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FORMACION

DISCIPLINA POLITICA

Donde abordamos algunos conceptos manoseados y otros no tanto. La indisciplina como método. La autodisciplina y su influencia regeneradora. La disciplina como aprovechamiento del tiempo de trabajo. La disciplina y sus manifestaciones.

Si en algún momento estamos leyendo cómodamente en nuestra casa y comienza a llover, seguramente sentimos un leve estremecimiento en la piel y pensamos de inmediato en las cosas que se nos vienen encima: la ropa colgada, los niños, el perro en el patio, etc. Inventario donde seguramente las posibles “goteras” ocupan un lugar importante.

En muchísimas cosas de la vida el desencadenamiento de un hecho no es sorpresivo, no se presenta en forma de avalancha, de arrollada imprevisible e insalvable. Generalmente las cosas comienzan, se desarrollan y luego se convierten en el problema final que iban a ser. Aunque existen excepciones. Todos conocemos la sorpresa, la casualidad, lo imprevisto.

En el caso que nos ocupa la ley se cumple con todo rigor. De igual forma que en la lluvia, de igual forma que las desesperantes goteras de nuestros techos permeables, la indisciplina tiene un leve principio, al parecer ingenuo, que luego avanza, corroe, desorganiza y finalmente rompe la estructura más sólida, el sistema más eficaz, el método más comprobado.

La indisciplina debe ser atacada siempre, indefectiblemente, desde sus primeras manifestaciones, ya sea colectiva o individualmente.

La indisciplina como método
Todos hemos sido testigos de lo dificultoso que es el trabajo, en especial el político, cuando la indisciplina se torna sistemática. Un cúmulo de conductas y formas de hacer, incapaces de adaptarse a un ordenamiento lógico para llevar a efecto una tarea cualquiera, que por lo general mantienen al conjunto en ascuas, e incluso nunca se logra la tranquilidad de haber cumplido bien lo planificado; llenos de nerviosismo, dudas, conjeturas, llamadas por teléfono “para confirmar”, desgaste innecesario...

La indisciplina como método, evidentemente es todo lo contrario a la disciplina. Hace del desorden, la ausencia de prioridades, el no adelantarse a los hechos, la falta de control y subordinación, la irresponsabilidad, una constante.

Por lo general, el indisciplinado o no tiene conciencia de ello, o la tiene pero es incapaz de superarlo por sí mismo. En el primero de los casos bastará un buena formación, en el segundo, voluntad. Ciertamente nadie nace con esta propiedad humana a flor de piel, se madura con el tiempo. Aún cuando, como es de carácter social, sólo se puede desarrollar y demostrar en este terreno de la colectividad.

La Autodisciplina
Coinciden los estudiosos y nuestra propia experiencia, en aseverar que la autodisciplina es el remedio más eficaz contra el fenómeno de la indisciplina.

La autodisciplina no se hereda, no nace con la persona, se adquiere en el largo proceso de la formación de la personalidad.

Nadie es autodisciplinado porque sí. La exigencia, la educación familiar y escolar, la actividad laboral y política, crea en los seres humanos la conciencia por la disciplina.

Una vez convencidos y conscientes que es necesario transformarse para poder transformar la sociedad, decir que la “disciplina debe ser consciente y voluntaria” no es suficiente, ello tiene que ser demostrado en cada acto y acción, no solamente como una forma de “entender”. No hay que olvidar que en el principio revolucionario de la disciplina, el individuo como ser pensante y actuante es el que define, el que actúa y se hace responsable de sus actos en los hechos.

La indisciplina contra el tiempo
Siempre que se analiza la disciplina o la indisciplina se observa la relación existente entre ellas y la categoría tiempo.

Entre uno de los tantos aportes entregados por el Che al proceso revolucionario cubano, se encuentra un manual donde él desde su labor de Ministro de Industrias plantea algunas directrices en cuanto al aprovechamiento del tiempo de trabajo, que puede ser llevado hoy empíricamente a cualquier plano del quehacer político con plena vigencia:

“Uno de los elementos más valiosos entregados a nuestra custodia y disposición como trabajadores - el tiempo de trabajo- desgraciadamente es el que generalmente recibe menos atención, o no se da la debida importancia”. “El mal uso del tiempo disponible muchas veces tiene su origen en nuestra propia desorganización, debilidad y liberalidad. Es un problema básico de disciplina del trabajo... “Esto no quiere decir que tengamos, o debamos aislarnos del mundo, meternos en una concha, o dejar de atender a las personas con quienes tengamos que entrevistarnos, o no asistir a las reuniones a las que somos citados, pero sí significa insistir en mantener una guerra constante contra los usurpadores de nuestro tiempo”. “Si cada uno de nosotros hacemos un verdadero autoanálisis del uso que le estamos dando al tiempo de trabajo, nos sorprenderemos del derroche indebido que del mismo hacemos”.

La disciplina o la indisciplina tienen que ver no sólo con el uso debido o indebido del tiempo. También están vinculadas con la oportunidad, es decir, con hacer o no hacer las cosas en el momento preciso, a su tiempo.

Uno de los profesores e investigadores que trabajó con el Che en el área de sistemas y la organización científica de la dirección, elaboró un decálogo muy interesante para el estudio y uso de todos los que perdemos el tiempo o queremos aprovecharlo mejor:

  1. No malgaste su tiempo. Concéntrese en su trabajo y no realice el de personas subalternas.
  2. Trabaje con planes. Priorice y anote los problemas. Atienda uno a la vez y llévelo hasta el final.
  3. Separe tiempo para pensar y para las actividades que se repiten.
  4. Descubra las dificultades permanentes. Haga un plan de solución sistemática de ellas.
  5. Delegue. Tipifique la solución de los problemas que se repiten.
  6. Sea breve y puntual. Aprenda a expresar sus ideas de forma concisa y precisa.
  7. Aplique técnicas de control selectivo y por excepción.
  8. Aplique técnicas de conducción de reuniones y despacho.
  9. Aproveche el tiempo que aparece “al menudo”.
  10. Estudie las técnicas de toma de decisiones y aplíquelas en su trabajo.

Es oportuno también conocer algunas categorías de disciplina, como por ejemplo, la personal, causa permanente que se materialicen o no las restantes formas de disciplina; la política, referida a la sustentación de un proyecto de transformaciones y participación en una organización; la social, de desarrollo y autogestión de las masas populares; la económica, sin la cual no es posible subsistir en el mundo productivo actual; la militar, orden y mando en el desarrollo de la confrontación armada y no armada; la tecnológica, obligación imprescindible para poder tratar con eficacia los complejos recursos que la sociedad humana ha puesto a nuestro alcance; etc.

En fin, el camino de la disciplina o la indisciplina es muy largo, pero tiene un comienzo. La cuestión reside en saber encontrarlo. Una vez descubierto el comienzo del largo camino de la indisciplina estamos en plena posibilidad de abandonarlo. De igual forma, una vez descubierto el comienzo del largo camino de la disciplina todo se reduce a insistir y mejorar.

La persistencia de todos estos señalamientos es inobjetable. Muchos más pudieran enumerarse. Personalmente los lectores han de tener otras experiencias. Casos en los que cada cual debe sacar sus propias conclusiones y, sin complejos ni temores, cortar por lo sano.

¡Ah! A propósito de toma de decisiones, en el próximo numero bucearemos en este tema, a ver que sucede...

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