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Proceso de Discusión Interna El rumbo de nuestra política Dignidad y futuro
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Proceso de Discusión Interna (PDI)

Afirmamos que hoy día no existe democracia, la existencia de gobiernos civiles ha sido un mero accesorio para un sistema profundamente desigual y elitista. Esta autodenominada "democracia representativa" que se dice gobierno del pueblo, en realidad favorece a sectores minoritarios de la población, en nombre de una supuesta democracia una minoría ejerce efectivamente el poder (la llamada clase política), que cupularmente toma las decisiones basándose en acuerdos, negociaciones y consensos entre dirigencias partidistas, y en que las elecciones son una formalidad en que generalmente se busca ratificar dichos acuerdos, y que a la larga no tienen la capacidad de producir cambios substanciales, en un contexto en que la actividad político partidista no se preocupa de la participación, la educación o siquiera la información de la población, los partidos son aparatos, un fin en sí mismos y el pueblo es un objeto. El sistema está diseñado para bloquear cualquier expresión política popular que pretenda ser alternativo, buscando arrinconar y confinar al movimiento social a luchas puntuales que no cuestionen las bases del modelo en su globalidad, conflictos que generalmente administra y resuelve por la vía de las negociaciones.

Para actuar sobre la coyuntura de fines del siglo 20, debemos precisar que así como ocurrió con el Estado y sus roles sociales y económicos, el sistema también ha dado un rol y carácter específico pero importante a los partidos que actúan dentro del régimen político formal, haciendo de ellos entes cada vez más indiferenciados, casi meramente técnicos. La toma y ejecución de las decisiones en las altas esferas del poder político y económico, y los niveles de alianza para la resolución de conflictos específicos, son el marco en que se dan las contradicciones. El conflicto político, en el cuadro de consenso existente respecto de la estrategia de desarrollo, se expresa en una lucha por demostrar quien es el mejor administrador y conductor del modelo, no hay proyectos sustancialmente diferentes entre la Derecha y la Concertación.

Nosotros rechazamos la demagogia y la falsedad de este régimen, de este modelo fundado sobre la impunidad y la injusticia social; no podemos, entonces, avalarlo e ilusionarnos sobre la posibilidad de lograr cambios reales a partir de un sillón parlamentario o de La Moneda.

La Institucionalidad vigente fue elaborada por los enemigos del pueblo, por lo que no participamos ni participaremos en este mecanismo de legitimación como lo es la elección presidencial, puesto que sería contradecir nuestra propia concepción acerca del origen de los cambios sociales. Las coyunturas como la electoral, sólo tienen sentido para nosotros en función de hacer sobresalir las contradicciones que genera el sistema, los responsables de su agudización y los pasos que hay que dar desde la base social para organizar la resistencia y la fuerza popular.

Durante los últimos años, la base de desarrollo de la organización ha estado determinada por los contenidos de un amplio proceso de intercambio cuyo objetivo central ha sido adecuar el desarrollo de la organización a los requerimientos de una nueva situación política nacional e internacional, cuya esencia ha definido un diferente escenario para la lucha. Esto nos ha obligado al igual que al conjunto, al movimiento revolucionario, a diseñar nuevas tácticas y estrategias para mantener su vigencia o bien a sucumbir junto a sus viejos esquemas y dogmas. En este camino de discusión variados han sido los intentos por la transformación y, si bien los mismos no han sido totales, los más acertados nos han permitido sobrevivir y comenzar a transitar por un sendero de reconstrucción rodriguista sobre la base de la transformación del Frente de un aparato a una organización política.

Conclusiones
El desarrollo del PDI, aunque no ha resuelto todos los problemas de manera integral, ello no implica el fracaso del mismo. Muy por el contrario, el solo hecho de que ante condiciones tan adversas en lo político e ideológico, la organización haya logrado sobrevivir -lo que hubiera sido imposible de lograr con el desarrollo inercial o evolución natural del pensamiento y acción que teníamos como aparato- ya es un aporte.

De igual modo, el hecho de sobrevivir no es condición para sacar cuentas alegres y minimizar errores, incapacidades e insuficiencias. Pero cada cosa debe estar presente en la discusión y análisis, a fin de no ser absolutos y caer en el pesimismo o bien en el exitismo. Nada mejor para ello que revisar el camino recorrido al calor de las propuestas y expectativas planteadas por el PDI.

Con el PDI y al calor de sus avances, el rodriguismo ha encontrado nuevas formas de expresión. El Frente como organización se ha constituido en una fuerza política embrionaria o en construcción, con un carácter público y abierto, con dirigentes legales y conocidos por el mundo político y social como representantes de este cambio marcado por los esfuerzos por reorganizar y reconstruir el rodriguismo. Es decir, formamos parte de esta nueva realidad política. En el fondo hemos logrado sobrevivir y ello ha sido posible a condición de los cambios generados en nuestro pensamiento y acción, en que sin renegar de nuestra historia logramos ocupar un espacio que estaba marcado por negociaciones y abandonos.

Las insuficiencias y aciertos de este desarrollo han marcado el camino de la Reorganización mediante la construcción política al calor de la construcción social desde la base, con un carácter abierto. Los problemas enfrentados no son por ausencia de una opción política ideológica, sino que son propios del desarrollo de una nueva opción que se abre paso en una realidad político social e interna determinada, pero donde la transformación del Frente de aparato a una organización política integral es un proceso irreversible.

[octubre 1999]

 

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