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Los Orígenes del FPMR
(Primera Parte)
Acerca del
Rediseño
Comunicado FPMR:
Cuando la separación (1987)
La Guerra Patriótica
y Nacional (GPN)
Una estrategia abortada
Situación Política y Social
Previa al Nacimiento del FPMR
(1973-1983)
Nacimiento, Desarrollo
y Consolidación del FPMR
(1983-1986)
Ruptura con el PC e Inicio de
una Vida Independiente (1987 - )
Raúl Pellegrín y
el pensamiento del FPMR
Aspectos combativos
de la historia del FPMR
La experiencia
de resistir
Las paradojas
de una guerra
Parte Operativo:
Operación "Patria Nueva"
Reflexiones en un
once de septiembre
Tenemos la fuerza moral
y la voluntad de transformar la sociedad


Reflexiones en un once de septiembre

Miles de veces hemos visto las escenas de los aviones de la Fuerza Aérea Chilena bombardeando con impresionante exactitud el emblemático edificio de La Moneda donde el presidente Salvador Allende resistía y moría. Han pasado casi treinta años de esa mañana del once de septiembre de 1973 cuando todos los chilenos -independiente a cualquier corriente política- fueron estremecidos por aquel aleccionador quiebre histórico en la vida política del país. Para la inmensa mayoría de los lectores de nuestra página el resto de la historia posterior al golpe de estado es conocida con bastante precisión. Todos sabemos del enorme trabajo de la clase política por justificar esa barbarie y todo lo que vino después. Han hecho ingentes esfuerzos por darle legitimidad histórica y en estos tiempo intentan al menos borrar, desaparecer todo su explosivo significado que ha permanecido en la conciencia colectiva de algunos sectores de chilenos dignos.

“Estamos en guerra contra el marxismo” afirmaba el dictador en los días del golpe, mientras previo a ese 11 de septiembre los partidos políticos de la izquierda conductores del Gobierno Popular venían insistiendo machaconamente en el “No a la guerra civil” como un postrer y desesperado recurso de la sui géneris vía chilena al socialismo. A cualquier observador desconocedor de las ambigüedades de la cultura chilena, todo aquello le podía parecer como un magistral absurdo de las paradojas. Los militares, las clase ricas del país usaban la violencia más atroz, el empleo de la lucha armada “como legitima opción” para defender “la libertad y la democracia” impidiendo “a tiempo” que se desatara una supuesta “brutal matanza de manos de los comunistas”. Y por otro lado los conductores del Gobierno Popular apostaban firmemente al “particular carácter constitucional” de las Fuerzas Armadas de Chile, teóricamente “apolíticas y por tradición no golpistas”, diferentes al resto de sus pares en América Latina. “Correlación de fuerzas de las mas amplias mayorías” era una justa pero casi “única” arma principal del proyecto socialista. Era imposible que pudiera contar con masas o contingentes armados para defender al gobierno socialista si el mismo era resultado de un proyecto político que venía gestándose desde 1952 con un carácter diáfano y mil veces reiterado: “no armado”, “vía pacífica”. Podía llegar a ser “violento” dijo el Partido Comunista en más de alguna vez, pero en esencia “no armado”. En la tesis de la vía chilena no estaban contempladas las armas ni para alcanzar sus objetivos, ni para defender sus conquistas parciales como fue el Gobierno Popular.

La esencia de la paradoja: La oligarquía y sus generales matan con brutal saña para impedir la violencia armada de los partidos populares. Pero estos partidos ni son violentos por definición política de sus proyectos, ni están armados porque están convencidos que la oligarquía y los militares no lo son.

Por una parte la izquierda chilena creyó que la oligarquía y sus militares no eran lo que substancialmente eran: violentos -y sin ambigüedades- cuando se trata de defender el poder establecido.

Por otra parte la oligarquía y los militares masacraron a los sectores de la izquierda en particular porque creyeron -o lo quisieron creer- lo que esencialmente esos partidos no podían ser: violentos y armados

¿Ambigüedades del lenguaje o maniobras de propaganda política?. Ni lo uno ni lo otro. El poder establecido demostró con habilidad y capacidad la esencia de la lucha de clases. Defendieron y defenderán el poder. Se sienten “ajustados a derecho” cuando acometen cualquier acción de tal carácter. Son quienes elaboran las estructuras y el soporte constitucional de la sociedad. Después de aquella experiencia del 73 cerraron todas las brechas “legales” intentando impedir la reedición de un fenómeno similar.

De surgir en un futuro próximo -por “vías aún inimaginables“- un proyecto popular y “amenazador” de la siempre eterna estructura de poder en el país, ¿emplearían la violencia otra vez?. ¿Serían capaces de bombardear otra vez?. No haría falta un programa radical ni provocar con “vastas nacionalizaciones” para obtener tal reacción, todo está en que ese proyecto futuro sea nacionalista y amenace la gran propiedad de los principales sectores de la oligarquía nacional y la gran propiedad de las Empresas Transnacionales y volverían -sin titubear- nuevas bombas sobre una “nueva Moneda”, dondequiera y como quiera que ésta se forje. La historia es inequívoca, la violencia siempre ha surgido del poder establecido.

¡Sólo la lucha nos hará  libres!