Saúl Vargas J.
Presidente de la Confederación de Sindicatos Santiago Poniente, CONFESIMA
Autodenominarse de clase, en el Primero de Mayo será nuevamente la moda, el espectáculo del lenguaje estará garantizado, es muy fácil tener un discurso anti-sistema. Por lo mismo es necesario hacer un análisis de las prácticas sindicales para ver qué tan anticapitalistas son muchos de los dirigentes, sindicatos, y centrales que así se proclaman.
Por ejemplo, todos se han proclamado en contra del proyecto de subcontratación presentado por el gobierno, por un salario mínimo digno, por el derecho a negociar colectivamente de todos los trabajadores, etc, en fin, a favor de todos los derechos fundamentales que deben tener los trabajadores. Derechos que para nada consagra el actual código patronal, pero nada hacen por revertir esta situación.
Es innegable que el proyecto de subcontratación supone otro nuevo retroceso para la clase trabajadora; es más, perpetuará y ampliará la subcontratación a todas las áreas de la producción. Proyecto impulsado por la Concertación, la que se mantuvo en el gobierno con el respaldo del conglomerado PODEMOS, entre muchas otras organizaciones que se autodenominan de izquierda. Este proyecto será un nuevo golpe neoliberal principalmente a los trabajadores más pobres. Por tanto, todos tendríamos que estar luchando por frenarlo.
Por otro lado, el ingreso mínimo acordado por la Central Unitaria de Trabajadores CUT y el gobierno de Bachellet el año pasado es de $135.000 pesos. Este hecho aún es más grave, en tanto que la CUT negoció este sueldo por dos años. ¿Donde están los representantes de la clase, los anti neoliberales, anticapitalistas oponiéndose a tal espurio acuerdo?
Quienes postulamos hoy un sindicalismo de clase, los que hemos roto con las centrales sindicales (CUT-CAT), que más que centrales sindicales son agentes estatales, satélites del Estado y del empresariado (UNT). Como en el libro de Orwell, “Rebelión en la Granja”, cuando los cerdos se convierten en personas, se nos hace imposible distinguir en este caso, a muchos dirigentes sindicales de un dirigente de la patronal.
Algunos en la CUT se auto denominan como corriente sindical de clase ¿Cómo puede ser que dirigentes hablen de sindicalismo de clase, si ni siquiera se plantean renunciar al financiamiento estatal? En definitiva, ¿Cómo se puede afirmar estar totalmente en contra de la burocracia sindical manteniendo la misma estructura que generan esa burocratización? ¿Cómo se puede estar en contra de las políticas neoliberales y participar en cuanta comisión se inventa para legitimar un Estado que reprime y legisla contra los trabajadores?
Incluso la CUT está mas preocupada por que la dirección del trabajo declare ilegitimas a las otras dos centrales, para no tener que compartir ningún espacio de participación en el gobierno o con el empresariado, como si los trabajadores hubiésemos ganado algo en estos espacios los últimos 16 años.
El anticapitalismo se demuestra en los hechos, por tanto, habrá que ser anticapitalistas tanto en la forma como en el fondo. Por un lado, tenemos a quien lucha por construir una organización democrática, extendiendo la conciencia de clase, eliminado los intermediarios, desobedeciendo al sindicalismo actual pactado en la transición, trabajando la autogestión, haciendo en suma anticapitalismo. Por otro lado, tenemos a quien desde un discurso antisistema es cómplice de mayor flexibilidad laboral, y aceptando una estructura sindical jerarquizada y burocratizada. ¿Dónde está el anticapitalismo y su posición de clase?
Hay que tener en cuenta que el capitalismo actual, para sobrevivir e imponerse va evolucionando en todos los terrenos. Para ello necesita de quienes por acción u omisión colaboran legitimando sus mecanismos de represión y control social. De este modo, se ha ido consolidando la absurda idea que la exclusión de la clase trabajadora se resuelve en el parlamento y no a través de la organización de la clase, de la organización de los trabajadores en todos los ámbitos; en su trabajo, en la población, en la escuela, etc.
O rompemos con esos mecanismos y los hacemos evidentes, o estamos perdidos en las garras del sistema.
Desde ya nos autoconvocamos a impulsar el debate, ningún trabajador y luchador puede marginarse, hay que incentivar la discusión, hay que debatir, hablar de desobedecer a las estructuras del sindicalismo reformista y proponer alternativas, hay que debatir sobre las causas de la burocratización que tanto se critica. En suma, hay que asentar las bases de un sindicalismo de confrontación realmente anticapitalista que renuncie al colaboracionismo de clases. Por un lado, con un discurso anticapitalista, y por otro con prácticas socialdemócratas, será imposible construir un sindicalismo de clase.
La tarea es la organización de la clase explotada, no para que caiga en las manos de los reformistas criados por el capital, la tarea es la organización de los trabajadores para la construcción de un movimiento sindical de clase y que luche por el término del trabajo asalariado, por una sociedad sin explotación.