Los siete retos del guerrero
Septiembre del 2002
Cada vez más la vida humana se vuelve altamente riesgosa, dadas las múltiples amenazas que debe sortear cualquier habitante de éste planeta azotado por la sequía, el hambre, el desorden del clima, la guerra, las nuevas pestes y sobre todo por el apetito insaciable de la oligarquía mundial, hoy constituida en un imperio que tiraniza a la mayoría de la humanidad.
Desde la época de Antes de Cristo, época de otros imperios, Séneca, un sabio famoso enseñaba que ‘la vida es lucha’ (Vivere militare est) Hoy iniciando el siglo veintiuno tal afirmación tiene plena vigencia, máxime para nosotros los pueblos sometidos por el imperio del dólar. Esta realidad nos coloca de cara a un reto vital: Hay que luchar para sobrevivir, pero no para combatir de forma individual o aislada, sino para luchar al lado de los otros explotados y oprimidos del mundo.
Por la necesidad de la supervivencia hemos de pulirnos como guerreros para luchar y sacar adelante a la especie humana, a la vez que en estos combates elevamos nuestra dignidad personal.
Así como ‘cada águila tiene su sirirí’, a cada imperio que ha existido le han surgido guerreros quienes a través de una lucha persistente han logrado sepultar a las potencias que los humillaban y explotaban. El gran Espartaco, un esclavo del imperio romano, se alzó en armas contra sus amos y con su lucha ayudó a abrir la tumba de quienes lo sometían.
En América fueron necesarios muchos guerreros y guerreras indómitos para echar por tierra al imperio español. Entre otros se destacaron el negro Benkos Biojó, la Cacica indígena La Gaitana, el campesino José Antonio Galán, el militar patriota Simón Bolívar. Ellos encabezaron la rebeldía de las masas explotadas y condujeron sus luchas sin desanimarse por los innumerables problemas y fracasos que debieron enfrentar antes de triunfar. Por su tenacidad para no dejarse arrinconar por las adversidades, a Bolívar se le conoce como ‘el hombre de las dificultades’.
Los españoles se enorgullecían de poseer un imperio que abarcó a la mayor parte del mundo por más de trescientos años. Ellos para mantener sometidos a los pueblos usaban la ‘estrategia de las tres P: plata, palo y plomo’. Con ella compraban a muchos, mantenían apaleados y asustados a otros tantos, y mataban a la minoría que no se sometían ante sus dos primeras armas. Hoy en día, la elite de Estados Unidos sigue usando la misma estrategia imperial.
Las guerras de resistencia para tumbar imperios son de larga duración, porque es la única manera de minar completamente las bases que los sostienen. Dichas guerras se han hecho contando con mucho ingenio y escasos recursos materiales. De ambas enseñanzas debemos aprender los actuales guerreros que luchamos contra el imperio del dólar.
El guerrero revolucionario del siglo veintiuno es el llamado a derrotar al ‘nuevo tipo de guerrero’ que sueñan con prefabricar en Estados Unidos para lanzarlo contra los pueblos que hoy nos resistimos a la dominación imperial.
Si la historia humana es rica en enseñanzas sobre las luchas que han sepultado imperios, también es rica al describir las capacidades y cualidades que deben poseer los guerreros y guerreras que aspiran a ser sepultureros de oligarquías imperiales. Las capacidades y cualidades más sobresalientes están resumidas a continuación.
LA CABEZA BIEN PUESTA.
Todo aquel que quiera combatir con éxito debe buscar la sabiduría, debe ‘tener la cabeza bien puesta’ para entender la vida, la explotación, el interés del pueblo y las razones de la lucha libertaria. Siempre hay que tener razones justas como motivo de lucha del guerrero.
La sabiduría consiste además en tener amplios conocimientos, ellos son una gran fuente de poder. Ser sabio también es actuar en secreto, ser desconfiado y prudente, tener cálculo e iniciativa.
UN CORAZÓN GRANDE.
El corazón de un guerrero debe ser lo suficientemente grande para querer al humilde y colocarse al servicio del pueblo de forma totalmente desinteresada. Grande para ser sincero y solidario con los compañeros y amigos, y para ser generoso con el enemigo vencido.
La grandeza está además en la entrega diaria a la lucha de forma voluntaria y con disponibilidad plena para todas las misiones.
En el corazón guerrero siempre habrá espacio para despreciar al traidor y para ser rígido con el malvado y el tirano. Será valiente y arriesgado cada vez que la lucha se lo exija, y tendrá toda la capacidad de sacrificio y de sufrimiento necesarios para sostener la guerra contra el imperio.
UNOS BRAZOS FUERTES.
Las razones justas sólo triunfan si se acompañan del poder de la fuerza. Parte de la fortaleza del guerrero está en sus brazos, pero su fuerza principal reside en el respaldo que el pueblo le brinde. Sin olvidar que la fuerza colectiva es la única garantía de presión para lograr cambios favorables a los intereses del pueblo.
La fuerza contra el imperio, tanto la individual como la colectiva, debe ser hecha de manera incansable, constante e incorruptible (‘ni se compra, ni se vende’) Su aplicación debe concentrarse en el imperio y la oligarquía local como blanco principal de ataque (‘no se lucha contra todos al mismo tiempo’), además de buscar permanentemente ganar nuevos aliados y amigos para ésta causa de los pobres (‘no se lucha solo’)
Los guerreros así como destinan esfuerzos al combate, también sacan tiempo para el estudio y dedican jornadas al trabajo productivo.
LOS PIES EN LA TIERRA.
Un guerrero ‘no vive en las nubes’, por el contrario, siempre tiene ‘los pies en la tierra’. Siempre busca ganar una visión exacta de la realidad en que está luchando. Para lograr esto debe administrar muy bien sus sentidos: Hablar poco, observar todo y escuchar bastante. Para así analizar permanentemente todo lo que está a su alrededor y vivir aprendiendo todo y de todos.
La observación y el análisis del enemigo, del terreno, del clima y de la fuerza propia le permiten al guerrero lograr una apreciación correcta de las condiciones existentes para desarrollar sus combates.
Parte de éste esfuerzo inteligente lo debe dedicar a prever varias alternativas o varios caminos posibles por los que se podrían desarrollar los hechos de la guerra en el futuro cercano y en el mediano plazo.
CONOCER LA MADERA.
La madurez del guerrero está en conocerse así mismo y ser consciente de los cambios personales que debe hacer para llegar a ser un combatiente excelente. Este auto conocimiento le permite pulir sus puntos fuertes, remediar sus limitaciones, corregir sus debilidades y ser autocrítico ante sus resultados personales. Lo anterior se podría llamar ‘conocer la madera’ de la que está construido el guerrero.
La madurez se logra a partir de respetar la identidad individual del guerrero, colocando en su justo lugar las condiciones personales propias de su edad, género, raza, profesión, etc. Tales condiciones no se pueden sobre valorar, ni subvalorar.
Así mismo, la plenitud de la vida del guerrero depende de que él o ella vivan cada etapa de su vida en armonía con su realidad personal actual. Por ejemplo: el guerrero antiguo no debe forzarse él mismo para vivir y luchar como cuando era joven, y el joven no debe buscar madurar precipitadamente.
LA AUTONOMIA PLENA.
Este reto le exige al guerrero lograr la capacidad de actuar solo y aislado por temporadas prolongadas, para ello debe ganar su autocontrol o autodominio personal. Condición que debe demostrar tanto en condiciones normales de vida, como en situaciones extremas de combate y de supervivencia.
El autocontrol requiere entrenamiento para que en condiciones normales el guerrero logre regular voluntariamente la satisfacción de sus necesidades físicas, sicológicas, afectivas e intelectuales; de tal forma que en momentos de riesgo también las pueda controlar debidamente. Tales hábitos de control personal le permitirán enfrentar con éxito la fatiga, el hambre, el sueño, el aislamiento, la tortura, etc.
Las adicciones de todo tipo (bebidas, comidas, estimulantes, etc.) impiden lograr el autocontrol personal y además le dificultan al guerrero poder adaptarse a nuevos medios de lucha, en la medida que él sea extremadamente dependiente de cosas externas a él mismo para poder estar plenamente satisfecho.
LA DURACIÓN MÁXIMA.
La autoayuda es un medio para preservar y desarrollar la vida sana del guerrero, de tal forma que él pueda aportar al máximo como combatiente en la medida en que él mismo se cuida y se cultiva solo. Esta preservación requiere intercalar adecuadamente periodos de esfuerzo con momentos de descanso y de recreación de la fuerza. Agregando medidas sanitarias y costumbres de salud que prevengan las enfermedades más comunes, así como hábitos sanos de nutrición.
A la preservación de la salud física hay que agregarle mantener la buena salud mental del guerrero, que exige de él, mantener:
Capacidad de trabajar.
Capacidad de amar.
Capacidad de recrearse.
Capacidad de admirar (no sentir envidia)
La buena salud mental también requiere ganar una mentalidad en el guerrero, en la que no tienen cabida las supersticiones.
PALABRAS FINALES.
La tumba del imperio la cavarán los guerreros que logren superar los retos anteriores, ellos ya fueron remontados por guerreros inolvidables como el Che, Bolívar y Espartaco.