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Manuel Javier Rodríguez Erdoíza (1785 - 1818)
Recopilado de http://www.vi-e.cl/internas/edu_dia/personaj/manuel_rodriguez.htm

Su nombre a pesar de los años se mantiene siempre presente. Las generaciones han brindado un reconocimiento permanente a su gran logro. Calles, colegios, plazas y paseos de Chile llevan su nombre.

Nació en Santiago el 25 de febrero de 1785. Sus padres fueron María Loreto de Erdoyza y Aguirre, y el peruano Carlos Rodríguez de Herrera. Sus primeros estudios los realizó en el Colegio de San Carlos, donde de inmediato se destacó por su carácter vivaz e inquieto y por sus aptitudes intelectuales. Siguió estudios superiores en la Real Universidad de San Felipe, a estudiar Cánones y Leyes, recibiendo su doctorado en Leyes en 1804, el mismo año en que fue recibido como abogado por la Real Audiencia, a los 24 años de edad. Rodríguez destacó por la rapidez con que captaba los argumentos del contrario y la facilidad con que los rebatía. De oratoria rápida y fulminante, mezclada con un tono histriónico, terminaba siempre diciendo la última palabra. En 1810 empezó a manifestar sus simpatías hacia la causa revolucionaria en la cual desde 1811 coincidiría con su compañero de colegio, José Miguel Carrera. En mayo de ese año, Rodríguez fue nombrado procurador del Cabildo de Santiago, cargo que desempeñaría por breve tiempo: el golpe de Estado de noviembre lo llevó a la diputación por Santiago ante el Congreso y a los pocos días fue nombrado secretario de Estado en la cartera de Guerra. En 1813 fue nombrado secretario particular por su amigo José Miguel Carrera. Tras la Batalla de Rancagua, debió emigrar a Mendoza, desde donde inició una serie de actividades de espionaje y correrías que lo transformarían en uno de los personajes míticos de nuestra historia. En un plano objetivo, las funciones que Rodríguez desarrolló en Chile consistían fundamentalmente en el traspaso de información acerca del estado de las tropas realistas. Asimismo, su misión era realizar acciones de distracción que indicaran que el grueso del Ejército de Los Andes cruzaría la cordillera por el paso del Planchón, provocando así una desconcentración de aquellas tropas, que en su mayoría se encontraban acuarteladas en la Zona Central.

Se cuenta que...
Muchas son las peripecias que la sabiduría popular ha convertido en verdaderas leyendas que lo tienen como protagonista. Se cuenta que, perseguido por tropas realistas, se refugió en el convento de Apoquindo de los frailes dominicos, y que disfrazado de monje, condujo a sus perseguidores por todas las dependencias del recinto. También, se sostiene que en una oportunidad, fingiendo ser un pordiosero, llegó a abrir la puerta del carruaje que conducía al Gobernador Marcó del Pont, quien en agradecimiento por aquel gesto habría llegado a darle una propina. En otro hecho, encontrándose en una zona rural, habría simulado ser un campesino castigado en el cepo por su embriaguez para despistar a quienes lo perseguían. En enero de 1817, estando ya próximo el arribo del Ejército comandado por San Martín, asaltó el poblado de Melipilla y luego se dirigió a repetir esta operación en San Fernando. Todos estos hechos lo fueron transformando en una suerte de héroe popular que, dados sus antecedentes carrerinos, podría llegar a ser un elemento difícil de manejar para el nuevo gobierno encabezado por Bernardo O'Higgins. Según algunos autores, por esta razón se le ofreció una misión diplomática en Estados Unidos, la que rechazó, uniéndose entonces al Ejército con el grado de teniente coronel.

"¡Aún tenemos patria ciudadanos!"
Reunidos en la Asamblea, en conjunto con el Cabildo, Rodríguez en su discurso lanzado en la Plaza de Santiago, mencionó la frase: "Aún tenemos Patria, ciudadanos". Su objetivo era organizar la defensa de la ciudad. Para este fin creó el escuadrón Húsares de la Muerte, batallón que se caracterizaba por una calavera blanca sobre cuello del uniforme. De éste grupo se nombra Comandante, el 23 de marzo de 1818. Tras la Batalla de Maipú, el 5 de abril de 1818, se ordenó la disolución de los Húsares de la Muerte. La muerte de Manuel Rodríguez es uno de los hechos que han enlutado nuestra historia patria. Después de haber sido juzgado y al ser conducido a Quillota, Manuel fue arrestado después de entrar al Palacio de Gobierno en su caballo, y conducido al cuartel San Pablo del cual fue sacado para ser trasladado a Valparaíso, fue asesinado en Tiltil el 26 de mayo de 1818 y su cuerpo enterrado en la capilla de esa localidad.Tenía 33 años. La muerte de Manuel Rodríguez caló hondo en la historia de Chile. Su nombre a pesar de los años se mantiene siempre presente. Las generaciones han brindado un reconocimiento permanente a su gran logro. Calles, colegios, plazas y paseos de Chile llevan su nombre.

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