¡¡Sólo la lucha nos hará libres!!

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¡PARA SEGUIR LUCHANDO! ... ¡Fuerza Popular, Revolución y Socialismo!




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PROYECTO POLITICO DEL FPMR
(Aspectos fundamentales)

Nuestro actual proyecto surge de cara a la realidad nacional e internacional y condicionado por ella, se basa en principios y valores que guían nuestras aspiraciones de aportar en la construcción de una sociedad justa, igualitaria y libre. Ratificamos nuestra actitud de rebeldía ante el sistema instaurado durante el régimen militar y perfeccionado por los gobiernos civiles a partir de 1989, los errores cometidos por la organización en el pasado no invalidaron nuestros objetivos de lucha, más bien nuestro deber fue rectificarlos para así caminar hacia las transformaciones sociales que tantas generaciones han aspirado. Manifestamos que existe el contingente humano para avanzar; tenemos la voluntad, la moral y la consecuencia revolucionaria. No ha sido en vano tanta vida ofrecida por la dignidad y la libertad de nuestro pueblo.

El pensamiento del FPMR tiene como base ideológica la concepción materialista de la sociedad, asumiendo la teoría del marxismo leninismo como nuestro principal instrumento de análisis y guía para la acción, y al Rodriguismo como la forma y la experiencia concreta en que aplicamos esta herramienta en la lucha, de acuerdo a la realidad política, histórica y cultural del país.

LA SITUACIÓN INTERNACIONAL
La humanidad vive agobiada por contradicciones que bajo el actual orden aparecen como insolubles, y que nacen de la profunda brecha entre países ricos y pobres, entre un centro pletórico de riquezas y una periferia llena de carencias y destinada a vivir para los primeros.

A través de los siglos se han destruido y agotado los recursos del planeta, pero sólo en los últimos treinta años, casi un tercio de la riqueza natural de la tierra se ha perdido. Esta destrucción del ecosistema puede llegar a ser en las próximas décadas uno de los principales factores de conflictos mundiales. Las luchas por la repartición de lo recursos naturales entre los países poderosos y sus bloques pueden pasar a ser una fuente de gran desestabilización y enfrentamiento a escala global.

Ha quedado demostrado que las potencias y principalmente el imperialismo norteamericano, ante cualquier crisis buscarán solución empleando la guerra, sin preocuparse del inmenso costo humano, social y ecológico que estas provocan. Las últimas guerras en Yugoslavia, Afganistán e Irak nos muestran la inalterable conducta de dominación imperial ante cualquier conflicto o tensión que lo amenace.

Los países ricos y poderosos continúan su desarrollo a expensas del Tercer Mundo, destinado a seguir como área de servicio, que proporciona recursos naturales y materias primas no renovables, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión e incluso un lugar donde exportar sus deshechos. Esto determina que cualquier proyecto político nacional que pretenda alterar orden, se transformará irremediablemente en una amenaza para los llamados "intereses vitales" de las naciones industrializadas y principalmente para EEUU.

No hay libertad de mercado, los estados y gobiernos del primer mundo legislan y promueven todo tipo de medidas proteccionistas que favorecen a las gigantescas corporaciones transnacionales. Un nuevo esfuerzo de reactivación del capital escondido tras el denominado "proceso globalizador", nace ante una crisis del capitalismo, en un intento por recuperar las tasas de ganancias en detrimento de la fuerza de trabajo asalariada.

No hay mayor riqueza, hay mayor concentración y rapidez en el intercambio de capital industrial y financiero en una magnitud nunca antes vista, lo que algunos han llamado "mundialización" o "globalización", como el mejor y más eficiente "transporte" del modelo neoliberal. Así, los defensores del actual orden emplean tal concepto para tergiversar y esconder el profundo carácter de dominación imperial que encierra la imposición del modelo.

Rechazamos el empleo que hacen propagandistas neoliberales del concepto de "globalización" como proceso obligatorio y natural de internacionalización de todo el quehacer económico y político en el mundo. Son innegables los cambios y la rapidez operados en el intercambio comercial, las finanzas y capitales, la rapidez en la propagación de las crisis económicas locales, la fluidez y simultaneidad de la información del más diverso carácter. Pero todo ello no ha cambiado la relación capital-trabajo, no ha variado el carácter esencialmente explotador del capitalismo, no ha variado la relación y el carácter desigual en el intercambio entre países ricos y pobres. No ha cambiado, más bien se ha profundizado el carácter imperialista que tienen estas relaciones.

En el plano Político, las fórmulas "neoliberales" se aplican suponiendo que conducirán a la libertad y la democracia. Se apropian del concepto entendiendo como "democráticas" las actuales fórmulas representativas donde son cada vez menos quienes participan y se interesan en el esquema de partidos políticos. Se intenta de tal manera consolidar y uniformar un modelo, de modo que no importe quién lo administre. El partidismo tradicional ha demostrado que no aumenta ni es el camino para la participación de las mayorías. La "profesionalización" y la tecnocracia es la falsa "modernización" que se impone como fórmula de conducción y administración política, que en realidad es una democracia de y para el capital financiero.

Este esquema sólo puede darse en condiciones políticas y económicas de subordinación. Desde la doctrina Monroe hasta hoy EE.UU. ha luchado por impedir la presencia en la región de economías poderosas que no sea la suya. EE.UU. como gendarme mundial, y en clara competencia con Europa y Asia, pretende extender los "Tratados de Libre Comercio" y crear el "Área de Libre Comercio de las Américas" (ALCA). La disputa por el liderazgo en materia de negocios entre EE.UU. y la Unión Europea son rasgos de una desesperada carrera previendo que este nuevo siglo será de grandes tensiones por el reparto mundial entre los mega bloques con sus empresas transnacionales.

En relación con el internacionalismo: El desmedido poder del Imperio norteamericano tiene un solo límite a su voracidad, que es la unidad de nuestros pueblos, que debe comenzar por la unidad sólida de sus organizaciones políticas y sociales. América Latina tiene mas extensión en superficie que toda América del Norte incluyendo Canadá. América Latina tiene más habitantes y tantas riquezas naturales como el norte rico, lo que no tiene es desarrollo económico e identidad latinoamericana. A la región le es imprescindible la unidad, la razón más profunda de esta necesidad es la existencia misma del Imperio.

Ante tantas objetivas consideraciones no queda duda de que existe un gran y permanente enemigo del progreso y la vida de los pueblos latinoamericanos: el Imperialismo Norteamericano. A más largo plazo éste debiera ser el eje orientador de las luchas y quien despeje todo tipo de contradicciones entre aquellas organizaciones que por las más disímiles formas combaten y se oponen a sus imposiciones y voluntades. Entonces, el rechazo a los modelos económicos y políticos neoliberales y su proyecto anexionista del ALCA debieran ser nuestros objetivos de lucha regional más inmediatos.

El Internacionalismo debe llegar al debate político y al intercambio de realidades, proyectos y acción. La reciprocidad debe estar basada en el compartir plenamente las nuevas experiencias que emergen de la lucha de nuestros pueblos.

LA SITUACIÓN NACIONAL
A principios de los años 80 del siglo XX se imponen en la conducción de la dictadura militar los intereses de la llamada "burguesía monopólico financiera", que en alianza con el capital transnacional da forma a una economía exportadora de materias primas o productos con bajos grados de elaboración, y a su vez importadora de productos altamente elaborados. En lo político, teniendo a las FFAA como instrumento principal, se legaliza esta reestructuración con la Constitución Política impuesta el año 1980, que presenta severas restricciones en relación al orden anterior. Junto a ello los distintos gobiernos civiles han promovido una gestión fuerte del orden público, entregando amplias facultades a los organismos operativos y de inteligencia, aún a costa de conculcar muchas veces los derechos de las personas.

En definitiva, el Estado es el principal garante del "neoliberalismo"; la clase dominante ajustó el aparato estatal a sus intereses, transformando sus mecanismos de intervención económica y social en el país por la vía de reducir drásticamente su incidencia en ese campo, pero fortaleciendo y modernizando su rol de control y represión a los sectores sociales y políticos opositores al sistema, vía por la cual ha podido recurrir tanto a la represión, como a la institucionalización de las organizaciones sociales para que las demandas populares no amenacen el esquema instaurado, y el uso de los medios de comunicación social como una eficiente arma de manipulación ideológica en la sociedad.

SOBRE EL RODRIGUISMO
La vigencia del Rodriguismo se encuentra en la realidad de un país marcado por las contradicciones propias del capitalismo: explotación y cesantía estructural para las y los trabajadores que ven sus derechos pisoteados por la legislación laboral, jornadas de trabajo que se extienden a más de 12 horas, explotación de niños, distribución regresiva del ingreso, sistemas de salud y educación excluyentes y orientados hacia el lucro, y una sistemática usurpación de las tierras de la nación mapuche para favorecer el desarrollo del capitalismo en el sector rural.

Chile es un país que ha fortalecido las cadenas de la dependencia, que no ha logrado salir del subdesarrollo acentuando el crecimiento desigual como país exportador de materias primas, proceso controlado por un puñado de multinacionales y grupos económicos, y también por el mecanismo de la deuda externa que entrega y la tutela del Fondo Monetario Internacional. Por lo que el nuestro es un país capitalista dependiente o neo-colonial, carente de poder de decisión real para trazar sus líneas de desarrollo, donde de nada sirve votar por parlamentarios o presidentes cuando las decisiones trascendentales se toman en reducidos círculos patronales criollos o extranjeros.

La contradicción principal del periodo es "Neoliberalismo" versus lo Nacional, ya que hoy día lo "nacional" se ha transformado en un elemento subversivo, ya que basta plantear algunas reformas cosméticas para que el imperialismo se sienta amenazado en sus intereses políticos y económicos.

La defensa de los intereses nacionales es una tarea que bajo las actuales condiciones históricas solo podría llevarla a cabo los sectores más concientes y avanzados del campo popular, en un gran movimiento que unifique a la clase trabajadora y el pueblo en su conjunto, desde una propuesta articulada en defensa de lo nacional, la autodeterminación y la recuperación de los bienes pertenecientes al Estado Chileno, socavando las bases que sostienen al imperialismo en Chile y América Latina. Bajo el actual contexto lo nacional ha adquirido una unidad orgánica con el proyecto estratégico de la clase trabajadora, no es posible luchar hoy por la liberación nacional sin luchar a la vez por la construcción del socialismo.

Carácter y contenidos de nuestro nuevo Proyecto
Un Proyecto Revolucionario, en función de resolver la contradicción fundamental que limita el progreso y el desarrollo de nuestro país, mediante un proceso de lucha destinado a erradicar el capitalismo y a construir el socialismo en Chile. Un proceso con expresión continental que sólo es posible concebir en medio de una constante y creciente confrontación entre las fuerzas que defienden los intereses del capital y del imperio con las de un pueblo que aspira a su liberación.

Un Proyecto Patriótico, orientado a construir una verdadera soberanía del pueblo en los asuntos políticos y económicos del país, usurpados por el capital financiero transnacional en concomitancia con los grupos económicos locales. El sello patriótico de este proyecto es determinado por el carácter anti-imperialista de nuestra propuesta de transformaciones destinados a conquistar una auténtica independencia nacional, que nos permita recuperar el control de nuestros recursos naturales y reconstruir la capacidad productiva, enfrentando así la dependencia financiera creada por la deuda externa y el Fondo Monetario Internacional, y terminar con la intervención del imperialismo en nuestra patria.

Un Proyecto Popular, basado en la fuerza de la clase trabajadora, de los pobladores, estudiantes y todos quienes se sientan identificados, buscando aportar a construir la alternativa de poder del pueblo, para elevar a los máximos niveles políticos del país la participación popular en una perspectiva de desarrollo independiente y soberano. En este contexto, consideramos al pueblo Mapuche como una nación en cuyo seno existen diversas expresiones ideológicas, políticas y sociales, así como variadas organizaciones, que también pueden identificarse, contribuir o hacerse parte de este proyecto.

Acerca del Socialismo: En la presente realidad no existe ninguna posibilidad de que la situación de las grandes masas explotadas mejore, ni mucho menos que exista una salida alternativa a la miseria y la degradación por la que atraviesa gran parte de la humanidad, ni mucho menos con las recetas de "paz y bienestar social" que el gran capital nos ofrece. Frente a este cuadro, la única alternativa sigue siendo la lucha por el socialismo.

Por eso nuestros esfuerzos centrales estarán volcados al perfeccionamiento y búsqueda de un modelo de socialismo con participación de todo el pueblo en las decisiones del país, región, comuna o población, representado por sus organizaciones políticas y sociales. Por lo tanto, el poder popular constituye la columna vertebral de esta propuesta, superando anteriores experiencias burocráticas y paternalistas con el protagonismo de todos los sectores, a través de diversos organismos de base que garanticen la participación, construcción y defensa del poder revolucionario desde su génesis.

El socialismo es una larga búsqueda y construcción, no sólo una meta a alcanzar en un hipotético momento histórico, por lo cual debe ser permanente dentro de nuestro programa la aplicación de contenidos y acciones que viabilicen dicha opción en el tiempo y espacio, más allá del eventual triunfo de las fuerzas revolucionarias. Siendo mucho más que sus aspectos económicos y políticos, es participación, trabajo colectivo, solidaridad, y muchos otros principios y valores que de ser aplicados de manera permanente y creativa, dotan de poderosas armas al pueblo en su enfrentamiento diario con la ideología que lo oprime.

Sobre la vía revolucionaria de confrontación: esta será fruto de una acumulación de fuerzas de tipo social, ideológica, política y militar que permita la derrota del gobierno y Estado opresor. Las formas concretas de enfrentamiento, ya sean insurreccionales o de guerra prolongada, se irán perfilando o combinando en la misma medida que se agudice el conflicto, por lo que es necesario estar preparados para cualquier variante que la propia dinámica y el pueblo generen.

Nuestra estrategia es de carácter Político Militar, porque entendemos que en la perspectiva de la confrontación del pueblo con el sistema dominante, se deberá transitar por diversos períodos en la acumulación y movilización de fuerzas, y combinando formas de lucha tomando en cuenta los escenarios concretos y la correlación de fuerzas, pero sin perder la perspectiva de que es necesario construir fuerzas populares con capacidad de expresarse materialmente en pos del cambio estructural y responder ante cualquier forma de lucha o grado de violencia.

No hacemos de la violencia un fin, pero consideramos una irresponsabilidad no tenerla en cuenta y no estar preparados cuando el momento lo exija, la historia demuestra que la oligarquía y el imperio no dudan en masacrar al pueblo si ven amenazados sus intereses políticos y económicos. Por tanto los revolucionarios debemos estar dispuestos ideológica y técnicamente para tales niveles de confrontación, haciendo de la violencia revolucionaria un medio determinante en la defensa o avance de las fuerzas populares.

El objetivo estratégico de nuestra política militar apunta a construir la fuerza material para que la organización política del pueblo pueda responder a las necesidades de la confrontación armada y, al mismo tiempo, esté en condiciones de articular fuerzas armadas que aseguren, defiendan y representen los intereses populares. El movimiento revolucionario no puede esperar una insurrección o guerra popular espontánea sino que debe dirigir sus esfuerzos en el seno del pueblo para prepararla y organizarla, el movimiento revolucionario no impulsa este proceso construyendo por fuera del movimiento popular ni lo resuelve en su totalidad con aparatos "especiales", así como tampoco debe confiar en el paso espontáneo de parte de las fuerzas armadas a las filas populares.

Estrategia y táctica para el período
Para alcanzar nuestros objetivos estratégicos se requiere generar una correlación de fuerzas sociales, políticas y militares que logre disputar el poder a las fuerzas dominantes. Por lo tanto, el objetivo fundamental de nuestra política del período es la reconstrucción de Movimiento Popular, teniendo como fuente de esta práctica territorios y sectores concretos, generando las condiciones para que los sujetos sociales alcancen mayor madurez y participación, y se hagan protagonistas del proceso revolucionario. Concebimos a este Movimiento Popular como una amplia fuerza del pueblo, conciente y politizada, organizada en torno a sus demandas sectoriales y nacionales, para enfrentar las políticas neoliberales y sus efectos en los diferentes sectores, ya sean estos; poblacionales, estudiantiles o de trabajadores.

En función de la construcción de dicha fuerza hemos descartado la inserción en la institucionalidad, llámese alcaldías, parlamento o presidencia, como paso posible para la mencionada reconstrucción. El régimen político imperante está en general diseñado para cerrar el paso o bien absorber y cooptar expresiones políticas distintas a la del bloque en el poder, situación que en un contexto de desventaja o desorganización de los sectores populares y revolucionarios a escala nacional, vuelve estériles los diferentes intentos de enfrentarlo "desde adentro", de hecho dichas políticas no han logrado siquiera estar "dentro".

Nuestra política en el plano social apunta a la independencia política de las organizaciones populares en relación con los gobiernos y Estado capitalista, a la convergencia de las organizaciones sociales en torno a la lucha reivindicativa y a objetivos comunes; a la generación de plataformas de lucha a nivel territorial y sectorial. La futura expresión de este desarrollo es la creación de focos o embriones de Poder Popular a través de la acción directa de los organismos sociales y políticos en un sector, mediante asambleas, control territorial, construcción de espacios alternativos de desarrollo social, cultural y económico, entendiendo como espacio territorial a todos los sectores sociales coordinados de una zona o región: pobladores, estudiantes y trabajadores.

En cuanto a lo político, el proceso de construcción del período contempla la convergencia de las organizaciones revolucionarias, la cual deberá lograrse a partir del fortalecimiento de nuestra propia organización, y sustentado en una correcta y sana política de alianzas con todos los que luchen en contra del sistema establecido. La flexibilidad es la base de nuestra política de relaciones con todos aquellos que desde distintas posiciones adopten objetivos inmediatos y estratégicos similares a los nuestros. Anteponiéndonos a los esquemas sectarios, autoreferenciales y rígidos

Militarmente hablando, la autodefensa y el trabajo combativo de masas representa una de las formas de actividad político militar más importantes para el período, acompañando nuestro desempeño en el plano general de la construcción, formando, planificando y desarrollando la lucha callejera, la protección, la información, etc.

Sobre la política de alianzas: estratégicamente, debemos iniciar la construcción de un eje revolucionario que potencie la intervención de este sector en el movimiento social. En la actualidad esta tarea estará dada por los esfuerzos que nuestra organización hace por lograr la convergencia de organizaciones revolucionarias de variados signos. Un proceso de esta envergadura puede tener varias facetas, incluso facilitarnos la constitución de un polo revolucionario mayor, acompañado también de relaciones o alianzas con organizaciones revolucionarias hermanas del continente y el mundo, para la unificación e intercambio de las luchas.

Nuestra política de alianzas para el periodo busca la articulación de todos los sectores explotados y dominados que sean opositores al neoliberalismo, o que por su posición y condiciones objetivas pueda desarrollar una conciencia contra el modelo. Esto nos lleva a movernos entre las fuerzas políticas existentes y aquellas que representan a estos sectores sociales. Esta política de alianzas para el período tiene un contenido patriótico, democrático, nacional y popular, lo cual nos plantea una amplitud que puede ir más allá del ámbito revolucionario.

Sobre el internacionalismo: debemos dar un contenido concreto a la idea del internacionalismo. Sobre todo si debemos enfrentar al enemigo común imperialista, como único camino para poner término al sistema explotador en la región. Entendemos el Internacionalismo como la cooperación entre organizaciones revolucionarias que defienden y postulan una sociedad justa y digna, permitiendo así el intercambio de tácticas, estrategias y luchadores, sin el sentido avasallador que el Neoliberalismo representa, respetando la cultura de los pueblos, tradiciones, costumbres y formas de luchas. Nuestro proyecto se plantea abrir o estrechar lazos internacionales, partiendo por las organizaciones revolucionarias hermanas del continente, que tienen busquen objetivos similares a los nuestros, independiente a sus respectivas formas o medios de alcanzarlos. Generar iniciativas de debate político, cooperación e intercambio en ámbitos como la formación, la difusión y la colaboración, con carácter bilateral o colectivo.

Sobre el programa de lucha para el período: los primeros pasos se darán al calor de la lucha contra nuestro enemigo inmediato, es decir las políticas neoliberales y sus sostenedores. Esta lucha se basa en la defensa y conquista de los derechos humanos bajo un concepto integral, es decir los derechos políticos, económicos y sociales. Haciendo que la lucha por la dignidad nacional sea nuestra guía inmediata; luchar por todo aquello que haga la vida mejor para todos, que satisfaga no sólo aspectos estrictamente materiales de la vida, sino también el enriquecimiento de nuestro espíritu y cultura, lo que incluye la satisfacción de ser parte de un pueblo organizado que puede construir su propio destino.

El eje ordenador para la construcción, la lucha y la convergencia, es para nosotros el impulso del Programa Patriótico de Desarrollo, propuesta Rodriguista que busca recoger las aspiraciones y necesidades más urgentes y sentidas por las grandes mayorías nacionales empobrecidas y explotadas por el modelo económico y social dominante.

En lo político, luchamos por: Alcanzar una auténtica soberanía popular, una democracia que interprete y defienda los derechos y la participación de los trabajadores y el pueblo en general, donde los derechos políticos no sean acaparados por el poder del dinero y la propiedad. Esto implica terminar con la Constitución de 1980, y avanzar hacia una nueva constitución que represente las grandes aspiraciones del pueblo, una plena soberanía popular expresada en un Estado Patriótico, Democrático, Popular y Revolucionario responsable en los hechos de la satisfacción de las necesidades básicas de la población como el derecho al trabajo, a la salud, a la vivienda, a la educación. Esta tiene que consagrar la preservación del patrimonio nacional, sus riquezas naturales y bienes, y garantizar el derecho a la participación informada de la población en las decisiones sobre el rumbo del país.

En el plano internacional, levantar una concepción de integración alternativa, justa y solidaria, entre nuestros países, basada en la cooperación, que potencie nuestra posición como latinoamericanos. Esta concepción de integración significa romper con el neoliberalismo y sus políticas, y su aplicación debe realizarse de conjunto con otras políticas, como parte de un Proyecto Patriótico de Desarrollo de nuestros países, que haga crecer la industria, la investigación científica y tecnológica incorporando sus resultados en el aseguramiento de los derechos económicos y sociales de los habitantes. Lo anterior implica el rechazo al ALCA y la anulación de los tratados de libre comercio con los EE.UU. y con Europa, que sólo favorecen a una minoría de financistas locales y extranjeros. Se debe exigir transparencia sobre este tipo de negociaciones, y que ningún tratado o ingreso a mercados o zonas de mercado pueda ser aprobado sin la participación informada y directa de todos los chilenos, por la vía de una consulta o plebiscito, como ya se ha hecho incluso en algunos países europeos.

Nuestra posición latinoamericanista contempla la lucha por el término de la intervención imperialista en nuestro continente, en particular la injerencia del FMI y el Banco Mundial -a través de la deuda externa- en las políticas internas de los países, la clausura del Plan Colombia, bases militares y otras estrategias o mecanismos de intervención norteamericana en la región. Asimismo, como latinoamericanos debemos exigir el término inmediato del bloqueo y la agresión constante del imperio a la revolución y el pueblo Cubanos, así como de todas las prácticas que pretenden detener el avance de la lucha de los pueblos.

En lo económico, luchamos por: Una política que erradique el modelo económico neoliberal y se ponga al servicio de las necesidades de la población, para lo cual no bastaría que el Estado reconozca constitucionalmente su responsabilidad sino además asegurar materialmente el cumplimiento de esta. Para ello es imprescindible implementar una economía de carácter planificado y una estrategia de redistribución de los ingresos y la riqueza nacional, superando en lo inmediato las secuelas de la crisis económica, revirtiendo el desempleo, permitiendo el acceso igualitario a una salud, educación dignas y gratuitas, y resolviendo el problema del endeudamiento de millones de chilenos en la vivienda y los servicios básicos.

Una política de industrialización del país que destine grandes inversiones en la investigación científico técnica, como en las zonas con ventajas comparativas. También el resguardo a la micro, pequeña, mediana industria nacional. Uno de los primeros pasos de esta política será la recuperación de la capacidad productiva del país y la defensa de los recursos naturales, para lo cual es necesario antes que todo poner fin inmediato a todas las privatizaciones de empresas e instituciones estatales, revisión de los resultados de las ya realizadas, fin a la entrega de la infraestructura, proyectos mineros, pesqueros y forestales a empresas transnacionales.

Una política en pos de recuperar la soberanía e independencia del país en términos económicos, que le permita cumplir cabalmente sus objetivos, para ello es indispensable trabajar en la perspectiva de una correlación de fuerzas para el no pago de la deuda externa. Desde el punto de vista económico y moral, continuar pagándola constituye un atropello a la dignidad y soberanía nacional. A esto hay que agregar el hecho de que los países subdesarrollados como Chile deben cumplir con los pagos de la deuda, aún en períodos de crisis económica, lo que entre otras cosas significa que la burguesía intensifica la explotación de los recursos naturales, acercándose peligrosamente a los límites impuesto por la naturaleza, implicando esto, un alto grado de depredación y de transferencia de soberanía.

En lo social, luchamos por: Una política que siente las bases para generar una capacidad permanente del Estado de asegurar el acceso de todos los chilenos a servicios y derechos fundamentales, terminando con su carácter mercantil. Esta plataforma es una base general, un instrumento para comenzar a avanzar, la alternativa del pueblo es un proceso dinámico en que nuestra política y nuestras propuestas se van enriqueciendo o incluso rectificando en la medida del desarrollo de la lucha social y política, y que deben complementarse con las proposiciones que respondan a las reivindicaciones específicas de cada sector social.

¡Sólo la lucha nos hará  libres!