¡¡Sólo la lucha nos hará libres!!

¡¡Hasta Vencer O Morir!!
Helicóptero de rescate

PROYECTO

Primer Congreso del FPMR

A comienzos del año 2001 se publica el documento “Búsqueda de un nuevo proyecto del FPMR” y se da inicio a la discusión y resolución de sus contenidos. En ese entonces decíamos “ Este Frente que tenemos hoy se resiste tenazmente a ingresar inerme al mundo de la espera, no acepta el encierro del consumo y la supervivencia. Los Rodriguistas pretendemos seguir siendo consecuentes con el sueño de nuestros héroes, queremos hacer y consolidar la esperanza, creemos que se puede llegar a vivir con dignidad. Tenemos un país, tenemos un pueblo, tenemos una historia de todos y una nuestra, tenemos la imperiosa necesidad de seguir luchando por lo que creemos...”

Ha sido esta una etapa marcada por dos esfuerzos principales de la organización; en lo interno la continuidad del debate del Proyecto Político y la definición de orientaciones para el mejoramiento de las diversas líneas; y en la construcción política el fortalecimiento de los contenidos y mecanismos para una mayor presencia e incidencia política en la realidad sectorial y territorial, así como en la contingencia.

Hoy estamos más concientes de nuestras fortalezas y debilidades, hemos practicado la auto-crítica individual y colectiva así como destacamos los avances concretos, hemos sorteado complejas situaciones que han afectado a la propia dirección de la organización, las cuales en general obedecen a los multifacéticos remanentes de vicios del pasado que complican este esfuerzo colectivo de los Rodriguistas. También enfrentamos, como tarea más cotidiana y permanente, la necesidad de superarnos, entender la militancia como una dialéctica de derechos y deberes, en la que se debe practicar con amplitud una constante revisión y sobre todo la aplicación práctica de los mismos.

Este quehacer se orienta por un criterio general de construcción política a partir del avance de la organización popular, y se basa en una consolidación política ideológica como primer paso para poder hablar con seriedad de incidencia social y política. Para que todo ese esfuerzo sea coherente, (construcción de adentro hacia afuera) hemos tenido que ampliar tanto en contenido como en forma (nuevos mecanismos) nuestra democracia interna, el debate político-ideológico horizontal, en sus diversas materias: la política sectorial, nacional o internacional, las coyunturas, y también la discusión política aplicada a nuestra organización, a la vida interna, a sus problemas de todo tipo, sobre todo si ellos inciden en el trabajo.

La necesidad del proyecto y el instrumento político
Las definiciones que hemos asumido no tienen otro objetivo que vigorizar la praxis del FPMR como una parte activa y constructiva de una lucha popular que en todo el mundo y el continente se alza contra aquel “tirano inmemorial”; el imperio y su “neoliberalismo” que es resistido por múltiples sectores que luchan contra sus afanes de conquista y colonización militar y económica en el contexto de una crisis del capitalismo a escala mundial. La historia revela que los imperios en su decadencia muestran su faceta más corrupta y violenta, y lo que vemos en Chile y el mundo es posible que responda a esa dinámica, y será tarea de las propias organizaciones populares definir el rumbo o la salida a esta situación.

Por ello tampoco es casual que diversas organizaciones políticas y sociales hayan realizado o estén realizando iniciativas concretas de búsqueda de alternativas para este complejo período, y es así que se han realizado congresos, encuentros y actividades en pos del intercambio y la convergencia. Algunas de estas iniciativas las hemos organizado y en otras hemos sido invitados a participar. En ellas se han dado espacio al intercambio y debate de diferentes estrategias y tácticas de construcción política y social.

Sin embargo, también se pudo constatar la tendencia que plantea la contraposición entre movimiento social y organización política, discurso surgido en nuestro país en los últimos 12 años a causa del vacío de conducción dejado por la crisis de la izquierda luego de la caída del llamado socialismo real. A lo anterior debemos sumarle la vivencia de muchos ex-militantes de organizaciones políticas que tuvieron experiencias individuales traumáticas propias de la mencionada crisis, las que se transmiten o reproducen en el seno de las organizaciones sociales como un rechazo a priori a la militancia política, planteando que “los partidos” son innecesarios y perjudiciales por la manipulación, los intentos de cooptación, etc. (a lo que las prácticas erróneas de la izquierda también han contribuido), y así los que en un momento fueron los más incondicionales e incluso fanáticos militantes hoy han dado un giro de 180 grados renegando de la política y los partidos en general. Esta situación sólo beneficia a la clase dominante, que previendo el potencial revolucionario de los organizaciones sociales fomenta en ellas, y por múltiples vías, el escepticismo y la desconfianza en la política o la militancia en general, y estimula la dependencia financiera de éstas ya sea del Estado o de otros organismos ligados indirectamente a partidos afines al sistema , perpetuándose así la dispersión y pérdida de autonomía del campo popular.

La pretendida contraposición entre los llamados movimientos sociales y los partidos políticos sólo puede existir como problema teórico con base objetiva cuando el partido en cuestión lo es en el sentido burgués del término: un aparato organizativo en el cual personas que tienen como “profesión” su participación en el juego político institucional, defienden intereses ya sea de sus propias orgánicas o de sectores y clases sociales afines al sistema. Un partido u organización política cuyo objetivo es transformar la sociedad sobre la base de acabar con la explotación y la opresión en todas sus formas y cuya estructura no está edificada sobre el oportunismo, no puede tener ninguna contradicción de fondo con una organización social genuina.

Lo cierto es que la izquierda y los sectores populares que luchan por la verdadera transformación social no pueden ni deben prescindir de un instrumento político organizador (llámese partido, movimiento, frente, etc.) primero porque los cambios no vendrán de forma espontánea, sobre todo con el predominio ideológico del sistema gracias al control de los medios de comunicación de masas, y además porque se tiene al frente a un enemigo poderoso y bien organizado que se opondrá por todos los medios a esta transformación. Lo anterior se ha visto corroborado en los hechos durante las masivas explosiones de lucha social ocurridas en Argentina, Ecuador y Bolivia, luego de las cuales el sistema (no confundir con los gobiernos de turno) ha logrado en general mantener su estabilidad.

Lo fundamental de la organización política son sus contenidos, su proyecto y estrategia, su esfuerzo de construcción y articulación de diversas fuerzas sociales bajo una propuesta de carácter nacional, esa es la esencia de la organización política, lo demás son rótulos y si una organización que se autoconcibe como “social” realiza la labor mencionada, ya está haciendo un trabajo político que necesariamente derivará en una forma de organización y estructuración a la altura de esos desafíos.

Este problema se puede analogar perfectamente con la crisis del socialismo europeo: el socialismo no puede existir sin la participación popular organizada, en cambio el capitalismo bien puede prescindir de ella, pudiendo existir bajo la forma de dictaduras militares, regímenes fascistas o democracias burguesas.

Todo lo anterior no es un ejercicio intelectual, es un problema concreto que ha estado presente y ha determinado el curso de procesos actuales de lucha social, y forman parte del contexto general y el fundamento del por qué los Rodriguistas vemos la necesidad del proyecto político, una estrategia general y un tipo de organización política que contribuya a organizar, orientar y unificar la lucha del hoy. Sólo con dicha cartografía y las herramientas necesarias podemos avanzar a las transformaciones radicales que necesita el país.

Perspectivas inmediatas
En síntesis, la búsqueda del nuevo proyecto del Frente no es un proceso sencillo, internamente el cumplimiento de los objetivos ha primado por sobre los plazos formales, pero hoy podemos anunciar que el trabajo con el mencionado documento central ha concluido luego de una amplia discusión, y la organización cuenta con una síntesis ordenada con las bases políticas e ideológicas suficientes para dar su siguiente paso: el Primer Congreso del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, evento trascendental e inédito en nuestra breve e intensa historia, en el cual oficializaremos el proyecto político del rodriguismo, sus objetivos estratégicos y tácticos; así como sus principales líneas políticas particulares. También será el mecanismo general para elegir la nueva Dirección de la organización en función de dicho proyecto.

De esta manera los destinos del FPMR están hoy más que nunca en la cabeza, el corazón y las manos de todos los militantes; por eso hay que tener claro lo que esto implica en términos de la responsabilidad individual, los derechos y deberes, y en definitiva la militancia, que debe ejercerse en los hechos, no en la retórica o la consigna. La participación y la democracia no es un tema sólo de votos o “libertad de crítica”, es un asunto que tiene que ver principalmente con la actitud y el compromiso concreto de los rodriguistas con los intereses de la organización como marco en el que uno participa y aporta, haciéndose parte de este esfuerzo colectivo.

En el año del 20° aniversario del FPMR, este Congreso Rodriguista es otro de los hitos en nuestra vida interna, como lo fue el Encuentro de 1996, o la apertura de nuevos espacios de debate ampliado en el último año, pero lo que más nos interesa es que sus consecuencias prácticas sean un aporte al proceso de organización, convergencia y lucha popular por nuestra dignidad y la de todos.

¡Sólo la lucha nos hará  libres!