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¡Sólo la lucha nos hará libres!
Conjuros para resistir al imperio

Pablo Beltrán (2002 - 2004)

Colección Juvenil

 

 

 

 

La fuerza bruta
“Los que controlan el pasado, controlan el futuro”.G. Orwell.
(c) Revista Sí Futuro, Enero del 2004.

Desde que la humanidad superó la época de las cavernas está en el esfuerzo de resolver sus problemas por la vía de la razón, en vez del uso de la fuerza. Para desgracia de nuestra civilización, han sido los imperios quienes con terquedad insisten en saquear riquezas por medio de agresiones a la mayoría de los pueblos del mundo.

En el segundo aniversario del ataque a las torres gemelas, el New York Times hacía un balance de la política desarrollada por Bush Segundo luego de este atentado, concluía que hoy la imagen mundial de los Estados Unidos es, “la de una potencia imperial que ha desafiado la opinión mundial a través del uso unilateral e injustificado de la fuerza militar”. Realidad que se mantiene dentro de la línea de conducta imperial observada por esa potencia desde hace más de un siglo. Cabe en consecuencia preguntarse, ¿en cuánto tiempo el resto del planeta va a arrinconar este uso bárbaro y arrogante de la fuerza?

Acá en Colombia, el corte autoritario del régimen se vio enfrentado a serias grietas tras la derrota del plebiscito que organizó a fines de Octubre pasado y con el avance de los nuevos sectores opositores aglutinados en el Polo Democrático Independiente - PDI. Desde entonces, muchos compatriotas se preguntan, ¿cuáles esfuerzos faltan para remontar este oscuro pasaje que transitamos? ¿Cómo gestar un gobierno de democracia y paz?

Para examinar estos vitales interrogantes quiero recorrer algunos capítulos de la historia de los imperios y en particular de los EE.UU., así como mencionar los hechos políticos nuevos ocurridos en América Latina en este inicio de siglo, para poder sugerir algunas recomendaciones a todos quienes nos resistimos ante la aplicación de la fuerza bruta que hace el régimen mundial actual.

EL IMPERIO SIEMPRE APARENTA TENER BUENAS INTENCIONES.
Fue el temor a perder el monopolio del saber el que llevó a la Inquisición católica a quemar vivas en la hoguera a más de ocho millones de mujeres durante la edad media. La explicación dada al público, es que se trataba de acabar con las brujas, por ser representantes del imperio del mal.

Por esa misma época el imperio español asesinó a más de quince millones de indígenas americanos, porque los veía como fieras salvajes, los que no se dejaban despojar fácilmente de sus joyas de oro. Esta vez la justificación estuvo en que debían convertirlos a la religión civilizada del dios de los españoles.

El siglo pasado, Hitler, cabeza de otro imperio, por temor a los usureros mató a siete millones de judíos, pero antes, todas las potencias capitalistas lo animaron a invadir a la Unión Soviética -para de esta manera poder librarse de la amenaza del socialismo-, tal temor de occidente le costó al pueblo soviético veinte millones de muertos. Hoy en la escuela de enseñanza media sólo se explica que Hitler era un racista.

Más recientemente otro presidente de los EE.UU. en 1954, ante el avance de fuerzas nacionalistas en Vietnam, quiso salvar a occidente del socialismo cuando afirmó, “Si cae Indochina, caería Japón, como una caída en serie de dominó”. Tal intento estadounidense le costó 2 millones de vidas al pueblo vietnamita.

LA MÁSCARA Y EL ROSTRO.
En el siglo anterior los pueblos europeos se acostumbraron a percibir a los EE.UU. como una potencia que llegaba en el momento oportuno a salvarlos de amenazas a sus democracias, así ocurrió en la primera (1914-1919) y segunda guerra mundial (1939-1945). Pero tal imagen de ‘potencia guardián de la democracia’, ocultó durante décadas la trágica realidad de las agresiones perpetradas simultáneamente en contra de todos los demás pueblos de América.

El día tres de Noviembre recién pasado se cumplieron cien años del desmembramiento de la provincia de Panamá, separada de Colombia por obra de una conspiración del presidente de los EE.UU. de ese entonces. Para colmo de males, ese mismo año de 1903 le concedieron el premio Nóbel de la paz a este siniestro gobernante estadounidense.

Cuando la reciente guerra de Kosovo fueron los mismos gobiernos europeos quienes apoyaron a los EE.UU. a agredir a los pueblos balcánicos, pasando por encima del ordenamiento internacional representado por la prohibición impartida por la ONU, para que no ocurriera tal agresión. Ahora cuando los EE.UU. repiten tal violación de las prohibiciones de la ONU y desencadenan la actual guerra de agresión en contra del pueblo de Irak, las potencias europeas deben de seguirse sintiendo corresponsables del uso de la fuerza bruta que hacen los estadounidenses contra el pueblo irakí.

Fue necesario que transcurriera un siglo para que los pueblos europeos asistieran a la caída de la máscara democrática que con astucia se colocaba el gobierno estadounidense ante ellos. Hoy observan el rostro de los EE.UU. tal como es, un imperio agresivo que saquea al resto de pueblos del mundo y que los quiere forzar a posar como ‘la nueva Europa’, como la porrista favorita de sus ilegales e inmorales agresiones.

LA COMBINACIÓN FLEXIBLE DE LOS MEDIOS DE DOMINACIÓN.
La expresión más excelsa de la fuerza bruta del imperio está en el capitalismo salvaje -léase neoliberalismo- impuesto como receta a todo el planeta. Deben verse sus resultados en todo el mundo, para entender al neoliberalismo como la más temible peste que azota a los pueblos. Del suelo habrá que recoger pedazos de países y habrá que socorrer a los pueblos en vía de ser desaparecidos por este engendro del imperio.

La miseria de los pueblos ha llevado a estallidos en contra de los gobiernos que agenciaron la peste neoliberal, hechos que han permitido el surgimiento en América de nuevas fuerzas democráticas que se resisten a los dictados del gobierno mundial, representados por el Fondo Monetario Internacional - FMI y por el Banco Mundial.

Pero, ¡OH sorpresa!, el imperio pareció no molestarse demasiado con las promesas electorales de Lula y de los demás nuevos líderes latinoamericanos. ¿Se volvió tan democrático que se permite el lujo de tolerar el surgimiento de opositores? No, el entusiasmo no da para tanto, puesto que apenas recogieron la maltrecha máscara que se les fue a tierra en Europa.

Hace tres décadas el gobierno de los EE.UU. elogiaba al presidente colombiano de turno, porque “Sabía entregar el anillo, para no perder el dedo”, aludiendo a sus planes de contención a los rebeldes y opositores. Hoy en día, el imperio se ufana de permitir gobiernos nacionales en América que buscan salirse de las imposiciones del FMI, pero apenas de dientes para afuera, porque no cesa un minuto de conspirar en contra de Chávez, Lula, etc.

En realidad el gobierno de los EE.UU. permite gobiernos opositores, pero sujeta con mano de hierro los verdaderos lazos del poder en el continente, como son las órdenes del FMI, los planes de intervención militar y todo el accionar encubierto de amenaza y chantaje a las nuevas fuerzas políticas de América Latina.

LA SUPERIORIDAD MORAL.
La nueva dirigencia latinoamericana tiene así un gran reto: llegar a ser auténticos dirigentes de sus pueblos, ser dirigentes propios, fieles a los intereses de las mayorías nacionales. Antes, deben sortear las múltiples presiones y ofertas que les están haciendo los agentes del imperio. En Ecuador hay críticas muy serias al actual mandatario y ese pueblo hermano y sus dirigentes deberán ser vigilantes y exigentes, por cuanto deben reclamar consecuencia con los compromisos adquiridos con las mayorías que lo llevaron a la presidencia.

Dos rupturas tienen ante sí las nuevas fuerzas democráticas, la más evidente, referida a no dejarse convertir en una pieza más de la corrupción estructural del régimen, y otra, la menos perceptible, atinente a liderar procesos sociales que rompan la juridicidad oligárquica, aquella que está diseñada para desarrollar la violencia cotidiana en contra de las mayorías nacionales.

El dilema es claro: avanzar significa pasar por encima de las ataduras legales que ejercen la violencia diaria en contra del pueblo y retroceder significa mantenerse como una pieza funcional al régimen oligárquico. El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal nos recuerda que, “Podar las ramas, fortalece el árbol”.

El gran pueblo boliviano hace unos meses nos dio una lección de dignidad nacional y del uso legítimo de la fuerza popular en contra del saqueo de los recursos naturales por parte de las empresas transnacionales, además de paralizar el plan de incremento del hambre que el FMI impone en todas partes. A la violencia de los saqueadores y agresores, debemos resistir con la fuerza legítima de las mayorías nacionales.

La fuerza bruta del imperio debemos resistirla con la movilización de la sociedad latinoamericana. Ellos, la oligarquía mundial usan la violencia para acaparar privilegios, nosotros los pueblos sometidos debemos resistir con la fuerza social legítima que derriba tiranías. He aquí en donde reside la superioridad moral en el uso de la fuerza.

LA VERDADERA REFORMA POLÍTICA.
Pasando al caso colombiano es preciso interrogarnos el por qué acaba de ganar las elecciones para la alcaldía de Bogotá L.E. Garzón, candidato del PDI. Sobretodo cuando en las décadas anteriores era asesinado todo candidato de la oposición, inmediatamente este tomaba la delantera en las encuestas. En ese intento de ganar el favor electoral fueron acribillados por el régimen ilustres líderes como Galán Sarmiento, Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro.

Es pertinente interrogar al imperio y a la elite colombiana sobre su arrepentimiento por haber eliminado físicamente a la oposición en los años recién pasados. ¿Cayeron en cuenta que si seguían desapareciendo a los movimientos opositores, fortalecían automáticamente a la insurgencia armada? ¿Dejaron de ser brutos y se hicieron el propósito de no volver a usar de esa manera la fuerza?

Habría que ir más allá y precisar que estamos ante una verdadera reforma política, puesto que el imperio y sus agentes locales parecen haber entrado en un nuevo momento, en el que se han decidido a respetar a la oposición legal. Sin embargo, tampoco en este asunto es bueno llenarnos de optimismo porque ninguno de los voceros de la oligarquía -mundial, ni local- han aceptado su responsabilidad en el genocidio de la oposición colombiana, ni expresado los hipotéticos nuevos propósitos de no reincidir en tal práctica genocida.

En 1998 le pregunté a un grupo de parlamentarios cuál era según su juicio, el contenido esencial de una reforma política en Colombia y uno de ellos me contestó que tal reforma ocurriría cuando dejaran de existir los grupos paramilitares. Hoy les volvería a preguntar si consideran que tal reforma ya se ha iniciado. O, dicho de otra de manera, debería preguntarles, ¿hasta cuándo creen que el régimen va a tolerar a Garzón? ¿Cómo creerle al imperio que este líder opositor no va a correr con la misma suerte de los candidatos presidenciales opositores que asesinó hace más de una década?

ELLOS VAN A ACUARTELAR UN ARMA.
A principios de la década de los años 60, Alzate Avendaño vocero de la derecha dura en Colombia tuvo el valor civil de reconocer que, “Nosotros creamos a los Pájaros y luego se nos salieron de las manos” (1). Hoy en día ningún vocero del imperio, ni de la oligarquía local cuenta con ese valor para reconocer su paternidad en el desarrollo de las actuales bandas de paramilitares. Reconocerla significaría tener que responder por 40 años de genocidio ejecutado contra la oposición civil colombiana.

Hasta la saciedad el régimen publicita que los paramilitares surgieron en Colombia después de la guerrilla revolucionaria -la que nació en 1964- y como una respuesta a sus acciones. Pero la verdad es otra. Veamos lo que nos dice B. H. Liddel Hart (2), reconocido autor inglés de tratados militares:

“En respuesta las potencias idearon contra estrategias para neutralizar a la estrategia guerrillera. En especial los Estados Unidos, en Mayo de 1961, se concentraron a desarrollar la contraguerrilla (o ‘Guerra pérfida’) como su contra estrategia eficaz. El presidente Kennedy anunció que él estaba ‘dirigiendo a la Secretaría de Defensa para expandir rápida y sustancialmente en comparación con nuestros aliados, la orientación de creación de fuerzas para la conducción de una guerra no nuclear, operaciones paramilitares y sublimitadas, o guerras no convencionales’.”

Al año siguiente ya se hallaba en suelo colombiano la primera Misión militar estadounidense iniciando la creación de tales grupos paramilitares. Se entroncaba así la experiencia genocida de la oligarquía colombiana -llevada a su máxima expresión con los Pájaros-, con la decisión imperial de hacer del paramilitarismo su arma preferida en contra de rebeldes y opositores de todo el mundo.

El Departamento de Defensa de los EE.UU. al parecer ha tomado la decisión de acuartelar el arma paramilitar desplegada en Colombia, de ser cierto este hecho brotan de inmediato nuevas preguntas. ¿Cuál va a ser la contra estrategia de reemplazo? ¿Están dispuestas las elites de EE.UU. y de Colombia a responder por los centenares de miles de víctimas que causaron a la oposición, con esta arma durante los últimos 40 años? La ley de perdón y olvido -‘Alternatividad Penal’- que hoy están ofreciendo a los paramilitares, ¿también debe cubrir a estas dos elites? ¿Qué pretenden los monopolios de la información cuando insisten en convencer a la opinión que los paramilitares están “alzados en armas contra el estado” y que por ello son merecedores de una amnistía?

LOS VISTEN DE SEDA.
Acá en Colombia desde sus inicios las bandas mafiosas dedicadas al narcotráfico y al contrabando fueron la materia prima con que los militares estadounidenses organizaron los grupos paramilitares. Los convocaron a defender la patria del avance de las fuerzas socialistas -otra vez aparecen las buenas intenciones imperiales- y a propósito debo citar de nuevo a Liddel Hart cuando analiza el funesto resultado de incorporar a la delincuencia común -Bad Hats- en este esfuerzo paramilitar. Él afirma que “El patriotismo es el último refugio de un pillo”. Convergen así la necesidad de refugio que tiene la mafia, con la de tener carne de cañón que angustia al Departamento de Defensa de los EE.UU.

Cuando los grandes capos de la mafia amasan una inmensa fortuna se cansan de estar clandestinos y buscan a toda costa que el establecimiento les perdone sus crímenes y les legalice su fortuna, para así poder disfrutar el capital acumulado. De este modo surgen los nuevos ricos y en especial en los EE.UU. son expertos en hacer este lavado de capitales subterráneos, a cambio los mafiosos deben delatar a sus congéneres y entregar la mayor parte de sus fortunas al estado. Esta es la cultura jurídica estadounidense, la que precisamente subyace como soporte de la Ley de Alternatividad Penal que hoy la oligarquía quiere presentar a la opinión como un proceso de paz con los paramilitares.

En este país decimos que, “Aunque el gorila se vista de seda, gorila se queda”. Hoy las elites quieren vestir de seda a sus paramilitares, como premio merecido por 40 años de trabajo sucio a su favor, al tiempo incorpora a estos nuevos ricos a su orden legal y les expropia varios miles de millones de dólares, que no les caen mal en estos tiempos de déficit fiscal que le quita el sueño a los presidentes.

¿QUÉ SIGUE AHORA?
Hace unos meses el ex ministro de justicia colombiano Parejo González advirtió a la opinión sobre “La siniestra operación de impunidad que significa la Ley de Alternatividad Penal”, y por esos mismos días medio centenar de senadores de los EE.UU. en una declaración pública también lanzaron su voz de alerta frente a este funesto intento del régimen, falta una movilización de la sociedad colombiana para que detenga a los lavadores de dólares y de imágenes, y exija verdad, justicia y reparaciones para las centenares de miles de víctimas del arma paramilitar.

Pienso que una arma tan efectiva para desaparecer opositores, como es el paramilitarismo, es difícil que el Departamento de Defensa de los EE.UU. le encuentre un sustituto de igual valor para el imperio; no es descartable que estén buscando otra contra estrategia, pero al parecer aún no la han encontrado tan perfecta como esta que lleva 40 años de eficiencia demostrada. Más bien debemos prepararnos, todos los rebeldes y opositores del planeta, para que los planificadores estratégicos estadounidenses prefieran refinar y adornar al paramilitarismo para en adelante hacerlo más presentable ante el mundo.

Las mafias que no han acumulado suficiente fortuna para jubilarse aún, están atentas al llamado del imperio para hacer un nuevo genocidio de la oposición, a cambio les prestarán ayuda imperial para financiarse con el tráfico de drogas.

Todos quienes nos oponemos a la tiranía del FMI y a los planes de dominación mundial que ejecuta el gobierno de los EE.UU. debemos seguirnos preparando para resistir agresiones, conspiraciones y guerras, y para no dejarnos absorber por la maquinaria de corrupción que mantiene funcionando al régimen oligárquico. Es la única ruta para poder forjar un futuro de paz y democracia para los diversos pueblos del mundo. Este noble propósito además de justo debemos acompañarlo de la fuerza popular necesaria para resistir a la agresión y saqueo imperiales.

La Declaración de Filadelfia de 1776 en la que se proclamó la Independencia de los EE.UU. hace la siguiente convocatoria:

“Los pueblos tienen el derecho a rebelarse contra toda forma de opresión.”

No sobra mantener la esperanza de que este espíritu de la Declaración de Independencia de los EE.UU. termine por imponerse gracias a la lucha del pueblo estadounidense, y que al tiempo logren arrinconar a la elite de ese país, la que en sus pretensiones imperiales sólo sabe comportarse ante los demás pueblos del mundo, como se los enseñó Jefferson, uno de los fundadores de esa nación. Quien sostenía que:

“En asuntos exteriores sólo hay tres alternativas: embargo, guerra, sumisión y tributo.” (3)

Si en los EE.UU. se actúa bajo el espíritu de su Declaración de Independencia de seguro esa nación usará su poderío de forma sabia y justa, pero si continúan siguiendo el consejo de Jefferson, todos los pueblos del mundo deberemos prepararnos para seguir resistiendo la amenaza de la fuerza bruta del imperio.

Notas.

(1) Nombre que se les dio a las bandas paramilitares de derecha durante la guerra civil desatada en Colombia tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Existen evidencias de la participación del gobierno de los EE.UU. en este asesinato, pero hoy, 56 años después, ‘por razones de estado’, la elite estadounidense mantiene en reserva los archivos en que se hallan los informes de su participación en este crimen de estado.

(2) Capítulo 23 sobre Guerra de guerrillas, del libro Estrategia, de B. H. Liddel Hart, publicado en Londres, en 1967.

(3) Citado por Jesse Helms en What sanctions epidemic, Foreign Affairs, Enero de 1999, página 66.


¡Sólo la lucha nos hará libres!