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Al galope de la Independencia
Recopilado de http://www.comune.modena.it/associazioni/asicuba/

Manuel Rodríguez es, tal vez, uno de los héroes de la independencia alrededor del cual han surgido más mitos y leyendas. De él se dice que, disfrazado de cura, mendigo, campesino o lo que fuera adecuado para la ocasión, entraba y salía de distintos pueblos y ciudades, llevando y trayendo información para la causa patriota, pese a que los realistas ofrecían una alta recompensa por su captura. Entre muchas otras aventuras que se conocen de este héroe, una de las más curiosas se refiere a cierta oportunidad en que un humilde hombre de pueblo abrió la puerta de la carroza del gobernador realista Casimiro Marcó del Pont y le hizo una profunda reverencia. El gobernador, orgulloso y complacido, le regaló una moneda, sin saber que el hombrecito era el mismísimo Manuel Rodríguez, por cuya cabeza ofrecía una fortuna.

Manuel Javier Rodríguez Erdoiza, militar, político, abogado y héroe chileno, nació en Santiago el 25 de febrero de 1785, hijo de Carlos Rodríguez de Herrera y de María Loreto Erdoiza y Aguirre.

Después de terminar sus estudios en el Colegio San Carlos , ingresó a la Real Universidad de San Felipe a estudiar Filosofía, sin embargo, opta finalmente por la carrera de Derecho. Se titula de bachiller en Cánones y Leyes en 1809 convirtiéndose en abogado a los 24 años. Pero no pudo doctorarse jamás debido a que no tenía los 300 pesos que costaba el grado al que quería acceder. Su espíritu renovador e independentista le costaron el rechazo de muchos hombres influyentes que se interpusieron en su obstinación por doctorarse. Todos estos problemas convirtieron a Manuel Rodríguez en un sembrador de ideas libertarias.

Es así como poco a poco iría entrando en la vida nacional y política. Su primer cargo fue el de Procurador de Santiago en 1811, donde pudo relacionarse con hombres notables y a la vez arraigar sus ideas emancipadoras. Luego sería elegido Diputado del Congreso y posteriormente nombrado Secretario de Guerra, tras asumir José Miguel Carrera el mando de la nación.

Posteriormente, en 1814, es nombrado Secretario de Hacienda y Gobierno. El 23 de junio de 1817 el general San Martín lo nombra teniente coronel y lo agrega al Estado Mayor del Ejército. Además participó en las Campañas del Sur de 1813.

Tras la Batalla de Rancagua, se dirigió a Mendoza, donde formó parte de la primera montonera patriota. Realizó trabajos de espionaje y correrías que lo transformarían en un verdadera leyenda. Difundió falsas informaciones y noticias para molestar a los españoles, fomentó el rechazo al Rey, al gobernador y a los Talaveras. Como agente secreto, Rodríguez firmó sus informes con sobrenombres como "Alemán", "Chancaca", "Kiper", "Chispa" y "El Español".

Su regreso a Chile causó grandes molestias al gobernador Francisco Casimiro Marcó del Pont, militar español, quien puso precio a la cabeza de Rodríguez. En torno a este caso se dice que cuando el gobernador bajó de su carruaje un sencillo hombre lo ayudó a descender, agradecido le entregó una moneda. El hombre era Manuel, por el mismo que ofrecía una recompensa.

Nace el mito
Las historias y leyendas que se tejen entorno a la figura de Manuel Rodríguez son muchas. Es un personaje lleno de aventuras. Hombre astuto, valeroso, alegre, múltiple y generoso. Los relatos que mencionan su nombre no solo se limitan a la voz del pueblo, sino que se extendie a poetas, escritores y músicos que no han podido evitar la carismática popularidad de este héroe chileno.

Disfrazado y al galope de su corcel se le veía en una ciudad y el mismo día se le veía a kilómetros de distancia. Unos decían que estaba disfrazado de cura otros decían que se había disfrazado de mendigo. Al respecto, la historia cuenta que cuando era perseguido por los españoles, Rodríguez se refugió en el convento de Apoquindo de los frailes dominicos. Se disfrazó de monje y condujo a sus enemigos por todos los rincones en busca del prófugo que era él mismo.

Además llevó a cabo acciones de gran ingenio y astucia, burlando a los soldados españoles. Utilizando el disfraz, creó el desconcierto entre las filas realistas. Ejerció, asimismo, como destacado mensajero para las fuerzas patriotas que se preparaban para cruzar la cordillera.

Recorrió San Fernando, Talca, Curicó, Talangante y Melipilla logrando sembrar el pánico en las filas españolas. Regó el rumor que el Ejército Libertador de Los Andes podía en cualquier momento atravesar la Cordillera de los Andes, por cualquiera de sus lados, en cualquier época y atacar por todas partes. Así logró el fraccionamiento de los españoles, situación que facilitaría la victoria en la Batalla de Chacabuco. Entre las acciones de Manuel Rodríguez, destaca la toma de San Fernando, el 12 de febrero de 1817, el mismo día de la triunfal Batalla de Chacabuco, proclamándose jefe superior de la provincia de Colchagua.

La gesta independista se apoderaba del sentir nacional, sin embargo, la derrota de las tropas chilenas en la Batalla de Cancha Rayada, el 19 de marzo de 1817, desencadenó la desesperación y el pánico.

Fue en estos duros momentos donde la imagen legendaria de Manuel Rodríguez comenzó a ser forjada. Rodríguez se mantuvo íntegro transformándose en el alma de la Patria. Recorrió junto a su caballo las calles, cuarteles, maestranzas y distribuyó armamento para defender la capital.

Reunidos en la Asamblea, en conjunto con el Cabildo, Rodríguez en su discurso lanzado en la Plaza de Santiago, mencionó la frase: "Aún tenemos Patria, ciudadanos". Su objetivo era organizar la defensa de la ciudad. Para este fin creó el escuadrón Húsares de la Muerte, batallón que se caracterizaba por una calavera blanca sobre cuello del uniforme. De éste grupo se nombra Comandante, el 23 de marzo de 1818. Tras la Batalla de Maipú, el 5 de abril de 1818, se ordenó la disolución de los Húsares de la Muerte. Manuel fue arrestado después de entrar al Palacio de Gobierno en su caballo, y conducido al cuartel San Pablo del cual fue sacado para ser trasladado a Valparaíso. Lo mataron en Tiltil el 26 de mayo de 1818. Tenía 33 años.

La muerte de Manuel Rodríguez caló hondo en la historia de Chile. Su nombre a pesar de los años se mantiene siempre presente. Las generaciones han brindado un reconocimiento permanente a su gran logro. Calles, colegios, plazas y paseos de Chile llevan su nombre.

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