Desde la desaparición física del Che, ha sido común representarlo resaltando solamente su figura de guerrillero, cuando lo cierto es que en él se conjugaron las características de hombre de acción y de pensamiento, de un combatiente de profunda vocación intelectual.
Como incansable investigador le concedió gran importancia al auto estudio y por tanto a la autodisciplina. Siendo aun muy joven, con apenas 16 o 17 años, comenzó a introducirse en el pensamiento de Marx y Lenin con la lectura de El Capital y El Manifiesto Comunista. Ya en la universidad, profundiza con el “Anti Dühring”; “El Imperialismo, fase superior del capitalismo” y “El Estado y La Revolución”.
En sus viajes por América Latina en esos años, no sólo se dedicó a investigaciones médicas, se interesó y estudió sus museos, ruinas, culturas indígenas y en general, el pensamiento social de los distintos países, proporcionándole un vasto conocimiento de la realidad del continente americano que lo llevó a una mayor profundización en el estudio del Marxismo-Leninismo y en particular la economía política, la estadística y otras disciplinas afines.
Esto se aprecia en sus escritos de la época, años del 54 al 56 y específicamente en el artículo “La Clase Obrera de los Estados Unidos… ¿Amiga o enemiga?”, en el que reflexiona:
“En el último grupo, el de los países imperialistas en plena expansión, sólo Estados Unidos -El gran problema de Latinoamérica- uno se pregunta ¿Por qué en los Estados Unidos, país industrializado al máximo y con todas las características de los imperios capitalistas, no se sienten las contradicciones que colocan al capital y el trabajo en pugna total? La respuesta hay que buscarla en las condiciones especiales del país norteño. Salvo los negros, segregados y germen de la primera rebelión seria, los demás obreros (los que tienen trabajo, naturalmente) pueden gozar de salarios enormes comparados con los que comúnmente dan las empresas capitalistas, debido a que la diferencia entre lo requerido normalmente por las necesidades de la plusvalía y la paga actual es compensada con creces por grupos de obreros de dos grandes comunidades de naciones: los Asiáticos y los Latinoamericanos”.
El desarrollo de los acontecimientos que se sucedieron en esos tiempos en los que el Che tuvo activa participación y que incluyeron los sucesos de Guatemala, el encuentro con Fidel en México, El Granma, y la lucha revolucionaria, influyeron en el desarrollo de su personalidad que se forjó en el sacrifico, la austeridad, la superación teórica constante y el ejemplo personal. Al respecto, Fidel dijo:
“Fue una historia llena de episodios heroicos, de hechos gloriosos, desde que el Che se unió a nosotros para la expedición del Granma: el desembarco, los reveses, los días difíciles, la reanudación de la lucha en las montañas, la reconstrucción de un ejército a partir prácticamente de la nada; los primeros combates y las últimas batallas”
Se triunfó contra todos los dogmas y mitos como el de la geopolítica, derrotando a un ejército mantenido por los norteamericanos en sus propias narices. Entonces comenzó una nueva lucha en un nuevo escenario, tanto o más difícil que la librada anteriormente, desarrollar Cuba e implementar el Programa del Moncada.
En un período corto de tiempo, el Che es nombrado Jefe del Departamento de Industrialización, Presidente del Banco Nacional y por último, Ministro de Industrias.
A pesar del peso de las enormes responsabilidades como miembro de la Dirección de la Revolución, continuó el estudio de la Teoría Revolucionaria y de las experiencias anteriores en la construcción del Socialismo. Con esta visión, se adentró en el análisis del capitalismo contemporáneo en su fase imperialista, no sólo a escala mundial, sino en el entorno de la economía cubana, separando aquellos rasgos positivos en cuanto a las técnicas de dirección y que podrían ser utilizados en la construcción del socialismo.
Creó el Sistema Presupuestario de Financiamiento pero consciente que eso solo era insuficiente; aplicó, conjuntamente con su ejemplo personal, métodos y estilos de trabajo respaldados por la exigencia, la aplicación de controles, la contabilidad, el estudio de costos y la auditoria en todos los niveles. En síntesis, tuvo el merito de aplicar lo general de la teoría del marxismo-leninismo a la construcción del socialismo en Cuba.
Para el Che, el desarrollo económico no es más que el medio para lograr el fin, que es la dignificación del ser humano. El argumentaba que el desarrollo de una sociedad solo tiene sentido si sirve para transformar al hombre, si multiplica la capacidad creadora, si lo lanza mas allá del egoísmo. El transito hacia el reino de la libertad es un viaje del yo al nosotros; y este viaje, sentenciaba, no puede realizarlo el socialismo con las armas del capitalismo, porque no se puede avanzar al comunismo si se organiza la vida socialista como una carrera de lobos al igual que en la sociedad anterior.
Los aspectos fundamentales de su pensamiento y práctica tienen vigencia si los adecuamos a los cambios naturales del decursar de los años, pero sin alterar la esencia de su punto de partida crítico de sus concepciones en la construcción del socialismo.
Che se dio a la tarea de buscar un sistema de dirección que, sustentado en el enfoque de que el comunismo es un fenómeno de conciencia y no solamente un forma de producción, se apoyara en las técnicas contables más avanzadas que permitieran un mayor control y una eficiente dirección centralizada, los estudios y métodos de centralización y descentralización; las técnicas de computación aplicadas a la economía y a la dirección; las técnicas de programación y control de la producción. Las técnicas de presupuesto como instrumento de planificación y control por medio de las finanzas; la dirección participativa de la masa, la motivación directa del trabajador, su identificación con el producto final y la experiencia práctica y teórica de los países socialistas.
Además, en el mundo de la organización y gestión puso en práctica la lucha contra el burocratismo, el establecimiento de instituciones económicas y las relaciones entre ellas; la relación entre Partido y Estado y entre Administración y Sindicatos, utilizando el principio del Centralismo Democrático.
Hizo estudios socio-sicológicos de la organización y la gestión y aplicó la computación y los métodos económicos matemáticos en la creación de la empresa socialista y la formación del hombre nuevo.
Para el Che, la construcción del Socialismo y el Comunismo es un fenómeno de producción, organización y conciencia; no sólo tarea administrativa - técnica - económica.
Planificó para su propia formación y desarrollo, y el de sus cuadros, clases sistemáticas y seminarios con los mejores exponentes nacionales e internacionales de la economía y otras ciencias.
Al igual que Fidel, expresó desde los primero años de la década del 60, la necesidad de un análisis crítico en la construcción del socialismo, denunciando ambos los peligros que acarrea andar por los caminos trillados del capitalismo: la vida les dio la razón.
Desde esos tiempos se percató del estancamiento, esquematismo y dogmatismo en que cayó una corriente no pequeña del pensamiento revolucionario, y como consecuencia de la rectificación que impulsó a tiempo para subsanar este error, se convirtió en precursor de un nuevo enfoque en las ciencias sociales, particularmente en la economía política del socialismo, y en la práctica de su construcción.
El Che era, como pocos, un inconforme con lo hecho, comenzaba por investigar profundamente lo establecido, conocía muy bien que Cuba, un pequeño país subdesarrollado y enclavado en el centro del continente americano, debía tener para desarrollarse mecanismos propios y prioridades más acorde con su realidad, con lo que son los cubanos.
El entendía, como expuso Fidel en 1967, que las ideas marxistas-leninistas requieren un incesante desarrollo y adecuación a las distintas particularidades y al respecto expresaba que se había producido un estancamiento y que incluso en ocasiones, se aceptaban fórmulas que se apartaban de la esencia del marxismo-leninismo.
Nuevas ideas, nuevas propuestas
Fue un importante impulsor en la concepción del sistema de dirección de la economía para la construcción socialista, o sea el Sistema Presupuestario de Financiamiento, donde el desarrollo de la conciencia juega un papel determinante, dando así los pasos necesarios para propiciar la formación del hombre nuevo. Pensaba que simultáneamente con la base material y técnica del socialismo había que desarrollar más la educación como base de la formación de la conciencia.
Los principios del Sistema Presupuestario de Financiamiento tenían su base en la planificación centralizada, un control riguroso y automatizado con sus elementos de contabilidad, estadísticas, costo, auditoria y arbitraje que operaban en el control de la calidad y el surtido (metodología, normas, estudio de productos, control físico, valor y cantidad); una intensa formación y preparación de cuadros, desarrollo científico-técnico, control de inventarios y sistema de incentivos.
El Sistema Presupuestario de Financiamiento funcionó eficientemente a pesar de que el Ministerio de Industrias administraba el 70% de la producción industrial del país con 48 empresas y más de un cuarto de millón de trabajadores. Funcionó pese al Bloqueo, al robo de cerebros y cuadros administrativos, de la carencia de técnica, de materias primas, de piezas de repuesto y de los bajos niveles de calificación de la fuerza de trabajo. Incluso se llegó a tener administradores con segundo año de enseñanza básica, en los primeros años.
Pero lo fundamental fue su importante contribución a la creación de la conciencia de los cuadros de dirección y de los trabajadores, así como a su educación.
En los primeros años de la Revolución, apreció que la aplicación de la economía política del socialismo no había captado y desarrollado en toda su dimensión lo nuevo de la sociedad socialista. Hacía hincapié en la necesidad de tener siempre presente la ley económica fundamental debidamente acompañada del orden moral y recalcaba que la planificación es la primera posibilidad humana de regir las fuerzas económicas. En síntesis, significaba un nuevo modo de hacer historia; es decir por vez primera, los hombres asumen el derecho de transformar la sociedad en forma consciente.
La Planificación Socialista, pensaba, era el único medio de hacer desarrollar las fuerzas productivas en las nuevas condiciones, la formación de nuevas relaciones humanas, la creación del hombre nuevo como peldaños para alcanzar el camino de una nueva sociedad.
Claro que el Che tenía presente el necesario cumplimiento de algunas premisas. En primer lugar, el Plan no debía ser considerado un instrumento mágico para la solución de todos los problemas ni tampoco una camisa de fuerza, pero sí un instrumento básico para construir el socialismo. Incluso pensaba que reducir el Plan a sólo una noción económica era mutilarlo, castrarlo y por tanto limitar sus posibilidades.
Consideraba que en la planificación se deben conjugar dos elementos: la edificación de los cimientos para el desarrollo económico de la nueva sociedad, su control y regulación, y por otra parte, la formación de un nuevo tipo de relaciones humanas, del hombre nuevo.
En relación al tan discutido asunto del empleo de los “estímulos materiales y morales”, un íntimo colaborador del Che en el aspecto económico, Orlando Borrego, en su trabajo “El Che y el Socialismo” dice:
“Hay quienes consideran que el Che negaba en forma absoluta la utilización de los estímulos materiales, generalizando este criterio como una concepción que mantenía para todo el proceso de construcción del socialismo sin hacer distinción de las distintas etapas en este proceso de transformación social.
Al estudiar profundamente al Che y al conocer el desarrollo de su pensamiento y la forma práctica en que llevó a cabo la política de estimulación, se revelan con toda claridad las apreciaciones erróneas acerca de este asunto que han mantenido sus críticos en todo momento.
El Che no negó en ningún momento la necesidad de utilizar los estímulos materiales. Sin embargo, consideraba que la estimulación material directa era uno de los elementos introducidos en la práctica del socialismo con carácter de perdurabilidad y otorgándosele unos atributos que iban en contra de los objetivos del sistema.
Según el Che, los impulsores del estímulo material directo y de sus distintas formas de aplicación, no vieron el gran peligro de sus valoraciones y con el correr de los años este sistema de estimulación quedó constituido en el “Gran Caballo de Troya” del Socialismo.
Él estaba convencido de que la estimulación moral puede hacer más en el desarrollo de la conciencia de la clase obrera que el estímulo material y por eso insiste en que hay que utilizar los estímulos materiales, consciente de que su aplicación se convierte en condiciones del socialismo en un mal necesario, como producto de los rechazos de la sociedad anterior que aun persisten en la conciencia de los individuos.
Para el Che, hay que avanzar con firmeza en el camino de creación de las condiciones subjetivas, es decir, ideológicas, donde el hombre se vaya desligando del elemento enajenante que significa la estimulación material directa como único elemento de motivación humana. Hay que crear las condiciones para el salto cualitativo en el desarrollo de la conciencia, de tal forma que el trabajo se vaya convirtiendo en el primer deber social del individuo. Que la retribución material por el trabajo se reconozca como otro deber que la sociedad tiene con el obrero por el hecho de nacer y vivir en una sociedad socialista.
Esta sería la única forma de superar la contradicción existente en la transición; la lucha por la formación del hombre nuevo como una premisa fundamental del sistema y los rezagos sobrevivientes que aun existen de la sociedad anterior en la primera etapa del socialismo.
El tema del estimulo material representa para el Che uno de los problemas centrales en el conjunto de elementos que conforman su concepción acerca del sistema presupuestario y uno de los mas controvertidos en su polémica con los defensores del Cálculo Económico, tanto dentro de Cuba como en el exterior.
Para el Che, estimulo material directo y conciencia son dos términos contradictorios y su solución tiene que lograrse paulatinamente a partir del mismo momento en que se empiece a transitar por el difícil pero apasionante proceso de construcción del socialismo.
La defensa de este principio se convirtió para el Che en tema permanente de discusión tanto a nivel teórico como práctico. No hubo ningún discurso significativo, escrito o reunión de trabajo donde no remachara acerca de su concepción sobre el sistema de estímulos”.
Esta síntesis necesariamente incompleta, nos muestra a un abnegado trabajador en el campo de la economía que aportó en las condiciones excepcionales de la lucha revolucionaria en Cuba, sustanciales aportes a este procesos, prácticas y teóricas, muchas de las cuales aun hoy en condiciones distintas y con obstáculos mayores siguen vigentes en la Isla Grande. El supo desarrollar creativamente los principios básicos de la economía socialista y demás ramas del marxismo-leninismo hasta obtener la síntesis adecuada a esta realidad. Y ese fue sólo uno de los campos en que el guerrillero heroico incursionó.
Se dice que las grandes transformaciones sociales producen grandes hombres. Cuba tuvo la inmensa fortuna de contar con un hombre de estatura colosal cuyos aportes y cuyo ejemplo contribuyeron a hacer indestructible esta revolución.
Por eso la historia lo recoge como uno de los grandes hombres del Siglo XX.