El 11 de marzo pasado vimos asumir en forma apoteósica a la nueva presidente Michelle Bachellet, quien fue convertida en un símbolo del “fin de la “transición”, cuyo perfil “ciudadano”, “cercano a la gente”, con un estilo “no tradicional” de hacer política, con independencia de los partidos, etc,, se levantan como virtudes que alimentan expectativas de mejores tiempos para muchos chilenos y chilenas empobrecidos y explotados.
Este nuevo gobierno “socialista” llega además con un fuerte respaldo internacional, que viene tanto de gobiernos de derecha, socialdemócratas, y de los procesos revolucionarios, que por distintos motivos ven en este nuevo gobierno como un buen servidor y cliente en algunos casos, o como socio y vecino leal en otros.
Sin embargo, esos aspectos tan exacerbados por el oficialismo pretenden ocultar el hecho de que estos aparentes cambios tienen como base la continuidad de un modelo que ya lleva mas de 30 años de aplicación, y que ahora se potencia con una renovada generación de tecnócratas neoliberales que llega a La Moneda, los ministerios y los círculos internos o asesores del poder.
Así como bajo la dictadura de Pinochet hicieron su aparición los economistas de la generación llamada "Chicago Boys", que dieron forma al actual sistema económico y financiero del país, aparece ahora un nuevo grupo, vinculado con universidades en Estados Unidos y con empresas y bancos transnacionales. Este grupo que proviene de la fundación "EXPANSIVA" vino a ocupar un lugar de relevancia en el escenario político chileno copando la mitad del nuevo Gabinete, integrado por neoliberales de tomo y lomo y por “independientes” que se caracterizan por el individualismo, el resentimiento al partidismo, y el perfil y “capacidad” técnica.
Es decir, “caras nuevas” pero con el mismo modelo a implementar, porque la mayoría de los nuevos ministros, subsecretarios y otros cargos han participado en los anteriores gobiernos de la concertación como asesores y funcionarios de segundo orden, y cuya figura más emblemática es el Ministro de Hacienda Andrés Velasco, un conspicuo neoliberal cuyas ideas fuerza giran en torno a la competitividad, el crecimiento de la inserción multinacional y las privatizaciones. Bien podría Velasco haberse sumado a la candidatura de Piñera y no se hubiera notado la diferencia programática.
Por eso es que los empresarios chilenos están “contentos y tranquilos” (Felipe Lamarca) con el nuevo gobierno que les da garantías de continuidad de condiciones tan favorables para los empresarios, que Michael Grasty, presidente de Amcham llegó a declarar que están “gorditos y contentos”.
Este es el mal menor por el cual votaron muchos chilenos, incluso de izquierda, que confían en este aparente nuevo perfil de la mandataria elegida, pasando por alto lo concreto de su actuación política durante los últimos 15 años, como Ministra de Salud y Defensa, y en su adhesión a las políticas de libre mercado neoliberales y a la doctrina militar regional de EEUU. De hecho durante su período como Ministra de Defensa, los gastos militares de Chile superaron el de cualquier gobierno de Latinoamérica, gastándose miles de millones de dólares en una nueva flota de aviones de combate, helicópteros y navíos de guerra. Bachelet junto con el gobierno de Lagos se alinearon con EEUU al enviar a Haití una fuerza militar para ayudar en las tareas de represión a los partidarios del presidente electo Bertrand Aristide y en apoyo del régimen-títere impuesto por EEUU.
A pesar de estos antecedentes, la campaña concertacionista logró instalar una percepción o expectativas de que se conquistarán mayores derechos para las mujeres y los jóvenes, o un disminución de las desigualdades y las discriminaciones que todos los sectores de la clase política reconocen pero que dicen se resolverán dentro de “las reglas del juego” neoliberal, discurso favorecido por un escenario de estabilidad económica (superávit fiscal) y consenso político en torno a este, que le permitirán tomar algunas medidas sociales paternalistas y focalizadas para intentar “corregir” aspectos impresentables del modelo.
Otro énfasis será puesto en explotar los aspectos llamados culturales, valóricos e incluso de género, que fue un gran caballo de batalla de la candidatura de Bachellet y del denominado “progresismo” (potenciado por todo el “Red Set” cultural y artístico), con programas y medidas que en apariencia son avanzadas, pero que no tocarán el carácter social y de clase de las desigualdades y discriminaciones en ese ámbito.
Como ejemplo de todo lo anterior tenemos las primeras medidas del nuevo Gobierno, como la creación la Comisión de Reforma del Sistema Provisional, en la cual sin embargo no se incluye a la CUT, el organismo que el Estado reconoce como interlocutor y supuesto representante de los trabajadores chilenos, los cuales son los sujetos principales del tema provisional. Al contrario esta comisión incluye a representantes del bloque en el poder, tanto de la Concertación (Mario Marcel), la derecha (Rossana Costa), e incluso a ex funcionarios de la dictadura como Martín Costabal, ex Ministro de Hacienda de Pinochet y representante de las AFPs.
Por cierto que se vende una imagen de que se escucha, recibe y visita a todos los sectores, la misma CUT, partidos políticos y ONG’s, como un regreso a la política del dialogo social de los gobiernos anteriores. Pero lo que está claro es que las intenciones del bloque dominante es alcanzar un consenso nacional, incluso cooptando a los sectores más críticos, para mejorar el sistema y hacerle rectificaciones para su fortalecimiento. ¿Qué medidas a favor de los trabajadores podrían esperarse de tal comisión?.
El interés del gobierno con estas y otras medidas y procedimientos es por supuesto otro, y es mas bien seguir la lógica Maquiavélica de “ten a tus amigos cerca y a tus enemigos aún mas cerca”. Medidas y propuestas aguachentas como la así llamada reforma provisional, o el aumento del 10% a las pensiones mínimas y asistenciales menores a los 100 mil pesos, forman parte del autoproclamado “sistema integral de protección social”, que ante las desigualdades sociales reconocidas desde la iglesia hasta la derecha, busca mas bien contener, frenar o cooptar un asenso de la movilización social sobre todo ante las expectativas creadas por la propia Concertación y Bachelet, sin las cuales no habría podido ganar las elecciones. Es decir, la protección esta destinada al modelo, para mantenerlo de buena salud.
Esta última elección y sus circunstancias tiene otros efectos, generándose las bases para un posible nuevo reordenamiento de las correlaciones de fuerzas o la composición de los grandes conglomerados tradicionales, donde la unidad de los actuales bloques puede incluso ser puesta en segundo plano, y admitir por ejemplo como se produjo, dos candidaturas en la derecha.
No sería extraño entonces que si la estabilidad del modelo permanece, en el año 2009 nos encontremos con cuatro o mas candidaturas presidenciales, y que incluso sean las propias fracciones de la clase dominante a quienes les convenga terminar el sistema binominal para resolver sus problemas de hegemonía, es decir, el cambio del binominalismo probablemente provendrá desde “arriba”, lo que no alterará la llamada "exclusión" del movimiento social, pero sí podría beneficiar a algunos partidos que pretenden representar a este movimiento aún en germinación.
El panorama en la izquierda
Dentro de la izquierda el panorama pos electoral es complejo, con un sector reformista (PODEMOS) dividido y demostrando que su diseño, composición y contenido no ha tenido como prioridad principal la construcción de movimiento y proyecto de carácter popular, sino más bien de la inserción súper estructural en la actual institucionalidad. Las diferencias en torno al voto en la segunda vuelta no cambia en nada la ausencia de un proyecto coherente entre los miembros del PODEMOS.
En cuanto a la izquierda revolucionaria, este heterogéneo sector aún está lejos de conducir un proceso de construcción de movimiento popular a escala nacional. Esto se debe a que en general se está en un proceso de constituir verdaderas organizaciones políticas impulsadas por un proyecto y una estructura orgánica centralizada, que les permita funcionar como cuerpo, y con incidencia en los sectores sociales. Se han generado experiencias en algunas coordinaciones territoriales, pero las mismas no han logrado traducirse en construcciones reales alentadas por una visión estratégica, haciendo mas difíciles la obtención de buenos resultados para avanzar en una articulación de carácter nacional.
Por lo mismo la tarea de hoy es la construcción de fuerza social, que en cuanto expresión activa y mayoritaria no depende mayormente del sistema binominal, aún teniendo este un contenido anti popular y anti democrático. Sin embargo, compartiendo con el resto de las organizaciones de izquierda el rechazo del sistema binominal, creemos que la lucha en su contra se da principalmente en la construcción de esta nueva mayoría que despliega diversos métodos e instrumentos de lucha.
Desde el FPMR se piensa y asume que los espacios de construcción están abiertos o en disputa, y serán las políticas mas coherentes y que logren anclarse efectivamente en los sectores sociales las que acumularán fuerzas e incidirán en la coyuntura nacional. Como ya se ha declarado, hoy es posible abrir alternativas más allá del rayado de cancha de la institucionalidad. El 2006 es crucial para que la izquierda revolucionaria se levante en este sentido, abandone la marginalidad y encabece la lucha por las demandas populares y la construcción social. El conflicto de los obreros contratistas de CODELCO, Deudores habitacionales, etc., ha demostrado que la izquierda consecuente sí puede disputar los terrenos que habitualmente controla el reformismo o el gobierno. Y lo que es estratégico, potenciar la participación de las bases en el campo de los trabajadores, en el ámbito de los pobladores, en el mundo de los estudiantes y en diversos sectores sociales.
En dicho proceso, resulta fundamental el fomento de la independencia de clase y la autogestión política de las organizaciones populares, construyendo con horizontes estratégicos, sin amarrarse a compromisos en momentos de debilidad como lo hizo la cúpula del PC con sus llamados 5 puntos o demandas a la Concertación y su entonces candidata, exigencias que no fueron hechas para cuestionar el modelo sino para que sean aceptables para la Concertación.
Sabemos que el nuevo gobierno genera muchas expectativas y esperanzas en muchos chilenos que hoy le dan su respaldo, pero debe quedar claro que para revertir las injusticias y discriminaciones no se puede confiar en la buena voluntad o la “sensibilidad” de los administradores actuales. Una señal a considerar es que mientras Bachellet asume el gobierno, cientos de familias de pobladores sin casa y allegados eran violentamente reprimidos cuando intentaban hacer valer su derecho a una vivienda en condiciones dignas. Entonces, son los propios sectores sociales los que deben hacerse oír y luchar con fuerza, luchar no sólo por sus demandas mas urgentes, sino también por formas de organización y dirigencias comprometidas con esa lucha, como un proceso en dirección a un proyecto de auténtico y patriótico desarrollo para nuestro pueblo.
Por eso este Primero de Mayo es el momento en que muchos sectores de trabajadores y sus organizaciones han levantado sus propios contenidos y propuestas con autentico carácter de clase, con el horizonte puesto en saber interpretar y hacer converger a todos los sectores sociales en una acción independiente a escala nacional.