más la capacidad combativa del pueblo? ¿Nunca más la amenaza a los intereses de los poderosos? ¿Nunca más la existencia de un movimiento popular en el país?... Ciertamente para aquellos que hoy plantean que la acción de “grupos maximalistas” como el FPMR afecta la unidad de la izquierda y su posibilidad de aliarse con el centro político para terminar con su exclusión del parlamento, resultan muy convincentes planteamientos de este tipo.

Tampoco los actuales gobernantes y aspirantes a serlo no tienen autoridad moral ni política para referirse a la lucha popular como lo han hecho. Menos aquellos que como Lagos Weber y otros tantos concertacionistas renegados de la izquierda, que gozaron de un “exilio dorado” estudiando en Europa y Estados Unidos, que nunca conocieron los rigores de la explotación o la represión, tienen derecho a pronunciarse hoy sobre el accionar del Frente o de otras organizaciones revolucionarias, que dieron todo para tener un mejor país, y NO ciertamente para que estos parásitos ocupen los cargos y privilegios del poder existente.
En estos 16 años de gobiernos civiles hemos visto también instalarse los términos de la llamada transición y una “historia oficial”, un sentido común sobre los hechos políticos y sociales ocurridos durante la dictadura, exaltando el rol de la Concertación, el “diálogo” y los acuerdos cupulares, a la vez que distorsionan y criminalizan el accionar de quienes nos opusimos a esas maniobras.
La tesis de la reconciliación, la legitimación y el blanqueo de las FF.AA, genera la figura de los “dos demonios”, la DINA-CNI y la resistencia armada a la dictadura, negando la existencia de fuerzas sociales que se enfrentaron materialmente. La fuerza aparece estando de un solo lado. La represión, o el genocidio, se habría aplicado sobre un pueblo totalmente desarmado, moral y materialmente. En el pueblo sólo habría víctimas, no luchadores o combatientes.
Esta representación de los hechos, una suerte de modelo de no confrontación, es quizás la más aceptada y difundida por las cúpulas políticas tradicionales y algunas de las organizaciones de derechos humanos institucionalizadas.
Esta “verdad” tiene su precio, son las Fuerzas Armadas legales las únicas que aparecen en los hechos legitimadas en sus acciones, aunque se reconozca que cometieron crímenes (responsabilidades individuales, no institucionales se dice). El sector social del cual formaron parte ejecutora y visible las FF.AA. hoy aparece “saneado” en todos los ámbitos del poder económico, político, jurídico y social, es decir la Derecha y parte de la Concertación.
Ciertamente, el bloque gobernante no ha tenido el coraje ni la voluntad para llevar al tirano y sus principales cómplices a la justicia, por ello intentó por todos los medios impedir el juzgamiento de Pinochet en España e Inglaterra, y ahora permite sin más que el comandante en jefe del Ejército anuncie que rendirán honores al criminal cuando este muera.
Estas actitudes cobardes e indignas persiste cuando la presidenta Bachelet rinde examen ante el empresariado en un encuentro realizado el 24 de agosto en la sede del CEP, garantizando a los patrones su compromiso con el “superávit estructural”, el crecimiento económico (es decir ganancias privadas) como prerrequisito de la equidad, y la “firmeza” frente a las presiones del mundo social, mientras en el sur era asesinado un comunero mapuche y sus familiares heridos por la policía por robar vacas, aplicando una violencia que no tiene parangón con la actitud dócil con que se trata a los ladrones de cuello y corbata, muchos de ellos grandes “emprendedores” capitalistas (empresarios).
Cuanto contraste con el ejemplo de quienes combatieron a la dictadura, que dieron su vida o su libertad por un Chile justos!!! Por eso el espectro victorioso de las ideas de nuestros caídos está hoy presente en las luchas sociales de los pobladores, estudiantes, trabajadores y pueblo mapuche que luchan por sus derechos, y son la prueba viviente de que la Operación Siglo 20, así como el “Vuelo de Justicia”, el rescate de nuestros hermanos desde la Cárcel de Alta Seguridad, representan la capacidad del pueblo de organizarse y luchar.
