¡¡Sólo la lucha nos hará libres!!

¡¡Hasta Vencer O Morir!! Helicóptero de rescate
rodriguistas@fpmr.org

¡PARA SEGUIR LUCHANDO! ... ¡Fuerza Popular, Revolución y Socialismo!




Sueños rebeldes y libertarios
Pedro Ortíz, Mauricio Gómez Lira y José Miguel Martínez


Ningún héroe cae en vano ni ninguna idea se pierde en el ondular del viento,
cuando hay hombres y mujeres capaces de tomarlas y desarrollarlas
para hacer fuerte el largo camino de la revolución social

 
  A diez años de la "Operación Dignidad" o Fuga de la Penitenciaría del 10 de octubre de 1992 -en la cual cayeron en desigual combate contra un enemigo cobarde nuestros hermanos Pedro Ortíz, Mauricio Gómez Lira y José Miguel Martínez-, seguimos creyendo que el mejor tributo que podemos rendir los rodriguistas a los combatientes caídos, es concretar el proyecto por el cual éstos entregaron sus vidas; haciendo de la lucha por la transformación revolucionaria de la sociedad, una lucha incansable contra la injusticia y la opresión, una opción de vida, tal como ellos la practicaron. Una opción que el Pedro, el Pum Pum y el Palito tomaron y asumieron sin vacilar, entregando en cada acción, por simple que haya sido, lo mejor de sí, sin dar espacio al egoísmo ni la mediocridad, consecuentes con los valores y principios que hemos sustentado los rodriguistas desde el nacimiento del FPMR.

Hoy queremos dedicar y ratificar nuestro compromiso de seguir adelante con la idea de consolidar al Frente como alternativa revolucionaria, mediante un proyecto político que represente los anhelos populares, en homenaje a todos los hombres y mujeres de este pueblo, caídos, detenidos o desaparecidos, que han tenido la valentía de sobrepasar sus limitaciones humanas e intereses personales, por la causa de la libertad y el combate contra el sistema capitalista administrado por los gobiernos neoliberales de turno, ya sea civiles o militares.

Resistir, Sumar y Fortalecer el Movimiento Popular

¡Hasta Vencer o Morir!

[octubre 2002]

 

Las alas rotas de la libertad
Bajo este cielo tan azul en pleno (octubre)
Tan azul el día bajo este cielo azul
Que incluso morir sería hermoso
Doloroso injusto tristemente hermoso
Como mueren los hombres y nada más...

(Andrés Tangen)

Una transición bajo la impronta del neoliberalismo y el Estado policial
El año 92 llegaba a su fin y los grandes cauces por los que fluiría la política de la Concertación estaban ya claramente definidos. Atrás quedaban las promesas electorales de derogar la ley de amnistía, que hubiera permitido el enjuiciamiento de los violadores de los derechos humanos. Pinochet seguía a la cabeza del Ejército y el Informe Rettig enmarcaba las violaciones de los derechos humanos en los estrechos márgenes de la “justicia en la medida de lo posible” según Aylwin. El gobierno y la derecha unían fuerzas para imponer la amnesia sobre nuestro pasado reciente y consolidar la impunidad para el trágico saldo que habían dejado los 17 años de la guerra desatada por la dictadura militar contra las organizaciones políticas y sociales populares: más de tres mil muertes y desapariciones forzadas, medio millón de torturados y decenas de miles de presos políticos.

Las legítimas aspiraciones de justicia, democracia plena y bienestar económico de la sociedad chilena no contaron con los amarres negociados a espaldas de la sociedad chilena por los políticos y los militares. Hoy, a más de una década de gobiernos de la Concertación, para todos está claro que la impunidad se ha institucionalizado, que se profundizó el modelo económico neoliberal y, en el plano institucional, que rige una Constitución espuria.

La política de Seguridad ciudadana significó un incremento de los recursos económicos y humanos destinados a reprimir un supuesto aumento de la delincuencia común y la creciente militarización de los cuerpos policiales. Guiados por intereses comunes, la derecha y los gobiernos concertacionistas fortalecieron el Estado policial, no depuraron los organismos represivos ni modificaron la dependencia administrativa de las instituciones policiales al ministerio de defensa. El gobierno no sólo ha justificado y respaldado las violaciones de los derechos humanos cometidas por los organismos policiales durante su administración, sino que ha alentado y respaldado sus arbitrariedades y abusos. A coro con los políticos de derecha y los altos mandos de la policía, elogia sin reservas su “profesionalismo” y avalando tácita y explícitamente las prácticas de intimidación y represión directa, con el consiguiente menoscabo del respeto a los derechos ciudadanos. Por lo demás, el clima de impunidad reinante refuerza las conductas policiales abusivas, las que penetran todos los aspectos de la vida política de nuestro país y transforman en pura retórica las declaraciones sobre la existencia de un Estado de derecho y la igualdad de los ciudadanos ante la ley en nuestro país.

Esta situación de injusticia no podía menos que suscitar resistencias. Abogados y organizaciones de derechos humanos han denunciado insistentemente la militarización de los organismos policiales y las torturas en las cárceles y detenciones, especialmente por parte de Carabineros y gendarmería, como también la existencia y atribuciones excesivas de la Justicia militar.

Las organizaciones políticas revolucionarias fueron el principal blanco de los organismos de inteligencia y seguridad del gobierno, desatando hacia ellas una represión selectiva. En su mira estaban el MIR (EGP), el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y el Mapu Lautaro. Para esta nueva “guerra sucia” el gobierno creó la DISIP u “Oficina” (organismo de inteligencia), aumentó la dotación policial, ofreció delación compensada a los detenidos y captó a ex presos y militantes de organizaciones revolucionarias, murieron en enfrentamientos y falsos enfrentamientos 70 personas y fueron encarcelados centenares de militantes de organizaciones revolucionarias.

En las cárceles de los gobiernos de la Concertación, ha sido frecuente la denuncia de maltratos, torturas, muertes y el hacinamiento de los presos comunes, para quienes no existe ninguna política de rehabilitación. Para los presos políticos, torturas, tribunales militares, condenas prolongadas, cárceles de alta seguridad y un régimen interno de aislamiento interno y externo de características inhumanas. Estas cárceles son cárceles de las que “hay que puro irse”, como decía un papelógrafo tras la fuga de diciembre de 1996.

La libertad, una legítima aspiración
Para los rodriguistas encarcelados, la libertad es y ha sido siempre el objetivo principal de la lucha. Una libertad digna, ganada con mano propia. Esta convicción guió a ocho presos políticos, todos detenidos con posterioridad al 11 de marzo de 1990, a intentar una fuga por la puerta de ingreso de visitas de la ex Penitenciaría de Santiago. A 9 años de ocurridos los hechos, las repercusiones de esta fuga, marcada a hierro candente por la traición y el crimen, siguen estando vigentes.

Pedro Ortiz Montenegro, el único que portaba un arma de bajo calibre, había asumido la responsabilidad de cubrir la huida de sus compañeros. Fue el primero en caer herido bajo las balas de Gendarmería. Su hermano Patricio regresó para ayudarlo, siendo también herido y dado por muerto. Mauricio Gómez Lira y José Miguel Martínez Alvarado, ya heridos, corrieron a ocultarse en el jardín de unas casas cercanas, pero fueron alcanzados y brutalmente asesinados cuando se encontraban en el suelo: Mauricio había recibido 9 disparos y fue rematado de dos tiros en la cabeza; José Miguel, con 11 disparos en el cuerpo, fue rematado de dos tiros en la cabeza y Pedro, con 15 disparos en el cuerpo, fue rematado de 2 tiros en la cabeza. Sólo Pablo Muñoz y Patricio Ortiz fueron recapturados, en tanto que Francisco Díaz Trujillo (que moriría en la comuna de El Bosque en 1998), Manuel Venegas y Luis Moreno pudieron romper el cerco policial.

El cielo de octubre se había oscurecido con la sangre de Pedro, José Miguel y Mauricio. Para ellos la libertad era un derecho irrenunciable por el que estaban dispuestos a arriesgar la vida, una convicción que habían adquirido en la exigente escuela de la lucha contra la dictadura. La libertad, concebida como el valor básico de una vida digna, determinó siempre su conducta en las organizaciones sociales y políticas en las cuales participaron activamente desde muy jóvenes. Quienes los conocieron no olvidan a José Miguel, buen y estudioso compañero, la fuerza y dignidad de Mauricio, “Pun-Pun”, y la sencilla entrega e inteligencia de Pedro. Su entusiasmo, compromiso y alegría de vivir dejaron huellas indelebes en la historia de la Feses, en el trabajo poblacional rodriguista y en la organización a la que tanto amaban, el FPMR.

Habían sido detenidos y encarcelados gracias al paciente trabajo de los organismos de inteligencia de la Concertación y estaban siendo procesados en aplicación de leyes injustas y discriminatorias, heredadas de la dictadura: asociación ilícita terrorista, ley de control de armas, etc. Para los tribunales, comprometidos con la dictadura y la impunidad, era un delito militar en una organización como el FPMR, que rechazaba la impunidad a las violaciones de los derechos humanos, reivindicaba la soberanía nacional y aspiraba a un país con justicia social y verdadera democracia.

Las garras de la represión
Según la prensa, ya a principios de septiembre el Gobierno había recibido un informe de organismos policiales sobre la planificación de una fuga, información obtenida fruto de una traición que no se olvida.

Un rol destacado en la represión de la fuga le cupo a funcionarios de Gendarmería y de la Oficina, entre los cuales Isidro Solís, Hugo Espinoza, Claudio Martínez y Nelson Mery, especializados en la represión, tortura y trabajo de inteligencia hacia el FPMR, MIR (EGP) y el Mapu Lautaro. Todos ellos ocupan hasta hoy cargos destacados en estos mismos organismos y a Espinoza y Mery se les vincula a labores represivas y desapariciones bajo la dictadura. De Belisario Velasco, en ese entonces ministro del Interior subrogante, dependían los servicios de inteligencia y seguridad del gobierno. A Velasco le correspondió entregar el respaldo del gobierno a Gendarmería y Carabineros por su actuación durante la fuga, en conferencia de Prensa realizada en La Moneda: “Estamos en un Estado de derecho, la ley debe ser respetada por todos, y Gendarmería y Carabineros sólo cumplieron en forma eficiente, con riesgo de sus vidas, con su deber”. Se negó a nombrar un ministro en visita y hasta el día de hoy ninguno de los gendarmes y funcionarios de Carabineros que participaron en estos luctuosos hechos fue sometido a proceso judicial o institucional.

Desde todos los sectores políticos del gobierno, hubo palabras para celebrar la muerte de los tres compañeros fugados y para exigir que se reprimiera sin contemplaciones a los “terroristas”. El DC Jaime Ravinet se pronunció “a favor de la pena de muerte para estos terroristas insanos que quieren destruir el proceso de reconstrucción democrática”. El diputado y secretario general del PPD, Jorge Schaulson, llamó a la “unidad nacional para luchar contra los grupos terroristas y combatirlos hasta terminar con ellos” y Luis Pareto, Intendente metropolitano, calificó la fuga como “un hecho delictual lamentable”. Estas declaraciones retratan de cuerpo entero a quienes llegaron al poder “con mano ajena” y que no tuvieron reparos para convivir en el Congreso con un genocida como Pinochet.

Sólo la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, encabezada entonces por Eduardo Barrios, llamó a una marcha para solidarizar con los estudiantes de la Universidad de Chile asesinados y, junto con el Codeju, exigieron un ministro en visita.

El rodriguismo: un compromiso con la libertad
Cuatro años más tarde, la libertad con que soñaron Mauricio, José Miguel y Pedro, tocó nuevamente a las puertas de la Cárcel de Alta Seguridad. Con sus nombres en la memoria, el 30 de diciembre de 1996, Mauricio, Pablo, Patricio y Ricardo, emprendieron un vuelo victorioso hacia la vida y la libertad, rindiendo homenaje a sus compañeros inolvidables de luchas y sueños.

Cada 10 de octubre, los rodriguistas honramos la memoria de Mauricio, José Miguel y Pedro, asesinados al ejercer el legítimo derecho a la libertad. Al honrar la memoria de estos inolvidables compañeros, honramos la memoria de todos los luchadores caídos durante los gobiernos de la Concertación.

Porque “el aire es libre y ser libre es todo”, como escribió Mauricio Gómez.

Por la memoria de nuestros héroes...

Ni un minuto de silencio, toda una vida de combate

[septiembre 2001]

¡Sólo la lucha nos hará  libres!