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Sólo la lucha nos hará libres


PARTIDO COMUNISTA MARXISTA LENINISTA DEL ECUADOR
MOVIMIENTO POPULAR DEMOCRÁTICO

11er. SEMINARIO INTERNACIONAL “PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓN EN AMÉRICA LATINA”
Quito - Ecuador
9 - 13 de Julio de 2007
Universidad Central del Ecuador
Tema: “La Izquierda en América Latina: Problemas y perspectivas”

Compañeros (as):
El Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador y el Movimiento Popular Democrático, como organizaciones de izquierda revolucionaria, tenemos el honor de invitar a Uds. al Décimo Primer Seminario Internacional “Problemas de la Revolución en América Latina” que en esta ocasión abordará como tema de debate: “La Izquierda en América Latina: Problemas y Perspectivas”, cuestión que consideramos, ocupa un importante lugar dentro de las preocupaciones, acción y proyecciones de la lucha de nuestros pueblos.

Nuestro Seminario está concebido como una tribuna de discusión fraterna, franca y provechosa, para los partidos de izquierda y revolucionarios, para las organizaciones populares y sus dirigentes, así como para las personalidades, nacionales e internacionales, interesadas en la lucha contra el imperialismo, por la emancipación social y nacional.

Es un escenario muy útil de intercambio de experiencias, de información, de mutuo conocimiento de los proyectos emancipadores que impulsamos en cada uno de nuestros países y la posibilidad de coordinarlos a nivel internacional, en la lucha común contra los enemigos del progreso y la libertad: el imperialismo, principalmente yanqui y la reacción.

Queremos tenerlos en la Mitad del Mundo para afianzar nuestros lazos de unidad y fraternidad, forjada en la lucha, para renovar nuestra decisión de conquistar la nueva vida, por la libertad y el socialismo.

Fraternalmente,
Oswaldo Palacios J.
Vocero Oficial del PCMLE

Ciro Guzmán A.
Director Nacional del MPD

Mayo 2007.

Participantes
Están invitados a participar en el 11er. Seminario Internacional los delegados oficiales de Partidos y Organizaciones Políticas y Populares, dirigentes y personalidades de izquierda y revolucionarias, nacionales e internacionales, acreditados mediante comunicación escrita ante los organizadores. Cada partido, organización o personalidad, puede presentar una ponencia sobre el tema, que será expuesta de manera resumida en una de las sesiones plenarias. Este material, escrito en idioma español, procesado en el sistema Word, con un máximo de 8 (ocho) páginas, a espacio y medio, será entregado para los asistentes al Seminario por parte de los organizadores, si cumple las especificaciones anotadas y en estricto orden de presentación. Las ponencias para ser publicadas deberán llegar por lo menos con ocho días de anticipación al mismo evento. Los ponentes deberán presentar a la Plenaria, de manera verbal, un resumen de la ponencia escrita, mediante una intervención que no exceda de los quince minutos. Los organizadores garantizan para los participantes internacionales el transporte, alojamiento y alimentación en la ciudad de Quito, durante los días del evento.

INFORMACIÓN
Para el envío de las Acreditaciones, Ponencias y la Información General respecto del Seminario, les pedimos dirigirse a las siguientes direcciones:

Movimiento Popular Democrático: Calle Manuel Larrea No. N 1470 entre Riofrío y Checa. Quito - Ecuador- Teléfono (593 - 2) 2503 580 Tel - fax (593 - 2) 526 111. 098779541 Por: Fabiola Bohórquez E - mail: mpd15dn@interactive.net.ec

PCMLE: Oswaldo Palacios: Vocero Oficial Telf: (593 2) 2566063 E - mail : oswpal@yahoo.com PCMLE@journalist.com (las siglas deben ir en minúsculas)

 

 

“PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓN EN AMÉRICA LATINA”
PONENCIA DEL FPMR DE CHILE AL 11er. SEMINARIO INTERNACIONAL

“La Izquierda en América Latina: Problemas y perspectivas”, Ecuador, 9 al 13 de julio de 2007

Estos últimos años ratifican la profundización de la crisis del capitalismo. De la anunciada estabilidad, prosperidad y progreso económico divulgada años atrás por los ideólogos y economistas neoliberales, sólo quedan las palabras. Ninguno de los adelantos de la supuesta “Revolución Científico Técnica” de estos años ha transformado las leyes económicas fundamentales del sistema capitalista-imperialista y sus contradicciones; de hecho, la internacionalización del capital tiene connotaciones mayores que en el pasado y se ha articulado un mercado capitalista controlado por los monopolios internacionales, por el cual circulan libremente las inversiones extranjeras y el capital financiero especulativo.

Los países ricos y poderosos continúan su desarrollo a expensas del Tercer Mundo, destinado a seguir como área de servicio, que proporciona recursos naturales y materias primas no renovables, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión e incluso un lugar donde exportar sus deshechos. Esto determina que cualquier proyecto político nacional que pretenda alterar este orden, se transformará irremediablemente en una amenaza para los llamados “intereses vitales” de las naciones industrializadas y principalmente para EEUU.

No hay libertad de mercado, los estados y gobiernos del primer mundo legislan y promueven todo tipo de medidas proteccionistas que favorecen a las gigantescas corporaciones transnacionales. Un nuevo esfuerzo de reactivación del capital escondido tras el denominado “proceso globalizador”, nace ante una crisis del capitalismo, en un intento por recuperar las tasas de ganancias en detrimento de la fuerza de trabajo asalariada.

No hay mayor riqueza, hay mayor concentración y rapidez en el intercambio de capital industrial y financiero en una magnitud nunca antes vista, lo que algunos han llamado “mundialización” o “globalización”, como el mejor y más eficiente “transporte” del modelo neoliberal. Así, los defensores del actual orden emplean tal concepto para tergiversar y esconder el profundo carácter de dominación imperial que encierra la imposición del modelo.

Rechazamos el empleo del concepto de “globalización” como proceso obligatorio y natural de internacionalización de todo el quehacer económico y político en el mundo. Son innegables los cambios y la rapidez operados en el intercambio comercial, las finanzas y capitales, la rapidez en la propagación de las crisis económicas locales, la fluidez y simultaneidad de la información del más diverso carácter. Pero todo ello no ha cambiado la relación capital-trabajo, no ha variado el carácter esencialmente explotador del capitalismo, no ha variado la relación y el carácter desigual en el intercambio entre países ricos y pobres. No ha cambiado, más bien se ha profundizado el carácter imperialista que tienen estas relaciones.

La existencia del imperialismo como fase superior de desarrollo del capitalismo es una realidad, sus rasgos característicos se presentan en varios países otorgándoles la condición de imperialistas. De todos ellos, es el imperialismo estadounidense el más poderoso, el más agresivo y rapaz; con su fuerza militar ha logrado convertirse en la potencia hegemónica y actúa para preservar esa condición.

En ese contexto, Latinoamérica y el Caribe están incluidos en los planes del imperialismo como una de sus reservas estratégicas, ya sea como mercado o como vía de acceso a recursos naturales y energéticos. Entre sus prioridades políticas inmediatas está impedir el desarrollo de las fuerzas revolucionarias en el continente, por ejemplo la Cuba socialista, el proceso bolivariano venezolano, el fortalecimiento de las fuerzas sociales en países como Bolivia y Ecuador y la insurgencia colombiana.

Expresiones de lucha popular continental
En nuestra región asistimos a la contradicción entre el denominado neoliberalismo que aún predomina en las cúpulas dirigentes de la mayoría de nuestros países, y los intereses nacionales y populares. Esta oposición se expresa mediante distintas formas de acuerdo a la situación concreta, es decir diversas estrategias o proyectos que no están exentos de contradicciones internas o situaciones aún no resueltas.

El movimiento popular tiene hoy referentes gubernamentales en la Cuba revolucionaria, en el proceso bolivariano de Venezuela y ahora en el nuevo gobierno boliviano encabezado por Evo Morales, que levantan en general, y no exentos de contradicciones, proyectos nacionales de desarrollo de carácter anti neoliberal y antiimperialista.

Los principales eslabones débiles el imperialismo se encuentran en el “triangulo ecuatorial” Venezuela, Colombia y Ecuador, junto a Bolivia. Estos países viven desde hace años una serie de procesos económicos, políticos y sociales, caracterizado principalmente por la movilización y la resistencia popular frente a las políticas imperialistas norteamericanas.

En estos y otros países se aprecian experiencias de organización popular que se desarrollan paralelamente o en contraposición a la política partidista tradicional y cupular, las cuales pueden ser un contrapeso a los gobiernos de turno que administran y defienden al modelo imperante a nombre de las elites económicas en detrimento de la justicia social y el bienestar de las mayorías.

Estas son experiencias como las del movimiento campesino, indígena y de trabajadores ecuatorianos, bolivianos y brasileños, donde los desafíos principales son el fortalecimiento político y organizativo para evitar que tales procesos no terminen diluidos o bien capitalizados por la burguesía criolla, como ocurrió ya en Argentina, Ecuador y Brasil. Lo mismo podría decirse para el caso de Uruguay. Todos estos son países que sufren la dependencia del capital financiero y la banca internacional.

En este sentido, tanto Lula como Kirchner expresan o deben responder a distintos sectores patronales de sus países. Por su parte el imperialismo los apoya en su estabilidad, más allá de los tire y afloje por el pago de la deuda o por el ALCA. Es un hecho que Lula y Kirchner conservan bases sociales en los sectores medios y de trabajadores, pero eso no altera el carácter de sus gobiernos; es decir sus intereses de clase. El caso de Brasil (como lo fue el de Lucio Gutiérrez) es ejemplo de un gobierno que llega precedido de un apoyo real y la esperanza de vastos sectores populares, pero que termina cediendo a los dictados de un manejo macroeconómico “responsable” subordinado a los equilibrios exigidos por la banca internacional, y que posterga una vez más las demandas sociales. Lo mismo ocurrirá seguramente en Uruguay, por lo que no es mucho lo que los sectores populares pueden esperar de gobiernos de este tipo, debiendo concentrarse en construir fuerzas propias independientes del aparato del Estado.

Procesos como los mencionados están condicionados en su mayoría a gobiernos socialdemócratas que deben hacer concesiones con sectores de la burguesía, a la carencia de un programa revolucionario en el seno del movimiento social, al factor militar no resuelto, a la falta de liderazgos colectivos u organización política fuerte.

Hay una tercera expresión de lucha popular por fuera de la legalidad del sistema, que ponen su centro en la construcción de poder popular en oposición al poder del Estado oligárquico, y que desarrollan una estrategia de carácter político militar, de insurgencia o guerra popular, cuya expresión más nítida está en Colombia, cuya larga historia y su presente es quizás un indicador a tomar en cuenta de lo que puede ocurrir en el resto del continente si la confrontación contra el sistema sigue afectando los intereses de la clase dominante, independiente del carácter armado o “pacífico” del proceso, como ya ocurrió en Chile el año 1973.

Lo central y lo común a la hora de analizar o discernir entre estas distintas expresiones o estrategias de los pueblos latinoamericanos, ya sea desde los gobiernos o en contra de estos, es su mayor o menor capacidad de sostener o desarrollar base social, la movilización popular, la conciencia y organización de los explotados y oprimidos, en la perspectiva de resolver el problema del poder de manera integral, tal como lo pudo hacer la burguesía en su momento.

Por eso en nuestro caso, nos planteamos una estrategia de carácter Político Militar, ya que entendemos que en la perspectiva de la confrontación del pueblo con el sistema dominante, se deberá transitar por diversos períodos en la acumulación y movilización de fuerzas, combinando formas de lucha que tomando en cuenta los escenarios concretos y una correcta correlación, no pierdan la perspectiva de que es necesario construir fuerzas sociales con capacidad de expresarse materialmente en pos del cambio estructural y responder ante cualquier forma de lucha o grado de violencia.

Sabemos que la violencia no es un fin, pero consideramos una irresponsabilidad no tenerla en cuenta y no estar preparados cuando el momento lo exija, la historia enseña que hay que estar dispuestos para tales niveles de confrontación, haciendo de la violencia revolucionaria un medio determinante en la defensa o avance de las fuerzas populares.

Si la izquierda consecuente está convencida del proyecto popular por el cual luchar, construir y caminar, es posible dimensionar también en concreto qué significa por ejemplo la resistencia y la confrontación con el imperio, el enemigo poderoso que vemos a diario en las noticias de Irak, Palestina, El Líbano, Afganistán o Colombia, pues los procesos no transcurren en medio de una taza de leche, sino en medio de persecución, inteligencia sofisticada, represión, masacres, etc. Por eso nuestro deber como organizaciones y de quienes somos constructores junto a muchos, con humildad, profesionalismo, madurez política y confianza, es apostar a construir los cambios junto a aquellos que están en la movilización y confrontación más radical, eso no nos inhibe a trabajar abiertamente en todos los espacios sociales que podamos y dar ahí una lucha ideológica, social y política, pero también nos obliga a ser cuidadosos pues vamos a construir la organización y un proyecto radical junto a otros con nuestra práctica. Cada paso que damos por pequeñito que este sea, debiera tener ese marco de responsabilidad, coherencia y propuesta de acumulación.

La experiencia chilena
Los cambios estructurales y súper-estructurales impuestos en nuestro país por la dictadura militar no sólo fueron dirigidos a imponer un nuevo patrón de acumulación capitalista. Toda esta reestructuración se orientó también a destruir las bases políticas, ideológicas y orgánicas del Movimiento Popular que se había generado tras décadas de lucha, y que se enfrentó con mayor decisión a la dictadura pinochetista.

Desde entonces, para que el modelo pudiera mantenerse, sus administradores han recurrido a diversas políticas de control y sometimiento ideológico sobre la población, intentando contener cualquier signo de descontento en el seno de los sectores populares, influyendo en sus conciencias (fomentando el consumismo, el individualismo y la alienación), donde la dominación se ha reproducido con más fuerza. Por tanto, no es extraño evidenciar los efectos de esto en los sectores sociales que aún se encuentran fragmentados y desorganizados, por eso no hablamos en rigor hoy de la existencia un Movimiento Popular en el país.

Estos 17 años de gobiernos civiles, de la denominada “democracia representativa”, se caracterizan principalmente por un proceso dirigido a consolidar la convergencia de las instituciones políticas y del Estado, con los intereses de los grupos económicos nacionales y transnacionales (la burguesía monopólico-financiera).

La búsqueda de esta convergencia -el consenso neoliberal- es lo que el bloque dominante ha denominado “transición a la democracia” que en concreto significa cómo las distintas esferas del poder resuelven y se hacen cargo de problemas o contradicciones que pudieran afectar la tranquilidad y legitimidad del modelo y sus actores principales, por ejemplo los temas llamados de derechos humanos, los “enclaves autoritarios” y la “equidad”.

En síntesis, nuestra democracia representativa en realidad representa la continuidad del modelo, representa los intereses del bloque dominante del país, que participa, decide y gestiona directamente la política, la economía y todos los aspectos de la base y la superestructura de nuestra sociedad

Sin embargo, esta convergencia neoliberal produce también que la gestión de la política y la economía están cada vez más distanciados de los sectores sociales. Los llamados poderes del Estado muestran hoy día su real carácter, entidades alejadas y por encima de la población, pero que con la complicidad de los medios de comunicación de masas (cuyos dueños son parte del mismo consenso), mantienen y sostienen un sentido común que favorece la continuidad del modelo y oculta o maquilla su verdadero carácter, que si lo requiere puede ser profundamente represivo, apelando a leyes como la Antiterrorista y de Seguridad Interior contra sectores que se organizan y luchan por sus derechos y dignidad, como es el caso del pueblo Mapuche.

El mencionado abismo entre los intereses del Estado y los partidos oficiales (de gobierno y oposición) respecto a los de la mayoría del pueblo, los hace convertirse en aparatos electorales (con variados caudillos) que disputan base social con sólo esos fines, que más bien administran cuotas de poder en su propio seno, haciendo diversos cálculos, movidas, transacciones y “blindajes” con el único fin de asegurar sus propias parcelas políticas.

La disputa no es electoral porque sí, se trata de acceder a la administración del Estado, ya sea para seguir gozando de sus beneficios económicos (sobresueldos, contratos a lo amigo, consultorías millonarias) en el caso de la Concertación, o bien para acelerar a fondo el saqueo privatizador en el caso de la Derecha. En ambos casos es la disputa de un jugoso botín.

Esta distancia con la población del bloque dominante y sus aparatos no es en forma aislada una amenaza a su estabilidad, no genera en sí misma un antagonismo social capaz de hacerlo temblar. Para esto se requieren condiciones ligadas a la existencia real de un movimiento popular, con perspectiva de lucha por romper el actual orden político-social y levantar un nuevo proyecto de desarrollo nacional. De acuerdo a nuestro proyecto, esta es una tarea que bajo las actuales condiciones históricas solo podrán llevarla hasta el final los sectores populares más conscientes y avanzados, en un gran movimiento que unifique a la clase trabajadora y el pueblo en su conjunto, socavando las bases que sostienen al imperialismo en Chile y América Latina

En cuanto a la situación de las organizaciones políticas y sociales de izquierda; se enfrentan al modelo en un marco de ausencia de un movimiento popular como actor político nacional. Esto origina que no existe el mismo consenso estratégico que existe en el bloque dominante, y en estos 15 años de gobiernos civiles se han perfilado en general dos franjas, dos caminos dentro de los sectores anti capitalistas, y que enfrentan la actual coyuntura con diversas respuestas y criterios políticos y organizativos.

Para la izquierda tradicional o reformista, el camino pasa por acumular fuerzas por la vía electoral, por medio de una política de alianzas o de unidad en amplitud, con criterios cuantitativos que buscan sumar y sumar dirigentes, personalidades y organizaciones al pacto electoral, con el fin último de insertarse en las instituciones del sistema, para desde allí impulsar las reformas. Como ya hemos planteado antes, este proceso de acumulación en los hechos no pretende la construcción de movimiento social en torno a las demandas populares y un proyecto nacional, más bien este papel lo suplanta el referente creado, haciendo de lo electoral el centro de gravedad de esta "unidad por arriba".

Por otro lado, existe la heterogénea franja de la izquierda revolucionaria, la cual tiene métodos de lucha distintos al reformismo: acción extraparlamentaria, creación de nuevas formas de organización popular, de doble poder. Pero no se trata de una diferencia metodológica o de “formas de lucha” que se justifiquen por sí mismas o por principismo. La razón de ser de esta metodología son sus contenidos y objetivos: la búsqueda permanente, por parte de los revolucionarios, de transferir al movimiento popular el control de las relaciones y formas de gestión de la producción social. Es decir, es una política cuyo centro son los intereses, la organización y la fuerza propia de la clase trabajadora y todos los sectores sometidos por el capital, reconocidos como la fuente de creación y no sólo de aplicación o “recipiente” de la política.

En síntesis, la izquierda revolucionaria chilena define como horizonte estratégico del período la construcción de Movimiento Popular para que este movimiento pueda definir los instrumentos de participación y confrontación en la escena nacional. Como consecuencia de estos criterios, en estos años como situación propia de nuestro país, el FPMR ha descartado la participación electoral para la conquista y uso de las instituciones vigentes, ya que implicaría adaptarse a las reglas del juego del enemigo, donde rara vez se le toma por sorpresa en lo estratégico, quienes además se encuentran parapetados detrás de un intricando sistema constitucional y electoral conocido como “Sistema Binominal”.

Como muchos de estos temas aún están decantándose y debatiéndose, resulta difícil hoy plantearse la “unidad de toda la izquierda” en abstracto o en términos genéricos, hay mucho atraso y terreno cedido en cuanto al debate y elaboración estratégica. La mera suma de minorías no hace mayoría, todavía falta resolver la comunidad o identidad en los objetivos (como prioridad), ya sea los inmediatos y/o los de largo plazo, en las formas y medios para lograrlos, y en las conductas y estilos concretos del quehacer político. La realidad y la experiencia de estos años indica que los mayores obstáculos y carencias han estado precisamente en la claridad y la coherencia entre aquellos factores.

Organización política, lucha nacional y socialismo, la necesidad de la organización revolucionaria y del Proyecto Político
Bajo la actual realidad del planeta subordinado a las relaciones capitalistas no existe ninguna posibilidad que las grandes masas explotadas puedan mejorar ni aún levemente sus condiciones de vida, menos que puedan terminar con las relaciones de explotación, ni avizorar un mundo en paz y con bienestar social, La única alternativa realista y posible sigue siendo el socialismo. Sin embargo, el socialismo en nuestro país como en América Latina tiene una especificidad; la reversión o superación del subdesarrollo, en este marco un proceso de industrialización e independencia productiva nacional es irrenunciable para poder vislumbrar la nueva sociedad. Es decir, un proyecto socialista en Chile y en casi todo el continente se liga a las grandes tareas nacionales. El carácter neo colonial del actual Estado burgués en Latinoamérica hace que lo nacional se transforme en un elemento subversivo, ya que basta plantear algunas reformas para que el imperialismo se sienta amenazado en sus intereses. De esta manera es imposible hacer en este contexto una propuesta alternativa al neoliberalismo sin enfrentar las relaciones de dominación y explotación capitalistas.

Lo anterior implica que no es posible mirar la restitución del Estado de Bienestar con ojos nostálgicos como lo hace cierta izquierda, ya que no es posible repetir ese hecho histórico que expresaba una alianza con una burguesía nacional que estaba interesada en el desarrollo nacional, en la medida que se ligaba a sus intereses como clase. Hoy esta lucha se traslada exclusivamente a los sectores populares, lo que imposibilita la revolución por etapas, es decir la denominada revolución democrática previa a la revolución socialista es inviable. Hoy cualquier transformación política, económica, social no es posible sin enfrentar al gran capital y la hegemonía imperialista. Enfrentar el capital financiero conduce necesariamente a enfrentar al conjunto del capitalismo nacional.

En este contexto, lo que nos ha enseñado el combate de los pueblos durante todos estos años de resistencia al sistema Capitalista en el mundo, es que los revolucionarios y los sectores populares que luchan por la verdadera transformación social no pueden ni deben prescindir de un instrumento político. Lo fundamental de la organización política son sus hombres y mujeres, sus contenidos, su proyecto, su táctica y estrategia, es decir una bitácora que organice los esfuerzos de construcción y articulación de diversas fuerzas sociales bajo una propuesta de carácter revolucionaria y nacional.

La importancia de la teoría y un proyecto político concreto y consecuente tras una década de dispersión y eclecticismo es crucial para la construcción de una alternativa popular, no debemos nunca olvidar que sin "teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario", nos decía ya Lenin en el umbral del Siglo XX.

La espontaneidad, el basismo y el movimientismo que proliferaron en la década de los noventa del siglo XX y que negaban el papel de la organización política, están siendo superados. La supuesta contraposición entre movimiento social y organización política sólo benefició a la clase dominante, la que previendo el potencial revolucionario de las organizaciones sociales, se preocupó de inculcar en ellas por múltiples vías, el escepticismo y la desconfianza en la política y su trasfondo. La pretendida contraposición entre los llamados movimientos sociales y los partidos políticos, sólo puede existir como problema teórico con base objetiva, cuando el partido en cuestión lo es en el sentido burgués del término, es decir, un aparato organizativo en el cual personas que tienen participación en el juego político, defienden intereses de las orgánicas, sectores o clases sociales afines al sistema. Un partido u organización política cuyo objetivo es transformar la sociedad sobre la base de acabar con la explotación y la opresión en todas sus formas y cuya estructura no está edificada sobre el oportunismo, no puede tener ninguna contradicción de fondo con una organización social genuina.

Los últimos conflictos han demostrado que la izquierda consecuente sí puede disputar los terrenos que habitualmente controla el reformismo o el Estado burgués. Y lo que es estratégico, potenciar la participación de las bases en el campo de los trabajadores, en el ámbito de los pobladores, en el mundo de los estudiantes y en diversos sectores sociales.

Nuestra concepción de “amplitud” y la “unidad” tiene que ver con generar una fuerza social que luche de manera decidida contra el modelo, dejando atrás posiciones que convierten los defectos en virtudes, es decir exaltan la ambigüedad, las concesiones y las conductas unilaterales y hegemonistas, que son obstáculos que debe enfrentar el naciente movimiento popular, sin embargo para otra franja de izquierda, la izquierda reformista, se asimila la lucha contra el neoliberalismo con la inserción en la institucionalidad, con la conciliación con el oficialismo, se asimilan los intereses de un partido con los de un movimiento popular que aún no está del todo desarrollado y articulado a escala social y nacional.

Posturas de este tipo tienen mucho que ver con la “sociología” de los partidos reformistas en Chile y el continente, en cuyo seno se producen tensiones o tendencias que los empujan a lógicas burocráticas, que los conduce a considerarse fines en sí mismos, y por ende a adoptar lógicas conservadoras justificadas con el argumento de la amplitud, la acumulación de fuerzas, la unidad, etc. Distorsionando o utilizando oportunistamente incluso conceptos legados por los clásicos del marxismo y la experiencia revolucionaria mundial.

Por ello, y en el marco de este Seminario Internacional que trata sobre la izquierda latinoamericana: problemas y perspectiva, es importante resaltar para nosotros, el concepto y práctica del Internacionalismo como la cooperación entre organizaciones revolucionarias, el intercambio de tácticas, estrategias y luchadores, sin imponer esquemas rígidos o vaticanos ideológicos, sino que respetando la cultura de los pueblos, tradiciones, costumbres y formas de luchas. Un proceso de construcción histórica de acumulación y correlación de las fuerzas populares que implique compartir y unificar diversos pensamientos y acciones revolucionarias, consolidando aportes que propendan a levantar y hacer viable una estrategia común de lucha continental contra el imperialismo desde los pueblos.

Destacamos para culminar a modo de información, que diversas organizaciones de esta región del mundo reunidas en Chile en octubre de 2006 en el Encuentro “Proyecciones de la Lucha Revolucionaria en América Latina”, llegamos a un acuerdo general para materializar un proceso de solidaridad, intercambio y cooperación entre los sectores revolucionarios, denominado “Encuentro del Cono Sur”. El que pretende hacer del internacionalismo un hecho concreto y no sólo declamativo, apartir del cual se acordó iniciar prácticas de trabajo conjunto de corto, mediano y largo plazo, para aportar al fortalecimiento y desarrollo de la organización y lucha popular en el continente, conducida por una izquierda latinoamericana que se apoya mútuamente en las resolución de los problemas y plantea perspectivas en el largo proceso emancipador que tenemos por delante.

Muchas gracias a todos y todas

Agradecemos la invitación de los anfitriones y saludamos esta iniciativa, así como a las demás organizaciones hermanas presentes…

Hasta Vencer o Morir!

FRENTE PATRIOTICO MANUEL RODRÍGUEZ
Chile, julio de 2007
www.fpmr.org

¡Sólo la lucha nos hará libres!