Desde sus inicios el FPMR se ha definido como una organización de carácter Patriótico, lo que desde el principio molestó profundamente al bloque en el poder, tanto que en sus medios de comunicación la dictadura intentó (y aún el sistema persiste en ello) arrebatarnos ese carácter con el recurso burdo de deformar o mutilar nuestro nombre y sigla como organización (FMR le ponen). Esto indica que en términos de lucha político-ideológica el tema no es menor.
¿Pero qué significa para nosotros la patria y el patriotismo en la realidad concreta del hoy?
Se debe comenzar señalando que las clases dominantes, así como se han apropiado y manipulado los conceptos de libertad, democracia, derechos humanos, así también lo han hecho con los de patria y patriotismo, y en general con todos aquellos que les sean útiles en la mantención de su sistema de dominación, por eso es políticamente importante rescatar estos principios, otorgarles un contenido ideológico revolucionario e incorporarlos conscientemente a nuestro proyecto por la transformación radical de la sociedad.
El concepto de patria
Lo anterior se fundamenta en que “la patria” en general postulada por las clases dominantes no existe. No es algo estático, definido y configurado desde siempre y para siempre. Tampoco puede reducirse el concepto de patria a la noción de tierra y los vínculos que se desarrollen entre esta y sus naturales, sean de carácter histórico, cultural, jurídico u otro. No puede negarse que en un territorio determinado, y producto de su desarrollo histórico, se acumulan factores de tipo lingüístico, social, político y económico, que otorgan la sensación de unidad histórica y provocan la identificación de un conglomerado humano como nación, un proceso de acumulación de valores y prácticas que trascienden formaciones sociales concretas.
Pero ello no significa que estos valores y prácticas que nos distinguen de otros lugares o pueblos, constituyan la patria, una patria abstracta, general e independiente de condiciones históricas. La patria -entendida como un conjunto de elementos materiales e inmateriales que infunden un sentido de pertenencia a un vasto grupo humano- es una manifestación histórica. Es decir, se da siempre en concreto y posee un carácter eminentemente dinámico, cambia y se desarrolla en el tiempo y de acuerdo a la intencionalidad de diversas clases sociales, y muy especialmente de aquellas en el poder. Es por ello que se habla de la patria burguesa y la patria socialista. O dicho de otro modo, el concepto de patria debe necesariamente llevar “apellido”. De ahí que sostengamos que la patria abstracta no existe, sino que la patria -realidad concreta e históricamente determinada- tiene elementos objetivos y subjetivos, positivos y negativos, los cuales no constituyen patrimonio de las clases dominantes, pero es claro que se han apropiado de ellos para configurar su idea y praxis de patria.
El postular la existencia de la patria burguesa, y por ende, la necesaria lucha contra esta, no significa ser antipatriota (porque la patria en general no existe) sino que plantear una idea alternativa de patria, la cual está indisolublemente vinculada a un proyecto de sociedad distinto. Esto último es de fundamental importancia para comprender el carácter y contenido esenciales de la patria y el patriotismo, ambos están siempre directa e invariablemente ligados a un proyecto histórico de sociedad y a los sujetos o fuerzas sociales que son protagonistas de dicho proyecto. La patria burguesa es funcional al sistema capitalista y es debido a esto que se desarrollan y perfeccionan mecanismos ideológicos que garanticen la identidad de la mayoría con la idea hegemónica de patria.
El rol de la ideología
El rol de la ideología es vital para imponer valores, criterios e ideas que sean funcionales a la perpetuación del sistema de dominación. En este sentido, la distorsión de la historia y la interpretación clasista de la misma, desempeñan un papel preponderante.
Las “gestas patrióticas” que conocemos se nos han transmitido de generación en generación de manera mecánica y con carácter de última palabra, sin posibilidades de cuestionar o al menos profundizar sobre personas, hechos o circunstancias que -según se transmite a través de la familia, la escuela o los medios de comunicación- conforman nuestra “historia patria”. La mecanicidad, la superficialidad y el control hegemónico del contenido de la historia, se conjugan para entregar una versión histórica interesada, parcelada y profundamente acientífica en donde las verdaderas causas de los fenómenos se pierden en una inmensa maraña de falsedades, apariencias simbólicas y detalles secundarios.
Por ejemplo, los principales hechos históricos que se nos presentan como fundacionales en la construcción de la patria, están estrechamente relacionados a las Fuerzas Armadas. Por tanto, la exaltación de eventos militares, de hombres y hechos, busca plasmar en la mente del chileno la relación patria-FF.AA. Es por esto que se habla del “día del roto chileno”, “día de las glorias navales”, “día del juramento a la bandera”, “día de las glorias del ejército”, etc. Esto es una clara y tendenciosa manipulación ideológica que pretende mantener incólume el tipo de vínculo entre patria y capitalismo, entre la nación y la patria y, lógicamente, mantener y fortalecer la identificación de las mayorías con todo lo anterior, siendo la mayor expresión de esto el nacionalismo imperialista, xenófobo, racista o religioso que tantas guerras injustas ha originado y que no ha hecho más que legitimar, defender o fortalecer el dominio de un sector social sobre otro.
Patriotismo
Cualquier definición de patriotismo debe necesariamente hacerse con referencia a la patria y al concepto específico que de ella tenemos. En consecuencia, éste tampoco es abstracto, no es una calidad asignada o eterna, sólo puede entenderse en relación a un contexto histórico concreto. El patriotismo, cual conjunto de principios y prácticas destinadas a la construcción, preservación y desarrollo de la patria, se vincula a un proyecto específico de sociedad postulado en un momento histórico preciso. Es patriota aquel que se mueve en dirección de la historia y del desarrollo social, aquel que brega por la liberación de las fuerzas materiales y espirituales de la sociedad y contribuye al desarrollo y bienestar del ser humano. Al que lucha porque aquella identificación cultural, lingüística, histórica o política adquiera una dimensión real y efectiva y no sea sólo producto de la imposición de la minoría en el poder.
El patriotismo es ajeno a la opresión y la explotación, la identificación con una patria es, por sobre todo, la identificación con seres humanos pasados, presentes o futuros, con los cuales se ha materializado la circunstancia territorial, cultural e histórica de compartir la vida y de construir un entorno común. La única manera de que esta identidad posea un carácter humanista y solidario -más allá del discurso patriotero- es que prevalezcan la igualdad y la justicia sociales. Y ello es algo que jamás ocurrirá en la patria burguesa.
La idea internacionalista
Entendemos que el desarrollo histórico ha derivado en la conformación de naciones y Estados, en el establecimiento de estrechas fronteras y en la proliferación de valores y prácticas que apuntan a la consolidación de patrias diferentes y numerosas. Para los revolucionarios está claro que detrás de las banderas, los himnos y los escudos, hay pueblos, hay seres humanos, mujeres y hombres separados por fronteras artificiales, por siglos de guerras, expansiones colonialistas o imperialistas. Millones de seres humanos cuyos problemas y sueños no difieren mayormente, independientemente de sus lugares de origen. Si la división del mundo constituye un producto histórico de la sociedad dividida en clases, la posibilidad de su reunificación también es una posibilidad histórica, momentáneamente inviable tal vez, pero eventualmente alcanzable.
En el intertanto, la idea internacionalista, la idea de que la lucha liberadora no reconoce fronteras, forma parte del ideario y praxis revolucionaria. Bolívar y Martí así lo entendieron, el pueblo cubano así lo entendió en Africa; millares de gentes sencillas así lo entendieron y practicaron en la guerra civil española y en Nicaragua.
El internacionalismo no es opuesto al patriotismo, por el contrario, se complementan y alimentan recíprocamente. La lucha de un pueblo por su liberación es el mejor aporte a las aspiraciones de libertad de otros pueblos, de modo que ni la patria ni el patriotismo pueden llevar un sello estrecho, rígido e inflexible.
En síntesis, los revolucionarios y los rodriguistas no sólo podemos sino que debemos ser patriotas, y así como en su momento esto significaba principalmente luchar contra la dictadura militar, en las actuales condiciones este contenido se proyecta, y para los rodriguistas quiere decir:
Primero, hacerse parte de los intereses y la identidad de la clase trabajadora y en general de las mayorías dominadas y explotadas de nuestro país. En consecuencia, la acción consciente del movimiento popular, sus organizaciones revolucionarias, y todos aquellos sectores -en cada país- que puedan identificarse con sus objetivos en el transcurso de la lucha, son las únicas que pueden ser entendidas realmente como patrióticas, ya que reflejan también esa voluntad irrestricta de no dejarse someter a ninguna fuerza imperial, a ningún tipo de explotación y dominación.
Segundo, luchar por una verdadera soberanía del pueblo en los asuntos políticos y económicos del país, usurpados por el capital financiero transnacional en concomitancia con los grupos económicos locales. En definitiva, conquistar una auténtica independencia nacional, (antiimperialismo) que nos permita recuperar el control de nuestros recursos naturales y reconstruir la capacidad productiva, enfrentando así la dependencia financiera creada por la deuda externa y el Fondo Monetario Internacional, y terminar con la intervención del imperialismo ya sea norteamericano o europeo en nuestra patria.