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Los Orígenes del FPMR
Presentación.
Los argumentos procuramos entregarlos de acuerdo a fuentes reconocidas y posibles de consultar pero en la inmensa mayoría de los casos, y no puede ser de otra manera por el carácter mismo de esta historia, las opiniones y datos corresponden a testimonios de participantes directos en los hechos narrados. Cuando no contemos con antecedentes sobre algún suceso en particular quedará explícitamente dicho. Por otra parte sabemos que toda la historia de la lucha contra la dictadura esta llena de acontecimientos importantes protagonizados por militantes de otras organizaciones revolucionarias y partidos políticos de la izquierda chilena. Con esta incuestionable salvedad, intentaremos reconstruir fragmentos de esta historia relacionada casi únicamente con el Partido Comunista de Chile y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
Hasta ahora desde muy lejos de la experiencia y muchas veces torciendo la mano a la verdad se ha escrito sobre la historia del FPMR. Sabemos que podrán manipular la historia, mucho mas hoy que quieren confundir a todo luchador social y político con terrorista. La dictadura se atribuyó “todo el derecho” a torturar, asesinar, desaparecer, perseguir, encarcelar a cientos de miles de chilenos. Destruyó la vida de miles de hogares en una guerra inventada, donde el Terrorismo de Estado fue su principal instrumento. La lógica del poder fue repetida hasta el hastío por su prensa y sus grandes medios de difusión. “No puedes ni debes resistir, no puedes ni debes defenderte, no puedes ni debes usar las armas para vivir y recuperar tu dignidad violentada. Si lo haces... eres terrorista”
Introducción
En la medida del desarrollo de esta investigación hemos encontrando un numeroso y significativo grupo de acontecimientos y participantes que de una u otra manera se vieron involucrados consciente o inconscientemente en la creación del FPMR. El Partido Comunista de Chile (PCCh) fue el máximo responsable en su creación, pero ni fue absoluto este papel, ni fue en un corto, diáfano y apacible período. Esto es un hecho objetivo que en la medida del desarrollo de este trabajo lo iremos demostrando. El Partido Comunista ideó, gestó, organizó, fundó al FPMR. Enunciado que abarca a un partido, porque otro asunto tan objetivo como el anterior fueron los casi diez años de una compleja lucha ideológica en su interior que significaría no solo el nacimiento del frente, sino toda una concepción político militar que desembocaría en la política de Rebelión Popular con un complejo de estructuras no tan famosas pero tan importantes como el FPMR. Fueron comunistas los que más hicieron porque naciera una concepción militar que a la postre significaría el nacimiento del FPMR, como también comunistas fueron los que se opusieron constantemente al desarrollo de esa concepción militar dentro del propio PCCh.
El nacimiento y desarrollo del FPMR fue una “conquista histórica del pueblo” interpretan algunos sectores de revolucionarios, “un oprobio a la patria chilena” suelen señalar los sectores más reaccionarios, un “error político del PCCh” afirman algunas publicaciones de partidos que se auto califican del centro político nacional. “Un mal paso que nunca debimos dar” señala más de un viejo dirigente del PCCh. Obviamente la existencia del FPMR casi siempre se ha visto bajo el prisma de su papel en la política nacional y no como un hecho objetivo producto, en términos más generales, de la lucha de clases en el país donde el golpe de estado de 1973 y sus brutales consecuencias jugaron un papel determinante en su nacimiento, y en términos más específicos, fue resultado de las contradicciones y lucha ideológica que se vivió al interior del PCCh en este crucial período de la historia política nacional.
Esta lucha ideológica tiene rostros y decisiones, situaciones adversas y otras favorables propiciadas por hombres que actuaron en determinados contextos políticos e históricos y que influirían positiva o negativamente en el nacimiento y posterior desarrollo del FPMR, y toda la historia necesariamente cruzada por una enmarañada mezcla de subjetividades a veces francas y transparentes otras veces sórdidas e irresponsables. Al transcurrir más de 25 años de los primeros y precursores pasos dados en relación directa con esta historia (1974-1975), todas esas decisiones y subjetividades influirían inexorablemente en hombres y mujeres que entregaron su vida a una idea que consideraron justa. Ante este marco de la creación “oficial” del FPMR un 14 de diciembre de 1983, es imposible no recordar a todos los que perdieron su vida, pensar en todos aquellos que quedaron huérfanos frente a una escenario económico y social para el cual no los prepararon. Pocos han logrado en medio de indescriptibles dificultades sobrevivir con relativo éxito en esta sociedad del consumo y la individualidad que reina en el nuevo milenio. Desde diversas posiciones todavía quedan algunos pocos intentando salvar aquel segmento hermoso y digno que tiene esta historia.
Escenario que obligó al cambio y pavimentó el camino hacia el FPMR.
El proyecto popular por esencia y definición, desde 1952, en que por primera vez se postula Salvador Allende con casi el mismo respaldo en los principales partidos políticos que lo secundarían hasta el año del triunfo en 1970, carecía de toda idea o posibilidad de cómo defender tales cambios en el terreno militar. “No a la guerra civil” fue una de las últimas consignas que guiaron a su militancia y sectores populares. No había la más mínima capacidad de resistir a tan brutal y profundo golpe. Los partidos populares conductores del proyecto de la “vía chilena al socialismo” no podían en ese entonces conducir, responder u organizar una guerra. Esta incapacidad esencial desmiente todas las acusaciones que la derecha hacía a los partidarios del Gobierno Popular de preparar “golpes”, “masacres” o “toma total del poder” de forma violenta en los años anteriores al golpe militar de 1973. Múltiples son los argumentos que sustentan esta realidad, pero creemos que en última instancia, no podrían hacerlo básicamente porque el proyecto de la Unidad Popular no contemplaba dicha variante, no podían estar preparados ni preparar al pueblo para defenderse en esa guerra pues nunca de manera oficial y planificada se contempló tal posibilidad. No existía una concepción política, ni militar, ni estratégica que contemplara a la guerra como un medio necesario y predecible en el camino de la revolución. Con toda razón el secretario general del PCCh Luis Corvalan declararía cuatro años mas tarde en el conocido Pleno de 1977, “en ese momento no podíamos hacer otra cosa, llamar al pueblo a la resistencia hubiera sido una masacre”. Años más tarde muchos comunistas aprenderían que una respuesta en ese terreno debía pasar por un cambio radical en las bases del proyecto y por una prolongada y compleja preparación multilateral de todos los partidos y los sectores populares que participaron del Gobierno Popular. Cuando muchos avizoraban el golpe en 1973 ya no había tiempo para tan profundo cambio y de todas maneras aún se carecía de tales ideas. En realidad en ese entonces sólo quedaba hacer lo que se hizo, resistir el golpe de aniquilamiento a los partidos y organizaciones sociales y reorganizar un funcionamiento básico en medio de increíbles y complejas condiciones.
Todos saben que en Chile no hubo ninguna guerra, no podía haberla, fue una virtual masacre primero desordenada y cruel, después dirigida y aterradora. Los principales responsables están en los sectores políticos de la derecha tradicional chilena, en sus fuerzas armadas, en políticos democratacristianos, en los EEUU. El golpe no se gestó en poblaciones ni fabricas, fue coludido entre cuarteles, embajadas y barrios elegantes. Pero las responsabilidades no terminan allí, aunque diametralmente opuestas por forma y contenido, los partidos populares conductores de esa singular “ vía chilena al socialismo” apreciaron a un país distinto, a unas fuerzas armadas que no eran lo que suponían, a partidos políticos “democráticos” que escondían su anti-democracia, a una derecha con histórica tradición de violencia, competente y capaz de las más infinitas crueldades si se trata de mantener el poder. Apreciar un país que no era, determinó un proyecto erróneo por definición. Se podía conquistar parte del poder político más no se podía predecir ni remotamente el insospechado escenario que se dibujó en el país a partir de septiembre de 1973. Los ideólogos de aquel proyecto no podían protegerse ni enseñar a proteger la integridad física ni los sueños y esperanzas de parte importante de la población y sus dirigentes. Allí está parte de la cuota de responsabilidad de los conductores de un proyecto derrotado.
Después de 1973 este escenario brevemente descrito ha tenido múltiples y contradictorias interpretaciones. Independiente a esto, pudiendo aceptar muchas variantes, es allí donde comienzan a gestarse hasta por pura lógica reacción, formas distintas de lucha a las que tradicionalmente impulsaron los comunistas durante tantos años. La derrota y la responsabilidad sobre el proyecto fracasado no están expresadas por resentimientos ni son un mero ejercicio intelectual, en medio de ella se produciría un quiebre en el pensamiento tradicional de no pocos comunistas. Para muchos esos primeros años después del golpe fueron de una dramática impotencia, fueron tiempos de un desamparo humillante. Esta realidad provocaba interrogantes, culpabilidades y una instintiva necesidad de protegerse combatiendo. En medio de las torturas, en los centros de detención masiva, en la posterior soledad de lejanos campos de concentración, en un exilio reciente, no había muchas posibilidades de estudio y abstracción, sí mucho dolor e impotencia por lo ocurrido. Y todos aquellos que a pesar de las condiciones siguieron en el país, sobreviviendo en una precaria clandestinidad sólo pudieron resistir, reorganizarse y esperar.
No pasaría mucho tiempo y a pesar de los serios peligros y de una compleja lucha ideológica, desde el mismo 1974 y en los años subsiguientes, sin que ninguna política coherente y elaborada pudiera guiar tales actos, salieron determinados hombres y mujeres de la clandestinidad, de los campos de concentración y del exilio a preparase en el exterior. Las motivaciones pueden ser numerosas y a pesar de carecer de un proyecto político militar para el futuro, ya existía en muchos una vaga pero profunda convicción de que toda esa vejación e indignidad nunca más la volverían a padecer ni ellos ni su gente. La casi totalidad de los primeros combatientes y todos, absolutamente todos los miembros iniciales de la Dirección Nacional de lo que sería años después el FPMR, fueron jóvenes comunistas o eran niños hijos de comunistas que vivieron o sufrieron personalmente cualquiera de esas historias.
La primera Tarea Militar del PCCh.
La solidaridad mundial con los perseguidos por la dictadura en corto tiempo se transformaría en un vasto movimiento internacional, cientos de miles de exiliados recorrieron el mundo recibiendo protección y posibilidades de desarrollo. Cuba se distinguiría, a pesar de sus carencias, como uno de los principales países donde se refugiaría parte del exilio. En 1974 Cuba no solo ofrece albergue y seguridad, el PCCh recibe el ofrecimiento de preparar militantes en diversas especialidades militares a un largo plazo independiente a las complejas circunstancias que en ese entonces se vivían. El carácter de la preparación ofrecida rebasaba con creces lo que hasta entonces se venía haciendo, se trataba de preparar cuadros militares profesionales en largos años de instrucción y entrenamiento. Los dirigentes que pudieron discutir tan “extemporánea proposición” aceptarían el ofrecimiento. Por todo lo que ocurriría en los años venideros donde cada decisión política en el terreno militar fue resultado de laboriosas búsquedas y largas disputas ideológicas al interior del PCCh, podemos suponer que tal decisión, en tan anormales condiciones de funcionamiento interno, fueron los primeros pasos de un largo camino lleno de contradicciones, cambios y retrocesos para incorporar el “componente militar” (como se le solía denominar en ese entonces), a la línea política del PCCh. Lógicamente por las circunstancias antes descritas en ese momento nadie del PCCh podía darle un sustento político a tal tarea, no podía existir un proyecto que le diera sentido a esta nueva preparación. Solo había una luz larga en el ofrecimiento que coincidió en el tiempo con la necesidad de un importante sector de comunistas de prepararse militarmente para combatir a la dictadura. Como resultado de esta inusual posibilidad el propio PCCh —a través de este grupo— incorporaría un nuevo arsenal político-ideológico y teórico-técnico en el terreno militar, al inevitable proceso de transformación que estaba viviendo. En ese entonces la dictadura se distinguía por su crueldad entre similares y las posibilidades de un pronto retorno a una relativa normalidad en el país desaparecían en el tiempo. Esos fueron en general los acontecimientos que originaron lo que por muchos años se denominó como “La tarea Militar del PCCh”.
En los primeros meses de 1975 comenzó esa larga y profunda preparación de un numeroso contingente de jóvenes comunistas. Es probable que nadie pueda cuantificar su número. En los primeros años se reunieron en Cuba jóvenes de todas las latitudes producto de la dispersión provocada por el aún fresco exilio, estudiantes universitarios de distintos orígenes y un contingente de estudiantes de medicina que cursaban esa carrera en la misma isla desde 1971, más adelante salieron hacia Cuba desde la clandestinidad, de los campos de concentración y las prisiones. Eran jóvenes estudiantes, trabajadores, dirigentes juveniles intermedios, mapuches, campesinos y pobladores, todos originarios de cualquier parte del país. Las más increíbles expectativas se les daban y se figuraban. Algunos sabían exactamente a lo que iban mientras otros se irían enterando que se trataba de una tarea militar “prolongada” en la misma medida que les cortaban el pelo y les ponían un uniforme militar.
La preparación se dio en las más diversas especialidades de las ciencias militares, de los conocimientos básicos se pasó a prolongados cursos que requerían dedicación e intensos estudios. Años más tarde comenzarían el ejercicio práctico de los conocimientos adquiridos. Allí vivirían las más duras pruebas de aislamiento y sacrificios cotidianos en apartados parajes. En los últimos tiempos previos a 1979 la “tarea militar” se iba transformando en un problema insoluble para la dirección del PCCh al no contar con ninguna perspectiva o plan futuro sobre qué hacer con este contingente de militares comunistas. Los propios jefes inmediatos del contingente más sus dirigentes directos hacían ingentes esfuerzos por darle contenido político y vincular todo aquello a lo que ocurría en el país. Surgían múltiples tareas y algunos contados cuadros comenzaban a cursar los más altos niveles de la educación militar superior. Todo se reducía en ese entonces a señalar a estos militares como “cuadros estratégicos del partido”. Mientras esto ocurría en Cuba, a partir de 1977 otro grupo de jóvenes comunistas pero menos numeroso vivía una experiencia similar en Bulgaria.
Sin lugar a dudas esta preparación se pudo lograr no solamente por la solidaridad de los cubanos, tenía que existir una voluntad política favorable al interior del partido para que así fuera. La organización de los distintos grupos en cualquier parte del mundo y su posterior envío a incorporarse a esta tarea pasaba por un conjunto de reducidos dirigentes. Siempre se contó con algún destacado dirigente que se responsabilizó directamente —aunque desde afuera— de esta tarea. Nunca se contó con ningún cuadro de la máxima dirección del partido ni de su juventud que se incorporara plenamente y como parte del contingente a esta preparación. El nuevo frente que se abría para la dirección del PCCh desde sus inicios enfrentaría no pocas contradicciones. La selección se realizaba masivamente sobrentendiendo que “todo verdadero joven comunista” debería servir para cualquier tarea que se les encomendase, no pocos dirigentes no podían conocer el contenido y carácter de esa tarea que significaba un cambio radical y permanente para toda la vida de esos jóvenes comunistas. Los dirigentes “seleccionadores distantes” desconocían la extrema rigurosidad y sacrificios constantes que exigía la nueva instrucción. En no pocos casos la tarea fue planteada con muy poca claridad y los “seleccionados” se enteraban en Cuba de los propósitos a largo plazo de la misión encomendada. Esta quizás fue una de las primeras consecuencias negativas de la deformación y mal empleo de la conspiración. Más adelante el tiempo que transcurría sin que se vislumbraran perspectivas sobre qué hacer con ese numeroso contingente, entre otras causas, provocaría el abandono de “la tarea militar” de un importante número de estos jóvenes comunistas. Algunos duraron apenas unos días en los centros militares, otros algunos meses y años. Muchos resistieron todo el tiempo esa labor para la cual no tenían ninguna vocación ni preferencia profesional, la entendían como una tarea estrictamente política y por tanto necesaria. Durante esos largos años de preparación se puede afirmar que se incorporaron muchos jóvenes comunistas, y de la misma manera se puede asegurar que fue notable el número de los que abandonaron esa primera gran “tarea militar del PCCh”. En más de alguna oportunidad las contradicciones se agudizaron a tal punto y los abandonos y deserciones eran de tal magnitud que puso en peligro la continuidad de la “Tarea Militar”. La labor de convencimiento de los jefes y responsables políticos directos, unido a la propia convicción de los jóvenes acerca del trascendental paso que estaban dando en sus vidas, lograrían su continuidad a pesar de las crisis y de los detractores que siempre hubo al interior de la máxima dirección del PCCh. (Memorias de Orlando Millas). El resultado positivo quedaría en un grupo de cuadros preparados que habían podido sobrepasar con éxito todas esas difíciles pruebas. El Partido Comunista por primera vez en su historia contaba con un importante contingente propio de militantes especializados en el campo militar, pero que aún a mediados de 1979 no tenía política ni proyectos de donde pudieran nacer sus misiones.
El Frente Cero.
Nicaragua, la experiencia inédita.
Pocos meses duró esa guerra para el contingente de chilenos, aunque como muchos lo señalan, al momento de incorporarse nadie sabía cuanto tiempo duraría el conflicto. Independiente a esto el contingente de comunistas participó con todos sus especialistas en lo que territorialmente se denominó “Frente Sur”. Otros grupos menos numerosos de socialistas y miristas participarían compartiendo en igualdad de condiciones la misma experiencia de guerra. Un numeroso grupo de uruguayos y centroamericanos también combatirían de forma destacada en la guerra.
El Frente Sur correspondía a un pequeño territorio liberado dentro de Nicaragua. De manera esquemática —y únicamente con el interés de situarse geográficamente— el Frente Sur tenía al norte, adentrándose en territorio nicaragüense y a más o menos 6 o 7 Km. de la frontera costarricense, una discontinua línea de trincheras defendida por lo más selecto de las tropas somocistas; al este el gran lago de Nicaragua; al oeste el Océano Pacífico, mientras que en la retaguardia quedaba un apreciable espacio cedido temporalmente por Costa Rica. Las tropas fronterizas costarricenses se habían retirado casi diez kilómetros al interior de su territorio posibilitando el libre tránsito de los guerrilleros por toda esa zona. En todo el conflicto nicaragüense este Frente Sur dentro de un numeroso grupo de “frentes“ que se fueron creando en toda Nicaragua, fue el único que por sus características desarrollaría una guerra prácticamente de carácter regular, cuestión que favorecería el empleo de los conocimientos de los especialistas chilenos. El contingente participó prácticamente en todos los tipos de estructuras organizadas para esa guerra. Desde personal situado en el Estado Mayor tomando decisiones acerca de la planificación y conducción de todo el frente, como en las distintas columnas de infantería junto a los jefes sandinistas que por sectores se distribuían todo el territorio, otros dirigiendo directamente las pequeñas unidades de artillería, en la exploración, en comunicaciones, ingeniería, puestos médicos y demás unidades de aseguramiento.
La misión fue cumplida con éxito, el ex jefe sandinista Humberto Ortega en su libro “Camino de Victoria” evaluaría la importancia de este frente en el contexto general de la guerra. El Frente Sur por el carácter de la guerra que allí se liberó había retenido en esa zona a las unidades mejor preparadas de la Guardia Somocista impidiéndoles su utilización en el interior del país. El Frente Sur aceleró la caída de la dictadura que de todas maneras mas tarde o más temprano sería derrotada por un pueblo que en ese entonces ya estaba insurrecto prácticamente en todo el país. Se salvaron vidas, se ahorraron sacrificios a un pueblo que en su inmensa mayoría anhelaba el fin de la dictadura. Tres chilenos morirían en acciones combativas directamente relacionadas con la guerra. Otros saldrían heridos sin graves consecuencias. Años más tarde otros chilenos caerían en combate en la guerra irregular que se liberó contra los grupos contrarrevolucionarios que apoyados y financiadas por los EEUU combatían a la Revolución Sandinista.
La experiencia para el contingente de chilenos no terminaría allí. Por el desempeño durante la guerra y en correspondencia con sus conocimientos, en corto tiempo irían a jugar un importante papel en la reorganización de las dispersas y guerrilleras tropas sandinistas. A fines de 1980 se daban los primeros pasos en la construcción de un ejercito regular. Fue necesario reducir el numeroso grupo de chilenos internacionalistas. Casi la inmensa mayoría de los combatientes que no tenían especialidad fueron regresando paulatinamente a sus lugares de origen y a sus actividades personales. Se quedaron los profesionales militares y comenzó a llegar un pequeño grupo de profesionales chilenos y de otros países de diversas ramas civiles. Otra vez el contingente fue a cumplir sus misiones en toda la estructura del naciente Ejercito Popular Sandinista, pero en esta ocasión cumplieron sus responsabilidades formando pequeños grupos multidisciplinarios. Estos grupos fueron distribuidos abarcando todo el territorio nicaragüense, en las jefaturas de cada región y en sus principales unidades de combate. Un grupo fue designado al Estado Mayor, a las jefaturas centrales de la artillería terrestre, antiaérea, tanques y en las demás jefaturas de aseguramiento.
Muchos años estuvo vinculado este contingente al Ejército Popular Sandinista (EPS), hasta 1987 aún quedaban algunos chilenos dispersos por Nicaragua. Y no menos importante sería la experiencia de un buen número de jóvenes militares en la lucha irregular contra los grupos y bandas contrarrevolucionarias. El período más intenso de preparación y de inigualables experiencias las vivieron hasta 1983 y parte de 1984. Durante ese lapso el contingente dio un notorio salto en calidad, no solo por el trabajo profesional desempeñado junto a los nicaragüenses en la formación del EPS y en la lucha irregular, sino que sobre todo por la intensa labor interna de instrucción técnica, educación política, preparación de planes, discusiones y múltiples seminarios político-militares donde se discutían los más variados proyectos posibles a implementar en Chile. En no pocos de estos maratónicos seminarios que solían durar hasta una semana se discutiría con reconocidos dirigentes del partido tanto de los que estaban en el exilio como los que venían desde la clandestinidad. Esta posibilidad no solo estaba dada por el propio contingente y su inigualable experiencia sino que sobre todo porque a esa altura el enunciado de “todas las formas de lucha” y los primeros pasos de la “política de Rebelión Popular” dados a conocer por Luis Corvalan en septiembre de 1980 abriría un insospechado torrente de propuestas y proyectos que lejos superaría esos limitados primeros pasos que hacía el PCCh con respecto a la violencia en la lucha contra la dictadura.
En un trabajo de investigación hemos encontrado parte de algunos documentos elaborados en esos seminarios. Estos testimonian el intenso trabajo de indagación que por ese entonces realizaba el conjunto de especialistas militares. Estos proyectos alcanzan a concebir a todo un partido para la guerra en una suerte de acumulación de experiencias del Partido Comunista de la ex URSS y el adoptado por Vietnam para desarrollar su exitosa guerra contra el Imperialismo norteamericano. Estos planes nunca se llevarían a la práctica. La concepción militar que poco a poco se iría incorporando al partido pareciera ser la resultante de una enconada búsqueda y lucha ideológica llena de proposiciones por una parte y limitantes que a cada paso imponían los detractores. Los principales dirigentes del PCCh nunca habían evaluado tan delicados y decisivos temas, una gran mayoría carecía de conocimientos político militares que en alguna medida se trataban se suplir con cursos teóricos en la desaparecida ex URSS.
En esta fase de la investigación no es nuestro propósito hacer una evaluación de la Política del PCCh conocida como “Rebelión Popular de Masas.” Por ahora solo acotaremos lo que de ella interesa en la búsqueda de los orígenes del FPMR. Esta política no fue un compendio acabado y armado en todos sus detalles. Fue todo un largo camino de búsqueda que recién en 1985 vino a tener una expresión medianamente terminada con la Política y el consiguiente Plan de la Sublevación Nacional que nunca se llegaría a implementar. Los documentos de aquellos seminarios carecen de fechas pero entre 1980 y 1982 ya está en teoría un diseño de una estructura militar que obedecía a una concepción teórica conocida como “El Trabajo Combativo Militar del Partido”, concepción que provenía casi exclusivamente de la experiencia soviética. En la práctica el PCCh adoptó el diseño de una “Comisión Militar” como conductora principal de todo el trabajo militar. Un dirigente político, jefe de esta comisión, era el vínculo y responsable directo de todo el trabajo militar ante la máxima dirección del partido. Esta “Comisión Militar” tenía subordinada dos estructuras combativas principales mas otras pequeñas estructuras de información y aseguramientos. Estos pilares del aparato militar del partido eran el —nunca valorado— Trabajo Militar de Masas y la Fuerza Militar Propia que posteriormente recibiría el nombre de FPMR. Con excepción del jefe de la Comisión Militar todos los demás eran “especialistas”. Esta definición es crucial en la política militar del PCCh; esta decisión de dejar tan estratégica tarea a cargo de una “comisión” puede tener las más diversas lecturas y tendría profundas consecuencias futuras que no se pudieron prever en ese momento. Todo este “asunto militar” era un “componente estratégico y determinante en la línea del partido” como señalan documentos de esa época, pero como “componente” al fin, no podía ser conducido de forma directa por la máxima dirección del PCCh ni podía definir el centro de la estrategia partidista.
Ese diseño talvez fue el “único posible” o el “mejor resultado” del empuje y la búsqueda de un sector revolucionario dentro del PCCh que no necesaria y únicamente obedece a los “especialistas”. Es innegable el importante papel jugado por estos “profesionales militares” pero sin toda la labor de muchos comunistas “civiles” repartidos por todo el partido hubiera sido imposible arribar a tales definiciones y estructuras, por limitadas que estas fueran, como años después las calificaría la Dirección Nacional del propio FPMR.
Nace el FPMR y nace el TMM.
A partir de ese año 1980 la lucha política y el combate de importantes sectores populares contra la dictadura comenzaba a tener un franco ascenso. Para ese momento se pasaba claramente a una política ofensiva y es en ese marco que las unidades de combate del PCCh realizaban sus primeros sabotajes de cierta envergadura. En noviembre de 1980 fue la primera voladura de torres de alta tensión provocando el primer “apagón” de consideración ejecutado por estas unidades que afectó a vastas zonas urbanas de Santiago, Valparaíso y Concepción. Esto mostraba una determinada capacidad y coordinación en las nacientes estructuras combativas del PCCh. Parte de estos hombres y estas pequeñas unidades fueron posteriormente la base de donde comenzó a crecer y desarrollarse el FPMR. No necesariamente fueron todos, generalmente cada secretario del PCCh a distintos niveles hacía su propia selección y “entregaba” a sus combatientes para lo que sería el FPMR, a otros los reservaba para sus propias tareas combativas que a comienzos de 1984 formarían el TMM .
Posterior a Nicaragua el colectivo de profesionales militares había ganado prestigio y una relativa importancia ante la máxima dirección del PCCh. En una muestra evidente de esta nueva consideración con ese grupo, como reconocimiento al papel del Jefe y en un intento por acercar y comprometer mucho más a ese colectivo con la vida partidaria, el principal responsable del grupo de especialistas militares fue nombrado miembro del Comité Central del PCCh.
El primer ingreso a Chile de un reducido grupo de estos militares no fue una fácil decisión. La selección y el contenido de la misión a realizar en Chile fue responsabilidad de sus propios mandos, quienes insistieron y presionaron constantemente para poder cumplir esta “misión final” después de tantos años de preparación y experiencias foráneas. Casi año y medio debieron esperar este primer grupo para ingresar al país. Algunos protagonistas recuerdan con nitidez trabas notables, pero otra vez determinados dirigentes del interior propiciaron y favorecerían que el primer grupo de militares del PCCh se incorporaran a Chile en la primera mitad de 1983. Así un pequeño grupo seleccionado fue a formar parte del aún inexistente FPMR y otro, un poco más tarde, se responsabilizaría del TMM, orgánica olvidada y poco conocida pero de incuestionable valor durante el período más crítico de la lucha contra la dictadura. Esta estructura la analizaremos en la segunda parte de esta investigación.
En Julio de 1983 Raúl Pellegrin entra a Chile e inmediatamente se pone a cargo de esta tarea como jefe de la Fuerza Militar Propia. El “futuro” Comandante José Miguel antes de ingresar al país venía con la misión planteada por la ya existente “Comisión Militar” del PCCh. y traía diversas variantes para su estructuración. Desde entonces estaba planteada con claridad la separación en el funcionamiento de esta fuerza y que aparecería públicamente como independiente y sin relación alguna con el PCCh. Esta Fuerza Militar Propia debía transformarse en una estructura especializada en propinar golpes sensibles a las fuerzas represivas, debía ser “un brazo armado del pueblo” capaz de emprender diversas acciones combativas “en apoyo a la lucha creciente de las masas”. A Raúl Pellegrin le correspondió la tarea principal, junto a un reducido número de militares profesionales mas los primeros combatientes entregados por el partido, organizar lo que sería el FPMR. La Dirección del PCCh a través de su “Comisión Militar” le proporcionó el respaldo en infraestructura inicial y los imprescindibles primeros vínculos con los principales jefes y cuadros que se habían destacado en esos primeros años en las tareas de sabotaje en el “Frente Cero” y en otras actividades combativas. En el primer momento no existió Dirección Nacional, apenas una reducida jefatura más las estructuras combativas preexistentes. Según algunos protagonistas, en Santiago comenzaron con apenas 6 pequeñas unidades de combate divididos en dos zonas, dos o tres grupos en Valparaíso e igual cantidad en Concepción. Contaban además con un reducido número de armas cortas, subametralladoras, granadas caseras y explosivos, fruto de un logística centralizada que ya existía en el propio partido.
El pequeño grupo de “especialistas” más algunos destacados combatientes forjados en el país, fueron designados a las principales jefaturas de trabajo recién creadas. Un grupo de jóvenes comunistas y otros no tan jóvenes de las principales ciudades integrarían las primeras unidades o grupos de combate y principalmente la logística del FPMR. En Agosto-septiembre de 1983 ya estaba armada una estructura básica bajo esta nueva concepción de “Fuerza Militar Propia” contando con un reducido número de armamento y medios materiales. En esos meses se siguieron realizando acciones combativas menores, casi ninguna tuvo repercusión ni se publicó en medio alguno. Se consolida la jefatura y se comienza trabajar intensamente en una gran operación que repercutiera en todo el país. La operación se realizó un 14 de diciembre de 1983, un gran “apagón” en las principales ciudades del país.
Sabemos que entre los meses de Julio, después de la llegada de Raúl Pellegrin a Chile y Diciembre de 1983 en la Comisión Militar aparece el nombre de FPMR. Hemos recibido varias teorías acerca de este hecho, pero al no contar con testimonios directos de algún protagonista, desconocemos las particularidades que rodearon a este acontecimiento. Sabemos por testimonios de algunos participantes que el Jefe del FPMR llegó ante sus subordinados con el nombre de la organización uno o dos meses antes del 14 diciembre de 1983, fecha oficial designada como de su fundación. Se reunía así toda una voluntad forjada en la clandestinidad con los conocimientos y la experiencia venida del exterior para fundar el Frente Patriótico Manuel Rodríguez a partir de una decisión política de la máxima dirección del Partido Comunista de Chile. Pero como toda obra hecha por hombres y gestada bajo tan complejas condiciones, se iba a enfrentar a inconmensurables peligros, dificultades e incomprensiones que en ese momento los pioneros del “rodriguismo” no podían dimensionar. Nadie podía dibujar en ese entonces el increíble y complejo escenario que el futuro les preparaba.
(Continuará… )
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