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INFORME SINTESIS Estimados compañeros y compañeras: Junto a la entrega de informes, se manifestó una opinión general por parte de los CR de que no había diferencias de fondo entre estos, lo que sí se apreciaba es que todavía existía una utilización de ciertos conceptos que no es homogénea, es decir, que pueden tener significados diferentes para cada uno, o bien no se manejan a cabalidad, lo cual por cierto puede llegar a producir una que otra confusión.
En cuanto a la discusión como tal, se fue concentrando en ciertos puntos sobre los cuales había mayores matices, divergencias o dudas (asumiendo el criterio de que si algo no se menciona es porque se comparte), respecto a los cuales se llegó a conclusiones generales incluyendo además, la propuesta de añadir algunos temas específicos dirigidos a enriquecer el contenido del documento central:
Finalmente, se añadieron temas al análisis y se incorporaron las conclusiones ya expuestas, lo que para efectos de una redacción final del documento, se podrían traducir como se verá en la siguiente selección o extractos de párrafos que contienen tanto los temas que se añadieron como los temas más debatidos, y cómo estos aparecerían ya incorporados dentro de una versión final del documento, que en general mantiene su estructura, salvo un nuevo título llamado “Discurso y Contradicciones”. En estos momentos esta síntesis se encuentra en proceso de sancionamiento final.
LA SITUACION INTERNACIONAL A través de siglos se han venido destruyendo y agotando los recursos del planeta pero sólo en los últimos treinta años, casi un tercio de la riqueza natural de la tierra se ha perdido inexorablemente. Esta destrucción lenta y segura del ecosistema será tal vez en las próximas décadas, uno de los principales factores de conflictos mundiales. Las luchas por la repartición de lo recursos naturales entre los países poderosos y sus bloques, de no llegar a fórmulas de consenso, pueden pasar a ser una fuente de gran desestabilización y enfrentamiento a escala global.
La generalización de cualquiera de esos conflictos está determinada por la objetiva internacionalización de los procesos políticos, sociales, económicos y culturales a escala regional y planetaria que se ha experimentado en los últimos años. Ha quedado suficientemente demostrado por el comportamiento de las potencias y principalmente del imperialismo norteamericano en diversos momentos históricos, que cualquiera de esas inestabilidades, crisis e incertidumbres, buscarán solucionarlas empleando la violencia armada, la guerra, absolutamente despreocupado del inmenso costo humano, social y ecológico que estas provocan. Las últimas guerras del siglo pasado en Irak y Yugoslavia y la primera del nuevo siglo en Afganistán nos muestran la inalterable conducta de dominación imperial que tiene el primer mundo ante cualquier conflicto o tensión que lo amenace.
PANORAMA INTERNACIONAL Para más de dos tercios de la humanidad “los cambios” no son sinónimo de transformaciones en su vida inmediata y menos aun de progreso; por el contrario en medio de ancestrales miserias asisten conscientes o ignorantes al fenómeno sin experimentar una mejoría en su calidad de vida. Existen medicinas y técnicas para curar o paliar múltiples enfermedades, pero la mayoría de los necesitados no pueden acceder a ellas. Hoy día existen tantos tuberculosos como a principios del siglo pasado cuando aún no se conocía la cura de esta enfermedad. El 95% de los infectados de SIDA se encuentran en los países subdesarrollados, pero las terapias más avanzadas apenas dan alivio al 10% de los infectados que se encuentran en las regiones desarrolladas y que pueden pagar los costosos tratamientos. Se calcula que el VIH puede convertirse en una de las cinco primeras causas de muerte a nivel mundial en las próximas décadas. La carrera espacial no deja de sorprendernos día a día, pero gran parte de la humanidad aún se traslada a pie o con tracción animal. Un dato paradojal ilustra la verdadera posibilidad de acceso de la humanidad a una “revolución científico técnica”: en todo el continente africano existen menos teléfonos que en el puro barrio de Manhattan en Nueva York. Esa es la modernidad sesgada y profundamente injusta que nos muestra el mundo actual. Independiente a los espectaculares avances en el campo de la biotecnología, la cibernética y las comunicaciones, teniendo en cuenta los reducidos espacios geográficos donde esto se desarrolla, sabiendo que son pocos los sectores a quien beneficia y algunos que apenas sólo pueden conocer tales avances, cuestionan ineludiblemente conceptos como el de “post modernidad” y de “revolución científico técnica”. Inclusive el propio concepto de progreso y desarrollo del cual se beneficia menos de un tercio de humanidad es profundamente cuestionable al descubrir los contenidos, calidad y consecuencias de tal “desarrollo”.
CARÁCTER Y CONTENIDO DE LOS CAMBIOS. La combinación de estas situaciones a la larga fue socavando la confianza del pueblo en el socialismo, descontento interno que se expresó con mayor fuerza a partir de 1985, cuando Mijail Gorbachov impulsa simultáneamente una liberalización política (“glasnot”) y económica (“perestroika”) en la sociedad Soviética, la cual en la práctica, producto de las condiciones y el carácter de dicha conducción política, sólo produjo, o agudizó, el caos económico y el deterioro en la vida del pueblo, la derechización de la sociedad estimulada por los países capitalistas y su maquinaria propagandística, y la explosión de los nacionalismos en las repúblicas que formaban la Unión Soviética; situaciones que también repercutieron en los demás países socialistas de la región. En 1989 este proceso desembocaría en el derrumbe del Muro de Berlín, episodio emblemático de la crisis del modelo socialista del Este de Europa, que culminó con la autodisolución de la URSS en diciembre de 1991.
Asistimos a la consolidación de un nuevo orden mundial donde los EEUU, como gran potencia imperial militar -y sin contrapesos en este terreno-, se ha erigido en gendarme planetario. Desapareció el orden mundial que predominó desde el término de la Segunda Guerra Mundial hasta comienzos de la década de los setenta. Fue al término de esa guerra que EEUU emergió como la potencia económica y militar dominante a escala mundial consolidando su carácter de estado imperial posterior a esa prolongada disputa que desde principios del siglo XIX venía enfrentando con Europa por el reparto del mundo. El fortalecido Imperio desarrolló aceleradamente su industria, el comercio y la inversión extranjera, y posterior a los acuerdos de Breton Wood (EEUU) en 1944 impone un nuevo sistema monetario internacional con el dólar como moneda dominante. Hasta la década de los setenta, EEUU ejerce el dominio absoluto en el mundo capitalista unido a un acelerado desarrollo de las empresas transnacionales con la participación decisiva de los llamados Estados Interventores en lo que se conoció como Capitalismo de Estado. Impulsa la creación de la OTAN (1949) e integra a Europa Occidental bajo su liderazgo. Al mismo tiempo, le impone a la desaparecida URSS y al mundo una costosa carrera armamentista sustentada en la supuesta amenaza soviética. Son los tiempos de la guerra fría, de la lucha entre dos sistemas antagónicos.
En los años 80 quedan establecidas las normas y dogmas de la reorganización capitalista a escala planetaria siendo los EEUU e Inglaterra (en la llamada “Era Reagan-Teatcher”) los propulsores del modelo neoliberal en el mundo desarrollado. La solución neoliberal impulsada por el poder central del primer mundo es respuesta a un período de estancamiento, y tiene como función principal la solución a la crisis del capitalismo. Desde entonces, los organismos financieros internacionales condicionan sus préstamos e inyecciones de urgencia para los países tercermundistas y subdesarrollados exigiendo desregulación, equilibrio de las economías internas, disminución del gasto social, privatización absoluta, no-intervención por parte de los estados, un total libre mercado eliminando todo tipo de barreras al comercio y libertad sin límites al flujo de los capitales financieros. Por el contrario, para el primer mundo y sus empresas transnacionales regirán criterios como la privatización dirigida, el proteccionismo con diversos ropajes, el mercado regulado con intervención del Estado, y la producción e inversión planificada y controlada por las grandes empresas transnacionales.
No hay tal libertad de mercado, los estados y gobiernos del primer mundo legislan y promueven todo tipo de medidas proteccionistas que favorecen a las gigantescas corporaciones transnacionales. Un nuevo esfuerzo de reactivación del capital escondido tras un “aséptico proceso globalizador” nace ante una crisis generalizada del capitalismo, en un intento por recuperar las tasas de ganancias para el capital en detrimento de la fuerza de trabajo asalariada. En un análisis comparativo con los años precedentes, según la tasa de crecimiento anual y global de los países más industrializados de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (O.C.D.E), la reactivación del capitalismo ha sido un fracaso. El crecimiento global entre 1975 y 1998 fue apenas la mitad del alcanzado en el período de 1945 - 1975 con políticas desarrollistas donde los estados jugaban un papel determinante en la economía de cada país.
NEOLIBERALISMO, OPORTUNISMO Y HEGEMONÍA. Asistimos a una acelerada internacionalización y concentración del capital financiero, y del comercio mundial de bienes y servicios. No hay mayor riqueza, hay mayor concentración y rapidez en el intercambio de capitales. Este fenómeno, que hoy se ha visto acelerado en magnitudes nunca antes vistas, que algunos han dado en llamar “mundialización” o “globalización” se ha transformado en el mejor y más eficiente “transporte” del modelo neoliberal. Así los defensores del actual orden emplean tal concepto para tergiversar y esconder el profundo carácter de dominación imperial que encierra la imposición del modelo.
Las sociedades industrializadas ricas y poderosas continúan su desarrollo en gran medida a expensas del Tercer Mundo destinado a seguir como área de servicio, que proporciona recursos naturales y materias primas no renovables, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y lugar donde exportar la contaminación. Hasta ahora, para el Primer Mundo es imposible subsistir sin su periferia (aunque dejen grandes zonas olvidadas). Y esta periferia, materialmente no puede vivir sin los vínculos con el primero. Esto determina que cualquier proyecto político nacional, independiente a su signo ideológico, que pretenda atender las necesidades de sus habitantes alterando el papel asignado en este orden, se transformará irremediablemente en una amenaza para los llamados “intereses vitales” de las naciones industrializadas y principalmente para los EEUU.
El actual orden mundial se distingue también por el fortalecimiento de organismos internacionales y regionales tanto económicos como políticos y militares. Este orden es dominado por el primer mundo y a su cabeza se erige el imperio norteamericano, el que ejerce su hegemonía política y militar intentando desde esas posiciones compensar la pérdida del liderazgo absoluto que mantuvo hasta la década del 70. Un rasgo distintivo de la actualidad es el carácter, y empleo de los organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su antidemocrático y dictatorial Consejo de Seguridad (C.S.) que decide independiente de la voluntad de la inmensa mayoría de los países del mundo, por parte de las potencias. Similar postura adoptan el FMI, el BM, la OCDE y la OMC (Organización Mundial de Comercio) para regir la economía del mundo. No obstante esta voluntad imperial sobre esos organismos internacionales, constantemente aparecen y resurgen las insolubles contradicciones económicas del capitalismo que se acumulan tanto en los ámbitos nacionales como en el plano internacional y que hacen estructuralmente imposible prever una gran burguesía homogénea gobernando mundialmente.
A partir de los hechos del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York, un “terrorismo” sin fronteras ni espacios geográficos para ser buscado en cualquier región del planeta, es la última de las grandes justificaciones del imperio para finalmente militarizar relaciones internacionales de superioridad que ejerce EEUU sobre sus aliados y de dominación que despliega sobre el resto del mundo. Donde quiera que existan luchas sociales, revolucionarias y nacionalistas que puedan transformarse en una amenaza para los intereses imperiales, pueden ser calificadas de “terroristas” y sufrir las consecuencias de la militarización de los nuevos “cruzados” del siglo XXI. Por primera vez en su historia EEUU pudo conocer el impacto atroz del terror, una inmensa mayoría del pueblo norteamericano y de las víctimas del ataque a las torres desconocían -y desconocen- la sistemática aplicación del terrorismo de Estado que los EEUU han ejercido durante muchos años sobre los pueblos del tercer mundo. Como principal potencia global podría terminar rápidamente con el terrorismo. Bastaría con que dejara de propiciar, ejercer o apoyar masacres y genocidios como el perpetrado por los israelitas al pueblo palestino. Bastaría con dejar de agredir al pueblo iraquí, bastaría con suspender su apoyo a tanta causa injusta en tantos lugares del planeta. Tendrían que borrar de la memoria histórica los cientos de miles de víctimas de sus bombas atómicas, los cientos de miles de muertos y desaparecidos por “sus dictaduras” latinoamericanas. Tendría que clausurar su “Plan Colombia”, y su apoyo incondicional a las fuerzas reaccionarias en Latinoamérica. Pero esa no es su esencia como sistema, si abandona el “terrorismo de Estado” dejaría de ser imperio, perdería el poder que justamente se sustenta en la fuerza y en el terror. Con las masacres de miles de afganos inocentes se alza como potencia militar dominante en el mundo y se asegura del control geoestratégico de la región centroasiática, rica en hidrocarburos en detrimento de sus propios aliados europeos y principalmente en contra de Rusia y de los crecientes intereses Chinos.
Será obligatorio también tener en consideración el rol que jugará China en el escenario mundial; gigantesco país de cuyo proceso interno es difícil sacar conclusiones tajantes, ya que mucha de la información disponible está influenciada por la polémica y la propaganda. La realidad actual de China, en lo inmediato se origina en 1978, cuando el Comité Central del PCCh da inicio al desarrollo de un sistema político económico denominado “socialismo con peculiaridades chinas”, o “economía de mercado socialista”, que con el objetivo declarado de desarrollar las fuerzas productivas y convertir a China en una potencia económica, abre paso a una modificación radical de la estructura de la economía, un proceso de descentralización de las decisiones en ese ámbito y de apertura a la existencia de sectores de propiedad e inversión individual, privada y extranjera. Sin embargo, al contrario de lo ocurrido en la ex URSS, el Partido Comunista Chino ha mantenido férreamente el control del sistema político.
Actualmente, a casi 15 años de iniciada esta reforma, uno de sus efectos es que detrás de los negocios con China están empresas tan importantes como la General Motors, la Boeing, la telefónica AT&T y la informática IBM; el 50% del comercio exterior yanqui está financiado por bancos occidentales que ya tienen filiales en China, como el Citibank. El ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) ampliará enormemente las posibilidades del capital, especialmente en áreas tan importantes como las telecomunicaciones, la informática, la banca y las finanzas. El acuerdo que permitió a las grandes petroleras Exxon, BP Amoco y Shell obtener el control de la principal compañía petroquímica y de la principal empresa de transporte marítimo de petróleo de China, dejó claros los intereses económicos de EE.UU. en dicho país.
Este proceso de liberalización agregó nuevos elementos a las relaciones entre China y EE.UU. La solución que se dio a los incidentes del bombardeo a la Embajada China en Yugoslavia, y el derribo de un avión espía estadounidense en aguas territoriales chinas, no hacen más que evidenciar pugnas internas al interior de las dirigencias de ambos países, y en las cuales han prevalecido hasta ahora los sectores interesados en fortalecer los lazos económicos y comerciales. Los poderosos intereses del capital norteamericano en China y los que se abrieron con el ingreso de ésta a la OMC no permitirían ser perjudicados por una nueva “guerra fría” y se impusieron a los sectores más acérrimamente anticomunistas y militaristas dentro de la Administración estadounidense.
Al interior del régimen chino (Fuerzas Armadas y Gobierno) también hay sectores que son reacios a este acercamiento, y son los que tuvieron las posiciones más enérgicas, aunque minoritarias, en los mencionados incidentes. Lo anterior en momentos en que dentro del país aparecen la explotación (la mano de obra barata en las zonas económicas especiales), la corrupción y la cesantía, que son efectos naturales de las políticas privatizadoras. Según investigaciones aparecidas en la prensa europea, como consecuencia del "redimensionamiento industrial", lanzado en cumplimiento de los recientes acuerdos comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea (años 99 y 2000), fueron cerradas miles de empresas y 6 millones de obreros industriales fueron despedidos sólo el año 2000, a los que hay que sumar los 6 millones de jóvenes que cada año se integran al mercado laboral, y los 8 millones que cada año también son expulsados de empleos rurales.
Por el momento, el intercambio comercial es lo más importante en las relaciones entre China y EE.UU. Sin embargo, el conflicto seguirá latente porque China podría llegar a desafiar la hegemonía estadounidense en Asia Central y Oriental, aunque también habrá que considerar los posibles efectos sociales internos de las políticas económicas privatizadoras que se impulsan en dicho país.
DISCURSO Y CONTRADICCIONES Hoy día las inversiones de diversa índole y el comercio internacional son mayoritarios en aplastante proporción entre el mismo mundo desarrollado respecto al realizado con los países subdesarrollados. Los estados industrializados aumentan las barreras al intercambio comercial empleando una amplia batería de restricciones comúnmente denominada “neo proteccionismo no tarifario” o barreras no arancelarias, y mantienen y/o aumentan las subvenciones directas a su agricultura y a su industria. También financian a sus empresas transnacionales y otorgan la categoría de socios comerciales preferenciales a determinados países pobres. Los organismos Financieros (FMI, BM) y la O.M.C. intervienen en un comercio mundial dirigido al tiempo que exigen al Tercer Mundo que sus estados dejen libres a los mecanismos del mercado. Las reglas del actual comercio mundial aumentan el intercambio desigual en beneficio de los países ricos. Productos básicos como el azúcar, el cacao, el café y otros similares tienen hoy un poder adquisitivo equivalente al 20 % del que tenían en 1960. El valor real de las materias primas que venden los países pobres es hoy seis veces menor que hace ochenta años. Por otra parte, según su conveniencia EE.UU. otorga certificados para asignar recursos para la supuesta lucha contra el narcotráfico, y define gobiernos favorecidos en el intercambio comercial o los declara “aliados militares estratégicos”.
Vemos así que detrás del eufemismo del mercado libre y globalizado se encuentran formas cada vez más concentradas de capital industrial y financiero que poseen un poder económico cada día mayor, que incluye la capacidad de no hacer funcionar el mercado, de cortocircuitar y sobrepasar los mecanismos del intercambio normal. Un tercio del comercio mundial actual es el resultado de las exportaciones e importaciones hechas por empresas transnacionales, mientras que otro tercio toma la forma de intercambios intra grupos, entre filiales de una misma sociedad situadas en países diferentes o afiliadas de la casa madre. Las empresas transnacionales -que han pasado a constituir entidades de gigantescas dimensiones respaldadas por sus países de origen- son, en suma, quienes se disputan nuestros países. Definen los volúmenes y el sentido de la corriente de inversiones y operan con la más alta tecnología producto de una exacerbada competencia en medio de un dinámico crecimiento comercial. Y por último, son las instituciones del capital financiero con fuertes características rentísticas las que por medio de las opciones que efectúan en los mercados financieros, condicionan no sólo la distribución del ingreso sino también el ritmo de las inversiones y las formas de empleo asalariado. Estas instituciones (Bancos e inversionistas institucionales como las compañías de seguros, los fondos previsionales por capitalización y las sociedades financieras de colocaciones colectivas) son los verdaderos dueños del capitalismo contemporáneo.
No pocas definiciones ha recibido la llamada “globalización”, desde la propia izquierda nacen contradicciones y diversas interpretaciones. Como señalamos en párrafos anteriores, rechazamos el empleo que hacen propagandistas neoliberales de la “globalización” como obligatorio y natural proceso de internacionalización de todo el quehacer económico y político en el mundo. Es innegable los cambios y la rapidez operados en el intercambio comercial, las finanzas y capitales tanto los reales como los millonarios capitales “informáticos o electrónicos”, la rapidez en la propagación de las crisis económicas locales, la fluidez y simultaneidad de la información del más diverso carácter. Pero todo ello no ha cambiado la relación capital- trabajo, no ha variado el carácter esencialmente explotador del capitalismo. No ha variado la relación y el carácter desigual en el intercambio entre países ricos y pobres. No ha cambiado, más bien -con estos nuevos recursos y medios- se ha profundizado el carácter imperialista que tienen estas relaciones.
Creemos en el objetivo desarrollo de las fuerzas productivas y en el intercambio y enriquecimiento permanente de la subjetividad humana. Seguirán desarrollándose e intercambiándose todas las formas de expresión que tiene la sociedad organizada, tanto en la economía como en la política como en la cultura, concebida ésta en su acepción más general como desarrollo pleno y libre de todas las potencialidades del ser humano de manera individual y colectiva. Sólo en tales circunstancias podríamos asistir a una globalización de la solidaridad, a una globalización de una nueva sociedad. Coexisten, por tanto, en esta humanidad dominada por el imperialismo, mundialización con fragmentación, internacionalización del comercio mundial con la regionalización, el libre mercado con la regulación y la intervención, el orden mundial con el desorden. Estas contradicciones y tendencias obedecen en última instancia a la lógica de acumulación y concentración de una inmensa riqueza o mega-capital que atesora un reducido grupo de países del Primer Mundo.
HACIA UNA POSICIÓN LATINOAMERICANISTA América Latina tiene mas extensión en superficie que toda América del Norte (incluyendo Canadá). América Latina tiene más habitantes y tantas riquezas naturales como el norte rico. América Latina lo que no tiene es desarrollo económico y un históricamente pobre y limitado sentido de ser latinoamericano. A la región le es imprescindible la unidad, y la razón más profunda de esta necesidad nace en la existencia misma del Imperio.
Un poder tan desigual y con conductas tan agresivas, capaz de desatar brutales guerras sin consideración a sus costos humanos ni materiales, es razón de primer orden a considerar en los proyectos políticos. Para ser objeto de agresiones de cualquier tipo o hasta sufrir la invasión del Imperio, los proyectos no necesariamente tienen que ser de carácter socialista. Basta con ser nacionalistas, con querer romper el orden y lugar asignado a nuestros países en la distribución de los poderosos, basta con querer redistribuir mejor las riquezas impidiendo que ésta salga a raudales al extranjero para que el Imperio sienta amenazados sus “intereses y su seguridad”.
Las justificaciones para las invasiones se fabrican, en eso son expertos y cuentan con el monopolio casi absoluto de los medios de difusión masiva. Sólo en las últimas décadas varios países latinoamericanos sufrieron agresiones abiertas o encubiertas: Cuba, República Dominicana, Granada, Panamá, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y otros más que ni siquiera pretendieron construir el socialismo. Ya existen gobiernos en la región que están dispuestos a legitimar las decisiones imperialistas.
Ante tantas objetivas consideraciones no queda duda que existe un gran y permanente enemigo del progreso y la vida de los pueblos latinoamericanos, el Imperialismo Norteamericano. Al más largo plazo este debiera ser el eje orientador de las luchas y quien despeje todo tipo de contradicciones entre aquellas organizaciones que por las más disímiles formas combaten y se oponen a sus imposiciones y voluntades. Hoy los modelos económicos y políticos neoliberales y su proyecto anexionista del ALCA debieran ser nuestros objetivos de lucha regionales más inmediatos.
Siempre estaremos en contra de cualquier intervención norteamericana, mucho más si se trata de una agresión armada con costo en vidas para nuestros pueblos. No puede ocurrir otra vez que los EE.UU. invadan militarmente a uno de nuestros países y los revolucionarios apenas lleguemos a la mera denuncia. EE.UU. debería saber que cualquier intervención en Latinoamérica tendría altos costos para sus intereses en cualquier rincón de nuestro continente. Estas consideraciones determinan que nuestra organización debe ser partidaria de una política de unidad que traspase las fronteras del conocimiento mutuo y la solidaridad.
Retomar el INTERNACIONALISMO entendiéndolo como la cooperación entre organizaciones revolucionarias que defienden y postulan una sociedad justa y un sistema político, económico y social más digno, permitiendo así el intercambio de tácticas, estrategias y luchadores, sin el sentido avasallador que la “Globalización Real” representa, respetando la cultura de los pueblos, tradiciones, costumbres y formas de luchas.
Creemos en un INTERNACIONALISMO como un proceso de construcción histórica de acumulación y correlación de las fuerzas populares, que implican compartir y unificar diversos pensamientos y acciones revolucionarias.
El neoliberalismo ha tenido la capacidad de entorpecer y fatalizar la composición de los sectores mas desposeídos. Frente a esto debemos luchar, demostrar por la acción revolucionaria que cada sujeto social contiene lo necesario para modificar sus condiciones objetivas de vida, combatir al consumismo desintegrador y alienante allí donde más le duele, es decir, en la creación de subjetividades colectivas. Enriquecer la subjetividad de nuestros pueblos cultivando y fortaleciendo sus sueños y aspiraciones, intentando que estas sean cada vez más alcanzables y posibles, luchando por una individualidad en armonía con lo colectivo, son nuestras herramientas para combatir la enajenación y el individualismo del neoliberalismo.
El Internacionalismo debe superar los caminos recorridos hasta hoy y llegar al debate político y al intercambio de realidades y proyectos. La reciprocidad debe estar basada en el compartir plenamente las nuevas experiencias que emergen de la lucha de nuestros pueblos.
Hoy, de todas partes de América tendrían que llegar hombres y mujeres a los campos de Brasil a vivir la experiencia de los Sin Tierra. La Selva de los Zapatistas ya debiera contar con la presencia permanente de los sudamericanos. Ecuador, Bolivia, Paraguay, Argentina, también debiera ser punto de encuentro de la mayor parte de compañeros dispuestos a entregar su participación militante a las luchas que allí se llevan a cabo. Ni qué hablar de una Colombia intervenida, indigna sería una posición contemplativa de los revolucionarios y los pueblos latinoamericanos.
[marzo 2002]
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