Un compañero que militó en la organización en los 80, y que hoy en día participa en organismos sociales, comentaba respecto al proceso desarrollado por nosotros durante todos estos años, lo valioso que le parecían los resultados políticos manifestados en la convocatoria al primer congreso, reprochándose la actitud que anteriormente había tenido en el sentido criticar sin comprender, lo importante que había sido en su momento, “poner un párele” al activismo por activismo, a la política contestataria y los caminos poco claros, para entrar en un debate profundo y de reorganización conducida, de cuyo esfuerzo y constancia ya veía los primeros frutos.
Y es que el largo proceso político que implicó la elaboración del nuevo proyecto de la organización no fue asimilado de buenas a primera -incluso dentro de la propia organización-, creyéndose que “darle tantas vueltas al asunto de la crisis”, “pasar debatiendo”, “hacer tanta teoría”, eran perder el tiempo, dejar de luchar. Costó se reconociera que si bien otras experiencias no habían concluido en nada bueno y hasta en el inmovilismo y la extinción, lo nuestro tenía sus peculiaridades, que nos hacía estar convencidos de que habíamos escogido el mejor camino para seguir existiendo como alternativa, al margen de las deficiencias y errores del complejo período.
Lo sustancial es que la propuesta de lucha o proyecto que resulta de esto llegó a su etapa resolutiva y práctica (papel del Congreso), por lo que los obstáculos derivados de la ausencia de esta guía para la acción han sido superados, para abrir paso a nuevas expectativas y nuevas problemáticas. Fase significativa que nos deja a modo de resultado: que fuera del proceso de discusión escogido para superar la crisis de los 90 no existía otro; que el principio de reorganización del FPMR pasó siempre por estar insertos objetivamente en las luchas populares y sus nuevas condiciones, rescatando nuestra esencia como organización, la historia de lucha de nuestro pueblo y la elaboración de un proyecto que reivindicando el cambio revolucionario, no perdiera de vista el contexto y los aspectos culturales sobre el que se construye la fuerza para este salto histórico.
Para quienes no han tenido la oportunidad de interiorizarse de los contenidos principales del nuevo proyecto en discusión, o para quienes lo han hecho someramente, entregamos algunos extractos del mismo que indudablemente podrán servir para hacerse una panorámica de los conceptos básicos, estructuración, accionar y opción de lucha del rodriguismo para la coyuntura y el futuro del país. Alertando sí, que por ser una síntesis muy general y en debate, se recomienda recurrir además a la documentación publicada en la revista y la página del Frente sobre el tema, y por supuesto estar atentos a los resultados del Congreso que tendrá la palabra final al respecto.
Algunos detalles de la nueva propuesta
Un punto primordial en todo proyecto revolucionario es su base ideológica. Por lo mismo y debido a la propia naturaleza del proceso interno del Frente en cuanto a la búsqueda de un pensamiento que permitiera superar las contradicciones que lo habían llevado a la mayor crisis interna, es que el problema ideológico alcanzó gran relevancia. Ya en la primera etapa del PDI en 1994 decíamos que,“ la base de estos cambios y del futuro proyecto debe estar un pensamiento distinto del que nos ha guiado hasta hora, que ponga en el centro al pueblo como el motor de los cambios y a la lucha de clases como expresión concreta de confrontación social. Ese nuevo pensamiento debe considerar el cambio de época que vive el mundo, y el carácter de la etapa que atraviesa nuestro país, en cuanto al modelo y estructura social, política y económica que nos rige: el Neoliberalismo” (doc. “Conclusiones a la Concepción”).
Ratificando el Marxismo-Leninismo como doctrina y el Rodriguismo como forma y experiencia propia, la nueva visión precisa al respecto, que “Nuestra concepción de la patria y el patriotismo tiene que ver con los intereses y la identidad de la clase trabajadora y en general de las mayorías dominadas y explotadas de nuestro país. Por lo mismo, el Rodriguismo como idea ha sido y debe ser capaz de traspasar las fronteras orgánicas de la propia organización (FPMR), interpretando por medio de su política a todos aquellos luchadores y corrientes humanistas y progresistas que desde las más diversas formas y convicciones estén en contra del actual orden económico, social y político que vive nuestro país. Asimismo nos identificamos con otras expresiones populares en particular de América Latina, como la Tupac-Amarista, Bolivariana, Martiana, Sandinista, entre otras, que con sus particularidades, reflejan también esa voluntad irrestricta de no dejarse someter a ninguna fuerza imperial, a ningún tipo de explotación y dominación”.
En resumen, dar cuenta de la relación de principios que debe existir entre la lucha nacional patriótica y el fortalecimiento del Internacionalismo desde una posición latinoamericanista, entendiendo que para enfrentar realmente al Capital y su “orden mundial” en nuestro país, se requiere una seria vinculación con las fuerzas avanzadas de la región: “El desmedido poder del Imperio norteamericano tiene un solo límite a su voracidad, y este es la unidad de nuestros pueblos, que debe comenzar por la unidad sólida de sus organizaciones políticas y sociales. Para que esto tenga posibilidades reales de hacerse efectivo, es imprescindible una concepción común antiimperialista basada en la historia de las relaciones políticas y económicas que ha tenido los EE.UU. con nuestra región”. Internacionalismo que “debe superar los caminos recorridos hasta ahora y llegar al debate político y al intercambio de realidades y proyectos. La reciprocidad debe estar basada en el compartir plenamente las nuevas experiencias que emergen de la lucha de nuestros pueblos”.
Extractos determinantes
El resumen histórico del acontecer nacional nos señala que luego de siglos de dominio y explotación, al margen de los distintos esfuerzos independentistas y luchas populares, terminado el régimen dictatorial e iniciado los gobiernos civiles neoliberales, Chile es un país que ha reforzado las cadenas de la dependencia, que no ha logrado salir del subdesarrollo acentuando el crecimiento desigual como país exportador de materias primas, proceso controlado por un puñado de multinacionales y grupos económicos, el Banco Mundial, etc.
En este sentido pensamos que la defensa de los intereses nacionales, es una labor que bajo las actuales condiciones, solo podrían impulsarla los sectores más conscientes y avanzados del campo popular (hoy en su mayoría los antiguos estamentos nacional liberales, están comprometidas con el modelo imperial), a través de un gran movimiento que unifique a la clase trabajadora y el pueblo, desde un programa articulado en atención a lo nacional, la autodeterminación y la recuperación de los bienes pertenecientes al Estado chileno, socavando las bases que sostienen al imperialismo en el país.
Es decir, un Proyecto Revolucionario, Patriótico y Popular, que permita resolver las contradicciones fundamentales que limitan el progreso y el desarrollo de nuestro país, mediante un proceso de lucha que abra paso a cambios estructurales, encabezadas por el pueblo y sus organizaciones, destinado a erradicar el capitalismo y abrir paso al socialismo en Chile.
Un proceso que debiera promover la industrialización aprovechando plenamente nuestros recursos, superando las desigualdades estructurales del crecimiento capitalista; potenciando las fuerzas productivas, calificando la fuerza de trabajo y ampliando la capacidad tecnológica y científica. Desarrollo dirigido también a garantizar una justa distribución del ingreso que potencie el mercado interno y el fomento nacional, impulsando su permanente crecimiento en cobertura y calidad, impidiendo cualquier negociado con los derechos sociales de los trabajadores y del pueblo en general. Así como la superación del consumismo y otros vicios del actual sistema, además de evitar la depredación de los recursos naturales no renovables y la contaminación del medio ambiente.
El Socialismo es una larga búsqueda y construcción, no sólo una meta a alcanzar en un hipotético momento histórico, por lo cual será permanente dentro de nuestro programa la aplicación de contenidos y acciones que viabilicen dicha opción en el tiempo y espacio, más allá del eventual triunfo de las fuerzas revolucionarias. Incluso éste es mucho más que sus aspectos económicos y políticos, es participación, trabajo colectivo, solidaridad, y muchos otros principios y valores que de ser aplicados de manera permanente y creativas, entregan inconmensurables herramientas al pueblo en su enfrentamiento diario con la ideología que lo aliena y oprime.
La correlación de fuerzas
Nuestra tarea principal para el período en cuanto a correlación de fuerzas es aportar a la reconstrucción del Movimiento Popular en su sentido estratégico, teniendo como fuente de esta práctica territorios y sectores concretos, generando las condiciones para que los sujetos sociales alcancen mayor madurez y participación, y se hagan protagonistas principales del proceso revolucionario. De ahí la necesidad de hacer política desde la base, de insertarse en las realidades específicas y los temas cotidianos, conociendo e incidiendo en cada sector, creando o cualificando la identidad de clase, la organización del pueblo, la participación consciente. En función de dicha concepción y prioridad es que hemos descartado la inserción en la institucionalidad (alcaldías, parlamento o presidencia).
En todo caso “no negamos el uso de determinados espacios legales o semilegales en el ámbito de base, que el pueblo utiliza para articularse y defender sus reivindicaciones históricas (juntas de vecinos, centros de alumnos o federaciones, sindicatos y otros). El rodriguismo con su política social no intenta suplantar la organización que el pueblo se da o ejerce, ni menos generar representaciones artificiales dentro de las estructuras del poder actual, su institucionalidad o cualquier otra forma que represente este sistema, más bien nuestra opción es ser una alternativa de lucha, un instrumento de organización, formación y confrontación del pueblo con el yugo que lo oprime”.
Las primeras escaramuzas se darán contra el enemigo inmediato, las políticas neoliberales y sus sostenedores. Bajo la defensa y conquista de los derechos humanos en su concepto integral, los derechos políticos, económicos y sociales conculcados por el actual sistema. Es decir, la lucha por la dignidad nacional; una lucha por todo aquello que haga la vida mejor para el pueblo, que satisfaga no sólo aspectos estrictamente materiales de la vida, sino también el enriquecimiento de su espíritu y cultura. Para lo cual impulsaremos un Programa Patriótico de Desarrollo, propuesta que piensa recoger las aspiraciones y necesidades más urgentes y sentidas por las grandes mayorías nacionales empobrecidas y explotadas por el modelo económico y social imperante.
El protagonismo social
La construcción de Movimiento Popular para nosotros debiera tener como sujetos principales a los trabajadores, pobladores y estudiantes, donde el primer eslabón a resolver es la constitución de los propios sujetos como tales. Para lo que proponemos como línea de acción, el “...fortalecimiento de la autonomía e independencia política de las organizaciones populares en relación con los gobiernos y Estado capitalista en cualquiera de sus formas, al desarrollo de la convergencia de las organizaciones sociales en torno a la lucha reivindicativa y a objetivos comunes relativos a los trabajadores, pobladores, estudiantes, la mujer, la cultura, etc.; a la generación de plataformas de lucha a nivel territorial y sectorial, al involucramiento del pueblo en todos los asuntos que le atañen. La futura expresión organizativa de este desarrollo es la creación de focos o embriones de poder popular a través de la acción directa de los organismos sociales y políticos en un sector, mediante asambleas, control territorial, construcción de espacios alternativos de desarrollo social, cultural y económico, entendiendo como espacio territorial a todos los sectores sociales coordinados de una zona o región”.
Ello no significa descartar por adelantado a otros sectores que puedan identificarse con los intereses de los sectores mencionados (pueblos originarios, pequeños campesinos, artesanos y microempresarios, intelectuales, profesionales, etc). Sin embargo, desde el punto de vista de la conducción y el cambio social, trabajadores, pobladores y estudiantes representan para nosotros el rompimiento más probable con el sistema; la potencial avanzada y la constitución del propio movimiento; una expresión determinante del sentido nacional que presupone nuestro proyecto.
Para la generación de sujeto social en los ámbitos ya definidos, nuestra organización pretende generar o favorecer iniciativas u organismos que se coordinen y desplieguen acciones (intervención) con alcance en lo nacional desde sus propios frentes de lucha sectorial o territorial. En la acción directa, este quehacer se podría manifestar como frentes político-sociales que logren aglutinar, agrupar o coordinar en torno a esta política a gran parte del contingente cercano al rodriguismo y a las ideas antimperialistas y anticapitalistas en general, aportando a su aplicación y difusión.
Por otra parte, y en un marco superior de convergencia, pretendemos la constitución de un polo revolucionario nacional, acompañado de relaciones o alianzas con organizaciones revolucionarias hermanas del continente y el mundo, para la unificación de las luchas e intercambio que involucren además al campo social.
El instrumento político
El nuevo proyecto nos exige importantes cambios en el plano organizacional para el período. Partiendo por la concepción política del FPMR, el que definimos como un instrumento político-militar que contribuye a la generación, articulación y movilización de los sujetos o fuerzas sociales, en pos de lograr la correlación de fuerzas necesarias y la expresión material de las mismas, en la consecución de los derechos populares y el cambio social.
Este instrumento podría expresarse mediante una instancia interna partidaria o columna vertebral apoyada en tres líneas de acción: social, militar e internacional, particularidad que cruza en cuanto a contenidos a toda la organización, con espacios públicos, abiertos, cerrados y clandestinos de trabajo; más expresiones con carácter de movimiento hacia el trabajo social de base y estructuras funcionales de apoyo en lo técnico.
Externamente el FPMR se construye a través de la profundización de sus vínculos con las fuerzas sociales, con los sectores que hemos caracterizado como fundamentales para esta etapa. Y en lo interno, se estructura orgánicamente y desarrolla su vida política sobre la base de la aplicación rigurosa del principio leninista del centralismo democrático, que conjuga una disciplina estricta y consciente con una amplia democracia interna; el ejercicio de la dirección colectiva, donde todos sus componentes son elegidos desde la base; la responsabilidad individual, y la práctica de la crítica y la autocrítica ante los propios errores, garantizando la pureza y la cohesión de sus filas y la necesaria unidad de pensamiento y de acción junto a la mayor libertad de discusión y de iniciativas.
Construcción político-militar
Teniendo en cuenta la experiencia de los 80, como también la localización de las clases y capas sociales populares principalmente en las ciudades, incluyendo la proletarización creciente del campesinado, visualizamos que la vía revolucionaria de enfrentamiento más probable en el país será de tipo insurreccional, resultado de una acumulación global de fuerzas de tipo social, ideológica, política y militar. Sin embargo, las formas concretas de enfrentamiento se perfilarán en la misma medida que se agudice el conflicto, por lo cual será necesario estar preparados para cualquier variante que la propia dinámica y el pueblo generen.
Nuestra estrategia es de carácter Político Militar, porque entendemos que en la perspectiva de la confrontación del pueblo con el sistema dominante, deberá transitar por diversos períodos de acumulación y movilización de fuerzas. Cuyos protagonistas en el plano militar, coherentes con el proyecto serán también los trabajadores, pobladores y estudiantes. El objetivo en este sentido, es que el movimiento popular pueda resolver el problema del poder en función del proyecto revolucionario, por medio de la construcción de la fuerza material que pueda responder a las necesidades de la confrontación armada; “el movimiento revolucionario no impulsa este proceso construyendo por fuera del movimiento popular ni lo resuelve en su totalidad con aparatos “especiales”, así como tampoco debe confiar en el paso automático de parte de las fuerzas armadas a las filas populares. La conducción y dirección político militar de la revolución no se forma sino en años de perseverante y difícil lucha, un largo período de agudización de conflictos con altos y bajos en los enfrentamientos que tendrán las más diversas formas de expresión”.
Esta concepción debe profundizarse en el conjunto de la organización y hacerla parte de la construcción del movimiento popular. Es decir, un proceso que por una parte aplique los objetivos particulares para lo que hemos definido como el frente externo (trabajo combativo de masas. Ej.: la autodefensa) y el interno de la organización, la fuerza propia (el Frente en su conjunto), que en la practica se atraviesan, interrelacionándose con nuestra construcción de organización que combina métodos de trabajo legales, semilegales y clandestinos. La preponderancia de cada método irá en proporción directa con el desarrollo y el contexto mismo de la lucha en su integralidad.